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Asado, Mate Y Destino

Asado, Mate Y Destino

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Romance / Yaoi
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: nuestros sueños

Valentín Bianchi, un omega porteño de veinticinco años, está acostumbrado al ritmo frenético de Buenos Aires. Su vida gira entre cafeterías, subtes, reuniones y el ruido constante de la ciudad.
Todo cambia cuando hereda una antigua estancia en plena pampa bonaerense. Su único objetivo es venderla cuanto antes, volver a la Capital y olvidarse del barro, las vacas y los caminos de tierra.
Pero la estancia no está vacía.
Tomás Ferreyra, un alfa gaucho nacido y criado allí, administra el lugar desde hace años. Es serio, orgulloso, amante de los caballos y defensor de las tradiciones. Para él, esa estancia no es un negocio: es su hogar.
Desde el primer encuentro, ninguno soporta al otro.
—¿Vos sos el nuevo dueño? Mirá vos... pensé que mandaban a alguien que supiera ensuciarse las botas.
—Y yo pensé que los gauchos eran más educados.
Entre mates compartidos a regañadientes, asados con los peones, cabalgatas interminables y noches bajo un cielo lleno de estrellas, ambos descubrirán que hay se

NovelToon tiene autorización de nuestros sueños para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: Lecciones de baile

Durante toda la semana, Valentín tuvo la sensación de que los habitantes de la estancia escondían algo.

Cada vez que pasaba cerca de la cocina, Marta sonreía.

Si iba al galpón, Nico soltaba una risita.

Y Don Ramón, cada vez que lo veía, decía lo mismo:

—Faltan pocos días, porteño.

—¿Para qué?

—Ya vas a ver.

Aquello lo ponía nervioso.

Mucho más cuando Tomás se hacía el distraído.

El jueves por la tarde, mientras Valentín ayudaba a ordenar unas bolsas de alimento para los animales, escuchó un silbido.

—¡Porteño!

Levantó la cabeza.

Tomás lo esperaba en el patio.

Vestía una camisa celeste arremangada, bombachas de campo negras y botas de cuero. Bajo la luz del atardecer, se veía especialmente elegante.

—¿Qué pasa?

—Terminaste por hoy.

—¿En serio?

—Sí.

Valentín sonrió.

—¡Al fin!

—Porque ahora empieza otra cosa.

La sonrisa desapareció.

—¿Qué otra cosa?

Tomás levantó un pequeño parlante.

Comenzó a sonar una chacarera.

Valentín abrió mucho los ojos.

—No...

—Sí.

—¡Dije que no iba a bailar!

Tomás caminó hasta quedar frente a él.

—La Fiesta de la Tradición es en dos días.

—Bueno...

—Y no pienso dejar que hagas papelones.

—¡Capaz bailo bien!

Tomás arqueó una ceja.

—¿Seguro?

Valentín bajó la mirada.

—No...

—Eso pensé.

Desde la galería, Marta, Nico y Don Ramón observaban la escena con mates en la mano.

—¿Hace falta que miren? —preguntó Valentín.

—Sí —respondieron los tres al mismo tiempo.

Tomás extendió una mano.

—Vení.

Valentín resopló.

—Si me río de vergüenza, es culpa tuya.

—Dale.

Con cierta timidez, el omega tomó su mano.

Tomás apoyó la otra con cuidado sobre su espalda.

—Primero relajate.

—Estoy relajado.

—No. Parecés una estatua.

—Estoy intentando.

Tomás sonrió.

—Mirá mis pies.

—¿Para qué?

—Copiá los movimientos.

La música comenzó.

Un paso hacia adelante.

Otro hacia atrás.

Un giro.

Valentín intentó seguirlo.

Duró exactamente cinco segundos.

—¡Ay!

Acababa de pisarle el pie.

Tomás soltó una carcajada.

—¿Otra vez?

—¡Perdón!

—Ya perdí la cuenta de cuántas veces me pisaste.

Desde la galería se escuchó la risa de Nico.

—¡Tomás, comprate botas de acero!

—¡Callate! —gritó Valentín, completamente colorado.

Lo intentaron una y otra vez.

Cada vez duraban un poco más.

Tomás tenía una paciencia que Valentín no esperaba.

Jamás levantaba la voz.

Solo corregía con tranquilidad.

—No mires el piso.

—¿Y dónde miro?

Tomás dudó un instante.

—A mí.

Valentín levantó la cabeza.

Sus ojos se encontraron.

Durante unos segundos olvidó completamente los pasos.

—¿Así?

—Sí...

Tomás sintió que el corazón le latía un poco más rápido.

Valentín también.

La música seguía sonando.

Sin darse cuenta, comenzaron a moverse con mayor naturalidad.

Hasta que...

—¡Eso!

La voz de Marta los hizo sobresaltarse.

Los dos se separaron enseguida.

—¡Ya casi parecen una pareja de baile! —exclamó ella con una enorme sonrisa.

Valentín escondió la cara entre las manos.

—Marta...

—¿Qué?

—No ayuda.

Don Ramón soltó una carcajada.

—Déjelos, mujer.

Pero él también estaba sonriendo.

Al caer la noche, todos se reunieron alrededor del fogón.

Había chorizos, vacío, provoleta y verduras asándose sobre las brasas.

El aroma del asado llenaba toda la estancia.

Valentín observó el fuego.

—Nunca había comido un asado hecho así.

Tomás levantó una ceja.

—¿Cómo hacían en Buenos Aires?

—Parrilla.

—Bueno... esto también es una parrilla.

—Sí, pero... distinta.

Tomás sonrió.

—Todo te parece distinto.

—Porque todo es distinto.

Marta les sirvió un enorme pedazo de vacío.

—Coman.

Nico levantó su vaso de gaseosa.

—¡Por el porteño!

Todos levantaron los suyos.

Valentín rio.

—¿Y eso?

—Porque hace dos semanas no sabía distinguir un caballo de una vaca.

—¡Eso nunca pasó!

—Bueno... casi.

Las risas llenaron el patio.

Más tarde, cuando el fuego ya se estaba apagando, Valentín salió a caminar con Pampa.

El cachorro corría feliz entre los árboles.

Tomás apareció unos minutos después.

—¿No tenés sueño?

—Todavía no.

Caminaron juntos en silencio.

La luna iluminaba los campos.

—Che... —dijo Valentín.

—¿Qué?

—Gracias por tenerme paciencia.

Tomás sonrió.

—No fue tan difícil.

—Sí que lo fue.

—Un poco.

Los dos rieron.

Valentín bajó la vista.

—¿Sabés una cosa?

—Decime.

—Creo que ya entendí por qué mi abuelo amaba tanto este lugar.

Tomás permaneció en silencio.

—¿Y por qué?

Valentín observó la estancia.

Los corrales.

Los caballos.

Las luces cálidas de la casa.

Las personas que, en tan poco tiempo, habían empezado a sentirse como una familia.

—Porque acá nadie está realmente solo.

Tomás sintió un nudo en la garganta.

—Tenía razón.

El viento volvió a soplar entre los árboles.

Por un instante, sus manos quedaron tan cerca que casi se rozaron.

Ninguno hizo el movimiento final.

Pero ambos desearon hacerlo.

Y mientras la noche envolvía la inmensa pampa, la esperada Fiesta de la Tradición estaba cada vez más cerca... sin que Valentín imaginara que allí viviría uno de los momentos más importantes de su vida desde que había llegado a la estancia.

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Amparo Carvajal
historia diferente que relata la libertad de poder amar, sin señalamientos, además muestra el amor tierno de la pareja de amantes.
Pollo
Okeeeeeey, recién empiezo a leer pero ya quedé enganchada, me encanta 😁
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