De día soy el hijo perfecto, el alumno intachable que todos esperan ver. De noche me pongo la máscara y me convierto en Nox: la voz libre que miles esperan escuchar. Todo funcionaba en secreto hasta que mi seguidor más fiel, la única persona que realmente me entiende, resulta ser el mismo hombre que cada día me despierta curiosidad en la vida real. Ahora debo elegir: seguir escondiéndome para siempre, o encender la luz y mostrarle quién soy de verdad.
⚠️ Contenido exclusivo para mayores de 18 años
NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 9 VERDADES OCULTAS Y LUCHA SOLITARIA
El trayecto de regreso a la casa transcurrió en un silencio absoluto, pesado y asfixiante. Damián iba sentado en el asiento trasero del vehículo, con las manos apoyadas sobre sus rodillas, mirando fijamente por la ventana sin ver nada de lo que pasaba afuera. Su mente no dejaba de reproducir una y otra vez la imagen de Gael siendo retenido, la forma en que lo habían alejado, esa última mirada que se habían cruzado antes de que la puerta se interpusiera entre ellos. Sentía un vacío inmenso en el pecho, como si le hubieran arrancado una parte de sí mismo, y al mismo tiempo una angustia creciente que le oprimía la garganta: no sabía dónde lo llevaban, no sabía qué le iban a decir, no sabía qué consecuencias tendría todo esto para él.
Al llegar a la mansión de los Vera, no lo llevaron a su habitación habitual. Lo condujeron directamente a una estancia en la planta baja, una habitación que solía estar cerrada y que ahora tenía la puerta provista de un cerrojo nuevo y pesado. Su padre entró detrás de él, cerró la puerta tras de sí y se quedó de pie frente a él con una expresión que no era solo ira, sino una especie de decepción fría y calculadora.
—Crees que has sido muy valiente, ¿verdad? —le dijo con voz baja y tajante—. Crees que con esa huida has demostrado algo. Pero solo has conseguido empeorar todo. Ahora todo el mundo habla de ti, de lo ingrato que eres, de cómo te dejaste influir por un desconocido para poner en riesgo tu futuro y el nombre de tu familia. He tenido que hacer un esfuerzo enorme para que esto no se convierta en un escándalo aún mayor.
—Nadie me influyó —respondió Damián con voz débil pero firme, aunque se le quebraba un poco—. Yo tomé todas mis decisiones por mí mismo. Gael no me obligó a nada, al contrario, él fue la única persona que me escuchó de verdad.
—Ese muchacho ya no tiene nada que ver contigo —lo cortó de inmediato su padre—. Se le han presentado cargos formales por inducción a fuga y por poner en peligro tu integridad. Tiene prohibido acercarse a ti, escribirte o intentar comunicarse contigo de ninguna manera. Si lo vuelves a mencionar o intentas buscarlo, las consecuencias serán mucho más graves de lo que imaginas.
Damián sintió que el suelo se movía bajo sus pies. Intentó preguntar qué pasaría con Gael, dónde estaba, si le permitirían defenderse, pero su padre ya se había girado hacia la puerta.
—Tendrás mucho tiempo para reflexionar sobre tus errores. No saldrás de esta habitación hasta que aprendas a comportarte como corresponde.
Mientras tanto, Gael había sido llevado a una oficina en el centro de la ciudad, un lugar frío y despersonalizado donde lo esperaban dos personas: un abogado contratado por la familia Vera y un funcionario que tomaba notas sin levantar la vista. Lo interrogaron durante horas, repitiendo una y otra vez las mismas preguntas, tratando de que cayera en contradicciones, tratando de que admitiera que había manipulado a Damián. Pero Gael se mantuvo firme en su versión, contó la verdad tal como había sucedido, explicó cómo se habían conocido, cómo había notado que algo no andaba bien, cómo había intentado ayudarlo sin presionarlo en ningún momento. Sabía que sus palabras pesaban poco frente a la influencia y los recursos de la familia Vera, pero no tenía intención de mentir ni de culparse de algo que no había hecho.
Cuando por fin lo dejaron salir, ya era de noche. No estaba detenido, pero tenía prohibido abandonar la ciudad y debía presentarse periódicamente para nuevas diligencias. Lo peor no fue eso: al salir se encontró con que la gente que pasaba por la calle lo miraba de reojo, susurraban al verlo, algunos le lanzaban miradas de reproche. La versión que había difundido el padre de Damián se había extendido como pólvora: todo el mundo creía que él era el culpable, que había engañado y manipulado a un chico vulnerable para sus propios fines. Gael sintió una soledad profunda y dolorosa, pero en ningún momento pensó en rendirse. Sabía que si él bajaba los brazos, Damián estaría completamente solo.
Días después, mientras revisaba viejos documentos y papeles que había guardado su abuelo, buscando cualquier indicio que pudiera servirle, Gael encontró una carpeta vieja y polvorienta que ni siquiera sabía que existía. Al abrirla, descubrió documentos y notas que su abuelo había recopilado años atrás sobre negocios turbios y acuerdos irregulares en los que había estado involucrada la familia Vera. Había registros de presiones, de manipulaciones, de situaciones en las que habían usado su poder para salirse con la suya a costa de otras personas. Entendió entonces que lo que estaba pasando no era algo nuevo: era parte de una forma de actuar que llevaban practicando durante generaciones, y que Damián había sido solo la última pieza en ese tablero que siempre querían controlar.
Por su parte, Damián pasaba los días encerrado, tratando de encontrar alguna forma de saber qué estaba pasando fuera. Una tarde, cuando su madre entró a dejarle la comida, se detuvo un instante junto a la puerta y le habló con voz muy baja, temerosa de que alguien pudiera escucharla:
—Tu padre ha encontrado unos documentos antiguos que podrían perjudicar mucho a Gael y a su familia. Quiere usarlos para que acepte retirar cualquier intención de volver a acercarse a ti, bajo amenaza de llevarlos a las autoridades si no lo hace. No sé cuánto tiempo más pueda ocultarte cosas, pero por favor… ten cuidado. Ellos son capaces de cualquier cosa para conseguir lo que quieren.
Esas palabras le dieron una nueva desesperación: ahora no solo estaba en peligro su relación, sino que la seguridad de Gael también estaba en juego por su culpa. Damián pensó en todo lo que había vivido, en las veces que había sentido que no tenía salida, en que siempre le decían lo que debía sentir, pensar y hacer. Y por primera vez, en lugar de sentir solo miedo, sintió una determinación nueva y firme: no iba a permitir que usaran a Gael como moneda de cambio, ni que siguieran decidiendo por él su propia vida.
Esa misma noche, Gael intentó acercarse a la casa de Damián una vez más, con la esperanza de encontrar alguna forma de hacerle saber que no se había rendido. Pero al llegar a los alrededores vio que la vigilancia se había duplicado, y además notó que alguien más lo seguía: no eran los hombres de la familia Vera, sino una persona que parecía observarlo desde lejos con mucha atención. Logró despistarlo y refugiarse en un lugar seguro, pero la sospecha le quedó clavada: había algo más detrás de todo esto, algo que todavía no alcanzaba a ver con claridad.
Pasaron varios días más. Damián empezó a anotar en hojas sueltas todo lo que recordaba, todas las conversaciones, todas las amenazas, todas las pruebas de que no había sido manipulado. Sabía que eran papeles pequeños, que quizás no valieran mucho solos, pero eran lo único que tenía para empezar a defenderse. Gael, por su parte, buscó ayuda en una persona de confianza, alguien que conocía bien la historia de la ciudad y que sabía de la reputación de la familia Vera, para intentar dar con la forma de presentar la verdad sin poner en riesgo a nadie más.
Pero el destino no parecía querer darles tregua. Una mañana, cuando Damián creyó que no podía empeorar más la situación, su padre entró en la habitación con una expresión triunfal y le extendió una hoja impresa.
—Ha llegado la confirmación —le dijo—. Gael ha decidido alejarse. Ha firmado un compromiso de no volver a buscarte ni a intentar comunicarse contigo, a cambio de que no se presenten cargos contra su familia. Ya no tienes nada que esperar de él.
Damián sintió que el mundo se le venía encima. Quería creer que era otra mentira, pero la desesperación lo estaba venciendo: ¿y si era verdad? ¿Y si al final el miedo había podido más que lo que sentían? ¿Y si realmente Gael había decidido dejarlo ir para proteger a los suyos? Se quedó mirando la hoja sin poder hablar, con el corazón hecho pedazos, mientras su padre se alejaba convencido de que por fin había ganado.
Sin embargo, lo que Damián no sabía era que esa firma había sido otra trampa. Gael nunca había aceptado nada; al contrario, se había negado rotundamente a firmar cualquier cosa que significara alejarse de él. Pero la familia Vera estaba dispuesta a llegar tan lejos como fuera necesario para lograr su objetivo, incluso si eso significaba inventar una verdad que rompiera por completo la esperanza de Damián.
Gael seguía luchando, buscando pruebas, buscando formas de llegar hasta él, pero cada paso que daba encontraba una pared nueva. Y lo más doloroso de todo era que ahora, incluso si lograba encontrarse con él, no sabía si Damián le creería, o si esa mentira había logrado romper también la confianza que se tenían. Estaban luchando la misma batalla, pero en frentes distintos, cada uno cargando con su propio dolor y su propia soledad, sin saber cuándo ni cómo podrían volver a encontrarse. No había luz al final del camino todavía, solo la certeza de que la verdad era mucho más profunda y peligrosa de lo que ninguno de los dos había imaginado.