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LA VIRTUD CAUTIVA

LA VIRTUD CAUTIVA

Status: Terminada
Genre:Fantasía épica / Completas
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

En lo más profundo de un bosque olvidado por el tiempo, donde el agua de las cascadas es pura y la fe es la única ley, nació Evangeline. Criada entre oraciones y el aroma de los frutos silvestres, su belleza era un secreto guardado por la naturaleza… hasta que el mundo de los hombres decidió reclamarlo.

Alistair von Thorne no conoce la paz. Sus ojos azules han visto caer reinos y sus manos, marcadas por el acero, solo saben de obediencia y sangre. Tras años de guerra, su regreso se cruza con una cacería de monstruos humanos y una mercancía que no tiene precio: la virtud de una mujer.

Por unas cuantas monedas de oro, la salvación de Evangeline se convirtió en su nueva condena. Ella fue comprada. Él es su dueño. Y en el silencio del campamento militar, la pureza de la aldea está a punto de colisionar con la oscuridad del guerrero más temido del Rey.

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: Los nudos de la obediencia

La primera luz del alba se filtró por las costuras de la tienda, tiñendo de un gris pálido la estancia donde el aire aún se sentía cargado de la tensión de la noche anterior. Evangeline despertó, o más bien, emergió de un sueño inquieto y fragmentado. Sus brazos, mantenidos en alto por las cuerdas de seda negra, le pesaban como si fueran de plomo. El hormigueo en sus manos era una punzada constante que le recordaba, en cada latido, que ya no era dueña de su propio cuerpo. Sus ojos negros, cansados y enrojecidos por las lágrimas, buscaron de inmediato la figura de Alistair.

Él no se había movido de la silla de madera. Estaba allí, con la espalda recta y la mirada fija en ella, como una estatua de bronce que custodiaba un tesoro prohibido. Ya no llevaba su armadura; solo una túnica de lino blanco que dejaba ver la fuerza de sus hombros y el contorno de los músculos de su pecho. Su cabello rubio estaba ligeramente despeinado, pero sus ojos azules seguían siendo dos témpanos de hielo que la atravesaban sin piedad.

—¿Has descansado, Evangeline? —preguntó él. Su voz era ronca por la falta de sueño, pero mantenía ese tono de mando que la hacía estremecer.

—Mis... mis manos, mi señor... —susurró ella. Sus labios carnosos estaban resecos y su voz apenas era un suspiro de suplicio.

Alistair se puso en pie. Su presencia llenó la tienda de inmediato, desplazando cualquier rastro de aire que ella intentara respirar. Se acercó a la cama con una lentitud deliberada. Sus manos rudas, que habían segado tantas vidas, se posaron sobre los nudos de seda negra. Con una destreza sorprendente, los desató. En cuanto la tensión desapareció, los brazos de Evangeline cayeron sobre el colchón de pieles, inertes.

Él tomó las muñecas de ella entre sus dedos masivos. Sobre la piel blanca como la nieve, la seda negra había dejado una marca tenue, un recordatorio físico de su cautiverio. Alistair frotó suavemente la piel enrojecida con sus pulgares, un gesto que en cualquier otro hombre habría sido tierno, pero que en él se sentía como una reclamación.

—Esta marca es el precio de tu desobediencia —dijo Alistair, su mirada clavada en la de ella—. No me gusta atar lo que me pertenece, Evangeline. Prefiero que te quedes a mi lado porque entiendes que fuera de mi sombra no eres nada. ¿Lo has entendido ahora?

—Sí, mi señor —respondió ella, bajando la cabeza. La humillación de la noche y el dolor de sus extremidades habían quebrado lo poco que quedaba de su voluntad de huir.

En ese momento, Marta entró en la tienda con una bandeja de madera que exhalaba el aroma del pan recién horneado y leche caliente con miel. La anciana se detuvo al ver a Evangeline desatada y a Alistair sosteniendo sus manos. Lanzó una mirada de reproche al General, pero se contuvo.

—Traigo el desayuno —anunció Marta, dejando la bandeja sobre la mesa—. Y he traído agujas e hilos. El General dice que sabes coser, y mis hombres tienen las túnicas destrozadas por la última escaramuza.

Alistair soltó las muñecas de Evangeline y se giró hacia Marta.

—Primero cumplirá sus deberes conmigo —sentenció él—. Desayunará, se lavará y luego preparará mis uniformes para la marcha. Hoy salimos hacia la frontera del norte. No quiero un solo hilo suelto, ni una sola mancha de sangre en mi capa.

Se giró de nuevo hacia la joven aldeana, cuya belleza parecía florecer incluso en medio del agotamiento.

—Levántate —ordenó—. Hoy aprenderás que ser una buena esposa, como dijeron tus padres que serías, significa en este campamento ser la servidora fiel de tu dueño. No más llanto. No más huidas. Solo obediencia.

Evangeline se puso en pie, tambaleándose un poco sobre sus pies todavía heridos. El vestido azul, ahora roto y manchado, era un recordatorio de su caída. Mientras Alistair se alejaba para hablar con sus oficiales fuera de la tienda, ella se quedó sola con Marta. La anciana se acercó y le puso una mano en el hombro.

—La seda se dobla, niña, pero no se rompe —susurró Marta—. Aprende cuándo doblarte ante él y quizás, solo quizás, logres que este hombre de hierro se ablande antes de que te consuma por completo.

Evangeline asintió en silencio, pero mientras tomaba la copa de leche, supo que el camino hacia el norte sería largo y que su vida, atada a la voluntad de Alistair von Thorne, apenas estaba comenzando a escribirse con nudos de seda y sangre.

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Gloria
Está protagonista es tan orgullosa tan testaruda , se casó con ella para que no quedara en deshonra , lástima que no la tengo de frente por que ya le había dado un par de cachetadas bien datas a esta mujer yo la saco del castillo a ver cómo le hace para sobrevivir sola y sin protección
Ana Gonzalez
más capitulos 🙏❤️
Arely Zuñiha
son los primeros tres capítulos y ya me gusta ,esperemos más a delante 👏👏
Ana Gonzalez
más capitulos 🙏 excelente novela ❤️
Marcel Hernandez
A no quería una servidora fiel y entregada
hay la tienes 🤭
Marcel Hernandez
mi héroe y verdugo
Marcel Hernandez
Que soldados tan miserables
como no quería que saliera corriendo 😠
Marcel Hernandez
Bueno no me encanta que la enseñe como un trofeo pero si que la defienda y le de su lugar
así es contradictorio pero hombres como el son posesivos 🥰
mailyn rodriguez
Hola querido lector! tu opinión es muy importante para mi gracias.
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