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El Lado Oscuro De La Pasión

El Lado Oscuro De La Pasión

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Amante arrepentido / Reencuentro
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Briñones

Durante diez años, Rebecca le volvió la espalda al pasado, decidiendo aceptar la traición de Jay Lorence y abrirse paso sola en la vida. Pero ahora, nada podía apartarla del lecho de su madre; ni siquiera para enfrentarse a Jay de nuevo... Después de todo, él jamás se molestó en averiguar qué le sucedió a la adolescente que huyó de Thornley, jurando nunca regresar, ni cómo sobrevivió la chica cuyo amor y confianza rechazó con tanta crueldad...

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Capítulo 9

¡Jay cariño, al fin llegas! -Olivia se echó en sus brazos como si allí perteneciera. Jay aceptó la íntima tibieza del abrazo mientras Rebecca permanecía en el coche, observando la escena con el corazón convertido en piedra.

Por esto, pensó con una amargura de acíbar, el padre de Jay hubiera matado al nieto que todavía no nacido. Para que esas dos personas se unieran en esa casa. Dio unos momentos de intimidad a la pareja y bajó del auto.

Fue Jay quien se separó, volviéndose hacia ella para mirarla con un aire de triunfo. Entonces Olivia la distinguió, todavía colgada del brazo de Jay, y sus ojos se abrieron con sorpresa.

- ¡Vaya, vaya! -Se mofó, sin moverse del lado de Jay-. He aquí a la encantadora Becky Shaw.

-Hola, Olivia -la saludó, sin más.

-Fuiste a ver a tu madre, supongo -sus ojos recorrieron el rostro impasible de la joven-. Todos estamos muy preocupados por ella, pobrecita, y Jay se ha portado de maravilla, ¿verdad, cariño?

El no replicó, se zafó de sus manos y abrió el portaequipajes para sacar la maleta.

-Y la señora Musgrove es una joya, así que la enfermedad de tu madre no ha causado demasiadas molestias en el Hall.

-Métete, Olivia, hace demasiado frío para que salgas con ese vestido tan delgado -la atajó Jay, cerrando el coche con fuerza.

-Sí, hace frío -aceptó, sonriendo con dulzura.

Rebecca la siguió, más despacio, lo mismo que Jay, cargando la maleta.

Una vez en el vestíbulo, adornado con los retratos de los miembros la familia, Olivia se volvió para reprender a Jay con suavidad.

-Te esperaba hace siglos. Tuve que decirle a la señora Musgrove que volviera a calentar la cena. Ojala no se haya echado a perder la salsa…

-Jay… -en voz baja Rebecca requirió su atención, observando cómo se zafaba de nuevo del abrazo posesivo de Olivia para volverse a verla. -Debo hablar por teléfono -le recordó.

-Desde luego -puso la maleta al pie de la escalera y se dirigió al estudio-. Aquí hay uno -mantuvo la puerta abierta para que la joven pasara.

Se lo agradeció al caminar frente a él, consciente de que Olivia evaluaba cada uno de sus movimientos. El cuarto conservaba los detalles que recordaba: los elegantes muros, el escritorio de roble, la inmensa chimenea. Cerró la puerta al tiempo que Olivia le ofrecía una copa a Jay.

Alzó el auricular y marcó el número que la conectaría con la persona más importante de su vida.

- ¡Hola, Ma! -No le dio oportunidad de decir media palabra y Rebecca sonrió, relajándose por vez primera en muchas horas-. ¡Sabía que serías tú! ¿Por qué tardaste tanto en llamar? -preguntó.

-Hola, mi amor -su voz adquirió su ternura habitual y la sonrisa de su rostro borró sus preocupaciones presentes-. He estado muy ocupada -le confesó con honestidad-. Y apenas tuve tiempo de acercarme a un teléfono ¿Cómo te sientes? ¿Todavía no me extrañas?

Era un juego: el niño siempre contestaba lo opuesto de lo que se esperaba y ella replicaba en la misma forma.

-Perfecto, porque yo tampoco te extraño -entonces los dos soltaban una carcajada que desmentía esas afirmaciones.

- ¡Eh! ¿Creerías esto? El tío Tom me llevará a patinar en hielo mañana. Dice que es un patinador magnífico y eso tengo que verlo -le informó su desconfiado hijo.

-Pues, no te vayas a romper una pierna -le advirtió Rebecca-. No me atrae la idea de verte saltando por la casa con muletas.

Una puerta se abrió a sus espaldas, pero la joven no se dio cuenta Porque sólo prestaba atención a la charla del niño.

-Mañana iremos al cine -continuó, excitado-. Y cenaremos pizzas... por mayoría de votos -agregó con orgullo, ya que era una noción nueva para él-. O, para decir la verdad, yo lo sugerí y la tía Chrissy suspiró de alivio... ¿sabías que detesta las hamburguesas?-exclamó, azorado-. Nunca antes lo confesó.

Rebecca se rió y el sonido vibró en el cuarto. Pobre Cristina, todas esas comidas en diferentes restaurantes de hamburguesas, sólo para complacer a Kit.

-Lo que una mujer hace para conquistar a su galán favorito-bromeó con su hijo.

- ¿Es mi culpa que todos me quieran? -allí estaba de nuevo la inseguridad escondida tras el juego.

-Pues, yo te adoro -murmuró, suave, dándole lo que más necesitaba, la certeza de su amor maternal-. Siento como si me faltara el brazo derecho sin tu compañía.

- ¿Cuándo regresarás? -esperaba esa pregunta, pero le resultaba difícil contestarla. Y su sonrisa se oscureció al recordar a su madre enferma en una cama de hospital.

-Todavía no sé, cariño -se disculpó-. Quizá en un par de días; espero que ni uno más -y deseó en silencio que en ese tiempo su madre: se recuperara lo suficiente como para dejarla sola-. Sin embargo, te lo comunicaré en cuanto esté segura.

-De acuerdo, porque quiero recogerte en la estación. El tío Tom dice que lo haremos, aunque quizá la tía Chrissy tenga que trabajar horas extras para reemplazarte.

-Es cierto; ese problema siempre surge cuando una de las dos se ausenta -reconoció, compadeciendo a la pobre Cristina-. Cuídate, mi cielo, y te prometo regresar lo más pronto posible.

-Me gustaría estar contigo -musitó-. Cuando te vas siempre me pregunto qué será de mí si algo te pasa a ti.

-Nada me pasará, Kit -afirmó, protegiéndolo y tratando de disipar la duda que se filtraba en esa conversación ligera-. Tú eres mi vida, ya lo sabes, y no permitiría que nada te apartara de mi lado -la súbita visión del padre del niño bailó frente a sus ojos, oscura y amenazadora, y se estremeció de miedo ante esa premonición.

Se despidieron y Rebecca colgó. Agachó los hombros y respiró, hondo. Siempre le costaba trabajo romper el contacto con el niño, pero esa vez resultó doblemente difícil pues adivinaba que esa visita y sus consecuencias provocarían cambios en sus vidas.

- ¿Tu marido? -indagó una voz fría, tras ella.

Se volvió de prisa y vio a Jay apoyado contra la puerta del estudio, con los brazos cruzados y una expresión insolente, estudiándola.

-No -contestó, alzando la barbilla en son de reto, por si se atrevía a hacerle otra pregunta a la cual no tenía derecho.

1
Alexandra Ortiz Posada
Me enfurece que ella se deje menospreciar de esa manera
Alexandra Ortiz Posada
Cada vez más odioso
Alexandra Ortiz Posada
Demasiado tonta
Alexandra Ortiz Posada
Odioso, y ni siquiera le pide perdón por la haberla golpeado
Alexandra Ortiz Posada
Malvado, egoísta, no se interesa en el sufrimiento de ella
Alexandra Ortiz Posada
Odio como la trata este estupido
Alexandra Ortiz Posada
Desgraciado, como se atreve a pegarle
Alexandra Ortiz Posada
Es odioso este tipo
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