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Protege Mi Corazón

Protege Mi Corazón

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor eterno / Completas
Popularitas:66.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Vanesa Casarino

Elena Rossi, la princesa consentida de los Rossi, tras la disolución de la trinidad, busca un nuevo comienzo académico en Manhattan. Sin embargo, el pasado de los Rossi es un lazo de sangre imposible de cortar, y las mafias locales no tardan en rastrear sus pasos en Nueva York.

Para sobrevivir en este nueva etapa de su vida, Elena no estará sola. Cuenta con el amparo constante de Christopher Sterling, un frío y letal custodio profesional encargado de su seguridad perimetral. En medio de balaceras en callejones húmedos y persecuciones a alta velocidad, la estricta relación jerárquica y el protocolo de un contrato laboral por su padre empiezan a desmoronarse.

Entre la adrenalina del peligro y la soledad de las noches, un sentimiento profundo e indomable transformará a la heredera y a su sombra en un equipo indestructible y un amor que atravesará todas las barreras que les pondrá la vida en el camino.

NovelToon tiene autorización de Vanesa Casarino para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 9

El examen de gestión de capitales pasó tan lento que parecía eterno. Mientras el profesor hablaba sobre los márgenes de ganancia y el aula magna permanecía en ese silencio sepulcral de los alumnos concentrados, mi cabeza estaba en otra parte, repitiendo el sonido seco de los impactos contra los cristales del auto

Al terminar, le entregué la carpeta manuscrita con los gráficos perfectamente diseñados, pero mi mente ya no saboreaba las calificaciones más altas con la misma ingenuidad que la semana pasada. La balacera del callejón este me había despertado de golpe, me había recordado que, aunque use blusas de seda y camine por los pasillos universitarios de Manhattan, la sangre que corre por mis venas es la de los Rossi de Chicago

Salí por la puerta lateral del edificio a la hora señalada, esquivando a los grupos de estudiantes que se quejaban por la dificultad del trimestre. Christopher estaba en su posición, exactamente donde me había prometido, con las manos entrelazadas por detrás de la espalda y los ojos oscuros moviéndose con un ritmo frenético que delataba su estado de alerta constante

Caminamos hacia el vehículo de repuesto que la agencia local le había derivado tras el ataque matutino, un sedán gris plata de perfil bajo que no llamaba la atención en absoluto

El trayecto de regreso al departamento de Manhattan se desarrolló en un silencio absoluto, pero esta vez no era por timidez ni por formalidad, sino por esa concentración fría que precede a las grandes decisiones en nuestra familia

Christopher manejaba mirando constantemente el retrovisor, tomando desvíos innecesarios por las calles del centro para asegurarse de que el perímetro estuviera completamente limpio de vehículos utilitarios o sospechosos

Al llegar al edificio, subimos por el ascensor de servicio y, una vez adentro del piso alto, me di la vuelta para encararlo antes de que diera un solo paso hacia la cocina

— Christopher, necesito que abras el compartimento secundario del equipaje que trajimos de Illinois — le ordené con un tono de voz firme que no admitía réplicas ni matices — Sé perfectamente lo que mi hermano Franco puso en el doble fondo de la valija de cuero antes de subirnos al avión privado. No voy a andar por las calles de Nueva York desarmada como si fuera una estudiante indefensa que depende exclusivamente de tu capacidad para clavar los frenos

Christopher se detuvo en seco, clavando sus ojos oscuros en los míos con una mezcla de sorpresa profesional y respeto. Mantuvo la postura recta por unos segundos, evaluando la rigidez de mi semblante antes de dar su respuesta en esa voz baja que lo caracterizaba

— Las órdenes de su padre Fabián fueron muy claras, señorita Elena... Mi tarea es asumir el riesgo total de las operaciones perimetrales para que usted no tenga que involucrarse en los conflictos de las cuadrillas del norte. Su función en Manhattan es puramente académica

— Mi función es mantenerme viva, Christopher, y en esta familia nadie se mantiene vivo delegando su seguridad al cien por ciento — le respondí, cruzándome de brazos y dando un paso hacia el frente para marcar mi autoridad — Me crié escuchando las balaceras en los depósitos del sur y manejando la contabilidad bajo la amenaza de los Moretti. No le temo al peligro y no voy a permitir que me encierren en una burbuja de cristal mientras vos te jugás el pellejo en los callejones laterales del este. Buscá el estuche ahora mismo

Él guardó silencio, procesando mis palabras con la seriedad de quien conoce el terreno que pisamos. Tras un sutil asentimiento de cabeza que demostraba que entendía perfectamente el carácter indomable de una Rossi, Christopher caminó hacia el vestidor principal del departamento, regresó a los pocos minutos sosteniendo un estuche rígido de polímero negro que apoyó sobre la mesa de caoba de la sala, abriendo los cierres de seguridad con un movimiento preciso

Allí estaba, reluciente sobre la goma espuma protectora: una pistola semiautomática de calibre corto, compacta, ideal para llevar oculta bajo el blazer sin que se notara el relieve en las telas finas de mi ropa ejecutiva. Al lado de la culata, dos cargadores completos con munición de punta hueca brillaban bajo la luz de los ventanales

Tomé el arma con una naturalidad que me devolvió la memoria del cuerpo de inmediato. Revisé el armazón, verifiqué la corredera con un golpe seco que resonó con fuerza en la soledad del living y comprobé que el mecanismo de disparo estuviera limpio de grasitud. Introduje el primer cargador hasta escuchar el clic de encastre y la guardé en la funda de cuero que ajusté firmemente a mi cintura, por debajo del saco gris de dos piezas

Al mirarme al espejo de la entrada, la silueta seguía siendo la de una analista contable de primer nivel, pero por dentro me sentía blindada, recuperando esa elegancia que me pertenecía por derecho de nacimiento

— El equipo de refuerzo de Chicago ya se posicionó en las esquinas de la avenida principal, señorita Elena — informó Christopher, acercándose para observar cómo acomodaba el tapado — Son hombres de total confianza que trabajaron conmigo en la aduana. Monitorearán los movimientos de la cuadra durante toda la noche, pero que usted lleve esa pieza encima me da un margen de tranquilidad mayor en caso de que tengamos que ejecutar un escape a pie

— Mañana tenemos que ir temprano a la biblioteca del sector norte para retirar los balances históricos de las corporaciones marítimas, Christopher — le avisé, sentándome a la mesa para abrir mis cuadernos de estudio con una calma que sorprendió incluso a mi custodio — No voy a cambiar mis horarios por un par de segundones que se creen dueños de la costa este. Vamos a seguir con la agenda manuscrita tal como estaba pautada

El resto de la tarde transcurrió en una tensa calma. Cenamos en silencio, compartiendo un plato sencillo que Christopher preparó con esa dedicación habitual, mientras las luces de Manhattan empezaban a encenderse detrás de los vidrios del piso alto, recordándonos que la gran ciudad era un monstruo hermoso pero despiadado para los que portaban apellidos de peso

El jueves arrancó con una llovizna constante que borraba los perfiles de los rascacielos del centro. Me levanté a las seis, desayuné un café amargo y me coloqué el traje oscuro con la funda de la pistola perfectamente acomodada en el lateral izquierdo, sintiendo el peso frío del metal contra mi costilla como un recordatorio constante de mi propia fortaleza

Cuando abrí la puerta del palier, Christopher me esperaba con el paraguas y una mirada que reflejaba una concentración extrema, sabía que el segundo ataque era solo cuestión de tiempo ahora que las bandas locales habían detectado nuestro departamento de contingencia

Bajamos al subsuelo y subimos al sedán gris plata. Christopher inició la marcha con suavidad, metiéndose en el flujo del tránsito que avanzaba con lentitud debido al asfalto mojado. Todo parecía marchar bajo los parámetros de la normalidad hasta que cruzamos la tercera avenida, en una zona semi industrial de galpones y depósitos que conectaba con la biblioteca del sector norte

Por el espejo retrovisor divisé el mismo utilitario blanco de la mañana anterior, acompañado esta vez por una moto de alta cilindrada que avanzaba entre los autos con una velocidad peligrosa

— Ya están acá, Christopher... Flanco derecho — anuncié con una voz helada, metiendo la mano derecha por dentro del tapado para aferrar la empuñadura de mi arma corta antes de que el primer disparo se hiciera escuchar

La moto se emparejó con nuestro lateral y el acompañante sacó una pistola con silenciador, apuntando directo a la ventanilla del conductor. Christopher reaccionó con la velocidad de un rayo, dando un volantazo brusco que embistió la rueda trasera de la motocicleta, haciéndolos perder el equilibrio y rodar por el pavimento húmedo en mitad del cruce de calles

Sin embargo, el utilitario blanco aprovechó la maniobra para cruzarse por delante, bloqueándonos el paso de forma definitiva contra la entrada de un viejo depósito abandonado

Tres hombres armados bajaron del utilitario con las caras cubiertas, disparando ráfagas cortas que impactaron de lleno en el parabrisas del sedán gris, trizando el vidrio de seguridad y obligándonos a tirarnos hacia los costados para evitar las esquirlas de las ópticas rotas

— ¡Hay que salir del auto, Elena! ¡El motor va a estallar si se corta la línea de combustible! — gritó Christopher, abriendo su puerta de golpe mientras desenfundaba su arma grande y respondía al fuego desde la cobertura de la chapa blindada

No me quedé temblando en el piso del auto esperando que mi custodio resolviera la situación solo. Deslicé mi cuerpo por el asiento del acompañante, abrí la puerta con una patada firme y salí al asfalto húmedo, sintiendo el olor a pólvora y el estruendo de las detonaciones que rebotaban en las paredes de ladrillo del callejón

Uno de los atacantes intentó rodear el coche por mi flanco, pensando que se encontraría con una estudiante indefensa y asustada, pero se topó de frente con la mirada de una Rossi que se había criado entre las balas de la frontera

Me planté con las piernas firmes sobre el suelo resbaladizo, levanté los brazos con una postura técnica perfecta y gatillé dos veces seguidas sin pestañear. Los proyectiles impactaron de lleno en el pecho del agresor, obligándolo a retroceder y caer pesadamente contra el paragolpes de su propio vehículo, dejando caer su arma en mitad del charco de agua

— ¡Buen tiro, Elena! ¡Hacia el fondo del galpón, ahora! — exclamó Christopher, cubriendo mi retirada con una ráfaga de tres disparos que obligó a los otros dos atacantes a buscar refugio detrás de las columnas de hierro de la entrada

Corrimos bajo la llovizna hacia el interior del depósito abandonado, buscando la protección de las estructuras sólidas mientras los refuerzos de Chicago que Franco había enviado empezaban a escucharse a lo lejos, con las sirenas de sus camionetas particulares rompiendo el silencio de la zona norte de Manhattan

Me apoyé contra una columna de cemento, respirando agitada, pero con la mente fría y la pistola caliente firme entre mis manos, demostrándome a mí misma y a Christopher que el peligro no era algo que pudiera frenar mi destino en esta nueva vida que estaba dispuesta a defender con mis propias reglas.

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𝙄𝙧𝙞𝙨§♀️
Elena vamos para delante y mire la vida con otros ojos
𝙄𝙧𝙞𝙨§♀️
Ay no necesito un Christopher en mi vida 😍
𝙄𝙧𝙞𝙨§♀️
Ay no es el amor de mi vida. Lo amo 😍
𝙄𝙧𝙞𝙨§♀️
Creo que me enamore de ese hombre. Mira cuánta belleza y todo grandote 😍
𝙄𝙧𝙞𝙨§♀️
🤭🤭🤭 ay, eso es rápido
𝙄𝙧𝙞𝙨§♀️
🤭 seguro le tocará uno bien guapote🥰
Maria Gudiño
es una verdadera belleza 🥰
Veronica Araceli Salinas cabrera
al parecer este par ya decidieron estar juntos
KCCC
hermoso
mariel⚘️
linda novela 😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭🤭😘😘😘😘hermoso bebe
mariel⚘️
😘😘😘😘😘😘😘
mariel⚘️
🤭🤭😘😘😘😘
mariel⚘️
🤠🤠😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭🤭
mariel⚘️
👍👍
mariel⚘️
l😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭
mariel⚘️
🤠🤭
mariel⚘️
👍
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