Florencia tuvo que sacrificarse por salvar a su hermano menor, vender su cuerpo por dinero, pero su sacrificio fue en vano.
Pero, esa noche tuvo consecuencias, y termina embarazada.
Ella lucha por salir adelante con sus hijos y su madre, sin saber que el hombre de aquella noche no puede olvidarla.
Shane Hillings estaba deprimido por su exnovia, quien le engañò de una forma cruel, estbaa tan mal que se sentía impotente como hombre, sin embargo, una noche con una mujer lo cambia todo, ahora obsesionado, solo quiere encontrarla, pero cuando piensa que ella no existe, decide olvidarla, hasta que un día la encuentra de nuevo ante él, como su empleada y con dos secretos de sangre que no puede ocultar, ¿puede el amor nacer de una noche de pasión?
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Capítulo: Sacrificios en vano
—Ah, ¿no? —dijo Shane con voz tranquila, aunque sus ojos brillaban con una frialdad incómoda—. Y si llamo a la señora Clare… ¿cree que me dará una versión diferente de la historia? ¿O no?
Las palabras cayeron como una piedra en el pecho de Florencia. Su corazón comenzó a latir con rapidez.
Esa mujer la odiaba. Lo sabía perfectamente. Si Shane decidía llamarla, no tenía dudas de que aprovecharía cualquier oportunidad para hundirla más.
Florencia permaneció en silencio. No dijo una sola palabra.
Cuando levantó la mirada, se encontró con el rostro de Shane. Él la observaba con una sonrisa burlona dibujada en los labios, como si disfrutara cada segundo de su incomodidad.
—Está bien, señorita Florencia —dijo finalmente con voz firme—. Aceptaré que Industrias Clare pertenece a su pasado.
Se recostó ligeramente en su silla, entrelazando los dedos frente a él.
—Pero de ahora en adelante debe entender algo muy claro. En la empresa Hillings queremos mujeres decentes.
Las palabras fueron pronunciadas con una calma que resultaba ofensiva.
Florencia se levantó de inmediato. El movimiento fue tan rápido que la silla se deslizó ligeramente hacia atrás.
Era como si esas palabras hubieran tocado un punto vulnerable en su interior. Una herida abierta.
—¡Yo soy una mujer decente! —exclamó con indignación.
Su voz temblaba de rabia.
—Tenga cuidado con sus palabras, señor Hillings. No permitiré sus ofensas.
La reacción lo tomó completamente por sorpresa. Shane no esperaba una respuesta así.
Sus cejas se levantaron ligeramente, evidenciando su desconcierto. Por un momento simplemente la observó.
Luego una sonrisa cínica apareció en su rostro.
Se levantó lentamente de su silla. Dio un par de pasos hacia ella.
Florencia se mantuvo firme en su lugar, aunque sentía el corazón golpear con fuerza contra su pecho.
Shane la observó con detenimiento. Era como si estuviera comparando a la mujer frente a él con un recuerdo antiguo. Su cabello era largo ahora.
Ya no llevaba aquel flequillo que recordaba vagamente.
Las pequeñas pecas que alguna vez había visto en su rostro pálido ya no estaban. Pero sus ojos…
Sus ojos seguían siendo los mismos. Grandes, y brillantes. Y llenos de una intensidad que era imposible ignorar.
Su piel seguía siendo tersa, delicada. Su figura era esbelta, elegante.
Shane no tuvo reparo en recorrerla con la mirada. Una mirada lenta. Sensual. Casi descarada.
Florencia sintió un escalofrío recorrer su espalda. Aun así, sostuvo su mirada sin retroceder.
Shane mordió ligeramente su labio inferior, en un gesto casi provocador.
—¿Está segura de su decencia? —preguntó en voz baja.
Florencia frunció el ceño. Sus ojos parecían lanzar chispas de furia.
Y, para sorpresa de Shane, aquello le resultó extrañamente fascinante. Disfrutaba verla así. Descontrolada. Llena de emociones. Algo en su interior comenzó a agitarse.
Por un instante deseó acercarse más. Tomarla entre sus brazos.
Recordó el sabor de unos labios que había deseado muchas veces en sus sueños. Quiso tocar su piel. Sentirla cerca. Su cuerpo reaccionó con una intensidad inesperada.
El calor subió por su pecho. La tensión en su cuerpo se volvió evidente.
Florencia notó el cambio en su expresión. Y su rabia creció.
—Tan segura estoy de mi decencia —respondió con frialdad— como usted está seguro de su masculinidad.
Shane se quedó completamente inmóvil. Sus ojos se abrieron con sorpresa. Aquella respuesta no era la que esperaba.
Florencia no esperó su reacción. Se giró y comenzó a caminar hacia la puerta.
—¿A dónde cree que va? —exclamó Shane, reaccionando finalmente—. La reunión no ha terminado para mí.
Florencia se detuvo un instante, pero no se volvió.
—¿Ha visto su reloj, señor Hillings? —respondió con calma. Se giró ligeramente para mirarlo—. Son las seis de la tarde. Su mirada era firme.
—La reunión no ha terminado para usted… pero para mí sí.
Y sin decir una palabra más, abrió la puerta y salió. El silencio quedó flotando en la oficina.
Shane permaneció de pie, mirando la puerta cerrada. Durante unos segundos no dijo nada.
Luego, lentamente, una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro. Y finalmente soltó una carcajada. Hacía años que nadie se comportaba así con él. Nadie.
Solo una persona había tenido esa valentía antes. Su abuela. Ella también sabía ser cruel cuando quería.
Pero ahora… Ahora había otra mujer que parecía no temerle.
—Debe ser ella… —murmuró para sí mismo.
Pero entonces una duda apareció en su mente. Una duda que lo inquietó.
“¿Pero… Hilda…?”
El pensamiento lo golpeó con fuerza. Tomó su portafolio de inmediato.
Caminó hacia la puerta con rapidez. En el pasillo, Eugenio levantó la vista sorprendido.
—¿Shane? ¿Te vas?
—Nos vemos mañana —respondió él sin detenerse.
Salió del edificio con prisa.
***
Mientras tanto, Florencia caminaba rápido por la calle. Su respiración era agitada. Su mente estaba llena de emociones contradictorias.
Tomó el metro en silencio.
El vagón estaba lleno, pero ella apenas lo notaba.
Cuando bajó en su estación, comenzó a caminar por las calles sin un rumbo claro. Sus pasos parecían guiarla solos.
Y sin darse cuenta, terminó frente al cementerio. Se detuvo. Miró la entrada.
Su pecho se apretó. No pudo evitarlo. Entró.
El lugar estaba silencioso. El viento movía suavemente las hojas de los árboles.
Florencia caminó lentamente entre las lápidas. Hasta llegar a una en particular.
La tumba de su pequeño hermano. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Se arrodilló frente a la lápida.
Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro sin que pudiera detenerlas.
Su corazón se sentía pesado. Lleno de culpa.
—Hermanito… Nunca quise… nunca quise ser esa mujer… Lo juro… no tuve opción.
Su voz se rompió.
—¿De qué sirvió todo? Ahora tú no estás aquí… Y yo hubiera dado todo por ti.
Sus palabras se perdieron en un sollozo. Florencia se derrumbó en llanto.
😡😡😡
Ella lo hizo una sola vez, no se dedicó a eso y lo hizo por necesidad
Respiro con un solo pulmón... 🎵🎶😭