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AMAR LO PROHIBIDO

AMAR LO PROHIBIDO

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Posesivo / Completas
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: RENE TELLO

🔥🔞 Eduardo Álvarez de Toledo creció entendiendo que en su familia el amor tenía jerarquías y que él nunca ocupó el primer lugar. Se marchó para dejar de vivir bajo la sombra de Fabián y, en Barcelona, construyó un imperio propio, elegante y silencioso, que no dependía de su apellido.

No esperaba enamorarse. La conoció cuando ella huía de algo que no quiso explicar. A su lado, Eduardo no era el hermano menor ni el olvidado, sino un hombre libre de su historia. Se enamoró sin saber quién era realmente. Y cuando descubrió la verdad, ya era demasiado tarde.

Kassandra era la esposa de Fabián. Obligada a regresar a un matrimonio que la asfixia, se convierte en el centro de una batalla que Eduardo no eligió, pero tampoco piensa evitar.

Si su hermano pretende retenerla por obligación, Eduardo está dispuesto a enfrentarlo.
Algunos amores llegan fuera de tiempo y algunos hombres no vuelven a perder lo que aman.

NovelToon tiene autorización de RENE TELLO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 10

Los dedos de Kassandra se deslizaron sobre el respaldo de la silla de caoba, sus yemas rozando la madera pulida que brillaba bajo la luz dorada de la tarde. El pasillo estaba en silencio, solo roto por el leve crujido de sus pasos sobre el mármol frío. 

Fabián no estaba.  Se detuvo frente al escritorio. El cajón superior estaba entreabierto, apenas un centímetro, como si alguien lo hubiera cerrado con descuido. O con prisa. Sus uñas, pintadas de un rojo oscuro que él odiaba—Demasiado vulgar para una esposa como tú—, se clavaron en la palma de su mano. 

Respiró hondo. No era curiosidad lo que la impulsaba a abrirlo. Era ese instinto animal que le había salvado el cuello más de una vez, el mismo que le decía cuándo Fabián mentía, cuándo su sonrisa era un cuchillo disfrazado de cortesía. El mismo que ahora le susurraba: Aquí hay algo que no quieres ver, pero que necesitas conocer.

El teléfono de Fabián yacía sobre un montón de papeles, la pantalla aún iluminada, como si acabara de ser usado. Lo tomó entre sus manos y el peso del dispositivo le recordó todas las veces que él lo había arrojado sobre la mesa frente a ella, interrumpiendo sus palabras con un gesto de desdén. —No es asunto tuyo, Kassandra—, pero hoy no había nadie para detenerla.

El primer mensaje apareció antes de que pudiera dudar. El nombre en la pantalla no le dijo nada—Vivian—, pero las palabras lo decían todo:

—No puedo esperar a repetir lo de anoche. Tu boca es adictiva, mi amor. El departamento a las 9, como siempre. Lleva ese vestido negro que me vuelve loco—.

El café que había tomado esa mañana le quemó la garganta al subir. Mi amor. Dos palabras que a ella no le había dirigido. Sus pulgares temblaron sobre la pantalla mientras deslizaba hacia arriba, hacia más mensajes, más fotos. Una imagen se abrió ante sus ojos: Vivian, desnuda sobre sábanas de seda negra, las piernas abiertas, mientras la cámara—su cámara, el teléfono de su esposo—capturaba cada detalle. 

—Fabi, por favor, dime que esta noche será igual de intensa. Te necesito dentro de mí, llenándome como solo tú sabes hacerlo—.

Kassandra sintió que el suelo se inclinaba bajo sus pies. Se dejó caer en la silla de cuero, el frío del asiento filtrándose a través del vestido ligero que llevaba. Seis años en que la descripción de su esposo sobre ella era —Un jodido adorno caro—. Y todo ese tiempo, mientras ella se consumía en silencio, él estaba hundido en otra mujer, susurrándole palabras que a ella solo le había escupido como insultos, y aún así no la dejaba en libertad.

Deslizó hacia otra foto. Esta vez era él. Fabián, sin la corbata, sin el traje, sin la máscara. Su torso musculoso brillaba con sudor, la mano enredada en el cabello de Vivian mientras la empujaba contra la pared. El mensaje adjunto decía: Así es como se comporta una verdadera mujer. No como esa muñeca fría que tengo en casa.

El teléfono se le resbaló de las manos y cayó sobre el escritorio con un golpe seco. El dolor fue físico, un puñal que le atravesaba el pecho y le robaba el aire. Pero entonces vino la rabia. Una rabia fría, precisa, como el filo de un cuchillo de cocina. Recordó cada humillación como la noche en que la arrastró por el cabello hasta el baño porque —se te nota demasiado que existes, cariño—, y la tomó contra el lavabo solo para recordarle su lugar. Y ahora esto. No solo la traicionaba, se burlaba de ella mientras lo hacía.

Con manos que ya no temblaban, tomó el teléfono de nuevo. Abrió la aplicación de notas y comenzó a tomar capturas de pantalla. Cada mensaje, cada foto, cada video donde su esposo gemía el nombre de otra. Guardó todo en una carpeta oculta en su propio teléfono, sus dedos moviéndose con una eficacia que la sorprendió. No era la primera vez que escondía cosas. Había aprendido a borrar huellas, a mentir con la mirada, a sonreír mientras planeaba.

Cuando terminó, cerró el teléfono de Fabián y lo dejó exactamente donde lo había encontrado. Se levantó, ajustándose el vestido, y se miró en el espejo veneciano que colgaba sobre la consola. Los ojos que le devolvieron la mirada ya no eran los de la mujer que había llorado en los brazos de su abuela esa misma tarde. Eran los de alguien que acababa de encontrar un arma.

Esa noche, mientras se acostaba en la cama que olía a él, a su colonia, a su sudor, a sus mentiras, no encendió la luz. Se quedó allí, inmóvil, escuchando el silencio de la mansión. Sabía dónde estaba él. No en ninguna reunión. No en ningún viaje de negocios. Estaba en ese departamento, con esa mujer, hundido en el cuerpo de Vivian mientras le susurraba obscenidades al oído. Y por primera vez en años, Kassandra no sintió miedo. No sintió la necesidad de encogerse, de hacerse pequeña, de esperar a que él decidiera cuándo terminaría su castigo.

En cambio, sintió el peso del teléfono en su mesita de noche. Las capturas de pantalla, como granos de arena, comenzaban a acumularse en su favor. Por primera vez, tenía algo que él no podía controlar. Pruebas de infidelidad una cláusula en el contrato que podía darle la libertad.

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Ana Cilia De La Cruz
por favor la continuación no me dejen en suspenso
RENE: Hola, gracias.
Hay nuevos capitulos.
total 1 replies
Amelia Mirta Fernández
Creo que es más que interesante, que algo tan efímero como la ilusión, la paz interior y el ser útil, para uno misma, se está reflejando lentamente, pero con una fuerza, que comienza a crecer y le da confianza, calor humano, sensibilidad y el hecho de que si, puede. .Me encanta, y espero el resto de la historia. Dos seres perseguidos y martirizados por un energúmeno, soberbio y déspota, pueden unir fuerzas y encontrar amor, comprensión y dulzura, felicidad. Autora no me dejes con las ansias de ver a Kas y Edu, unir fuerzas y brillar con nuevas luces de esperanza . TE ESPERO. GRACIAS❤️❤️❤️❤️
RENE: Muchas gracia ☺️
Hay nuevos capítulos
total 1 replies
Amelia Mirta Fernández
vamos que tu puedes Kassandra. vas a ser libre del tormento de ese gusano abusador y promiscuo. 😢👏👏👏👏
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