Morí siendo una escritora de novelas mediocres…
solo para despertar dentro de la peor de mis historias.
Ahora soy Ciel Rousla, la “princesa tonta”: hermosa, ingenua… y destinada a ser traicionada y devorada por bestias.
En la historia original, confiaba ciegamente en su “amable” hermana, la hija ilegítima que todos adoraban, mientras tres poderosos prometidos la controlaban bajo la excusa de protegerla… hasta abandonarla en su peor momento.
Pero esta vez es diferente.
Yo conozco el final.
Sé quién me manipula.
Sé quién me traicionará.
Y sé que cada sonrisa a mi alrededor… es una mentira.
Ya no seré la princesa ingenua.
Aunque tenga que enfrentar a la “santa”, romper mis propios lazos y cambiar todo lo que escribí…
Voy a sobrevivir en este mundo bestia
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Capítulo 14: La calma que no es paz
El castillo parecía en orden otra vez, pero era solo apariencia. Los pasillos estaban limpios, las paredes reparadas y los sirvientes caminaban como siempre, pero el ambiente no había vuelto a ser el mismo. Después de un ataque así, nadie volvía a moverse con total tranquilidad, aunque fingieran hacerlo.
Ciel lo notaba.
No desde el miedo.
Desde el cambio.
Se encontraba en su sala de trabajo, con una venda ajustada en el brazo, revisando el mapa sin marcar nada esta vez. Ya no necesitaba hacerlo. Lo importante no era el lugar… era el movimiento.
Su mente volvía una y otra vez al combate.
A su forma bestia.
A ese límite.
—Treinta minutos…
Lo dijo en voz baja, sin frustración, pero tampoco conforme. Había sido suficiente para sobrevivir, pero no para dominar la situación completamente. Y eso no le gustaba.
Se recargó levemente contra la mesa, recordando la sensación. Más velocidad, más precisión… pero también un desgaste que no podía ignorar.
—Si no la uso… la pierdo.
No era teoría.
Era una regla.
Las hembras bestia eran más fuertes en esa forma, pero muchas la dejaban de lado, y con el tiempo, esa fuerza desaparecía. Se volvía inútil.
Ella no iba a permitir eso.
—Entonces la voy a dominar.
No fue impulso.
Fue decisión.
Su mirada bajó un instante, como si algo más intentara encajar en su mente.
—…hay algo más.
No era claro.
No era un recuerdo.
Era una sensación.
Como si hubiera algo en su pasado que no terminaba de coincidir con lo que recordaba.
Frunció apenas el ceño.
—…y no lo estoy viendo.
No insistió más.
Por ahora.
—
El sonido de la puerta abriéndose no la sorprendió.
Kaian entró sin anunciarse, como siempre, pero esta vez su presencia no era la misma. No era más pesada… era más definida.
Ciel no se giró de inmediato.
—Ya revisaron todo.
—Sí.
La respuesta fue directa.
—No fue improvisado.
—No.
Silencio breve.
Ciel habló sin mirarlo.
—Subiste.
—Dos anillos.
No hubo orgullo en su voz, solo claridad.
Ciel giró ligeramente el rostro, lo suficiente para observarlo de reojo.
—En una semana.
—Sí.
Eso era todo.
Pero decía mucho.
Ella entendía perfectamente lo que implicaba.
—Entonces ya no eres el mismo.
Kaian la miró directo.
—Tú tampoco.
No hubo tensión en la respuesta.
Tampoco suavidad.
Solo verdad.
El silencio que siguió fue distinto a los de antes. No había control ni manipulación en el aire.
Había medida.
—No vuelvas a intervenir si no es necesario.
Ciel lo dijo con calma, pero sin dejar espacio a duda.
Kaian no reaccionó mal.
—No iba a dejarte morir.
—No iba a morir.
Se sostuvieron la mirada un momento más.
—Entonces demuéstralo la próxima vez.
No fue un desafío.
Fue un límite.
Kaian no respondió con palabras, pero tampoco lo rechazó. Solo asintió levemente antes de girarse y salir.
Y eso… ya era diferente.
—
En otra parte del castillo, lejos del ruido, Erina revisaba la información sin prisa. No necesitaba correr, porque todo ya estaba en movimiento.
—Resistió más de una hora… —murmuró— usó su forma bestia… y no colapsó.
Sus dedos se deslizaron sobre el papel.
—No era así.
No antes.
Pausa.
—…entonces está cambiando.
Eso no le gustaba.
Pero tampoco la sorprendía del todo.
La puerta se abrió sin aviso.
Erina no se giró.
Sabía quién era.
—Sigues jugando.
La voz de la archiduquesa Marla llenó el espacio sin esfuerzo.
—Y tú sigues cargando lo mismo.
Respondió Erina con calma.
Marla avanzó unos pasos, firme, sin ocultar nada.
—Mi hijo casi muere.
No fue un reclamo.
Fue algo más profundo.
—Y la responsable sigue caminando libre.
Erina guardó silencio unos segundos.
Y luego…
sonrió.
Fue leve.
Casi imperceptible.
Pero real.
Marla lo notó al instante.
—¿De qué te ríes?
Erina no respondió de inmediato. Sus ojos se desviaron apenas, como si algo en su memoria le resultara curioso.
Un recuerdo.
Un momento pequeño.
Una oportunidad.
Su sonrisa no desapareció del todo.
—Nada.
Pausa.
—Solo pensé en algo curioso.
Marla no apartó la mirada.
—Habla claro.
Erina finalmente la miró.
—Es gracioso…
Su voz era tranquila.
—…cómo funcionan las venganzas.
El silencio se volvió más denso.
—Algunas empiezan sin que nadie lo note…
Pausa.
—…y otras…
Sus ojos se afilaron apenas.
—…aún no saben contra quién van realmente.
Marla no respondió de inmediato.
No porque no quisiera.
Sino porque algo en esas palabras… no encajaba del todo.
—¿Qué estás insinuando?
Erina volvió a su postura tranquila.
—Nada.
Simple.
—Solo digo que a veces… odiar a la persona correcta tarda más de lo que debería.
El silencio se mantuvo unos segundos más.
Marla no era tonta.
Pero tampoco tenía pruebas.
Y eso…
era lo más incómodo.
No dudó.
Pero algo dentro de ella se movió.
Algo pequeño.
Suficiente.
—No importa —dijo finalmente—. La voy a destruir igual.
Erina no respondió.
Pero en su mirada hubo algo claro.
Eso también le servía.
—
En su sala, Ciel volvió a mirar el mapa, pero esta vez no pensaba en rutas ni en negocios.
Pensaba en algo más simple.
Más peligroso.
—…esto no fue al azar.
Lo sabía.
—Y no va a parar.
Pausa.
—Entonces…
Sus ojos se endurecieron apenas.
—…voy a empezar yo.
No con fuerza.
No con ruido.
Pero sí…
con intención.
—
La calma seguía en el castillo.
Pero ya no era paz.
Era espera.
—
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Aqui esta ciel je jej je