Mientras el Imperio celebra el fin de la tiranía, los gemelos Ethan y Caleb enfrentan los hilos del destino de la Diosa Luna. Ethan, el estratega frío y calculador de la estirpe real, ve su mundo caer cuando el lazo de pareja destinada estalla ante una hermosa loba que huye sin dejar rastro. Al investigarla, descubre que es la rebelde e indómita hija del Beta de otra manada. Ella rechaza el lazo de sangre, obligando al príncipe a cazar a su propia hembra en un salvaje choque de voluntades.Por otro lado, Caleb, el Beta definitivo entregado a la disciplina militar, encuentra a su mate: una guerrera implacable y Beta de otra manada. El lazo abrasador los arrastra a un dilema desgarrador. ¿En qué territorio vivirán? Deberán elegir entre la lealtad a sus manadas de origen o sacrificar sus deberes por amor.Entre huidas, pasiones calientes y dilemas que queman las venas, los gemelos lucharán por sellar sus relaciones. El destino final se debate entre el deber y la sangre.
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CAPITULO 13. RUGIDOS EN LA FRONTERA
NARRADO POR CALEB
El zarpazo de la frustración tras la discusión con Kendra me dejó el alma rota y el pulso desbocado en mitad de la noche profunda. Busqué el remanso de paz en el despacho del ala este, donde encontré a mi padre, revisando los mapas de la frontera secundaria. El veterano, al percibir la agitación de Ares y la densa e insoportable vibración de agónica melancolía que desprendía mi cara, dejó los informes sobre la mesa de piedra y me miró con una fijeza severa.
Me acerqué a paso rápido, apoyando las manos sobre el escritorio con el semblante endurecido por el dilema territorial que me contraía el pecho.
—Kendra y yo hemos tenido una discusión brutal, padre —le confesé en un susurro ronco, desnudando la quiebra de mi disciplina ante su imponente energía protectora—. Intentar coordinar mi cargo como Beta de Blood Moon mientras ella protege las tierras de Silver Shield nos está triturando la cordura. Los viajes constantes en el todoterreno negro y las aduanas políticas se han convertido en una soga. Ares y su loba, Aura, exigen estar juntos de forma permanente, pero ninguno de los dos puede renunciar a su rango sin traicionar la confianza de su propio clan.
Mi padre me escuchó atentamente, asimilando mis temores con una templanza admirable. Dio un paso hacia mí, colocándose a mi lado frente al ventanal que daba a los pinares oscuros.
—La rigidez del deber es el precio más alto que pagamos los líderes de esta estirpe, Caleb —me habló mi padre con una voz profunda, ronca y baja que me infundió un sutil sosiego—. Tu temperamento consagrado a la fuerza bruta te hace querer derribar este muro político con la arremetida de tus instintos, pero las leyes geográficas del reino no se disuelven con rabia. Tienes que recordar que el lazo de pareja destinada no se rige por las prisas de vuestros rangos. Valen es un Alfa con un fuerte sentido de la justicia; si demuestras la madurez de mantener una postura de firme contención, el Imperio Unificado encontrará una tregua para unir vuestras guardias sin sacrificar vuestro honor. No dejes que la agitación destruya el remanso de confianza que sellasteis en el pasillo.
Las palabras de mi padre me calaron hondo, devolviéndole la firmeza a mis estructuras. Sabía que la encrucijada territorial nos obligaría a lidiar con un constante choque de voluntades, pero al mirar el resplandor plateado de la Luna, me juré que resistiría la tempestad con tal de blindar el porvenir de mi hembra destinada.
NARRADO POR VANYA
A cientos de kilómetros del palacio central, el todoterreno negro de Ethan cruzó el portón de madera de la manada Wild Crest a la mañana siguiente, deteniéndose frente al porche de mi hogar. Ethan descendió del vehículo vistiendo su abrigo oscuro, desprendiendo una devoción implacable y una tranquilidad absoluta que denotaban que se sentía plenamente confiado en mitad de su visita de varios días. Mi mente se vio forzada a activar la farsa de inmediato, esbozando una timidez pacífica que camuflara el pánico destructivo que me quemaba las venas de forma instantánea.
Al plantarse frente a mí, me dedicó una sonrisa de lado, dulce y calculadora, entrelazando sus dedos con los míos con una delicadeza extrema al saludarme.
—Ya estoy aquí, Vanya —su voz profunda y ronca resonó en mis canales energéticos a través de la telepatía, enviándome ráfagas de una calidez que intentaba derretir mi invierno—. He traído las herramientas necesarias para ayudar a tu padre con la replantación de los rosales invernales. Pasaremos esta semana juntos y verás que mi constancia y la madurez de mi trato no son una amenaza para tu orgullo indómito.
—Aprecio que hayas realizado este viaje por la frontera secundaria, Ethan —le respondí en un hilo de voz trémula, fingiendo una sumisión que mi orgullo aguerrido aborrecía con cada fibra de mi ser independiente.
Caminamos hacia los jardines traseros bajo la luz del sol invernal, pero a medida que las horas avanzaban, la farsa vacía comenzó a volverse insoportable. Mi loba, Freya, guardaba un silencio sepulcral en mi conciencia, apagada, herida en mitad de una agitación agobiante que me impedía respirar. Ver a Ethan tan seguro de que me estaba conquistando con su suavidad infinita, contemplar cómo ponía su mundo y su lógica a mis pies mientras en mí no nacían los sentimientos que tendrían que nacer, se convirtió en una asfixia mental absoluta. No conseguía aceptar el vínculo de pareja destinada. Cada caricia sutil en mis hombros y cada diálogo colmado de su paciencia infinita se sentían como una soga que me trituraba la libertad, sembrando una incomodidad evidente en mis facciones. La frustrante mentira de nuestra tregua estaba alcanzando su punto de máxima resistencia y la seguridad de que el desespero me arrastraría a un rechazo destructivo era una tormenta inevitable que caería sobre Ethan antes de que la Luna volviera a cambiar.