En un mundo de poder y violencia, Luca vive sin sentir… hasta que Elena irrumpe en su vida. Entre traiciones y enemigos, el amor se vuelve su mayor debilidad… y su única salvación.
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cap 2
🖤 Bajo la Piel del Hielo (Versión Oscura)
Capítulo 2 — Romper primero, preguntar después
El tiempo en ese lugar no existía.
No había ventanas.
No había reloj.
No había nada que indicara si era de día o de noche.
Solo frío.
Y hambre.
Elena tenía la garganta seca, el cuerpo tenso y la cabeza pesada. La cadena le raspaba la piel cada vez que intentaba acomodarse.
Pero no se quejó.
No iba a darles eso.
La puerta se abrió de golpe.
Otra vez.
Los mismos hombres.
—Mirá… sigue despierta —dijo uno, con burla.
—Pensé que iba a llorar —agregó el otro.
Elena levantó la mirada.
—Sigan esperando.
El primero chasqueó la lengua.
—No aprende.
Se acercó y le dio una patada en el costado.
El golpe fue seco.
El dolor… fuerte.
Pero Elena solo apretó los dientes.
No gritó.
—¿Nada? —se burló—. ¿Tan orgullosa sos?
Elena respiró hondo.
—¿Tan necesitados están de sentirse superiores?
El segundo hombre soltó una risa.
—Esta chica me cae mal.
—A mí también.
El primero se inclinó hacia ella.
—Te voy a dar un consejo.
Elena lo miró.
—No me interesa.
El golpe esta vez fue más fuerte.
Su cabeza chocó contra la pared.
Todo se nubló un segundo.
—Aprendé a cerrar la boca —gruñó.
Silencio.
Elena tardó unos segundos en enfocar otra vez.
—¿Eso era todo? —murmuró.
El hombre la miró con bronca.
—Después no digas que no te avisamos.
—¿Avisarme de qué? ¿Que son inútiles?
El segundo hombre se acercó.
—Te vas a cansar.
—Antes se cansan ustedes.
Eso fue suficiente.
Le dieron otro golpe.
Y otro.
Y otro.
No la desfiguraron.
Pero no fueron suaves.
Cuando terminaron, uno escupió al suelo.
—El jefe dijo que no la matemos.
—Pero no dijo que no la hagamos sufrir.
Rieron.
Y salieron.
La puerta se cerró.
Otra vez.
Elena quedó en el suelo.
Respirando con dificultad.
El cuerpo le dolía.
Pero lo peor no era eso.
Era la intención.
La forma.
La manera en que la trataban como si no fuera nada.
—Bien… —susurró—. Entonces ese es el juego.
Cerró los ojos un segundo.
No para rendirse.
Para pensar.
Porque si algo tenía claro…
Era que no iba a durar ahí siendo solo fuerte.
Tenía que ser inteligente.
Horas después…
La puerta volvió a abrirse.
Pero esta vez… el ambiente cambió.
Silencio inmediato.
Los hombres se tensaron.
Luca entró.
Impecable.
Como si ese lugar no le perteneciera… aunque claramente sí.
Miró a Elena.
En el suelo.
Golpeada.
Sucia.
Y no mostró nada.
Ni enojo.
Ni interés.
—¿Eso es todo? —preguntó.
Uno de los hombres habló:
—Jefe, se resistió.
—Obvio —respondió Luca—. No parece del tipo que aprende rápido.
Se acercó.
Se agachó frente a ella.
—¿Te divertiste? —preguntó.
Elena abrió los ojos.
Lo miró.
—Más que vos, seguro.
Silencio.
Uno de los hombres murmuró:
—Jefe, déjeme—
—Callate —lo cortó Luca.
No apartó la mirada de ella.
—Seguís hablando.
—Y vos seguís sin decir nada importante.
Eso…
Lo hizo sonreír.
Pero no fue algo bueno.
—Todavía no entendés —dijo—. Acá no importa lo que quieras decir.
Se inclinó más cerca.
—Importa cuánto tardás en dejar de hacerlo.
Elena respiró con dificultad.
Pero no apartó la mirada.
—Entonces vas a esperar mucho.
Luca la observó unos segundos.
Luego…
Se levantó.
—Desátenla.
Los hombres dudaron.
—¿Jefe?
—Dije que la desaten.
Obedecieron.
Le soltaron las manos.
Las piernas.
La cadena.
Elena no se movió enseguida.
—Parate —ordenó Luca.
Ella lo hizo.
Lentamente.
Con dolor.
Pero se puso de pie.
—Así que esto es todo —dijo ella.
Luca inclinó la cabeza.
—Esto recién empieza.
Se acercó.
—Quiero ver algo.
Elena lo miró.
—¿Qué?
Silencio.
Luca la observó de arriba abajo.
—Cuánto aguantás cuando las cosas se ponen peores.
Elena frunció el ceño.
—¿Esto no era lo peor?
Luca sonrió.
Oscuro.
—No.
Se giró hacia los hombres.
—Llévenla arriba.
—¿A la habitación?
—No.
Silencio.
—Al cuarto de servicio.
Los hombres intercambiaron miradas.
—Jefe, ahí—
—Ya sé cómo es.
Volvió a mirar a Elena.
—Quiero que entienda dónde está.
La llevaron.
Escaleras.
Pasillos.
Puertas.
Hasta un lugar peor.
Más sucio.
Más pequeño.
Más frío.
Una cama rota.
Un balde en una esquina.
Nada más.
—Tu nuevo lugar —dijo uno.
La empujaron adentro.
La puerta se cerró.
Elena se quedó quieta.
Mirando el lugar.
Respirando lento.
—Perfecto… —murmuró.
Y entonces sonrió.
Pero no de felicidad.
De desafío.
—Si esto es lo peor que tiene…
No terminó la frase.
Porque sabía algo.
Esto…
Recién empezaba.