NovelToon NovelToon
La Esposa Que Despertó al Heredero

La Esposa Que Despertó al Heredero

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Venganza de la protagonista / Casada con el millonario / Enfermizo
Popularitas:27.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Galaxy

Ximena Salcedo fue entregada a la familia Alcázar como parte de un trato: casarse con Héctor, el heredero que llevaba meses inconsciente, a cambio de recuperar la casa de su madre y pagar el tratamiento de su hermano.

Ella pensó que solo tendría que cuidar a un hombre que nunca volvería a abrir los ojos. Pero en la noche más inesperada, Héctor despierta.

Desde entonces, Ximena queda atrapada entre una familia poderosa que la vigila, secretos que nadie quiere revelar, una exnovia decidida a volver, enemigos dispuestos a destruirla y un esposo que parece frío, pero que cada vez la mira con menos distancia.

Lo que empezó como un matrimonio arreglado se convierte en una guerra de orgullo, deseo y confianza, donde Ximena tendrá que decidir si Héctor Alcázar es su salvación… o la mentira más peligrosa de su vida.

NovelToon tiene autorización de Galaxy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

Capítulo 9

 

El roce de su mano contra la de Héctor hizo que a Ximena se le saltara un latido.

 

Entraron por unas puertas doradas, demasiado llamativas, y dentro ya había varios hombres jugando cartas.

 

Al ver a Héctor, uno de los más jóvenes se levantó.

 

—Héctor, por fin. ¿Y ella es mi cuñada? Con razón nadie la había presumido. Esta preciosa.

 

Ximena miro alrededor.

 

Era una mesa de cartas.

 

Nada más.

 

—Ya, deja de hacerte el gracioso —dijo Héctor.

 

Los hombres reorganizaron la partida. Con Héctor, quedaron cuatro en la mesa.

 

Ximena era la única mujer y se sintió fuera de lugar.

 

Héctor, en cambio, la sentó cerca y la rodeo con naturalidad mientras repartía cartas, como si ella hubiera pertenecido siempre a ese espacio.

 

Ese gesto íntimo la dejo inmóvil.

 

Los hombres no la trataron como extraña. Hablaban frente a ella de asuntos de Héctor.

 

—Héctor, ya ordené todos los videos de las cámaras del día del accidente —dijo uno—. Diga una palabra y hundimos a Darío.

 

Héctor tiró una carta.

 

—Todavía no.

 

—Ese tipo no tiene madre. Se atrevió a tocarte a ti. Ahora que despertaste, esa deuda se cobra.

 

—Claro que se cobra. Solo te agarro en un descuido. Por cierto, supe que anda muy pegado al Grupo Oriente. No sé qué esté tramando.

 

La mirada de Héctor se oscureció.

 

—¿Que creen que busca?

 

—Yo digo que quiere meterse con la hija de los Robles —dijo otro—. Espera... esa Valeria Robles antes tuvo algo contigo, ¿no?

 

No termino.

 

El hombre de al lado le pisó el pie.

 

El primero miro a Ximena y sonrió de manera torpe.

 

—Cuñada, no piense mal. Valeria y Héctor eran amigos. Solo amigos.

 

Eso era justamente lo que alguien decía cuando no era cierto.

 

Ximena no era tonta.

 

Héctor era de esos hombres a los que nadie les creería una vida sin mujeres.

 

Aun así, escucharlo se sintió raro.

 

Héctor no explico nada.

 

Pero perdió tres partidas seguidas.

 

Ximena no pudo contenerse.

 

—Héctor, que mal juegas.

 

El bajo la mirada con una sonrisa y empujo las cartas hacia ella.

 

—Entonces juega tú.

 

Héctor se recargo en la silla. La camisa abierta en tres botones dejaba ver un poco de clavícula y piel clara. Parecía flojo, elegante y peligroso al mismo tiempo.

 

Ellos jugaban con dinero.

 

Héctor podía perder.

 

Ella no.

 

Todavía tenía deudas encima.

 

—No. Yo no puedo darme ese lujo.

 

El hombre de al lado rio.

 

—Cuñada, el dinero de Héctor es su dinero. Unas manos no le duelen.

 

—Mejor sigan ustedes.

 

Héctor apoyó la barbilla en el hombro de Ximena. Su respiración le rozó el cuello.

 

—Si pierdes, pago yo.

 

—No. Además, no soy tan buena.

 

—Entre dos juegan mejor que uno —insistió otro—. Una mano.

 

La empujaron a jugar.

 

Perdió tres veces seguidas.

 

Cada mano costaba decenas de miles.

 

Los ojos se le pusieron rojos de coraje.

 

—Ustedes hacen trampa.

 

Los hombres se rieron.

 

Héctor también sonrió.

 

—No pongas esa cara. Pareces mala perdedora.

 

—Es que no es normal perder todo. Mis cartas eran buenas. Ustedes están coludidos.

 

Héctor la levantó y la sentó sobre sus piernas.

 

—¿Quieres recuperarlo?

 

Ximena asintió.

 

Luego negó.

 

La técnica de Héctor tampoco parecía confiable. Si seguían, tal vez perderían otros cientos de miles.

 

—Mejor no. Ya perdí.

 

—¿Te hicieron trampa y los vas a dejar ir? ¿Te tragas el coraje?

 

No.

 

El coraje no se lo tragaba.

 

Pero tampoco quería tragarse una deuda.

 

Repartieron de nuevo.

 

Esta vez, la suerte cambió.

 

O eso parecía.

 

Héctor ganó una mano.

 

Luego otra.

 

Y otra.

 

Siete partidas después, no solo recuperó todo lo perdido, también les gano más.

 

Los hombres se quejaban como si estuvieran a punto de llorar.

 

—Cuñada, de verdad no sabe con quién se casó. Héctor solo la estaba entreteniendo.

 

Ximena se animó.

 

El mesero le sirvió vino a Héctor y ella se lo tomó sin pensarlo.

 

—No se vayan. Falta mucho.

 

Todos le siguieron el juego por darle gusto a Héctor.

 

Después, Ximena jugo algunas manos y ellos la dejaron ganar de manera bastante obvia.

 

Se emocionó.

 

Y cuando Ximena se emocionaba, bebía de más.

 

Al final, termino borracha.

 

Héctor la cargó al salir del club. Tenía el ceño apretado.

 

Después de lo que Darío le había hecho con una copa, ¿cómo seguía aceptando bebidas sin mirar?

 

¿O se confiaba porque él estaba ahí?

 

La idea le movió algo en el pecho.

 

El chofer ya esperaba. Héctor subió con Ximena en brazos al asiento trasero.

 

Ella estaba blanda contra él, como si el vino le hubiera derretido los huesos. El cabello le rozó la nariz con un olor suave, limpio.

 

La garganta de Héctor se tensó.

 

Entre el sueño y la borrachera, los dedos de Ximena se cerraron sobre su camisa.

 

Un gesto pequeño.

 

Suficiente para prenderle la sangre.

 

—Héctor... ¿tú no me quieres?

 

Era una pregunta borracha.

 

El contestó en serio.

 

—No es eso.

 

—Entonces... ¿por qué eres tan frio conmigo?

 

Su cabeza se movía de un lado a otro, cargada de quejas que no sabía ordenar.

 

—Yo creo que nada más estás bonito. Pero no sirves.

 

Héctor bajo la mirada.

 

Sus dedos tocaron la comisura de los labios de Ximena.

 

—¿Quién te dijo que no sirvo?

 

Ella ya no respondió.

 

Se había quedado dormida.

 

En la residencia, Lourdes miraba el reloj por cuarta vez.

 

Tomás le llevó un té para calmarla.

 

—Señora, no se preocupe. El señor Héctor seguro llevo a la señora Ximena a distraerse.

 

Lourdes tomó un sorbo.

 

—Desde el accidente de Héctor, no puedo evitar preocuparme. Si algo como eso vuelve a pasar, no me queda vida para soportarlo.

 

—No pasará.

 

Lourdes dejó la taza.

 

—Tomás, en unos días vuelve Camila. Prepara su cuarto. Ya sabes como es. Si algo le falta, nos hará la vida imposible.

 

Camila era la tercera hija de Ignacio y sobrina de Lourdes. Desde niña había pasado tanto tiempo en la residencia Alcázar que parecía hija de la casa.

 

Todos la consentían.

 

También sabían que era caprichosa.

 

—No se preocupe. Todo quedará listo.

 

—¿Por qué no regresan?

 

Tomás le puso un chal sobre los hombros.

 

—Señora, hace frío. Yo espero.

 

—Un poco más.

 

Diez minutos después, Héctor entró cargando a Ximena.

 

Lourdes se levantó.

 

—¿Que le paso?

 

—Se emborrachó.

 

—¿La llevaste a beber?

 

El reproche fue claro.

 

—No bebió tanto. Solo no aguanta.

 

—Súbela. Tomás, prepara algo para la resaca. Que mañana no le duela la cabeza.

 

—Ahora mismo.

 

Héctor acostó a Ximena y bajo de nuevo.

 

Lourdes le pasó una taza.

 

—Justo quería hablar contigo.

 

Héctor se sentó.

 

—Dime.

 

—¿Te molesta el matrimonio que arregle por ti?

 

Tarde o temprano iban a tocar el tema.

 

Héctor siempre había tomado sus propias decisiones. Lourdes había intentado presentarle mujeres de familias convenientes y el jamás aceptó.

 

Ximena era hermosa, sí.

 

Pero su origen no era el que Lourdes habría elegido en otras circunstancias. Crecida lejos, criada con carencias. Si no supiera medicina, tal vez nunca habría entrado a la familia.

 

—Ya estamos casados. ¿Qué caso tiene molestarme?

 

—¿Te gusta Ximena?

 

Lourdes sabía que no podía exigir amor de un día a otro.

 

—Aunque no te guste, intenta llevarte bien con ella. Es limpia. No tiene mañas. Te conviene.

 

—Aunque me convenga, tampoco puede estar insistiendo todo el tiempo con hijos —dijo Héctor—. Tengo demasiadas cosas que resolver. El tema de los niños puede esperar.

 

El rostro de Lourdes se endureció.

 

—¿Piensas divorciarte de ella después y por eso no quieres un hijo que los ate?

 

Héctor levantó la mirada.

 

Tardó un segundo.

 

—No pienso eso.

 

—Más te vale. Un hijo sería bueno para los dos. Además, nadie les está pidiendo que lo críen solos.

 

Héctor se puso de pie.

 

—Es tarde. Descansa. Mañana iré a la empresa.

 

—Hijo, la empresa está llena de corrientes ocultas. Habla con Ignacio antes de cada paso.

 

—Lo haré.

 

A las diez de la mañana, Ximena había dormido toda la clase.

 

Renata la saco al patio y la sentó en una banca.

 

—¿Todavía no se te baja la borrachera? Despierta.

 

La sacudió.

 

Ximena sintió que el cerebro le daba vueltas.

 

—Mi espíritu está despierto. Mi cuerpo sigue dormido.

 

—¿Qué hiciste anoche?

 

—Héctor me llevó a jugar cartas. Me emocione y tome de más.

 

—¿Un lugar lleno de hombres y te emborrachaste? Te admiro. ¿Héctor no te regaño?

 

—¿Por qué iba a regañarme? Si no me llevaba, no me emborrachaba.

 

Renata se inclinó con una sonrisa sucia.

 

—¿Y con la borrachera no pasó nada?

 

Ximena despertó al día siguiente en su cama. No recordaba cómo volvió ni que hizo.

 

—Creo que no.

 

—¿"Creo"? Ximena, se te borró la cinta.

 

—Si paso algo, debería sentirlo, ¿no?

 

Renata se tapó la boca.

 

—¿Y él? ¿Qué tal es en eso?

 

Ximena la miró sin entender.

 

—¿Que?

 

—¿De verdad no hicieron nada?

 

—No me acuerdo.

 

—No puede ser.

 

Ximena se quedó pensativa.

 

—Tal vez... no puede.

 

Renata asintió con falsa autoridad.

 

—Seguro. Puro empaque bonito. Por fuera mucho, por dentro nada. ¿Qué hombre se aguanta frente a una esposa como tú? Un día, bueno. ¿Pero todos los días?

 

—Pero tuvo novias antes.

 

—Tener no significa hacer. Con esa cara de congelador, seguro ninguna aguanto.

 

Renata hablaba como si viviera dentro de la cabeza de Héctor.

 

Ximena no estaba convencida.

 

El dinero hacía que muchas mujeres aguantarán cualquier cosa.

 

En la pantalla grande del patio pasaba un anuncio nuevo.

 

La actriz era Valeria Robles.

 

—Esta mujer si es bonita —dijo Renata—. Y dicen que su familia tiene muchísimo dinero. No entiendo para que alguien así se mete a actriz.

 

El anuncio terminó y empezó una transmisión en vivo.

 

El hombre en pantalla era Héctor.

 

El lugar: la empresa Alcázar.

 

Su regreso sacudía el mundo de los negocios. Decenas de medios llenaban la sala de prensa.

 

Renata miró al hombre elegante, guapo, dueño de una presencia que atravesaba la pantalla.

 

—Se ve mejor que en las revistas.

 

Ximena asintió.

 

—Si. Se ve bien.

 

—¿No te dijo que iba a dar conferencia?

 

—¿Por qué tendría que decírmelo? ¿Quién soy yo?

 

—Su esposa. Además, podría anunciar su relación contigo. Así todos sabrían quién eres.

 

Ximena negó de inmediato.

 

—No quiero.

 

Ese hombre en la televisión parecía de otro mundo.

 

Y ella no sabía en qué parte de ese mundo cabía.

 

Después de despedirse de Renata, Ximena fue al sendero detrás de la biblioteca. Todos los días iba a dejar comida a unos gatos callejeros. Era un camino escondido, casi nadie lo usaba.

 

Apenas dejo la comida, una tela húmeda le cubrió la boca.

 

El mundo se apagó.

 

Cuando despertó, estaba en la caja de una camioneta.

 

No estaba sola.

 

Había una vaca, una cabra y dos gallos enormes.

 

Ximena golpeó la puerta.

 

—¡Oigan! ¿Quién me secuestro? ¡Den la cara!

 

—¡Paren! ¡Alguien pare esta cosa!

 

Nadie respondió.

 

La camioneta avanzaba dando tumbos. Los animales se movían, hacían ruido y el olor era insoportable.

 

Ximena casi vomito.

 

Después de un buen rato, la puerta se abrió.

 

Un hombre vestido de negro la jalo hacia afuera.

 

El lugar era desconocido.

 

Montes alrededor.

 

Nada de gente.

 

—¿Quién eres? ¿Por qué me secuestras? Esto es un deli...

 

No alcanzo a decir delito.

 

Un golpe en la nuca la dejó inconsciente.

 

—¿Quién es esta mujer? —preguntó el hombre más joven, cargando a Ximena hacia una cabaña—. ¿No será riesgoso aceptar este trabajo?

 

El otro se quitó la gorra negra.

 

—No importa quien sea. Importa que nos van a pagar.

 

—¿Cuanto?

 

El hombre levantó cinco dedos.

 

—¿Cincuenta mil?

 

—Quinientos mil, menso.

 

—Con eso se trata mi mamá.

 

Los hermanos encerraron a Ximena en una cabaña y llamaron al cliente.

 

Dos horas después, Ximena despertó.

 

También llegaron varias camionetas.

 

Darío bajo de una, encendiendo un cigarro.

 

—¿Dónde está?

 

—Adentro.

 

—Sáquenla.

 

Darío hizo una mueca. Las heridas que Héctor le había dejado aun dolían.

 

Ximena fue arrastrada hacia afuera.

 

Cuando vio a Darío, dejó de tener miedo.

 

—Con razón. Me secuestran a plena luz y resulta que eres tú. ¿Para qué me traes? Héctor ya despertó. Secuestrar a su esposa no te va a salir barato.

 

La bofetada le cruzó la cara.

 

Ximena reaccionó por instinto y le dio una patada en la barbilla.

 

Darío cayó hacia atrás con un grito.

 

—¡Sujétala!

 

Escupió sangre. La comisura que aún no sanaba volvió a abrirse.

 

Varios hombres inmovilizaron a Ximena.

 

Ella escupió a un lado.

 

—Darío, eres un cobarde. ¿Qué quieres?

 

Darío se tocaba la boca, furioso.

 

—Maldita. Hoy caíste en mis manos. No vas a escapar.

 

—¿Qué quieres?

 

—Disfrutar primero. Luego matarte y tirarte por ahí. ¿O creíste que te invite a tomar café?

 

Ximena sintió frío.

 

Darío ordenó que la metieran a la cabaña. Apago el cigarro y quiso entrar solo.

 

Uno de sus hombres lo detuvo.

 

—Señor Darío, la mujer es brava. Mejor le damos algo. No vaya a lastimarlo otra vez.

 

—¿Crees que no puedo con una mujer?

 

Darío entró con el odio nuevo contra Héctor y el resentimiento de toda una vida bajo el techo Alcázar.

 

Ximena, adentro, lo miraba con defensa total.

 

Darío no se apresuró. Tomó una silla y se sentó.

 

—¿De verdad crees que, si te tomo por la fuerza, Héctor va a venir a defenderte?

 

Ximena no tenía esa seguridad.

 

Pero Héctor era hombre.

 

El orgullo existía.

 

—Mi lugar está claro. Aunque Héctor no me defendiera, Lourdes sí lo haría. Te aconsejo que no sigas con tus porquerías.

 

Darío rio.

 

—Que ingenua. Lourdes le busco esposa a Héctor para tener a alguien que lo cuidara y lo estimulara. ¿De verdad te crees señora Alcázar? Mírate. Fuera de esa cara, ¿Qué tienes para que esta familia te mire?

 

Arrastró la silla más cerca.

 

—¿Crees que Héctor no ha visto mujeres hermosas? Todas las que tuvo antes eran mejores que tú.

 

Ximena apretó los dientes.

 

—Si fueras lista, cooperarias conmigo. La familia Alcázar va a ser mía tarde o temprano. Yo no te dejaría mal.

 

Ella le escupió.

 

—¿Con qué sueñas? Suéltame. Por ser tío de Héctor, todavía podría dejarte vivir.

 

Darío se echó a reír.

 

—Si le tuviera miedo a Héctor, no te habría traído. Me dejo sin salida. Si no le devuelvo el golpe, ¿cómo me trago esto?

 

—Si te dejo sin salida, ve contra él. Meterte con una mujer no te hace valiente.

 

—Nunca dije que fuera valiente.

 

Darío se puso de pie y empezó a quitarse la chamarra.

 

—Deja de resistirte. Así sufrirás menos. Te prometo que hasta vas a disfrutarlo.

 

Ximena corrió hacia la puerta.

 

Estaba cerrada por fuera.

 

No había salida.

 

Entonces tocaba pelear.

 

—Darío, soy cinta negra. Ya sabes cómo pateo. Todavía puedes parar. Si no, te voy a dejar peor que Héctor.

 

Mientras tanto, en la camioneta negra que salía de la ciudad, Bruno le informaba a Héctor cada dato que recibía.

 

—Señor, volví a llamar a la señora Ximena. No entra la llamada. Me preocupa que Darío ya haya actuado.

 

Héctor había dado una conferencia esa mañana: retomaba la dirección de la empresa Alcázar, removía a Darío del consejo ejecutivo y revisaría las acciones que Darío había movido a su nombre sin permiso.

 

En otras palabras, lo había sacado.

 

Darío no iba a tragarse eso.

 

Y según su estilo, no atacaría de frente.

 

Atacaría a quien estuviera cerca de Héctor.

 

El punto más débil era Ximena.

 

—Encuéntrala.

 

La mirada de Héctor era oscura. Los dedos, entrelazados, delataban una tensión que no quería mostrar.

 

La información llegó a la Tablet de Bruno.

 

—La ubicación del teléfono marca el Ajusco.

 

—Llama al comandante Lozano. Que se muevan ya. Ximena debe salir intacta.

 

Bruno transmitió la orden palabra por palabra.

 

La policía actuó rápido.

 

La camioneta aceleró hacia la montaña.

 

En la cabaña, Darío llevaba rato intentando acercarse sin conseguirlo.

 

Ximena se movía, esquivaba, pateaba, aprovechaba cada espacio.

 

Darío se estaba desesperando.

 

Quiso llamar a los hombres de afuera.

 

Pero admitir que no podía con una mujer le dolió el orgullo.

 

Decidió seguir solo.

 

Ximena ya le había tomado la medida.

 

Darío estaba más débil de lo que aparentaba.

 

Mientras los hombres de afuera no entrarán, podía resistir.

 

—Ximena, mejor entiende. Cuando se te acabe la fuerza, vas a ver lo que te hago.

1
Emily Morillo ♥️
si se pasa ximena tiene que ser más humana🤭
Bienaventurada
Es enserio? 😒esa Ximena es fea 😏
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂ese Héctor 😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂
Bienaventurada
Cómo no se va😏a dar cuenta que tuvo relaciones?😒no va sentir la fricción 🤷
y tampoco que tuvo un aborto?
Bienaventurada
jajaja 😂
Bienaventurada
jajaja 😂Esa Ximena, y a quien no le gusta el dinero 😂😂😂
Bienaventurada
jajajaja 😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂 esa Ximena es avara
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂 Héctor está mintiendo?🙄
Adriana De Fátima Lopera Gómez
quiero seguir.deseo ver q pasa con Hector
Adriana De Fátima Lopera Gómez
es muy entretenida
Adriana De Fátima Lopera Gómez
me gusta
Felicia Garcete nuñez
no puede ser que no haga más capítulo!!!!!
Marisol grez castro
es una mujer terca, porfiada ...😧
Llessica Ospina
donde encuentro la otra parte para terminar la novela ?
Felicia Garcete nuñez: quiero leer los capítulos siguientes
total 1 replies
Llessica Ospina
super
Marisol grez castro
ahora comienza a esclarecer todo... quien mató a Elena?
y esas zorrascaeran por ladronas y puras.🤭😂
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play