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La Protegida Del Don Greco

La Protegida Del Don Greco

Status: Terminada
Genre:Romance / Posesivo / Arrogante / Mafia / Amor a primera vista / Diferencia de edad / Completas
Popularitas:278.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Rosana C. Lyra

Theo Greco es uno de los mafiosos más temidos de Canadá. Griego de nacimiento, frío como el acero de sus armas y con cuarenta años de una vida marcada por sangre y traiciones, nunca creyó que algo pudiera sacudir su alma endurecida. Hasta encontrar a una joven encadenada en el sótano de una fábrica abandonada.

Herida, asustada y sin voz, ella es la prueba viviente de una pesadilla. Pero en sus ojos, Greco ve algo que jamás pensó volver a encontrar: el recuerdo de que aún existe humanidad dentro de él.

Entre armas, secretos y enemigos, nace un vínculo improbable entre un hombre que juró no ser capaz de amar y una mujer que lo perdió todo, menos el valor de sobrevivir.

¿Podrá una rosa hecha pedazos florecer en los brazos del Don más temido de Toronto?

NovelToon tiene autorización de Rosana C. Lyra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24 – El Primer Muro Cae

La tormenta rugía afuera, azotando los vidrios de la mansión como si quisiera derribar sus paredes de piedra. Relámpagos surcaban el cielo, seguidos por truenos que hacían temblar el corazón de la noche. Era como si el mundo reflejara la guerra que ya consumía a Theo por dentro.

El despacho estaba sumido en penumbra. La chimenea crepitaba, pero no traía suficiente calor para alejar el frío. Sobre la mesa, informes esparcidos se mezclaban con copas de cristal. Theo, de pie frente a la estantería, terminaba de servirse otro trago. No era un hombre que se embriagara fácilmente, pero esa noche pesaba distinto.

Ya había matado, ya había perdido aliados, ya había enfrentado traidores, pero lo que lo corroía ahora no estaba en las calles ni en las bandas. Estaba dentro de la propia mansión, en el piso de arriba, entre paredes que él mismo había jurado proteger.

La puerta crujió suavemente.

Theo se volvió despacio. Naya estaba allí, dudosa, con el collar en las manos.

La pequeña joya pendía entre sus dedos, discreta, pero cargada de un peso que apenas podía soportar. Era el último recuerdo de su familia, el ancla de una vida que le había sido arrancada.

Respiró hondo antes de hablar, la voz tan baja que casi se perdía en el rugido de la tormenta.

—Vine a devolverlo.

Theo la observó en silencio. Su rostro estaba pálido, los ojos fijos en el collar, como si el objeto le quemara en las manos.

—No es necesario. —respondió él, la voz grave, cargada de cansancio— Es tuyo.

Ella dio un paso adelante, firme a pesar del temblor.

—No quiero cargar con esto sola. —confesó— Es como un peso, un recuerdo que me ata a lo que me hicieron.

La lluvia golpeaba los vidrios con violencia. Theo caminó despacio hacia la mesa, los ojos clavados en ella.

—Entonces, ¿por qué lo trajiste hasta mí? —preguntó, serio.

Naya vaciló. El corazón le latía descompasado.

—Porque… —respiró hondo— porque ya no sé quién soy sin esto. Pero tampoco sé si puedo vivir con esto.

Extendió la mano, ofreciéndole el collar.

Theo miró el objeto y luego los ojos de ella. Algo ardía allí, algo que conocía bien: la lucha contra uno mismo, el miedo a perder y el miedo a aferrarse al mismo tiempo.

Alzó la mano. Pero cuando sus dedos rozaron los de ella, no fue el collar lo que importó.

Fue el contacto.

Un toque leve, casi vacilante, que recorrió como chispa, atravesándolos brutalmente.

Naya se estremeció. Su cuerpo reaccionó antes que la mente. El corazón se aceleró, el aire se atascó en los pulmones, y sus ojos se alzaron instintivamente hacia los de él.

Theo también lo sintió. Una descarga eléctrica le atravesó los huesos, un calor que no recordaba que existiera. Por un instante, dejó de ser el Don, el Verdugo. Allí, frente a ella, era solo un hombre que tocaba a una mujer por primera vez sin intención de destruir.

No tiró de ella. No la sujetó con fuerza. Solo dejó que sus dedos rozaran los de ella, firmes, cálidos, demasiado cuidadosos para caber en sus manos acostumbradas a la sangre.

El silencio los envolvió.

Relámpagos estallaban en el cielo, pero dentro del despacho, el mundo parecía suspendido.

Naya parpadeó, sorprendida de su propio cuerpo. Era como si cada fibra reaccionara al toque, como si el instinto le gritara que huyera, pero algo más profundo, algo que no quería explicar, la mantenía allí.

Theo notó su temblor. El pecho se le contrajo, pero no apartó la mano.

—No voy a hacerte daño. —dijo, bajo, casi como un voto.

Naya tragó en seco.

—No es eso lo que temo.

Él arqueó las cejas, confundido.

—¿Entonces qué?

Ella apartó la mano de golpe, retrocediendo un paso. El collar cayó sobre la mesa con un sonido metálico.

—Lo que siento. —confesó, casi en un susurro, antes de girarse y correr hacia la puerta.

Theo dio un paso adelante, como si fuera a detenerla. Pero se detuvo. La puerta se cerró tras ella. Y él quedó solo.

El despacho parecía aún más oscuro ahora. El collar reposaba sobre la mesa, como un recordatorio cruel de lo que acababa de suceder.

Theo cerró los ojos y respiró hondo. La mano que había rozado la de ella aún ardía. Era una llama que no quería, pero que no podía apagar.

Se apoyó en la mesa, el peso del cuerpo cayendo hacia adelante.

Deseo.

No era solo atracción. Era algo imposible, algo prohibido. Algo que podría destruirlos a ambos.

Y, por primera vez en mucho tiempo, Theo supo que había cruzado una línea de la que no podría volver.

En ese mismo instante, Naya corría por los pasillos de la mansión, el corazón desbocado. Entró en su cuarto y cerró la puerta con fuerza, apoyándose en ella, jadeante.

La mano aún temblaba. Todo su cuerpo reaccionaba al toque como si fuera un recuerdo tatuado en la piel.

Se deslizó hasta la cama y se sentó, abrazando sus rodillas.

¿Era miedo? ¿Era deseo? ¿Era rabia consigo misma por no poder distinguirlo?

Lágrimas silenciosas le recorrieron el rostro.

Porque, por primera vez desde que conoció a Theo, comprendió que no lo veía solo como el Verdugo. Y eso la aterrorizaba más que cualquier cicatriz en su cuerpo.

En el despacho, Theo finalmente tomó el collar y lo cerró en su mano, los dedos presionando el metal como si fuera una mira láser contra la piel.

El trueno rugió otra vez.

Alzó los ojos hacia la ventana y habló, casi para sí mismo:

—Deseo lo imposible.

El relámpago iluminó su rostro, revelando no al mafioso temido, sino al hombre dividido entre lo que era y lo que se atrevía a querer.

Y en ese instante, Theo supo: el primer muro había caído.

1
Ana Maria G Delgado Salgado
felicidades una muy buena novela con una estructura fascinante, muy distinta a todo lo que he leído, hasta ahorita👏
Carol Luke ramirez
por el momento la novela es algo lenta y aburrida los capítulos se dan vuelta en lo mismo y ella sin hablar más fome se pone así 😔😔
Elinol Duerto
una historia diferente, con una narrativa muy de Horacio Quiroga jejeje
Pamara V.
Porque lograr despertar la humanidad de un mafioso como él no lo hace cualquiera, esa muchacha sin siquiera hablar hizo más que esas otras mujeres.
Anonymous
De r mi
Anonymous
De r mi
Mary Diaz
Excelente
Ruth Stella Osorio
Excelente gracias sigue así
Gladys Torin
Que dolor para las personas que pierden a s un s seres queridos de esta manera
Gladys Torin
se ve buena
Charibel Baez cruz
debido a los abusos su mente entro en trance y ahora que su mente supo que ya no había más abusos entonces la saco del trance
Charibel Baez cruz
enserio que personas más estúpidas en los comentarios la llaman sonsa y estúpida cuando literalmente está en trance por tanto tiempo de cautiverio 🙄 ella necesita ayuda psicológica está traumada
Maria del Carmen Simone
hermosa historia, donde habla de la bajesa y maldad de siertas personas en el mundo marjinal, el final fue buenisimo ,un mafioso comprendió q a pesar de todo no perdió su humanidad y se rindió al AMOR
Abuelita Pateyro
ya autora ponle fin al silencio de ella qué sea abusada, audas y agradecida, que empieze a ser intrépida con la ayuda del Don no la sigas de sosa y tonta
Katiana Ochoa
no me gusta la trama pensé que sería diferente
Aida Esperanza Camino Villarreal
Excelente historia, hermosa narrativa, clara, coherente con los acontecimientos, tiene todo: amor, dolor, odio, deseo de dominar, etc, todo propio de mafias. Felicitaciones autora, me hubiera encantado que pusieras fotografías que encajen con los protagonistas. Un gran abrazo desde mi hermoso Perú.🥰👏
Katiana Ochoa
ya me siempre lo mismo
Maritza Rangel Sanchez
Lo único que no me gustó fueron esas palabras el verdugo no se arrodilla ni siquiera a Dios. Ante DIOS nos arrodillamos todos ok
Maritza Rangel Sanchez
Bello muy bello
Maritza Rangel Sanchez
Hermosa estoy empaquetada con esta novela
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