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La Prisionera Del Comandante Declan

La Prisionera Del Comandante Declan

Status: Terminada
Genre:Esclava / Sirvienta / Ascenso de clase social / Dominación / Amor tras matrimonio / Completas
Popularitas:8.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Gianna Viteri (gilover28)

En Vaelkoria, el aire huele a pólvora y traición. Declan es el puño de hierro del imperio, un hombre que no conoce la duda. Pero cuando captura a Navira en las fronteras de Sundergard, descubre que hay incendios que ni siquiera el acero más frío puede apagar. Ella es su prisionera, pero él es quien está perdiendo la libertad.

NovelToon tiene autorización de Gianna Viteri (gilover28) para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

Navira

El silencio que quedó en la habitación tras la partida de Declan era artificial, una calma tensa que zumbaba en mis oídos. Las doncellas finalmente se habían marchado, dejándome sola con el eco de ese "mi amor" rebotando en las paredes. Me sentía ridícula. Me sentía como una impostora envuelta en satén y diamantes, una rebelde que se estaba olvidando del sabor del polvo de Sundergard porque el perfume de un tirano se le había pegado a la piel.

—"Mi amor" —susurré, y la frase me quemó la lengua. Lo odiaba. Odiaba que lo hubiera dicho delante de todos, y odiaba más que mi corazón hubiera dado un vuelco traidor al escucharlo.

Con manos temblorosas, empecé a deshacerme de la armadura de lujo. El vestido de satén resbaló por mis caderas como una caricia de agua fría, cayendo al suelo en un montón de sombras oscuras. Me desabroché el corsé, soltando un suspiro de alivio cuando mis pulmones finalmente pudieron expandirse sin restricciones. Me quedé solo con la pequeña braga de encaje y mis manos cubriendo mis pechos, buscando el camisón de seda que las criadas habían dejado sobre la cama.

Estaba en ese estado de vulnerabilidad, con la espalda hacia la puerta y la piel erizada por el aire gélido de la noche, cuando el estruendo de los pesados portones de roble abriéndose me hizo saltar casi un metro.

No hubo aviso. No hubo un "permiso". Solo el golpe seco de la madera contra la piedra y el sonido de unas botas militares que conocía demasiado bien.

Me giré por instinto, apretando el camisón contra mi pecho en un intento desesperado de cubrirme, pero era demasiado tarde. Declan estaba allí, apoyado contra el marco de la puerta, con la chaqueta desabrochada y una mirada que me recorrió de arriba abajo con la lentitud de un incendio forestal. Sus ojos claros se clavaron en la curva de mis senos que mi mano no alcanzaba a ocultar por completo, y luego subieron a mi rostro con un brillo de pura diversión pecaminosa.

—Vaya… —murmuró, su voz bajando a ese tono ronco que siempre me hacía flaquear—. Sabía que la reunión sería aburrida, pero no esperaba que la recompensa por volver fuera tan… generosa.

La sangre me subió al rostro con tanta fuerza que sentí que la cabeza me iba a estallar. La vergüenza se transformó instantáneamente en una furia ciega, una rabia volcánica que me hizo olvidar que estaba medio desnuda.

—¡Lárgate! —le grité, lanzándole lo primero que encontré a mano, que resultó ser un cojín de terciopelo—. ¡Animal! ¡Pervertido! ¡¿Acaso no te enseñaron a llamar antes de entrar en una habitación donde hay una mujer?!

Declan atrapó el cojín en el aire con una mano, sin dejar de mirarme.

—En primer lugar, es mi habitación —dijo, dando un paso hacia el interior y cerrando la puerta tras de él con el pie—. En segundo lugar, no hay nada ahí que no me pertenezca por contrato, nena. Y en tercer lugar… tienes una piel preciosa bajo la luz de las velas. Casi me dan ganas de suspender la guerra permanentemente.

—¡Te voy a matar! —solté el camisón por un segundo para lanzarme hacia él, ciega de rabia.

Mis manos buscaron su cuello, mis dedos apretándose contra su piel cálida en un intento genuino de estrangularlo. Quería borrar esa sonrisa de suficiencia, quería que dejara de mirarme como si fuera un postre. Pero, por supuesto, él era el Comandante Supremo. Antes de que mis dedos pudieran ejercer presión real, sus manos atraparon mis muñecas, levantándolas por encima de mi cabeza y empujándome contra la pared de piedra.

El impacto fue suave, pero el contacto de su pecho desnudo —ya que se había quitado la camisa en algún punto del pasillo— contra mi piel expuesta fue como un choque eléctrico. Estaba atrapada. Mis pechos estaban presionados contra su torso firme, y podía sentir el latido acelerado de su corazón contra el mío.

—Suéltame, Declan —siseé, tratando de patalear, pero él usó su pierna para inmovilizar las mías—. Eres un asqueroso. Me has visto… me has visto todo.

—Y Dios sabe que es lo más noble que he visto en este reino de traidores —susurró, inclinándose hasta que su nariz rozó la mía. Su mirada ya no era burlona; estaba cargada de una lujura que me hacía temblar—. Tienes un cuerpo hecho para el pecado, Navira. Y una lengua hecha para la guerra. Es una combinación que me va a llevar a la tumba.

—¡Ojalá sea pronto! —le escupí.

De repente, su expresión cambió. Soltó mis muñecas y dio un paso atrás, pero no con furia. Bajó la cabeza, y sus hombros se hundieron ligeramente. Se llevó una mano al pecho, justo donde yo había intentado apretar, y soltó un suspiro cargado de melancolía.

—Me rompes el corazón, Navira —dijo, su voz volviéndose suave, casi herida—. De verdad. Vuelvo de una reunión donde me han llamado traidor por protegerte, donde he arriesgado mi cabeza por tu pueblo, y lo primero que recibo es un intento de asesinato y un montón de insultos.

Me quedé congelada, con el camisón ahora a medio poner, mirándolo con desconfianza. ¿Estaba hablando en serio? ¿Declan, el carnicero de Vaelkoria, se sentía herido?

—Yo… —titubeé. El sentimiento de culpa, ese parásito traidor, empezó a retorcerme el estómago—. No sabía que habías tenido problemas en la reunión.

—No importa —continuó él, dándome la espalda y caminando hacia la ventana con un aire de derrota absoluta—. Supongo que es lo que merezco por enamorarme de una mujer que solo ve en mí a un monstruo. Quizás los generales tengan razón. Quizás debería entregarte y acabar con esto.

Su voz sonaba tan rota, tan carente de su habitual arrogancia, que sentí un nudo en la garganta. Di un paso hacia él, olvidando mi desnudez, olvidando que él era el enemigo.

—Declan… yo no quería decir que fueras un asqueroso de verdad. Es que me asustaste —le puse una mano en el hombro, mi voz volviéndose suave—. No sabía que las cosas estaban tan mal con el Consejo. Gracias por… por defenderme.

Él se quedó quieto un momento. Luego, lentamente, se giró.

Esperaba ver dolor en sus ojos. Esperaba ver tristeza.

Lo que vi fue esa maldita sonrisa de victoria extendiéndose de oreja a oreja. Sus ojos brillaban con pura malicia juguetona.

—Como me encantas, primor —soltó con una carcajada ronca—. Eres tan fácil de manipular cuando te toco el lado sentimental. ¿De verdad creíste que ese montón de viejos en el Consejo pueden herirme? Les he dicho que si tocan un pelo de tu cabeza, usaré sus intestinos como guirnaldas para la fiesta de invierno.

Me quedé paralizada. La culpa se evaporó, reemplazada por una humillación tan ardiente que sentí que iba a estallar. ¡Me había engañado! ¡Se había hecho la víctima solo para que yo bajara la guardia y le hablara con dulzura!

—¡Hijo de puta! —grité.

Le propiné un golpe seco en el pecho con el puño cerrado. No fue un golpe débil; puse toda mi rabia en él. Declan ni siquiera retrocedió; se limitó a reírse más fuerte, disfrutando de mi frustración.

—¡Eres lo peor que le ha pasado a este mundo! —le di otro golpe, esta vez en el brazo—. ¡Vete! ¡Fuera de aquí ahora mismo! ¡No quiero volver a verte hasta que te mueras!

—Oh, vamos, Navira. Admitelo, te has sentido mal por mí —se burló, atrapando mis manos de nuevo y atrayéndome hacia él para darme un beso rápido y ruidoso en la mejilla—. Eso significa que te importo. Eso significa que el Comandante está ganando terreno.

—¡No significa nada! —me zafé de su agarre y lo empujé hacia la puerta con todas mis fuerzas, logrando que retrocediera unos pasos—. ¡Vete a dormir con tus mapas y tus generales! ¡Déjame en paz!

—Me voy, me voy —dijo él, levantando las manos en señal de rendición, pero sin dejar de reír—. Pero recuerda, nena: mañana nos toca clase de geografía. Y pienso quitarme los pantalones si hace demasiado calor.

—¡Jódete, Declan! —le grité, cerrando la puerta en su cara con un estruendo que debió oírse en todo el castillo.

Me apoyé contra la madera, jadeando, con el corazón martilleando contra mis costillas. Mi cuerpo todavía ardía por el contacto con el suyo, y mi piel se sentía extrañamente sensible allí donde él me había mirado.

Me puse el camisón a toda prisa, con las manos temblorosas. Estaba furiosa, indignada y humillada. Pero, mientras me metía bajo las mantas de la cama inmensa, no pude evitar notar que el silencio de la habitación ya no era artificial. Ahora estaba lleno de una presencia que no se iba aunque él no estuviera.

—"Como me encantas, primor" —repetí en un susurro, escondiendo mi rostro en la almohada.

Cerré los ojos con fuerza, tratando de borrar la imagen de su pecho desnudo y su sonrisa de idiota. Pero en la oscuridad de mi mente, solo podía ver la forma en que él me miraba: como si fuera la única cosa en el mundo que realmente le importaba. Y lo peor de todo, lo que realmente me impedía dormir, era saber que, por mucho que lo golpeara y lo echara de mi habitación, yo también estaba empezando a amar el incendio que él provocaba en mí.

—Maldito seas, Declan —susurré por décima vez esa noche—. Algún día voy a aprender a no creerte nada.

Pero mientras el sueño me vencía, una parte de mí sabía que estaba mintiendo. Y esa parte ya estaba contando las horas para que llegara la mañana y la "geografía" comenzara.

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Silvana Beatriz Velazquez
maravillosa historia 😍. Solo me hubiera gustado un extra con el nacimiento del bebé y unos años después mostrando su carácter.
Elsa Martinez Gonzalez
MAGNÍFICA
Paola Cordero
Jajajjaja y jajajjajajajjaja como todo hombre super exagerado jajajajajajsjajsjjs
karla yustiz garcia
🤣🤣🤣🤣 la vitamina N
Olinda Bernales Bertolotto
Siempre lindo... nunca decepciona leer tus libros.
Gracias por compartir tu talento... 🙂😊🤗😄
Sharon Mendoza
precioso
Sharon Mendoza
precioso
karla yustiz garcia
se lee tan buena 👏👏
karla yustiz garcia
será que hay fotos de ellos 🤔
karla yustiz garcia
a mi también 🤭
karla yustiz garcia
me encanta 😍😍
karla yustiz garcia
😍😍 que bello
Viviana Lopez
Espléndido
Irene Covarrubias
creo que fue muy sutil 🤣🤣
Rosa Villena
Bellísima historia, me encantó, gracias, gracias ❤️🥰
Elilu 🇲🇽
jajaja no pues viéndolo por ese lado Declan tiene razón es un gran avance en la relación de peros y gatos que se traen ustedes dos.
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