dioses, vampiros y amor
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capitulo 16
El ambiente en el JNC estaba cambiando. Las paredes de hormigón ya no se sentían como una prisión de alta tecnología, sino como el preludio de un campo de batalla épico.
Shion caminaba por los jardines internos, mirando hacia el horizonte. La nostalgia le apretaba la garganta. Al recordar el rostro de su padre, un escalofrío le recorría la espalda; sabía que si él descubría que ella estaba despierta, el mundo entero temblaría. Su padre no era un dios que jugara bajo las reglas del Olimpo; él era la oscuridad que incluso los dioses temían, y moriría antes de permitir que la encadenaran de nuevo.
Mientras tanto, en un bosque olvidado por el hombre, un ataúd de piedra enterrado bajo raíces milenarias comenzó a agrietarse. El sonido, un crujido seco y profundo, marcó el inicio de una cuenta atrás que nadie podía detener.
El Despertar del Cuervo
La semana fue un caos de adrenalina. Los chicos se sumergieron en entrenamientos brutales, cada uno tratando de dominar esas habilidades que sus cuerpos recordaban por instinto pero que sus mentes aún procesaban. Usui, sin embargo, tenía su propia obsesión. Empezó a buscar a Shion con una insistencia renovada, usando su nombre, "Shion", con un tono juguetón y provocador, buscando romper su máscara de indiferencia.
—¿Qué pasa, Shion? ¿Te gusta más el silencio que mi voz? —le decía, acorralándola contra las redes de entrenamiento.
Shion le respondía con miradas de acero y nombres inventados, manteniéndolo a raya, pero la tensión estalló durante un combate de práctica. Usui logró derribarla, quedando encima de ella. El mundo se detuvo. Sintió el calor de su cuerpo, la profundidad de sus ojos grises y esa figura que sus manos ansiaban reclamar.
Al terminar el combate y retirarse a solas, Usui tuvo que apoyarse contra la pared, con el corazón martilleando como un tambor de guerra.
—Maldita sea... —susurró. Ya no podía negarlo. Estaba enamorado de ella. Pero se juró que no sería por el eco del hijo de Ares, sino por él mismo, por el hombre que era ahora.
El Regreso y los Nuevos Rostros
Los Namikaze fueron enviados a una misión de dos semanas. Para Usui, fue una tortura. Cada noche soñaba con ella; sueños que oscilaban entre la ternura de un abrazo y la urgencia de recorrer su piel con la yema de sus dedos. Estaba impaciente, ignorando las quejas de Alfred y las charlas botánicas de Yaquimura sobre las plantas que traía para Minori y Ana.
Pero al llegar al JNC, la decepción lo golpeó: Shion y sus hermanos habían salido a una misión de tres días. En su lugar, el complejo bullía con la llegada de un equipo que regresaba de una larga estancia en el extranjero: Suguru, Alicia y Jonh.
La energía en la sala común cambió con su entrada:
Suguru entró riendo, con su cabello rojo alborotado y una calidez que parecía iluminar la habitación. Era un imán para la gente, exudando una fuerza educada pero imponente.
Alicia se movía con una elegancia atlética, su cabello rubio brillando bajo las luces halógenas. Su aura era una mezcla perfecta de alegría y sofisticación guerrera.
Jonh, aunque más callado, proyectaba una seguridad tranquila. Sus ojos negros escaneaban la sala con inteligencia, su cuerpo definido delatando a un atleta de élite.
El Choque de Energías
Usui observó al nuevo equipo desde la distancia, con los brazos cruzados y el humor por los suelos. La amabilidad de Suguru y la energía de Alicia le resultaban irritantes en su estado actual de abstinencia de Shion.
—Vaya, los Namikaze están de vuelta —dijo Suguru, acercándose con una sonrisa franca y extendiendo la mano—. Hemos oído que las cosas se han puesto... interesantes por aquí.
Alfred y Yaquimura correspondieron al saludo, pero Usui solo dedicó un asentimiento frío. Su mente estaba en otro lugar, preguntándose dónde estaría Shion y si ese equipo nuevo, con su educación perfecta y sus ojos miel, representaría una nueva complicación en el tablero que ya estaba ardiendo.
Lo que Usui no sabía es que Shion estaba a punto de regresar, y que el encuentro entre su pasado eterno y estos nuevos "aliados" educados desataría una chispa que ni siquiera el JNC podría contener.