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Café Amargo Y Miel Silvestre

Café Amargo Y Miel Silvestre

Status: Terminada
Genre:CEO / Yuri / Omegaverse / Completas
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda

En las frías calles de Ottawa, Alexandra Morozov es una fuerza de la naturaleza: una Alfa rusa, calculadora y letal, cuyo aroma a café amargo mantiene a todos a una distancia prudente. Ella no cree en el destino, solo en el control y en los negocios de su poderosa familia.
​Pero todo cambia en una noche de nieve espesa, cuando la voz de una chica rompe su armadura de hielo. Rosalie, una joven canadiense de espíritu libre e hiperactiva, emana un aroma a miel y vainilla que despierta los instintos más posesivos de la Alfa. Rosalie no es una Omega común; es una Gama, una jerarquía tan rara como impredecible, y su naturaleza rebelde no está dispuesta a doblegarse ante nadie.
​Alexandra ha decidido que Rosalie le pertenece, pero ¿podrá su amor tóxico y controlador atrapar a una chica que nació para ser libre? En este juego de poder, el café más amargo está a punto de mezclarse con la dulzura más peligrosa.

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capítulo 5

​El estruendo del disparo rebotó en las paredes de ladrillo del callejón, un sonido seco que pareció congelar el tiempo.

​—¡¿CREES QUE PODRÁS SALIR DE AQUÍ CON VIDA, PEQUEÑA PERRA?! —bramó el líder desde el final del pasillo, con el cañón del arma aún humeante.

​Alex no lo pensó. No hubo lógica, solo una sacudida eléctrica en su columna. Empujó a Rosalie con una fuerza que la mandó contra la pared opuesta justo cuando el proyectil silbaba en el aire. El impacto no fue un dolor agudo al principio, sino un golpe sordo, como si un mazo invisible le hubiera golpeado el hombro izquierdo.

​—¡Corre! —gruñó Alex, tragándose el grito que quería escapar de su garganta.

​Jadeando, alcanzaron la pesada puerta de hierro de la salida de emergencia. Al salir al aire gélido de la noche, Rosalie reaccionó con una rapidez nacida del pánico; tomó una barra de metal que descansaba contra unos contenedores y la trabó entre las manijas de la puerta. Los golpes de los sicarios desde el interior hacían vibrar el metal, pero la puerta resistió.

​—Uff... —Rosalie se dejó caer sobre la nieve, con el pecho subiendo y bajando frenéticamente—. Lo logramos... Alex, lo lo...

​Sus palabras se cortaron en seco. Bajo la luz amarillenta de un farol, la nieve blanca alrededor de los pies de Alex empezaba a teñirse de un rojo brillante y denso. El contraste era aterrador.

​—¡ALEX! —Rosalie se puso en pie de un salto, acercándose a ella con los ojos desorbitados—. ¡Estás herida! Dios mío, te dieron a ti... Tenemos que llevarte a un hospital, ahora mismo.

​Alex se sujetó el brazo, sintiendo cómo el calor de su propia sangre empapaba la chaqueta de cuero. Su rostro estaba pálido, pero sus ojos permanecían fijos, casi inhumanos en su calma.

​—No es grave —dijo Alex, y su voz sonó extrañamente plana, como si estuviera analizando un informe de ventas—. La bala atravesó, no está incrustada. Es solo cuestión de limpiar y vendar. Nada de hospitales.

​—¡¿QUE NO ES GRAVE?! ¡¿ACASO NO TE DUELE?! —gritó Rosalie.

​En ese momento, el aire alrededor de ellas cambió. Rosalie no podía evitarlo; el olor a vainilla dulce que solía desprender se volvió amargo, denso y cargado de una nota metálica. Eran sus feromonas. El miedo y la culpa emanaban de ella en oleadas tan fuertes que Alex pudo sentirlas físicamente, golpeando sus propios sentidos.

​—Es mi culpa... —susurró Rosalie, y sus ojos se llenaron de lágrimas que se congelaban en sus pestañas—. Viniste por mí y casi dejas que te maten. Soy una estúpida, yo... yo no debería haberte dejado entrar en ese lugar.

​Alex dio un paso hacia ella, ignorando el dolor punzante que empezaba a despertar en su hombro. Con la mano que aún podía mover, tomó el mentón de Rosalie, obligándola a mirarla.

​—Escúchame —dijo Alex, y por primera vez, su tono fue suave, casi tierno—. Yo elegí estar allí. Y elegiría moverte de ese disparo una y mil veces más.

​Rosalie sollozó, el aroma a culpa se mezcló con algo más... una gratitud desesperada. Estaban solas en un callejón oscuro, rodeadas de nieve roja, mientras a pocos kilómetros el señor Morozov celebraba su victoria silenciosa.

​—Mi coche está a dos calles —continuó Alex, su voz empezando a flaquear por la pérdida de sangre—. Sácame de aquí, Rosalie. Llévame a algún lugar donde mi padre no pueda encontrarnos... al menos por esta noche.

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dora leidy Yara bonilla
y el resto de novela
{ᥣׁׅ֪υׁׅꪱׁׁׁׅׅׅ}:3: ya está n camino la segunda temporada 🥰
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