Carla, una noche luego de escapar de las garras de su acosador jefe se encuentra con un vagabundo en la calle, este le suplica algo de comer y en su corazón algo se mueve. Un gesto de bondad desatara una pasión desmedida sin saber que el hombre que ella conoció esa noche en realidad no es otro que el jefe más temido de la mafia y que él ya tiene una mujer esperandolo. El sueño de la felicidad y de una familia tiembla al despertar los recuerdos de él ¿Todo fue una ilusión? No puede ser verdad, mis hijos son la prueba de que nuestro amor existió. De mendigo a jefe de la mafia. ¿Podra el amor ganarle al deber y la venganza?
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¡Tienes razón!
POV CARLA
La escena que se desarrollaba delante de mis ojos era tan horrorosa que no sabía cómo actuar. Por más que intenté hacer que Ian soltara a ese viejo degenerado, él parecía ajeno a mi súplica... ¡Incluso juraría que en sus ojos vi satisfacción! En sus labios, una ligera sonrisa como si estuviera disfrutando cada instante de la brutalidad.
Me asusté... ¡Me asusté hasta el punto de desear salir corriendo de ese lugar a toda velocidad! Pero en ese preciso instante, las sirenas de la policía resonaron en el aire y me tranquilizaron lo suficiente para quedarme.
Fuimos llevados a la estación, donde me tocó relatar cada detalle de lo sucedido.
—Yo estaba en la oficina... Desconocía que él había vuelto, fue por eso que me agarró desprevenida, con la guardia baja...— Murmuré, sintiendo la impotencia arremolinándose en mi pecho al revivir esa imagen tan desagradable en mi cabeza, sus manos sobre mi cuerpo, invadiendo mi espacio, mi dignidad...
—¿Era la primera vez que esto sucedía?— preguntó el oficial con voz firme, mirándome directamente a los ojos.
—No... No era la primera vez, y yo tampoco era su primera víctima. Todas las empleadas hemos sufrido su acoso, pero conmigo se empeñó hasta el extremo... porque yo no me dejé.— La rabia se mezcló con la vergüenza en mi voz.
—¿El hombre que agredio es su pareja?
—Así es... Es mi pareja, y él ya le había advertido que no se acercara a mí. Pero ese animal... ¡por poco y me... y me...!— No pude terminar de decirlo en voz alta, la humillación era demasiado grande para pronunciarla en público...
—¿La quiso obligar a mantener relaciones con él?
—¿Qué piensa usted, oficial? ¡Ese animal me golpeó cuando lo rechacé! Quise gritar, pero me intentó arrancar la ropa a golpes... Solo logré escapar cuando lo golpeé con todas mis fuerzas y corrí lo más rápido que mis piernas me permitieron.— No podía creerlo llegar hasta aquí nuevamente por culpa de ese cerdo. Era tan injusto...
—Déjeme decirle que piensa levantar una demanda en contra de su pareja, y que él no ha presentado ninguna identificación.
Esa sospecha era la más acertada. Ian no tenía documentos, ni domicilio fijo, nada... Y si ese viejo lo denunciaba, podría terminar en prisión.
—Él no es de aquí... Sufrió un altercado y escapó de su casa.— Mentí, sintiendo cómo la mentira se enganchaba en mi garganta como una espina. —Por eso no tiene documentación, pero yo doy fe de su buen comportamiento, es un hombre honrado que trabaja arduamente todos los días y jamás se ha metido en problemas.
El oficial me miraba con sospecha, pero esta era lo máximo que podía hacer por Ian, mentir, mentir con todas mis fuerzas para intentar salvarlo.
—¡Oficial, ese hombre es un degenerado que abusa de su poder para someter a las mujeres de la oficina! Nos amenaza con despedirnos, nos impone horas extras sin pago para doblegarnos... Es cruel y abusa física y verbalmente de todos los empleados.— Las palabras brotaron de mí con una furia que llevaba guardada meses.
Pasaron horas interminables antes de que por fin me permitieran ver a Ian. Aunque al principio mis piernas temblaron y dudaron en dar un paso, no pude evitar lanzarme a sus brazos con todas mis fuerzas...
—¡Ian! ¿Estás bien? ¿Qué te dijeron?— pregunté alterada, pasando mis manos por su rostro, buscando señales de daño.
—No dijeron nada específico... Pero supongo que todo estará bien, porque estoy aquí junto a ti.— Sus ojos brillaban como nunca, no quedaba rastro de esa oscuridad tan potente que había visto horas atrás en ellos.
—La esposa de ese cerdo llegó... Y resulta que ella es la verdadera dueña de la empresa, él solo un simple títere al que encargaron funciones. Ella desconocía absolutamente todos sus actos deshonestos, y prometió tomar cartas en el asunto con toda la firmeza del mundo.— Respiro profundamente, sintiendo cómo el alivio inundaba mi pecho al saber que no tendré que renunciar... ¡O peor aún, ser despedida del trabajo por el que luché durante tantos años!
—¿Ahora entiendes que no es bueno quedarse callada, Carla? Nunca entenderé por qué no lo denunciaste antes...— Soltó, tomándome completamente por sorpresa.
De verdad no esperaba que Ian pronunciara tales palabras.
—¡Porque teníamos miedo! Todas lo teníamos... Ese hombre nos amenazaba con arruinar nuestros expedientes profesionales, con asegurarse de que jamás volviéramos a trabajar en la industria por la cual dejamos las pestañas, el sueño de nuestras vidas. No teníamos pruebas contra él, y con una sola palabra suya, las únicas perjudicadas seríamos nosotras, mujeres con familias, con hijos a los cuales mantener, con hogares que sostener...— La voz se me quebró al recordar todas las noches de insomnio por el miedo.
—¿De nada les sirvió quedarse calladas, eh? ¿O sí?
Sus palabras me hicieron endurecer de una manera increíble. Entiendo que tenemos gran parte de la culpa, pero parece que Ian se olvida de lo que fue no tener nada en absoluto, de la desesperación que siente cuando crees que puedes perder todo lo que construiste. Y siento que me duele aún más el hecho de que yo incluso fui capaz de mentir por él.
Pero si lo pienso bien, ¿acaso mentir por él es tan grave como callar ante el abuso de poder? ¡Ay, es tan complicado que ya no sé qué es correcto o incorrecto! Solo recuerdo las palabras de mi madre, grabadas en mi mente como una ley: "Hay veces en la pareja que una tiene que ceder. El hombre es orgulloso por naturaleza, y más cuando se trata de proteger a su familia. Así que hay que darles el gusto de vez en cuando para llevarse la fiesta en paz. Tú sabrás cuáles son esas ocasiones en las que tienes que ceder primero... y en las que tienes que dar pelea hasta el final."
—Bien, Ian... Tienes toda la razón. Fui imprudente. Te agradezco con todo mi corazón que me defendieras.— Solte con una sonrisa débil, aunque dentro me estremecía.
Pero cuando Ian me aprieta con fuerza contra su pecho, sintiendo el latido de su corazón junto al mío, lo entiendo todo.
—No tienes idea de lo preocupado que estaba... Cuando te vi en ese estado, con tu ropa rasgada y tu rostro destrozado por el miedo, sentí que el mundo se me venía encima. Carla... Por ti yo sería capaz de matar... y de morir, de ser necesario.
¡Ja, ja! ¿Quién lo diría? Mi madre tenía toda la razón. Detrás de un orgullo duro como roca siempre se esconde la debilidad más grande de uno... Y me alegra más de lo que puedo expresar saber que yo soy esa debilidad para este hombre tan imponente.
Luego de arreglar todos los trámites, volvemos a casa con el corazón acelerado, pensando en todos los problemas que esto le puede traer a él.
—¿Qué te dijo la policía con respecto a tu falta de documentos?— pregunté nerviosa, aferrándome a su brazo.
—Nada grave... Solo tengo que pagar una multa y presentar mis documentos en el plazo que me dieron. Gracias por mentir por mí, Carla.— Sus ojos expresaban una gratitud tan profunda que me partía el alma.
—Entiendes que tenemos que arreglar este asunto de una vez por todas. Tuvimos mucha suerte con el trabajo en la mueblería porque yo conozco a Luis, pero ya no puedes seguir así, Ian. No podemos seguir viviendo sobre la cuerda floja.
—¿Podemos pensar en eso en otro momento, por favor? Ahora solo quiero saber si estás bien... si ese desgraciado te hizo daño más allá de lo que veo... y curar tus penas como mejor sé hacer.— Odio esa cara de cachorro triste que pone, porque ante ella yo nunca puedo ganar. ¡NUNCA!
Me dejo llevar por sus brazos y sus caricias, por sus cuidados excesivos y su cariño sin límites. Porque a su lado siento que puedo ser débil... que puedo dejar de fingir que soy capaz de enfrentar el mundo sola.
Ian cada día me hace depender más de él, pero esta espina en mi corazón no desaparece. Es como un presentimiento helado que me recorre la espalda, algo malo pasará, lo perderé... y volveré a mi solitaria y dolorosa vida. Solo que esta vez será peor, porque Ian me enseñó a sentir calor, cariño, cuidados... y yo no sé si podré ni querré vivir sin todo esto nuevamente.