Dos personas marcadas por heridas del pasado se encuentran cuando menos lo esperan. Ella ha aprendido a esconder su dolor detrás de una sonrisa. Él carga con un pasado que no logra perdonarse. Ninguno busca enamorarse, pero el destino los une y descubrirán que, incluso en la oscuridad más profunda, una sola persona puede convertirse en la luz del otro.
NovelToon tiene autorización de Meli Raciel Guaman Galvez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capítulo 4 - el hombre detrás de la mirada (parte 2)
Efraín terminó de almorzar casi en silencio. Daniel respetó su decisión de no hablar del pasado y cambió de tema. Conversaron sobre el trabajo, algunos proyectos y los planes para el fin de semana. Aun así, conocía a su amigo lo suficiente para saber que, detrás de aquella mirada tranquila, seguía librando una batalla que nadie más podía ver.
Al regresar a la obra, el sonido de su teléfono interrumpió sus pensamientos.
En la pantalla apareció un nombre que siempre lograba sacar una sonrisa de su rostro.
Mamá.
—Hola, hijo —dijo una voz dulce al otro lado de la línea—. Solo llamaba para saber cómo estás.
—Estoy bien, mamá. Un poco ocupado, pero bien.
—¿Has estado comiendo a tus horas?
Efraín soltó una pequeña risa.
—Sí, mamá.
—No me mientas. Te conozco desde antes de que nacieras.
Aquellas palabras le hicieron recordar tiempos más sencillos, cuando la vida parecía menos complicada.
—Hace días que no vienes a visitarme.
—Lo sé. Prometo ir este fin de semana.
—No trabajes tanto, hijo. La vida pasa muy rápido. No permitas que el dolor te robe los años más bonitos.
Efraín guardó silencio.
Su madre nunca hacía preguntas sobre lo ocurrido. Solo esperaba, con paciencia, el día en que él estuviera listo para hablar.
—Te quiero, hijo.
—Yo también te quiero, mamá.
Al colgar, permaneció unos segundos mirando el teléfono. Había algo en la voz de su madre que siempre lograba darle un poco de paz.
Cuando terminó la jornada, decidió no regresar inmediatamente a casa. Condujo sin rumbo fijo mientras el sol comenzaba a ocultarse detrás de las montañas. Finalmente estacionó cerca de un mirador desde donde podía verse toda la ciudad.
Apagó el motor y descendió del vehículo.
El viento movía suavemente los árboles mientras las primeras luces comenzaban a encenderse.
Metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó una fotografía ya desgastada por el tiempo.
La observó durante varios minutos.
Sus dedos temblaban.
—Perdóname... —susurró con la voz quebrada.
Una lágrima cayó sobre la fotografía antes de que volviera a guardarla.
Aquel era un dolor que nadie conocía.
Un dolor que había decidido cargar solo.
Respiró profundamente y levantó la vista hacia el cielo, donde las primeras estrellas empezaban a brillar.
Sin saberlo, en otra parte de la ciudad, una mujer también contemplaba ese mismo cielo, convencida de que las estrellas guardaban las promesas que aún no se habían cumplido.
Todavía no conocían sus nombres.
Todavía no imaginaban que el destino llevaba mucho tiempo preparando el momento en que sus caminos se cruzarían.
Porque, a veces, Dios une dos corazones rotos no para recordarles su pasado, sino para enseñarles que todavía existe un futuro.
Y mientras la noche cubría la ciudad, el reloj comenzaba a contar los últimos días antes del encuentro que cambiaría sus vidas para siempre.
nota: me gusta como va a trama espero poder seguir escribiendo y terminar la novela si piensan que esta algo mal me dejan su comentario, para poder ir mejorando, es mi primera historia gracias 🙂