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TOME SU LUGAR

TOME SU LUGAR

Status: En proceso
Genre:Venganza / Escuela / Mujer poderosa
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yesid Cabas

Se burlaron. La humillaron. La destruyeron.
Pero cometieron un error…
Nunca supieron que tenía una gemela.
Y ella no perdona.

NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 14: NADIE CONFÍA

El problema no es cuando alguien cae.

El problema…es lo que pasa después.

Porque la caída no solo afecta a quien la sufre, afecta a todos los que estaban alrededor, rompe estructuras, rompe dinámicas, rompe esa falsa seguridad que tenían cuando creían que todo estaba bajo control.

Y ahora…nadie tenía control de nada.

Valentina no volvió a ser la misma.

Se notaba.

En la forma en que caminaba, más rápida, más rígida, evitando quedarse mucho tiempo en un mismo lugar, mirando constantemente a su alrededor como si esperara que algo más ocurriera en cualquier momento.

Ya no hablaba tanto.

Ya no lideraba.

Y eso…dejó un vacío.

Un vacío que alguien iba a intentar llenar.

Mateo.

Pero no como antes.

No desde la seguridad.

Desde la presión.

Desde la necesidad.

Y eso lo hacía más inestable.

Lo vi desde lejos, discutiendo con los demás, moviendo las manos con más brusquedad de lo normal, hablando en voz baja pero con una tensión evidente, como si estuviera intentando recuperar algo que ya no estaba ahí.

El grupo…ya no era un grupo.

Era un problema.

Y solo faltaba el empujón correcto.

No me acerqué de inmediato.

No interrumpí.

No hice nada.

Porque esta vez…no hacía falta.

Ellos mismos estaban empezando.

—¡Te dije que no hicieras eso! —la voz de Mateo se elevó lo suficiente para romper el murmullo.

Valentina lo miró.

Y por primera vez…no retrocedió.

—¿Yo? —respondió—. ¿Ahora es mi culpa?

Silencio.

Corto.

Peligroso.

—Tú empezaste todo —añadió ella—. Tú fuiste el que lo llevó más lejos.

Ahí estaba.

La primera ruptura real.

Los demás se quedaron en silencio.

Nadie intervino.

Nadie defendió a nadie.

Porque ya no había lealtad.

Solo miedo.

—Cállate —dijo Mateo, dando un paso hacia ella.

Porque Valentina ya no estaba en la misma posición.

—No —respondió—. Ya no.

Esa palabra…cambió todo.

Porque no fue una respuesta.

Fue una decisión.

Mateo se quedó en silencio un segundo.

Pero ese segundo fue suficiente.

Para perder.

—¿Crees que esto se arregla así? —continuó Valentina—. ¿Haciendo como si no pasara nada?

Silencio.

—Nos va a destruir a todos —añadió.

Esa frase…no era una advertencia.

Era una realidad.

Y todos lo sabían.

Uno de los chicos intervino finalmente.

—Ya basta —dijo—. Tenemos que calmarnos.

Pero su voz no tenía peso.

Porque ya era tarde.

—No —respondió Valentina—. Ya no hay calma.

Silencio.

Pesado.

Irreversible.

Y ahí fue cuando pasó.

—Fue idea tuya —soltó uno de ellos de repente.

Todos se giraron hacia él.

Sorpresa.

Tensión.

—¿Qué? —dijo Mateo.

—Tú dijiste que siguiéramos —añadió—. Que no pasaba nada… que era solo una fase.

Silencio.

Eso…fue traición.

Directa.

Sin filtro.

Y no fue la única.

—Sí —intervino otro—. Tú fuiste el que dijo que nadie iba a hacer nada.

Ahí estaba.

El efecto.

Uno habla…y los demás lo siguen.

Pero no como antes.

Ahora no era para atacar.

Era para salvarse.

Mateo miró a todos.

Uno por uno.

Y en ese momento…entendió.

Estaba solo.

Completamente solo.

—Son unos cobardes —dijo.

Pero su voz…ya no tenía fuerza.

Porque nadie respondió.

Nadie lo apoyó.

Nadie lo sostuvo.

Y eso…lo terminó de romper.

No dije nada.

No me acerqué.

No interrumpí.

Solo observé.

Desde la distancia.

Como ellos se destruían solos.

Como se señalaban.

Como se separaban.

Como todo lo que habían construido…

se caía.

Lento.

Pero seguro.

A mi lado…Adrián.

En silencio.

Como siempre.

—No hiciste nada —murmuró.

Sonreí levemente.

—No hacía falta.

Silencio.

Adrián asintió.

—Ahora es más fácil —añadió.

Lo miré.

Un segundo.

—Siempre lo fue.

Volví la vista al grupo.

Ya no hablaban.

Ya no discutían.

Solo se miraban.

Con desconfianza.

Con miedo.

Con culpa.

Y eso…era el verdadero quiebre.

Porque cuando ya no confían entre ellos…

no necesitan a alguien que los destruya.

Se destruyen solos.

Me giré sin decir nada más.

Porque ya había visto suficiente.

Porque el siguiente paso…iba a ser más simple.

Mucho más simple.

Y cuando el grupo se rompe… ya no hay nadie que te proteja.

1
Rubiia sanz
no dejes que caiga sube maaas
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