esta historia trata sobre dos estudiantes de universidad totalmente diferentes ya que uno es el popular y el otro el nerd de la clase con las mejores calificaciones que durante las vacaciones por cosa del destino se cruzan y así hablan un poco hasta que empiezan a ser más cercanos y empiezan una relación pero Adrián Walker es un estupido que solo vio a Liam como un pasatiempo durante las vacaciones
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la mentira más grande
El instituto ya no parecía un lugar… sino un tablero donde todos jugaban a inventar historias.
Y Adrián Walker era el personaje favorito.
Esa mañana, apenas entró por la puerta principal, sintió que algo era diferente.
No más ruidoso.
No más silencioso.
Solo… extraño.
Demasiado extraño.
Los grupos se callaban cuando pasaba.
Algunos lo miraban como si estuvieran conteniendo la risa.
Otros como si estuvieran esperando algo.
Adrián frunció el ceño, confundido.
Hasta que lo vio.
Un papel pegado en uno de los casilleros.
Y luego otro.
Y otro más.
Copias impresas.
Capturas de pantalla.
Mensajes.
Su nombre en grande.
Y el de Liam Carter al lado.
Adrián se acercó lentamente.
Sus manos empezaron a temblar antes incluso de leer.
“PRUEBA DE QUE TODO FUE UN PLAN”
Debajo había una supuesta conversación falsa.
Mensajes inventados.
Diálogos que nunca ocurrieron.
“Liam: solo finge que te gusto unas semanas”
“Amigos: hazlo viral”
“Adrián: está enamorado de verdad JAJA”
Adrián sintió el estómago caer.
—No… —susurró.
Otra hoja.
“ERA UNA APUESTA”
Otra.
“TODO FUE PARA HACERLO QUEDAR EN RIDÍCULO”
Su respiración se cortó.
Porque no solo era el video ahora.
Era una historia completa.
Una mentira construida para hacerlo ver aún peor.
Como si todo hubiera sido planeado.
Como si su dolor hubiera sido entretenimiento organizado.
—¿Viste eso? —susurró alguien detrás de él—. Fue una apuesta.
—Qué enfermos…
—Y Adrián ni se dio cuenta…
Las palabras se clavaban una tras otra.
Adrián retrocedió un paso.
Luego otro.
Pero el pasillo parecía lleno de esas hojas.
Pegadas.
Repartidas.
Circulando entre celulares.
Era imposible escapar.
En el salón, la situación fue peor.
Alguien había impreso el “chat” y lo dejó sobre su mesa.
Con resaltador.
Como si fuera evidencia real.
Una chica lo miró con duda.
—Oye… ¿eso es verdad?
Adrián sintió que le faltaba el aire.
—No… —dijo rápido—. No es verdad.
Pero su voz temblaba tanto que sonó poco convincente incluso para él.
Y eso fue suficiente.
Los susurros crecieron otra vez.
Más fuertes.
Más seguros.
Más crueles.
En el descanso, Ethan encontró a Adrián sentado solo en una banca, mirando el suelo.
—Ya lo vi —dijo Ethan sin rodeos.
Adrián ni levantó la vista.
—Claro que lo viste… todo el mundo lo vio.
Ethan se sentó a su lado.
—Eso es falso.
Adrián soltó una risa seca.
—Da igual.
—No da igual.
Adrián apretó los puños.
—Siempre hay algo nuevo. Siempre hay algo peor. ¿Qué sigue? ¿Que diga que yo lo planeé?
Ethan lo miró de reojo.
—Eso ya lo están diciendo.
Silencio.
Adrián cerró los ojos con fuerza.
—Estoy cansado…
Ethan no respondió de inmediato.
Solo observó cómo Adrián intentaba no romperse ahí mismo.
En otra parte del instituto, Liam caminaba solo cuando vio las mismas hojas.
Se detuvo.
Leyó una.
Luego otra.
Su expresión cambió.
Primero confusión.
Luego enojo.
Y finalmente… algo más complicado.
Porque sabía exactamente lo que estaba pasando.
—Esto no lo hice yo… —murmuró.
Pero nadie lo escuchaba.
Y nadie lo creería fácilmente tampoco.
Para el final del día, el rumor ya había crecido tanto que nadie sabía dónde empezó ni qué era real.
Solo sabían una cosa:
Adrián y Liam.
Y una historia que no dejaba de empeorar.