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Me Enamore De La Mamá De Mi Mejor Amigo

Me Enamore De La Mamá De Mi Mejor Amigo

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Sinopsis: Un amor prohibido

Todo comenzó cuando empecé a ir a la casa de Juan Alcázar, mi mejor amigo. Al principio, todo era normal, hasta que comencé a mirar a su mamá con otros ojos. Ella era una mujer hermosa, madura y completamente diferente a todas las que había conocido. Sin darme cuenta, empecé a sentir algo que jamás imaginé sentir por la madre de mi mejor amigo. Intenté luchar contra aquellos sentimientos, pero el corazón no entiende de reglas ni de prohibiciones. Hasta que una mirada se convirtió en deseo y comenzamos a vivir un amor a escondidas, capaz de destruir nuestra amistad y cambiarlo todo.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: La dueña de su corazón

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POV: Gabriela Alcázar

Juepucha, este hombre me tenía tragada. No había otra manera de decirlo. Joaquín Zapata se me había metido en el corazón sin pedir permiso, y lo peor era que cada día encontraba una forma nueva de hacerme suspirar como una boba.

Era tan lindo conmigo, tan pendiente de cada detalle, que a veces me preguntaba cómo había pasado tantos años sin alguien que me hiciera sentir así.

Se acordaba de todo lo que me gustaba. Si una vez le decía que prefería el café sin tanta azúcar, al otro día me lo mandaba exactamente como me gustaba. Si mencionaba que tenía ganas de comer algo, él lo recordaba y después aparecía con una sorpresa.

Y ni hablar de los mensajes. ¡Ave María, pues! Ese muchacho me escribía a cada rato.

Estaba en la oficina, revisando unos documentos de la empresa, cuando mi celular vibró sobre el escritorio.

Joaquín ❤️: Muñeca, ¿ya comió?

Sonreí como una adolescente enamorada y le contesté.

Yo: Sí, amor.

Joaquín ❤️: ¿Y qué comió mi reina?

Yo: Una ensaladita con pollo. ¿Y usted?

Joaquín ❤️: ¿Usted? 😒 Gabriela, ¿otra vez?

Me reí solita mirando la pantalla.

Yo: ¿Qué hice ahora, pues?

Joaquín ❤️: Ya le dije que no me gusta que me diga mijo. Ahora soy su novio, muñeca. Dígame amor, corazón, mi vida… pero ese «mijo» me suena a que me va a mandar a hacer un mandado.

Solté una carcajada que hizo que mi asistente, Carolina, asomara la cabeza por la puerta.

—Doctora Gabriela, ¿todo bien?

—Sí, Caro, tranquila. Es que me hicieron reír.

Ella miró mi celular y después me miró a mí con una sonrisita pícara.

—Ah, bueno. Desde que usted anda pegada a ese teléfono, yo digo que por ahí hay alguien.

—¡Ay, Carolina, no empiece!

—¿Y entonces? ¿Quién la tiene tan contenta?

—Un amigo.

—¿Un amigo? Sí, claro. Y yo soy la reina de Inglaterra.

—¡Vaya trabaje, mujer! —le dije, riéndome.

Carolina salió de la oficina muerta de la risa y yo volví a mirar el mensaje de Joaquín.

Yo: Bueno, amor. ¿Contento?

Joaquín ❤️: Muchísimo, mi vida. ¿Ve que sí puede? 😘

Yo: Usted sí es cansón, ome.

Joaquín ❤️: Cansón, pero suyo. No se le olvide.

Ay, no. Ese muchacho sabía exactamente qué decirme para dejarme con una sonrisa boba en la cara.

Lo más bonito era que no solamente estaba pendiente de mí por mensajes. Si sabía que tenía una reunión difícil, me llamaba antes para desearme suerte. Si terminaba tarde en la empresa, me preguntaba si ya había llegado a casa. Y si me sentía cansada, no me exigía atención; al contrario, me decía que descansara y que hablábamos después.

Una tarde llegó a mi oficina con una bolsita de una pastelería que yo adoraba.

—¿Y esto qué es, pues? —pregunté, sorprendida.

—Un detallito para la mujer más berraca que conozco.

Abrí la bolsa y encontré mi postre favorito.

—Joaquín, ¿usted cómo se acuerda de estas cosas?

—Porque cuando usted habla, yo la escucho, muñeca. Tan sencillo como eso.

Me quedé mirándolo, sintiendo una ternura inmensa.

—Venga acá —le dije, acercándome para darle un beso en la mejilla.

Pero él giró un poquito la cara y terminó recibiendo un beso en los labios. Cuando nos separamos, tenía una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Epa! Así sí me gusta venir a visitarla.

—¡Qué aprovechado!

—¿Aprovechado yo? Si usted fue la que me besó, ome.

—Ay, cállese, Joaquín.

Nos reímos y, por un instante, olvidé todas las complicaciones que podía traer nuestra relación.

Porque sí, había algo que no me dejaba disfrutar del todo: Juan.

Mi hijo seguía sin saber que su mejor amigo y yo éramos novios. Cada vez que pensaba en contarle, me imaginaba su reacción y se me revolvía el estómago. No quería perder su confianza ni ponerlo en una situación incómoda.

Esa noche, mientras Joaquín me acompañaba hasta la puerta de mi casa, él notó que estaba pensativa.

—¿Qué pasó, mi vida? ¿Por qué esa carita?

Suspiré.

—Estoy pensando en Juan.

Joaquín dejó de sonreír por un momento.

—Yo también he pensado en él, Gabriela. No quiero que crea que le escondimos esto porque nos burlamos de él o porque no nos importa lo que sienta.

—Es mi hijo, Joaquín. Lo amo más que a nada en este mundo.

—Y yo lo sé, muñeca. Por eso no quiero presionarla. Pero tarde o temprano tenemos que hablar con él.

Le tomé la mano.

—¿Y si se enoja con usted? Son mejores amigos desde hace años.

—Pues me dolería, no le voy a mentir. Juan es como un hermano para mí. Pero tampoco voy a decirle que me arrepiento de estar con usted, porque no sería verdad.

Lo miré a los ojos, con el corazón acelerado.

—¿De verdad está tan seguro de lo que siente por mí?

Joaquín me acarició la mano con ternura.

—Gabriela Alcázar, yo no le estoy haciendo esto por un capricho. La quiero, la respeto y quiero hacer las cosas bien con usted. Así que vamos paso a paso, ¿bueno?

Asentí y le di otro beso.

—Bueno, mi amor.

Él sonrió.

—Así me gusta. Y mañana le escribo temprano para preguntarle si desayunó.

—¡Joaquín!

—¿Qué, pues? ¡Es que mi novia tiene que comer!

Me reí mientras lo veía marcharse.

Ese hombre me tenía completamente tragada. Y aunque todavía me asustaba lo que podía pasar cuando Juan descubriera nuestro secreto, por primera vez en mucho tiempo sentía que alguien estaba dispuesto a quererme sin hacerme sentir que debía escoger entre el amor y la tranquilidad.

Lo que yo todavía no sabía era que Juan estaba a punto de regresar de su viaje universitario… y que nuestro secreto tendría los días contados.

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