Antes de que todo ardiera…
hubo un amor que nunca debió existir.
Un ser dividido entre la luz y la oscuridad.
Un alma incapaz de elegir entre lo que era… y lo que sentía.
Y en medio de todo… Nyra.
Ella no pertenecía a ese mundo.
Pero fue el error que lo cambió todo.
Lo que comenzó como una conexión imposible…
se convirtió en obsesión.
En traición.
En una herida que nunca dejó de sangrar.
Porque cuando llegó el momento de elegir…
alguien lo perdió todo.
Y años después…
el pasado no volvió para sanar.
Volvió para destruir.
Esta no es una historia de amor.
Es el origen de una guerra.
Del enemigo que nació del dolor…
y de la única persona capaz de detenerlo.
O de terminar de romperlo todo.
NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo11
El entrenamiento no era para volverse más fuerte.
Era para no romperse.
El patio trasero nunca había sido un lugar normal.
Pero hoy…
se sentía distinto.
Más denso.
Como si algo estuviera despierto.
Esperando.
—¿Aquí entrenas?
—Sí.
Nyra observó alrededor con más atención de la habitual.
No solo miraba.
Sentía.
Y eso…
ya era un cambio.
—Se siente raro.
—Lo es.
—¿Qué exactamente voy a hacer?
—No lo sé.
—Perfecto… improvisación.
Su sonrisa fue leve.
Pero esta vez…
no ocultaba del todo los nervios.
—Lo descubriremos.
—Eso no me tranquiliza.
—No debería.
—Empiecen.
La voz de mi padre cayó como siempre:
seca,
directa,
sin espacio para suavizar nada.
Nyra se tensó apenas.
—¿Así de simple?
—Nada de esto es simple.
—Lo imaginé.
Respiró hondo.
Y esta vez…
no retrocedió.
—Está bien.
Mi padre avanzó un paso.
Observándola con más interés del que mostraba.
—Primero necesitas entender algo.
—¿Qué?
—No tienes poder.
Nyra no reaccionó.
Solo sostuvo la mirada.
—Eso ya lo sé.
—Pero sí tienes influencia.
Silencio.
Esa palabra…
pesó más de lo esperado.
—¿Sobre qué?
—Eso es lo que vamos a descubrir.
Me coloqué frente a ella.
Dejando distancia.
La necesaria.
—No te acerques más de lo que te diga.
—¿Por qué?
—Porque si pierdo el control…
Nyra negó suavemente.
—No lo harás.
La miré.
Serio.
—Nyra.
—Confío en ti.
Silencio.
—Ese es el problema.
Una pequeña pausa.
Mi padre no intervino.
Solo observaba.
Midiendo.
Esperando.
—Empieza.
Cerré los ojos.
Respiré lento.
Profundo.
Y dejé salir la energía.
No toda.
Solo lo suficiente.
El cambio fue inmediato.
El aire se tensó.
Las hojas vibraron.
El suelo respondió con un leve temblor.
—Lo siento… —susurró Nyra.
Abrí los ojos.
—¿Qué?
—Se siente fuerte.
—Lo es.
—Pero no duele.
Silencio.
Eso no encajaba.
—Debería hacerlo.
—Pues no lo hace.
Fruncí el ceño.
Eso…
no era normal.
—Acércate.
Nyra dudó.
—¿Estás seguro?
—No.
Exhaló.
—Genial.
Pero aun así…
dio un paso.
Luego otro.
Y otro.
Más cerca.
Sin resistencia.
Sin dolor.
Nada.
—¿Sientes algo?
—Sí.
—¿Qué?
—Como si algo intentara empujarme…
—¿Te duele?
—No.
—Entonces…
—No puede.
Silencio.
Eso…
era imposible.
—Más cerca.
—Gabriel…
—Hazlo.
Dudó apenas.
Pero avanzó.
Un paso más.
Y entonces—
la energía reaccionó.
Violenta.
Pero no hacia ella.
A su alrededor.
Como si la evitara.
Como si no pudiera tocarla.
Mi respiración se detuvo.
—¿Qué está pasando…?
—No lo sé…
Pero lo sentía.
Claro.
Directo.
Mi poder…
no podía alcanzarla.
—Interesante.
La voz de mi padre.
Baja.
Controlada.
—Muy interesante.
—¿Qué significa eso?
—Que ella no es afectada.
—Eso ya lo vimos.
—No.
Pausa.
—Significa que tampoco puede ser dominada.
Silencio.
Y ahí…
todo cambió.
—Hazlo otra vez.
La voz de mi padre no dejó espacio para discutir.
—¿Qué?
—Empuja más.
Negué de inmediato.
—No.
—Es necesario.
—No si la pongo en riesgo.
—No puedes ponerla en riesgo.
Silencio.
Eso…
seguía sin convencerme.
—No lo sabes.
—Lo acabo de ver.
—Eso no significa que siempre será así.
—Por eso vamos a probarlo.
—Estoy de acuerdo.
La voz de Nyra fue firme.
Sin dudar.
Giré hacia ella.
—No.
—Sí.
—Nyra—
—Si esto tiene que ver conmigo… necesito entenderlo.
Silencio.
—No quiero hacerlo.
—Yo tampoco.
Pausa.
—Pero tenemos que hacerlo.
Eso…
golpeó más de lo que esperaba.
Porque tenía razón.
Y eso no lo hacía más fácil.
—Está bien.
Pero no me gustaba.
Nada.
—Esta vez —continuó mi padre— no te contengas.
Lo miré.
Directo.
—Eso es una mala idea.
—Es la única forma.
—No—
—Gabriel.
Su tono cambió apenas.
Lo suficiente.
—Confía en lo que ya viste.
Exhalé lento.
Eso no era suficiente.
Pero tendría que serlo.
—Aléjate.
—No.
Nyra dio un paso.
Hacia adelante.
No atrás.
—Si lo haces… lo haces conmigo aquí.
Mi cuerpo se tensó.
—No puedo concentrarme así.
—Entonces aprende.
Silencio.
Eso…
me desarmó.
Otra vez.
Cerré los ojos.
Respiré.
Y esta vez…
no contuve nada.
La energía salió.
Fuerte.
Violenta.
Sin filtro.
El aire explotó.
Los árboles se sacudieron.
El suelo tembló con más fuerza.
Y aun así…
Nyra no retrocedió.
—¡Gabriel!
—¡Estoy bien!
Mentira.
Porque esto…
ya no era solo poder.
Era todo.
Rabia.
Miedo.
Instinto.
Descontrol.
Y entonces—
lo sentí.
Otra vez.
Esa voz.
Oscura.
Familiar.
—Déjalo salir…
Apreté los dientes.
—No…
—Sabes que quieres hacerlo…
—Cállate…
—Ella puede soportarlo…
—¡No se trata de eso!
Silencio.
La respuesta llegó inmediata.
—Entonces… ¿de qué?
No respondí.
Porque la respuesta…
era peor.
Era de mí.
Abrí los ojos.
Y ahí estaba Nyra.
Frente a mí.
Sin moverse.
Sin miedo.
—Mírame.
Negué.
—No…
—Hazlo.
—No quiero—
—Hazlo.
La miré.
Y algo dentro de mí…
se quebró.
No hacia afuera.
Hacia adentro.
Porque lo entendí.
Nunca fue miedo de lastimarla.
Era miedo de lo que yo podía ser.
—No soy él…
Mi voz salió más baja.
Más real.
Nyra sostuvo mi mirada.
—Entonces demuéstralo.
Silencio.
—No es tan fácil…
—Nunca lo es.
Pausa.
—Pero sigues siendo tú.
La energía volvió a subir.
Pero esta vez…
diferente.
Más estable.
Más dirigida.
Más… consciente.
—Eso es… —murmuró mi padre.
—¿Qué?
—Control.
Pero duró poco.
Porque algo más empujó desde dentro.
Más fuerte.
Más oscuro.
—Ya basta de contenerte…
—¡CÁLLATE!
La energía explotó.
Más violenta.
Más cruda.
Y esta vez…
no se contuvo del todo.
El impacto fue real.
El suelo se abrió levemente.
El aire se volvió pesado.
Los árboles crujieron.
Y por un segundo—
todo se salió de control.
—¡GABRIEL!
La voz de Nyra atravesó todo.
Fuerte.
Real.
Ancla.
Pero esta vez…
no fue suficiente.
Porque por un instante—
no la escuché.
Y ese instante…
lo cambió todo.
Cuando reaccioné…
ya era tarde.
No la había lastimado.
Pero sí—
la había empujado.
Un paso.
Solo uno.
Pero suficiente.
El aire cayó en silencio.
Pesado.
Irreversible.
—Nyra…
Mi voz se quebró.
Apenas.
—Estoy bien…
Pero no sonó igual.
No completamente.
Y eso fue peor.
—Lo siento…
—No—
—Lo siento…
No sabía ni qué estaba disculpando.
El empujón.
El descontrol.
O lo que casi pasa.
—Gabriel.
Su voz fue más firme ahora.
Obligándome a mirarla.
—No pasó nada.
—Sí pasó.
—No como crees.
Silencio.
—Pude lastimarte.
—No lo hiciste.
—Pero pude.
—Y no lo hiciste.
Ese “no”…
no arreglaba nada.
Pero tampoco podía ignorarlo.
—Detente.
La voz de mi padre.
Más seria ahora.
—Es suficiente.
—No.
—Sí.
—Puedo hacerlo mejor.
—Y lo harás.
Pausa.
—Pero no hoy.
Nyra respiró hondo.
Recuperando ritmo.
Control.
—Estoy bien.
—No deberías haber estado tan cerca.
—Sí debía.
—No—
—Sí.
Me miró.
Directo.
Sin esquivar.
—Esto no cambia nada.
Silencio.
Pero para mí…
lo cambiaba todo.
—Casi te lastimo.
—No lo hiciste.
—Pero—
—Gabriel.
Más firme.
—No voy a romperme por eso.
—No se trata de eso.
—Entonces ¿de qué?
Silencio.
Y ahí…
la respuesta llegó clara.
—De mí.
No del poder.
No del entrenamiento.
De mí.
Nyra lo entendió.
Se notó en su mirada.
Más suave.
Pero más seria.
Dio un paso hacia mí.
Lento.
Cuidado.
Pero decidido.
—No me voy a ir por esto.
—No quiero que tengas que quedarte.
—Quiero hacerlo.
—Eso no lo hace más fácil.
—No quiero que sea fácil.
Pausa.
—Quiero que sea real.
Silencio.
Y eso…
pesó más que cualquier cosa.
—Entonces…
—Lo hacemos mejor.
—Juntos.
La palabra quedó en el aire.
Densa.
Importante.
—Sí.
Pero en el fondo…
algo no estaba bien.
No entre nosotros.
Dentro de mí.
Algo se había movido.
Algo que no debía salir tan fácil.
Y ahora…
sabía que estaba ahí.
Esperando.
El silencio que quedó…
no era calma.
Era consecuencia.
Nyra seguía frente a mí.
Cerca.
Como si nada hubiera pasado.
Pero sí había pasado.
Y yo…
no podía ignorarlo.
—No me mires así.
Su voz fue suave.
Pero firme.
—¿Así cómo?
—Como si fuera a romperme.
Silencio.
—No lo hago.
—Sí lo haces.
—Porque casi—
—No.
Negó.
Tranquila.
Segura.
—No lo hiciste.
—Pero pude.
—Y no lo hiciste.
Pausa.
—Si te quedas en lo que “pudo pasar”… no vamos a avanzar.
Eso…
golpeó directo.
—No quiero lastimarte.
—Entonces no lo hagas.
—No siempre depende de mí.
—Entonces aprende a que dependa de ti.
Silencio.
Simple.
Pero imposible de ignorar.
—Eso es lo que estamos haciendo.
No respondió de inmediato.
Solo me miró.
Analizando.
Como si intentara entender algo más profundo.
—No voy a irme.
Otra vez.
Pero ahora…
pesaba más.
—Lo sé.
—Entonces deja de actuar como si lo fuera a hacer.
—No es eso.
—¿Entonces qué?
Silencio.
—Es miedo.
—¿A mí?
—No.
Pausa.
—A mí mismo.
Eso cambió su expresión.
No a miedo.
A algo más… claro.
—No eres tu peor versión.
—Aún no.
—No hables así.
—Es la verdad.
—No.
Más firme ahora.
—Es lo que crees. No lo que eres.
Silencio.
Esa diferencia…
importaba.
Más de lo que quería admitir.
—Mírame.
Lo hice.
—Sigues aquí.
—Sí.
—No me hiciste daño.
—No.
—Entonces no te conviertas en algo que no eres… por algo que no pasó.
Silencio.
Y esta vez…
me detuvo.
De verdad.
—No soy él…
—No.
—No soy él.
—No.
Respiré hondo.
—No soy él.
Y por primera vez…
lo sentí real.
Nyra sonrió apenas.
Pequeño.
Pero suficiente.
—Bien.
—Eso fue suficiente por hoy.
La voz de mi padre llegó desde atrás.
Pero esta vez…
no fue fría.
Fue medida.
—¿Seguro?
—Sí.
—Puedo hacerlo mejor.
—Lo sé.
Pausa.
—Pero si sigues ahora… vas a romper lo poco que acabas de controlar.
Silencio.
No me gustaba.
Pero tenía razón.
—Mañana.
—Mañana.
Nyra soltó el aire lentamente.
—Eso sí fue intenso.
—Y apenas empieza.
—Lo imaginé.
Una pequeña sonrisa.
Más ligera.
Pero no inocente.
Ya no.
—Vamos adentro —dijo mi padre.
—Sí.
Caminamos de regreso.
Más cerca que antes.
No por costumbre.
Por necesidad.
—Gabriel…
—¿Mm?
—No te alejes.
—No lo haré.
Pausa.
—Ni emocionalmente.
Silencio.
Esa parte…
era más difícil.
—Lo intentaré.
Nyra se detuvo.
Me hizo detenerme.
—No.
La miré.
—No lo intentes.
Pausa.
—Hazlo.
Silencio.
—Está bien.
Eso…
sí era un compromiso.
Seguimos caminando.
Pero antes de llegar—
lo sentí.
Otra vez.
Esa presencia.
Pero no como antes.
No lejana.
No difusa.
Directa.
Pesada.
Observando.
Me detuve.
Nyra también.
—Gabriel…
—Lo sé.
—No estamos solos.
—No.
Fruncí el ceño.
Concentrándome.
Sintiendo.
—¿Es Federico?
—No.
—¿Entonces?
Silencio.
Porque esto…
era distinto.
—No es uno.
El aire se volvió más frío.
—¿Cuántos?
—No lo sé.
Y eso…
era peor.
—Eso no me gusta.
—A mí tampoco.
—¿Quiénes son?
Respiré hondo.
Y lo dije.
—Los demás.
Silencio.
Pesado.
—¿Los que saben?
—Sí.
—¿Y qué quieren?
La respuesta llegó sola.
Clara.
Inevitable.
—A ti.
El viento sopló.
Fuerte.
Frío.
Nyra no retrocedió.
No dudó.
Nada.
—Entonces que vengan.
La miré.
—No sabes lo que dices.
—Sí lo sé.
—Esto no es algo que puedas enfrentar así.
—No estoy sola.
Silencio.
Me sostuvo la mirada.
Directo.
—¿Verdad?
Y ahí…
no había duda.
—Nunca.
Pero en el fondo…
lo sabía.
Esto ya no era entrenamiento.
Ya no era control.
Era el inicio.
De algo más grande.
Más peligroso.
Y esta vez…
no había forma de detenerlo.