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La Mal Parida Al Trono

La Mal Parida Al Trono

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Villana / Completas
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Ella es una esclava del Reino, obligada a entregarle su cuerpo a los guardias reales y Samuráis Buscará ascender En la alta sociedad sin importarle nada

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 8

Llegué y las puertas se abrieron.

No las puertas del palacio — esas ya las había cruzado—. Hablo de otras puertas. Las que tenía cerradas en la mente desde que era una niña. Las que decían "no puedes", "no vales", "no mereces".

Se abrieron de par en par.

Mi mundo se iluminaba.

Ya estaba adentro. Y ellos no lo saben, pero una serpiente acaba de entrar.

Voy a escalar hasta lo más alto.

Porque lo quiero. Lo deseo más que nada en el mundo. Para demostrar lo que una mujer inteligente es capaz de lograr. Para que todos esos hombres que me dijeron que solo servía para abrir las piernas vean de lo que soy capaz cuando uso lo que tengo entre las orejas, no entre las piernas.

Lo quiero todo.

O moriré sin nada.

Pero no voy a morir. No aquí. No ahora. No después de todo lo que pasé.

Una puta del yuukaku. Una mujer marcada por el abuso, por el desprecio, por la miseria. Esa misma va a ser dueña del mundo.

Y nadie podrá detenerme.

Nadie.

Lo merezco.

Por todos esos hombres que me humillaron. Por todos los que me pisotearon y abusaron. Por todas las noches en el suelo. Por todas las veces que sonreí cuando quería gritar. Por todas las lágrimas que tragué para que nadie las viera.

Esta puta va a triunfar.

El carruaje se detuvo en un patio interior. Un criado abrió la puerta y me ofreció la mano para bajar. Lo miré a los ojos. Era joven, apenas un muchacho, con esa mezcla de curiosidad y desprecio que todos tenían al verme.

Acerqué mi rostro al suyo.

—Tócame sin permiso —susurré— y te arranco los dedo con los dientes.

Retiró la mano como si hubiera tocado fuego.

Bajé sola.

El funcionario me esperaba a unos pasos, con los brazos cruzados y una expresión que no supe descifrar. ¿Orgullo? ¿Precaución? ¿Miedo?

—Bienvenida al palacio —dijo—. De ahora en adelante, eres sirvienta en mis aposentos. Compartirás habitación con las otras criadas. Tendrás deberes. Te levantarás antes del alba y te acostarás después de que yo lo haga. ¿Entendido?

—Entendido.

—Si alguien pregunta, eres una prima lejana de mi esposa, venida del campo para servir. Pobre, agradecida, invisible.

—Invisible —repetí, saboreando la palabra.

—No llames la atención. No hables con nadie importante. No mires a los ojos. No...

—Sé cómo ser invisible —lo interrumpí—. Llevo toda mi vida siéndolo.

Me miró un largo rato.

—Sí —dijo al final—. Supongo que sí.

Dio media vuelta y comenzó a caminar. Lo seguí.

El palacio era un laberinto de corredores, patios, puertas y más puertas. Cada rincón estaba más limpio que cualquier lugar donde hubiera dormido. Cada sirviente que cruzaba bajaba la vista. Cada guardia miraba al frente sin pestañear.

Todos representaban su papel.

Yo también representaría el mío.

Por ahora.

La habitación de las criadas era pequeña. Cuatro esterillas, cuatro armarios, cuatro cubos para lavarse. Olor a jabón barato y a cansancio.

Tres mujeres me miraron cuando entré.

La más vieja tendría treinta años. Las otras, veintitantos. Me examinaron con esa rapidez que tienen los pobres para evaluar a otros pobres: ¿competencia? ¿aliada? ¿problema?

—Soy Ai —dije—. Prima del señor. Vengo del campo.

La más vieja resopló.

—Todas venimos del campo —dijo—. O eso dicen.

Las otras rieron. Una risa sin alegría, de las que usan para marcar territorio.

Yo sonreí. Mi sonrisa perfecta.

—Claro —dije—. Todas.

Me di la vuelta y ocupé la estera libre. La que estaba más cerca de la puerta. La peor.

Perfecto. Que me subestimen. Que me crean tonta. Que piensen que soy una campesina asustada.

Mientras tanto, observé.

La puerta. La ventana. Las caras. Las manos. Los escondites posibles.

En menos de una hora, supe quién mandaba ahí (la vieja), quién era la sumisa (la más joven) y quién la chismosa (la de ojos inquietos).

En menos de un día, sabría sus secretos.

Y cuando supiera sus secretos, sabría cómo usarlos.

Esa noche, cuando todas dormían, saqué la horquilla de jade de su escondite.

La luz de la luna entraba por la ventana, pequeña y fría. Bailaba sobre la flor de cerezo tallada.

Toqué su superficie. Lisa. Perfecta. Cara.

Como yo.

Una puta cara. Una puta lista. Una puta que iba a comerse el mundo.

—Esto recién empieza —susurré.

Y sonreí en la oscuridad.

A la mañana siguiente me levanté antes que todas.

El frío del suelo me despierta siempre. Es un recuerdo de infancia, de cuando no había futón ni manta, solo tablas y hambre. Aquí las tablas eran más limpias, pero igual de duras.

Sabía limpiar. Sabía cocinar. Cosas que aprendí en el yuukaku, donde si no hacías las tareas de las criadas, nadie las hacía por ti. Así que no fue tan difícil.

Trapos. Agua. Cera. Rodillas en el suelo. Manos que se agrietan.

Las demás me observaban raro. Podía escuchar que hablaban de mí. Cuchicheos que se detenían cuando me acercaba. Risas ahogadas cuando pasaba de largo.

—La trajo el señor...

—Dicen que es su prima...

—¿Prima? Con esa cara...

—Cállate, que puede oírte...

Las oía. Siempre las oía.

Pero no decía nada. No podía decir nada. Apretaba el trapo y seguía fregando.

Fue cuestión de tiempo.

Siempre lo es.

La esposa del funcionario comenzó a sentir curiosidad por mí. Primero fueron miradas. Luego preguntas a las otras criadas. Luego, apariciones estratégicas en los pasillos por donde yo limpiaba.

Hasta que una mañana, mientras restregaba el suelo del corredor principal, sus pies se detuvieron frente a mí.

Zapatos de seda. Limpios. Perfectos. Olor a flores caras.

—Escuché que mi esposo te trajo —dijo.

Levanté la cabeza.

Ella era... fina. Elegante. Piel blanca sin una mancha, cabello negro recogido en mil horquillas de carey, kimono de seda con bordados de grullas. Olía delicioso, a algo que no podía comprarse con monedas.

Me miró como se mira a un insecto.

—Mi esposo... Akino —dijo, saboreando el nombre— tiene fascinación por los perros callejeros. Así que no te sientas especial.

Sonrió. Una sonrisa perfecta, educada, mortal.

Luego agarró la cubeta de agua sucia con la que yo estaba limpiando el suelo y me la arrojó encima.

El agua fría me golpeó con una violencia que me robó el aire. Trapos, mugre, restos de lo que sea que hubiera limpiado antes, todo se deslizó por mi cabello, mi cara, mi ropa.

Las otras criadas, que habían aparecido de la nada, comenzaron a reírse.

Carcajadas. Risas de las que duelen más que el agua.

Me quedé inmóvil. De rodillas. Empapada. Mirando las gotas caer de mi nariz al suelo recién limpiado.

Ten paciencia, Ai, pensé. Aún eres nueva para meterte en problemas. Debes ser paciente porque estás en el ojo de la tormenta.

Apreté las manos con fuerza. Tanta que las uñas se clavaron en las palmas.

Pero me relajé.

No es la primera vez que me humillan. No será la última.

Levanté la vista. La esposa me miraba con una mezcla de diversión y decepción, como si hubiera esperado más resistencia, más llanto, más espectáculo.

—Limpia esto —ordenó, señalando el charco que ella misma había creado—. Y no vuelvas a cruzarte en mi camino, perra.

Se fue. Sus zapatos de seda ni siquiera se mancharon.

Las otras criadas se dispersaron, aún riendo bajito, lanzándome miradas por encima del hombro.

Me quedé sola.

De rodillas. Empapada. Rodeada de agua sucia.

Y sonreí.

No la sonrisa perfecta, la de los clientes. Otra. Más pequeña. Más peligrosa.

Bien, pensé. Ya sé quién eres. Ya sé cómo miras. Ya sé cómo humillas.

Toqué la horquilla de jade en mi cabello, milagrosamente aún sujeta.

Y tú no sabes nada de mí.

Me levanté. Fui por otro trapo. Otra cubeta. Otra oportunidad de ser invisible.

Pero en mi cabeza, una lista crecía.

Akino, anoté mentalmente. Esposa. Grullas en el kimono. Zapatos de seda. Risa fácil. Odio evidente.

Una más.

Una más a su debido tiempo.

Esa noche, cuando las otras criadas dormían, saqué la horquilla.

La luz de la luna la hizo brillar.

—Paciencia —susurré—. Paciencia.

Y en la oscuridad, empecé a planear.

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Geral Lj
me encantó!
Bunny 🐇: 🥰 me alegra que te haya gustado y gracias por la calificación
total 1 replies
Gloria Martín
muy buena
Geral Lj
aquí está el cerdo
Geral Lj
nos estamos olvidando de la Minato
Bunny 🐇: 🤭 creeme que no, a Ai no se le olvida nadie 🤣jajajaja
total 1 replies
birrahelada
Atrapante de principio a fin. Fuerte, tiene partes tremendas pero es de esas historias que no podes parar de leer y compartis cada tristeza y alegría con los personajes. Realmente maravillosa
Bunny 🐇: 🥰 Muchas gracias por tu apoyo y calificación
total 1 replies
birrahelada
Execelente. Gracias por compartir esta maravillosa historia
Bunny 🐇: Gracias me alegra que te haya gustado 🥰
total 1 replies
birrahelada
Execelente. Gracias por compartir esta maravillosa historia
birrahelada
Me gusta mucho más esta reacción que la anterior
Nena
Esa es mi chica.... La pregunta del millón es, ¿cómo vamos a sacar un bebé que no existe? arregle eso mi emperatriz...
Nena
Pero estos hombres se adueñan de esas mujeres que no le pertenecen.... Si el supiera que ese corazón ya tiene dueño y no es Ren🤪
birrahelada
simplemente WOW!!
Nena
Los verdaderos amigos en las buenas y en las malas... ayúdalo que él necesita de ti.
birrahelada
cuánta gente despreciable junta! no veo la hora de ver cómo pagan todo ese dolor que causaron
Nena
Cuando levantes vuelo, llévate ir por el medio al sinvergüenza ese y todo aquel que te hizo daño...
birrahelada
Anoche me crucé con esta novela y comencé una maratón de capítulos. Es atrapante, palabra a palabra me atrapa más y más. Espero el próximo capítulo con ansias
Nena: Estamos en las mismas, la historia, la narrativa atrapa espero siga igual.
total 1 replies
birrahelada
Cada vez se mete más profundamente en la boca del lobo. Es fascinante
birrahelada
Tal cual. El marido le debe respeto y con él tendría que estar enfurecida
birrahelada
es tremendo todo el relato 🥺
Nena
Escritora, la historia se siente bonita.... Cuando ella se pare de ahí sea de hierro.😬
Nena
Si traga, que pronto obtendrás la recompensa de todo lo que has aguantado.
Y ella se llena la boca ... Mi esposo.
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