Él la rechazó el mismo día que descubrió que era su compañera destinada. Años después, convertido en Alfa, comprende que perderla fue el peor error de su vida. Pero ella ya no vive en la manada… y un humano ocupa el lugar que él dejó vacío. Ahora tendrá que demostrar que algunas promesas merecen una segunda oportunidad.
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Siempre estaré contigo
El invierno había llegado por completo a Luna de Plata.
Las mañanas eran tan frías que el aliento se convertía en pequeñas nubes blancas frente a los rostros de los niños.
Alyssa caminaba con las manos escondidas dentro del abrigo de lana que Mara había tejido especialmente para ella.
Era demasiado grande.
Las mangas le cubrían casi por completo las manos.
—Pareces un osito —rió Nora.
Alyssa hizo una mueca.
—Mara dice que creceré.
—Eso lleva diciéndolo meses —respondió Ethan.
Kaleb sonrió.
—Y sí está creciendo.
Alyssa levantó la cabeza con orgullo.
—¿Ves?
—Como un centímetro.
Todos soltaron una carcajada.
⸻
Aquella mañana, Rowan había pedido ayuda para recoger ramas secas antes de que comenzara a nevar.
Los cinco aceptaron encantados.
Cada uno llevaba una pequeña cesta.
Competían por ver quién encontraba la rama más grande.
—¡Yo gané! —gritó Ethan levantando un tronco casi tan largo como él.
—Eso no es una rama.
—Es un árbol muerto.
Liam negó con la cabeza.
—Siempre haces trampa.
Mientras los demás discutían, Alyssa encontró unas pequeñas flores blancas creciendo entre las piedras.
Se arrodilló para observarlas.
Eran diminutas.
Hermosas.
Sin darse cuenta…
Se fue alejando.
Unos pasos.
Después otros.
Y otros más.
⸻
Cuando Kaleb terminó de llenar su cesta, miró a su alrededor.
—¿Dónde está Alyssa?
Nora dejó de sonreír.
—Estaba aquí hace un momento.
Liam giró sobre sí mismo.
—Alyssa.
Nadie respondió.
Kaleb sintió un nudo en el estómago.
—¡Alyssa!
Silencio.
Por primera vez desde que la había encontrado en el bosque…
No sabía dónde estaba.
Y el miedo apareció de golpe.
—¡Alyssa!
Su voz sonó mucho más fuerte.
Ethan dejó caer la cesta.
—Voy hacia el río.
—Nosotros revisaremos el sendero —dijo Liam.
Nora salió corriendo hacia las cabañas.
—¡Avisaré a los adultos!
Kaleb ya no escuchó nada.
Corría.
Cada vez más rápido.
Recordaba perfectamente cómo la había encontrado meses atrás.
Sola.
Asustada.
Llorando.
No.
No otra vez.
⸻
Mientras tanto…
Alyssa seguía observando las pequeñas flores.
No se había dado cuenta de cuánto se había alejado.
Cuando levantó la vista…
Todo era igual.
Árboles.
Nieve.
Silencio.
Su respiración comenzó a acelerarse.
—¿Kaleb?
Nadie respondió.
Volvió a intentarlo.
—¿Nora?
Solo el viento.
Sintió cómo el miedo regresaba.
El mismo miedo que había sentido la primera vez que despertó sola en aquel bosque.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—¿Kaleb…?
⸻
Toda la manada salió a buscarla.
Los guerreros se dividieron en grupos.
El Alfa tomó el mando.
—Nadie se aleje solo.
Revisen cada rincón.
Kaleb no esperó instrucciones.
Corría entre los árboles llamándola una y otra vez.
Su padre intentó alcanzarlo.
—¡Kaleb!
Pero el niño siguió adelante.
No podía detenerse.
No mientras Alyssa estuviera sola.
⸻
—¡Kaleb!
Una voz pequeña rompió el silencio.
Él frenó de golpe.
Volvió la cabeza.
Allí estaba.
Sentada junto a unas piedras.
Con las mejillas mojadas por las lágrimas.
Kaleb llegó hasta ella en segundos.
Ni siquiera habló.
La abrazó tan fuerte que Alyssa apenas pudo respirar.
—No vuelvas a hacer eso…
Su voz temblaba.
La pequeña lo abrazó también.
—Lo siento…
—Pensé…
Kaleb no terminó la frase.
Ni siquiera sabía cómo decirla.
Había sentido demasiado miedo.
Un miedo que nunca había experimentado.
Alyssa levantó la cabeza.
—Siempre me encuentras.
Él respiró hondo.
Después apoyó la frente contra la de ella.
—Porque siempre voy a buscarte.
La niña sonrió.
Como si aquella respuesta fuera suficiente para hacer desaparecer todos sus temores.
⸻
Cuando regresaron a la aldea, Mara corrió a abrazar a Alyssa.
Rowan suspiró aliviado.
El Alfa observó a su hijo.
Nunca lo había visto tan alterado.
Esperó a que todos entraran en las casas antes de acercarse.
—¿Estás bien?
Kaleb asintió.
Aunque era mentira.
—Creí que la había perdido.
El Alfa permaneció unos segundos en silencio.
Después apoyó una mano sobre el hombro de su hijo.
—Escúchame bien.
Kaleb levantó la vista.
—Proteger a alguien no significa impedir que tenga miedo.
Significa que, cuando lo tenga…
Siempre pueda encontrarte.
El niño guardó aquellas palabras sin comprender que algún día regresarían para perseguirlo.
⸻
Aquella noche, antes de dormir, Alyssa abrió la ventana de su habitación.
La nieve comenzaba a caer sobre Luna de Plata.
Miró hacia la casa del Alfa.
Una pequeña luz seguía encendida.
Sonrió.
Sabía exactamente quién aún no se había ido a dormir.
Levantó la mano y saludó desde la distancia.
Al otro lado de la plaza, una silueta hizo lo mismo.
No podían escucharse.
No hacía falta.
Porque ambos estaban completamente seguros de una cosa.
Mientras el otro estuviera allí…
Nunca volverían a sentirse solos.
Y, desde lo alto del cielo, la Luna parecía contemplarlos con una serenidad casi maternal, como si guardara en silencio el destino de aquellos dos niños que aún ignoraban cuánto cambiaría su mundo con el paso de los años.