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UNA VUELTA PROHIBIDA

UNA VUELTA PROHIBIDA

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Traiciones y engaños
Popularitas:559
Nilai: 5
nombre de autor: Daniela escalante Jiménez

En el mundo de la Fórmula 1 no existen los amigos, solo rivales. Gael Rainer es la promesa de Mercedes: frío, calculador, imparable. Mara Varela es el orgullo de Ferrari: brillante, valiente y dueña de cada secreto de su equipo.

Se encontraron en una noche donde no existían los colores ni las reglas. Una noche de pasión que lo cambió todo. Pero cuando amaneció y se reveló la verdad, comprendieron que su amor es una traición para todos: para sus equipos, para sus familias, para el mundo entero.

Entre la velocidad de la pista y el silencio de los escondites, deberán elegir: ¿obedecer las leyes que los separan o arriesgarlo todo por una vuelta que nunca debió existir?

NovelToon tiene autorización de Daniela escalante Jiménez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 9 ACUERDOS SILENCIOS Y LUCES PÚBLICAS

 

Me reí, una risa clara y espontánea que llenó el espacio entre los dos, sentada todavía al borde de la cama con la ropa recién puesta y el corazón latiéndome con un ritmo distinto —ni del todo acelerado ni del todo tranquilo—. Lo miré a él, que seguía recostado sobre las sábanas revueltas, con el pelo algo desordenado y esa expresión de control apenas aflojada.

—Acepto —dije, sosteniéndole la mirada con firmeza—. Creo que es algo bueno. Una forma de sacar el estrés. Es mi primera temporada, todo es nuevo, intenso, rápido… y esto me servirá para no aburrirme, para no ahogarme entre tanta presión.

Gael esbozó una sonrisa corta, esa que no le llega a iluminar del todo los ojos pero que revelaba que había entendido perfectamente el sentido de mi respuesta. No dijo nada más, solo asintió con la cabeza, como sellando un pacto silencioso entre nosotros, uno que no necesitaba firmas ni testigos.

—Adiós, Gael —me despedí con voz suave, poniéndome de pie —. Nos vemos mañana. Y espero que gane Ferrari, para empezar con todo esta temporada.

Él soltó una risa baja, quedó recostado apoyando la nuca en las manos y me siguió con la mirada hasta que crucé el umbral de la puerta.

Salí del hotel sintiendo el aire fresco de la noche contra el rostro, todavía con la piel cargada de la sensación de sus manos y el calor de su cuerpo. Caminaba con paso tranquilo pero alerta, consciente de que cada paso podía ser visto, cuando justo al cruzar la entrada principal me lo encontré. Carlos Sainz venía caminando con paso pausado, la chaqueta del equipo al hombro, y al verme levantó una mano en saludo.

—Hola, Mara —dijo deteniéndose un instante, con esa calma que lo caracterizaba—. ¿Qué haces aquí tan tarde?

Sentí cómo el corazón me dio un vuelco repentino, una pequeña sacudida de nerviosismo que esperé no se notara. Miré rápidamente el entorno: había grupos de fans congregados cerca de la entrada principal, con cámaras y teléfonos en alto, esperando cualquier imagen. Sonreí, tratando de mantener la naturalidad en la voz y en los gestos.

—¿Por qué la pregunta? —respondí con un tono ligero, aunque yo misma me sentí un poco tensa—. Es que… aquí es donde me quedo yo. Tenía entendido que el equipo reservaba este hotel para todos nosotros.

Carlos inclinó ligeramente la cabeza, observándome con esa atención amable pero perspicaz que tiene.

—Así es —confirmó—. Yo estoy en una sucursal a unos diez minutos de aquí. Solo venía a dejarle algo a una persona que se aloja aquí. Ya me voy.

En ese momento, los destellos de las cámaras se intensificaron. Vi los teléfonos levantados, los lentes apuntando hacia nosotros.

—Nos están tomando fotos —le dije en voz baja, con una media sonrisa—. Será mejor que nos vayamos.

—Tienes razón —asintió él—. Que descanses, Mara. Nos vemos mañana.

Caminé hacia mi habitación sintiendo cómo los ojos del mundo parecían seguirme, aunque nadie supiera todavía lo que yo llevaba dentro. Una vez cerrada la puerta detrás de mí, me dejé caer un momento contra la madera, respirando hondo. Minutos después, mi teléfono empezó a vibrar con notificaciones constantes. Abrí la cuenta oficial de la Fórmula 1 y leí el aviso: «La segunda sesion.definirán las estrategias para la carrera del sábado.» Sonreí, pensando en todo lo que estaba por venir.

Deslicé el dedo por las imágenes que ya circulaban: ahí estaba yo caminando con Carlos, en siete fotografías y varios videos cortos capturados desde distintos ángulos. Y luego, otra serie de imágenes que me hizo contener el aliento: saliendo de la entrada del hotel, en el mismo instante en que Carlos aparecía. Las fotos parecían sugerir que ambos habíamos estado allí dentro. «Mala coincidencia», pensé, aunque no había nada que ocultar más que la verdad que nadie debía saber.

El teléfono vibró de nuevo: era un mensaje de Elena Moretti. «Mañana te quiero en el panel de estrategia, observando y aprendiendo. Quiero que veas de cerca cómo se toman las decisiones en tiempo real.» Respondí de inmediato: «Estaré ahí, lista. Gracias por la oportunidad.»

Poco después, Tomás me escribió: «Vamos todos a la terraza del hotel un rato. ¿Te animas a subir un momento?» Le contesté que subiría en cuanto me arreglara. Me metí al baño, me quité la ropa que todavía conservaba el recuerdo de Gael, y me dejé caer bajo el agua tibia. Me lavé despacio, sintiendo cómo el agua arrastraba la tensión y el cansancio, pero no la emoción. Me puse una pijama cómoda, suave y fresca, y subí.

Allí estaban Luca, Marco, Giovanni y Alessandro, sentados alrededor de una mesa baja con bebidas en la mano, charlando animadamente. Al verme me hicieron un hueco.

—Mira quién llegó —dijo Marco con una sonrisa—. La nueva estrella del equipo.

—No exageren —me reí, sentándome junto a ellos—. Solo estoy aprendiendo.

—Eso y que haces cambios de llantas que nos dejan con la boca abierta —añadió Luca, levantando su vaso—. Por ti.

Brindamos entre risas. La charla fluía tranquila: hablaban de las condiciones de la pista, de los neumáticos que mejor se comportaban, de los rivales a vigilar. Yo escuchaba atentamente, aportando mi opinión cuando me preguntaban, sintiéndome parte de algo grande, sólido.

—Bueno, chicos —dije al cabo de un rato, poniéndome de pie—. Me voy a acostar temprano. Quiero despertar sin pesadez, con la mente clara para mañana.

—Muy bien pensado —dijo Alessandro—. Descansa, Mara. Nos vemos al amanecer.

Me metí en la cama y me quedé profundamente dormida, con un sueño plácido, sin interrupciones, como si mi cuerpo hubiera encontrado por fin su lugar. La alarma sonó a las seis en punto, nítida y firme. Me estiré, sintiéndome renovada. El teléfono sonó casi al instante: era Cristal.

—¿Cómo te ha ido estos días? —preguntó con su voz cálida—. Cuéntamelo todo.

Le hablé de las prácticas, del equipo, y luego, bajando la voz aunque estaba sola en mi cuarto, le conté lo de Gael: cómo lo había conocido, cómo nos habíamos reencontrado, y el acuerdo que habíamos sellado: amigos con derechos, solo eso. Cristal se quedó callada un segundo y luego soltó una risa suave.

—Es peligroso, Mara —dijo con sinceridad—. Empieza así, sin compromisos, y luego… uno nunca sabe. Solo ten cuidado.

—Lo sé —respondí—. Pero es lo que necesito ahora.

Corté la llamada y me subí al autobús que trasladaba a todo el personal del equipo. En el camino, marqué el número de mi papá.

—Papá —le dije—, hoy me toca estar en el panel de estrategia. Voy a ver cómo funcionan las decisiones desde adentro.

—Eso es algo nuevo para ti, hija —respondió con esa voz que siempre me daba seguridad—. Pero si lo haces bien, si demuestras que entiendes el juego, puedes llegar muy lejos. Recuerda todo lo que te enseñamos tu abuelo y yo sobre cómo se mueve un monoplaza: no es solo velocidad, es saber leer el momento, el viento, el rival. Todo cuenta.

—Lo tengo presente, pa. Gracias.

El autobús se detuvo en el estacionamiento del circuito. Me bajé con el resto del equipo. Llevaba una falda de mezclilla, una playera roja de Ferrari ajustada al cuerpo, una gorra que me cubría parte de la frente y tenis blancos cómodos. Hoy no iba a estar en el foso de boxes con las manos en las llantas; hoy era una observadora privilegiada, una aprendiz en el corazón de la toma de decisiones.

Entramos por la zona de acceso restringido, y al cruzar el arco de seguridad me topé de frente con Checo Pérez. Caminaba junto a su esposa, ambos con paso sereno, saludando brevemente al personal. Me acerqué un poco, con el corazón latiéndome de emoción.

—Hola —dije con voz clara—. Soy tu gran fan. Te admiro mucho.

Él se detuvo, me miró con una sonrisa genuina y asintió.

—¿De verdad? Pues muchas gracias —respondió con calidez—. Qué bueno que estés aquí. Disfruta cada momento.

Justo en ese instante llegó Carlos, que venía de revisar su equipo.

—Hola, Mara —me saludó con esa sonrisa que ya me resultaba familiar y agradable.

—Ya es costumbre que entremos al mismo tiempo —le dije riendo—. Espero que tengas una clasificación excelente hoy. Que consigas la mejor posición.

—Qué bueno que me deseas eso —respondió él divertido—. Somos del mismo equipo, así que es lo lógico, ¿no?

En ese momento, vi a Gael pasar a lo lejos. Caminaba con su paso firme, traje azul, cabeza alta. Nos miró un segundo desde la distancia, asintió brevemente con la cabeza y siguió de largo, sin detenerse, sin delatar nada. «Ese chico es bueno en la pista», pensé, mientras lo observaba alejarse con esa elegancia contenida que lo caracterizaba. Y luego, sin querer, mi mente se desvió hacia otra imagen: «Y también es bueno en la cama». Me mordí el labio inferior para no sonreír, y luego, mirando a Carlos con inocencia, dije:

—A Gael Rainer… nunca lo he visto correr en serio. Quiero ver hoy de qué es capaz.

 

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Ana Gonzalez
más capitulos excelente novela ❤️
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