La rivalidad entre un mafioso y una reportera provoca una serie de eventos que se complican de maneras inesperadas a medida que nuevos secretos salen a la luz.
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Capítulo 8
Retiro el traje y en el fondo del cartón está la carta para la hija de Frederick. No es un paquete tan pequeño, por lo que seguramente hay varias hojas en el.
Sin embargo, Frederick tenía razón en algo. La advertencia al respecto estaba de más, porque jamás se me ocurriría leer correspondencia ajena.
Me pruebo el traje y me queda a la perfección.
A continuación enciendo la televisión y sintonizo un canal que frecuentemente da noticias de última hora, incluso interrumpiendo la programación habitual.
Mientras espero escuchar alguna noticia relevante, calculo mis movimientos. Mi departamento alquilado es amoblado. Si elijo dejar de alquilarlo, mis pertenencias caben en mi mochila y en una maleta de viaje que tengo.
Una línea de ruta posible en mi mente es empacar todo, devolver el departamento, ir a mi trabajo para vaciar mi oficina y recoger mi liquidación, y entonces dirigirme hacia mi encargo, lo cual sería la siguiente parte de mi plan.
El caso es que después de todo lo que ha pasado, creo que un cambio total en mi vida no me parece descabellado.
Entonces, escucho una noticia de última hora…
El presentador interrumpe la programación habitual con una edición especial. En pantalla aparece la imagen de Sandy, escoltada por agentes de policía, saliendo de un vehículo oficial. Su rostro está pálido pero en general, parece estar bien. No hay heridas visibles. Detrás de ella, un hombre alto de traje oscuro que reconozco al instante: Leonardo.
El periodista dice: "La periodista Sandy ha sido liberada hace apenas unos minutos. Según fuentes oficiales, la operación fue posible gracias a información proporcionada por un colaborador cercano a la víctima.”
Entonces entiendo lo obvio…
Sandy está viva. Está a salvo.
Y Leonardo se lleva todo el crédito.
Tal como Frederick predijo.
Apago el televisor y con Sandy liberada, es mi turno de actuar.
Me comunico con el dueño del departamento. Él dijo que iría inmediatamente al departamento y para cuando llegó, yo ya tenía todo empacado. Agradeció que haya sido un buen inquilino y, como buen comerciante que era, ya llevaba el letrero de “se alquila” con él.
El dueño del departamento revisa el lugar rápidamente, impresionado por lo intacto que queda todo. Me devuelve la parte proporcional del depósito, me estrecha la mano con cordialidad y, sin perder tiempo, comienza a pegar el letrero de “se alquila” en la ventana principal antes de que yo termine de cruzar la puerta.
Ahora, es momento de ir al lugar donde trabajaba, por última vez. Al llegar, mi jefe me recibe y me dice que hablemos en privado.
Procede a asegurarse de que reciba mi liquidación, pero antes de ir a vaciar mi oficina, me da a entender que está preocupado de que la forma como me voy pueda perjudicar a la empresa. A mi criterio, lo que de verdad le preocupa es que diga lo que sé de él.
Después de dejar claro que no tengo interés en perjudicarlo a él ni a la empresa, noto que él respira con tranquilidad y después de esa conversación, procedo a ir a mi oficina para vaciarla.
En realidad no es mucho lo que debo tomar de allí, pero cuando ya estaba por terminar, mi jefe entra y me dice: “Tu amigo Leonardo ha venido a visitarte, los dejo para que conversen.” Y se retira dejando a Leonardo en la oficina.
Entiendo que el jefe crea que es mi amigo, pero en realidad, la mirada de Leonardo y la forma como terminó nuestra última conversación me da la impresión de que esta no es una visita amistosa.
Cuando estamos solos digo: “¿A qué debo esta inesperada visita? Pensé que estarías ocupado en alguna rueda de prensa celebrando tu gran hazaña.”
Leonardo: “Exacto. Ayer marcaste un punto importante al decirle a Sandy que Frederick tiene cáncer terminal. Sin embargo, soy yo quien la ha liberado de su secuestro y creo que quizás sea momento de que te hagas a un lado.”
Digo: “Claro. Eso ya está decidido. Me voy de la ciudad, posiblemente de manera permanente. No quiero asegurar algo que aún no ocurre, pero es lo que considero más probable.”
Leonardo algo enojado dice: “¿Después de que ayer fuiste a su departamento a hablar con ella y darle información valiosa ahora dices que simplemente te vas? ¿A qué estás jugando?”
No puedo evitar sonreír por lo que ocurre, pero para desescalar está situación simplemente respondo: “No te pongas así Leonardo. Ganaste. Yo me voy de esta ciudad. Puedes averiguarlo por ti mismo si prefieres. Si el que vacíe mi oficina no es suficiente, habla con mi exjefe y él te confirmará que he dejado mi trabajo. Pásate por mi antiguo departamento y verás un buen letrero de “se alquila”. Y lo que es más, de aquí voy a ir directamente al terminal para tomar un transporte, así que esta es muy probablemente la última vez que nos veamos.”
Leonardo algo extrañado dice: “Me resulta difícil de aceptar todo esto. Supongo que debo verificar algunas cosas. Aunque ahora que veo esta situación, no puedo dejar de pensar que ocultas algo.”
Digo: “En lo que respecta a Sandy, no estoy ocultando nada. Puedes creer lo que quieras, pero con saber que ella ha sido rescatada me basta. Espero que ella y tú sean felices y que les vaya bien en la vida.”
Después de eso, me retiro de la oficina y de la empresa.
Al llegar al terminal, analizo la ciudad donde debo encontrarme con la hija de Frederick. Entonces planeo lo siguiente. Me hospedaré en un hotel de una ciudad cercana al lugar de encuentro, pero no en la misma ciudad. Viajaré al encuentro con la hija de Frederick y al terminar esa reunión, viajaré de vuelta al hotel. Si esa es la ciudad donde ella vive, prefiero no quedarme allí, para evitar topármela de nuevo.
Entonces me subo al bus que me llevará a mi destino y aunque se me pasa por la cabeza enviar un mensaje de despedida a Sandy, considero que tal vez es mejor no hacerlo. En el bus suena una música de la cual no puedo evitar cantar en mi interior su coro…
Y yo me voy, adiós, me fui y no me importa.
Nada me detiene aquí, la vida corta.
En avión, por tren, por mar, por lo que sea.
Soy feliz de haber perdido la pelea
Y te quedas con mi firma en la libreta.
Yo me llevo el corazón en la maleta.