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Operación: Corazón Blindado

Operación: Corazón Blindado

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Leidy Ocampo

Meghan Whitmore, hija del recién electo presidente de Estados Unidos y brillante abogada, siempre ha vivido entre poder y estrategia. Desde la muerte de su madre y su hermano, ella se convirtió en el mayor apoyo de su padre... y en su punto más vulnerable.

Cuando una amenaza logra infiltrarse en la Casa Blanca, su seguridad se refuerza con un nuevo jefe de protección: el capitán Ethan Cole, un militar frío y disciplinado que solo cree en el deber. Lo que comienza como una misión profesional pronto se convierte en una tensión imposible de ignorar.

Pero mientras las amenazas se vuelven más personales y secretos del pasado salen a la luz, Meghan y Ethan descubrirán que el mayor riesgo no está en los enemigos externos... sino en cuando los sentimientos comienzan a ganar terreno y todo el país los está observando.

NovelToon tiene autorización de Leidy Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 9

AZUCAR Y ESTRATEGIA -

-No, no, no... espera, repite eso -dice Sienna del otro lado del teléfono.

Tengo el móvil apoyado entre el hombro y la oreja mientras revuelvo chocolate derretido con gem espátula de silicona.

-Dijo que soy imprudente -respondo con calma fingida.

-¿Imprudente? -interviene Mía-. Ay, ya me cae mal y ni lo conozco.

-Es insufrible -murmuro, vertiendo la mezcla en el molde.

Estoy en la cocina privada de la residencia. Harina en la encimera. Bandejas listas. Olor a vainilla y cacao flotando en el aire.

Cada quince días hago esto.

No son postres diminutos ni exageradamente grandes. Lo suficiente para que cada guardia del turno interno tenga uno. Es mi pequeña tradición. Mi forma de recordarles que los veo como personas y no como sombras armadas.

-Describe al espécimen -ordena Sienna.

Suspiro.

-Alto.

-Eso ya suma puntos -dice Mía.

-No interrumpas -la regaña Sienna-. Continúa.

-Cabello castaño. Siempre perfectamente peinado. Traje impecable. Espalda recta como si tuviera una regla incrustada.

-Militar hasta los huesos -dice Mía.

-Exactamente.

-¿Guapo? -pregunta Sienna con tono sospechosamente interesado.

Hago una pausa.

Revuelvo más fuerte de lo necesario.

-Es... objetivamente atractivo.

Las dos gritan al mismo tiempo.

-¡LO SABÍA!

-¡Ahí está el problema!

-No hay problema -me defiendo-. Es insoportable.

-Ajá -dice Sienna-. Siempre empiezan así.

-No empieza nada.

-¿Te mira mucho? -pregunta Mía.

Pienso en el espejo retrovisor. En el centro comercial. En la tensión.

-Me mira como si estuviera evaluando una amenaza constante.

-Eso puede ser sexy -susurra Mía.

-¡Mía!

Me río a pesar de mí misma.

-Es frío, mandón, controlador. Me sacó casi arrastrada de la fundación.

-Porque te estaban gritando cosas horribles -dice Sienna, ahora más seria.

-Podía manejarlo.

-Claro que sí, heroína nacional -se burla Mía.

Saco la primera bandeja del horno.

-Y lo peor es que me llamó altanera.

-¿Lo eres?

-¡Sienna!

-Solo pregunto.

-Dijo que soy caprichosa y orgullosa.

-Bueno... orgullosa sí eres -dice Mía.

-No las llamé para que lo defendieran.

-No lo defendemos -responde Sienna-. Queremos conocerlo.

-Ni lo sueñen.

-Vamos a ir -insiste Mía-. Solo para analizarlo científicamente.

-No es un experimento.

-Es tu guardaespaldas atractivo y tú estás irritada -resume Sienna-. Es literalmente el inicio de cualquier historia interesante.

-No es interesante. Es agotador.

Termino la última bandeja y las dejo enfriar.

-Voy a decorar ahora. Si arruino el glaseado por su culpa, será responsabilidad de ustedes.

-Queremos fotos -dice Mía.

-Y foto del militar rígido -añade Sienna.

-Adiós.

Cuelgo antes de que sigan.

Una hora después, los postres están listos. Pequeños cuadrados de chocolate con una capa fina de crema clara y nueces trituradas encima.

Lu entra a la cocina con su sonrisa habitual.

-Huelen delicioso, señorita Meghan.

-Rescate emocional quincenal -respondo.

Ella ríe suave.

-Ellos lo esperan, ¿sabe?

Eso me gusta más de lo que debería.

Colocamos cada porción en cajas pequeñas. Las cuento en voz alta.

-Uno, dos, tres... quince... dieciséis...

Perfecto.

-Vamos -digo, tomando la primera bandeja.

Antes de repartirlos, salgo un momento al balcón.

Necesito aire.

La noche en Washington es tranquila desde aquí arriba. Las luces parecen ordenadas, controladas. Nada como el caos del día.

Miro mi teléfono. Un mensaje nuevo de Sienna.

"Si no te gusta, nos lo quedamos."

Ruedo los ojos.

Levanto la vista hacia el jardín interno.

Y lo veo.

Ethan está unos metros más allá, hablando con Harris. Postura relajada, algo que rara vez le he visto conmigo.

Harris incluso sonríe.

¿Se conocían de antes?

Observo cómo Ethan inclina la cabeza mientras escucha. Parece diferente así. Menos rígido. Más humano.

Como si no estuviera en modo permanente de vigilancia.

Bajo la mirada antes de que pueda notar que lo observo.

Ridículo.

Sacudo la cabeza y regreso adentro.

Comienzo con su equipo.

-Entrega especial -anuncio.

Uno de los agentes sonríe.

-¿Ya es quincena dulce?

-Exacto.

-Gracias, señorita -dicen casi al unísono.

-No es obligación -les recuerdo-. Es solo azúcar estratégica.

Ríen.

-Se aprecia igual.

Sigo avanzando por los pasillos, entregando uno a cada guardia. Todos agradecen con cortesía sincera.

Cuando llego a Harris, casi me arrebata la caja.

-Sabía que hoy era el día -dice, emocionado.

-Lo anotas en tu calendario, ¿verdad?

-Por supuesto.

Ethan está a su lado.

Silencioso.

Observando.

Sostengo la caja un segundo más frente a Harris antes de dársela.

-Para que no digas que no te consiento.

-Nunca diría eso.

Le sonrío.

Luego giro levemente... y paso de largo.

No le entrego nada a Ethan.

Siento su mirada en mi espalda mientras sigo caminando.

Sonrío.

Sí, es infantil.

Sí, lo hago a propósito.

Regreso a la cocina con la bandeja vacía.

Lu me mira con complicidad.

-¿Falta uno?

-Tal vez.

Tomo la última caja.

La que estaba destinada a él.

-¿No se la dio?

-No exactamente.

Lu sonríe de lado.

-Señorita...

-Solo observa.

Camino hasta el pasillo cercano a mi habitación. Sé que su turno interno comienza en minutos. Sé que pasará por aquí.

Dejo la caja sobre la pequeña mesa contra la pared, justo fuera de mi puerta.

Visible.

Pero no entregada.

-Buenas noches, Lu.

-Buenas noches, señorita Meghan.

Entro a mi habitación y cierro suavemente.

Apoyo la espalda en la puerta.

Escucho pasos lejanos.

El cambio de turno.

Voces bajas.

Mi corazón late un poco más rápido de lo normal, y no sé por qué.

Camino hacia el escritorio, intento concentrarme en unos documentos, en mi agenda de mañana.

Normal.

Todo normal.

Pero mi mente está en el pasillo.

En si lo verá.

En si sabrá que es suyo.

En si entenderá que no fue olvido.

Sonrío levemente mientras abro mi portátil.

Dijo que soy altanera.

Tal vez lo soy.

Pero si va a llamarme así...

Al menos voy a hacerlo interesante.

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