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EL ALFA QUE ME ODIABA

EL ALFA QUE ME ODIABA

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Mitos y leyendas / Hombre lobo / Omegaverse
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Dyanne Valdez

"Los omegas tienen prohibido acercarse a mí. Esa es mi única regla." Damián es el Alfa más temido de la ciudad. Frío, cruel, y con un odio profundo hacia los omegas. Nadie sabe por qué, pero todos saben que acercarse a él es buscarse la muerte. Yo soy Lola. Una omega invisible, de esas que pasan desapercibidas. Mi olor es neutro, y así me gusta: invisible, viva. Hasta que una noche, un celo inesperado me toma por sorpresa justo cuando él cruza mi camino. Su olor me envuelve. El mío lo enloquece. Y sin quererlo, sin desearlo, contra toda lógica... Quedamos vinculados. Ahora el Alfa que me odia está atado a mí para siempre. Hará todo lo posible por romper este vínculo, pero cada intento lo acerca más a mí. Y cuando otro Alfa intente lastimarme... Su lobo desata el infierno para protegerme. Dicen que el odio y el amor son la misma cara de una moneda. Pero, ¿qué pasa cuando su mente me rechaza, pero su lobo me reclama? ¿Podrá Damián aceptar que soy su compañera? ¿O el vínculo nos destruirá a los dos?

NovelToon tiene autorización de Dyanne Valdez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: La Excusa

La mansión amaneció con un visitante inesperado.

—¿León? —Damián lo miró desde su escritorio con los ojos entrecerrados—. ¿Qué haces aquí tan temprano?

León se dejó caer en el sillón frente a su hermano con una sonrisa demasiado inocente.

—Me sentía solo. Pensé en quedarme unos días.

Damián arqueó una ceja.

—¿Solo?

—Sí, hombre. La casa grande, sin nadie... uno se deprime.

—Tienes treinta años. Vives en un ático en el centro. Tienes más amigos que dedos en las manos. Y vienes a decirme que te sientes solo.

León mantuvo la sonrisa, pero algo en sus ojos delató un nerviosismo leve.

—Los amigos no son lo mismo que la familia.

Damián lo observó en silencio durante un largo momento. Sus ojos dorados, fríos como siempre, parecían atravesarlo.

—Quédate —dijo al fin—. Pero no te metas en lo que no te importa.

—¿Yo? Nunca.

Damián no pareció convencido, pero volvió a sus papeles sin añadir nada más.

León salió del despacho con una sonrisa de satisfacción. Su plan funcionaba.

Ahora solo necesitaba encontrar a cierta pelirroja.

Yo estaba en mi habitación cuando alguien golpeó la puerta.

—¿Sí?

La cabeza de León apareció por la abertura.

—Buenos días, cuñada.

—No soy tu cuñada.

—Todavía. Pero el vínculo... es cuestión de tiempo.

Le lancé una almohada. La atrapó riendo.

—¿Qué quieres? —pregunté.

—Nada. Solo pasar el rato. Damián está insoportable, como siempre, y necesito aire fresco.

—Pues el jardín está ahí.

—El jardín es aburrido solo. ¿Viene tu amiga?

Ahí estaba. La verdadera razón.

Sonreí.

—Elara está desayunando. En la cocina.

—Genial. Me encanta desayunar.

Salió antes de que pudiera decir nada más.

En la cocina, Elara se atragantó con el café cuando León apareció en la puerta.

—Tú otra vez —dijo, con las mejillas encendidas.

—Yo otra vez —confirmó él, acercándose con una sonrisa—. ¿Te importa si me siento?

—Es tu casa, ¿no?

—Técnicamente, de mi hermano. Pero sí.

Se sentó a su lado. Demasiado cerca. Lo suficiente para que ella notara su olor, diferente al de Damián. Más suave. Más cálido.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Elara, intentando parecer casual.

—Me voy a quedar unos días. Necesitaba un descanso.

—¿Un descanso de qué?

—De la soledad.

Ella lo miró, incrédula.

—¿Tú? ¿Solo? Con esa cara...

—¿Qué pasa con mi cara?

—Nada. Que no pegas con la soledad.

León sonrió, satisfecho.

—Entonces qué bueno que esté aquí, ¿no? Para no estar solo.

Elara no respondió, pero no pudo evitar sonreír.

Yo los observaba desde la puerta, escondida, con una sonrisa tonta en la cara.

Esto va a pasar, pensé. Y va a pasar pronto.

Pero antes de que pudiera saborear el momento, mi teléfono vibró.

Un mensaje de la universidad.

"Recordatorio: El plazo para el pago de matrícula vence mañana. Acérquese a ventanilla con su documentación."

—M**rd*.

Mi susurro llamó la atención de Elara.

—¿Qué pasa?

Enseñé el teléfono.

—Tengo que ir a la universidad. Mañana es el último día para pagar.

Elara palideció.

—¿A la universidad? ¿Fuera de aquí? ¿Con Kael suelto?

—No tengo opción. Es mi futuro.

—Damián no te va a dejar.

—Lo sé.

Bajé al despacho con el teléfono en la mano y el corazón en un puño.

Damián estaba solo, por una vez. Marcus no estaba. Respiré hondo y entré.

—Necesito hablar contigo.

—¿Qué pasa?

Enseñé el mensaje.

—Tengo que ir a la universidad. Mañana. A pagar la matrícula.

Damián dejó el bolígrafo lentamente.

—No.

—No es negociable, Damián. Es mi futuro. Mis estudios. Lo único que tengo aparte de esto.

—¿Aparte de esto? ¿A qué te refieres?

—A esta jaula. A este vínculo. A ti.

El silencio cayó entre nosotros.

Damián me miró fijamente. Por un momento, pensé que iba a explotar. Pero no. Se levantó, dio la vuelta al escritorio y se acercó a mí.

—¿Y si te pasa algo?

—No me pasará.

—No lo sabes.

—No puedo vivir encerrada para siempre, Damián. Tengo que arriesgarme.

Me sostuvo la mirada. A través del vínculo, sentí algo. No era mucho, solo un destello. Pero era algo.

—Iré contigo —dijo.

—¿Qué?

—Que iré contigo. A la universidad. Te acompañaré.

—¿Tú? ¿El Alfa más conocido de la ciudad? ¿En mi universidad?

—Nadie me conoce fuera de los círculos de la manada. Para ellos, solo seré un tipo alto con cara de pocos amigos.

Casi sonrío.

—Tienes razón en lo de la cara.

No se rió. Pero sus ojos... sus ojos se suavizaron un instante.

—Iré contigo —repitió—. Y Marcus vendrá también. Y tu amiga, si quieres.

—Elara no se lo perdería.

—Entonces mañana. Temprano. Y no te separes de mí.

Asentí.

Por primera vez, no me sentí prisionera.

Me sentí... protegida.

Esa noche, Elara no cabía de la emoción.

—¿Voy a salir de esta mansión? ¿A un sitio real? ¿Gente real? —gritaba, dando saltos en la cama.

—Cálmate, es solo una universidad.

—¡Es el mundo exterior, Lola! ¡Llevo días encerrada!

—Ya. Yo también.

Se detuvo y me miró.

—¿Y cómo está eso? ¿Él yendo contigo?

—No lo sé. Diferente.

—¿Diferente bueno o diferente malo?

—Diferente. Solo diferente.

Elara sonrió con picardía.

—¿Sabes qué creo? Creo que se está ablandando.

—Damián no se ablanda. Es de hielo.

—El hielo también se derrite.

No respondí. Pero en mi pecho, el vínculo latía suavemente.

Y por primera vez, no me molestó.

1
Carola Videla 😈🇦🇷
si eso es el problema, lo que siente y no quiere sentir. Pobres omegas tanto odio por ellos , que injusto
tomatito
podra mandar él, pero en la cama manda ella y el obedece 🤣🥰
tomatito
me enamore de la historia y apenas es el caitulo dos😶
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