Carla, una noche luego de escapar de las garras de su acosador jefe se encuentra con un vagabundo en la calle, este le suplica algo de comer y en su corazón algo se mueve. Un gesto de bondad desatara una pasión desmedida sin saber que el hombre que ella conoció esa noche en realidad no es otro que el jefe más temido de la mafia y que él ya tiene una mujer esperandolo. El sueño de la felicidad y de una familia tiembla al despertar los recuerdos de él ¿Todo fue una ilusión? No puede ser verdad, mis hijos son la prueba de que nuestro amor existió. De mendigo a jefe de la mafia. ¿Podra el amor ganarle al deber y la venganza?
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La felicidad y el dolor más grande.
POV CARLA
Mi vientre era ya tan grande que apenas podía moverme con libertad, cada paso era un esfuerzo, pero el latido fuerte de mis bebés dentro de mí era mi mayor orgullo, un fuego cálido que me llenaba el pecho. Ver su cuarto casi terminado, con los cajones pintados de azul y rosa pastel, me hacía sonreír hasta doler las mejillas.
- Carla, aquí está la cuna —Luis apareció en la puerta, empujando el mueble de madera clara que brillaba como si recién lo terminara. —Es lo último que te faltaba para recibir a tus bebés.
- Luis… muchísimas gracias por este obsequio tan hermoso —me acerqué con dificultad, tocando la barandilla con reverencia. —De verdad no tengo cómo pagártelo… ni todo lo que me has ayudado en estos meses.
- No necesitas agradecer nada —dijo, bajando la mirada con una sombra de culpa en su rostro. —Sabes que me siento muy responsable por lo sucedido.
- ¿Y por qué? ¡Nada fue tu culpa! —lo tomé del brazo con fuerza, queriéndole hacer entender.
- Pero la policía no ha dado ni una sola noticia en todos estos meses… nadie sabe nada. Es tan irreal… Tú eres fuerte, Carla, muy fuerte. Yo me sentí como si me volviera loco con todo lo que pasó.
Ja, ja… ¿Y cómo no hacerlo? Después de convivir un año entero con una persona, compartir cada desayuno, cada risa, cada sueño… y luego que desaparezca sin dejar ni un rastro, ni un papel con su nombre. Es lógico pensar que te has vuelto loco, que todo fue un sueño de tu mente desquiciada.
- Volveremos a verlo, de eso no tengo la menor duda, Luis —murmuré, poniéndome la mano sobre el vientre donde mis hijos se movían con energía. —Estoy segura de que Ian volverá… mi corazón me lo grita cada segundo.
- Eso espero, Carla —asintió, apretándome el hombro. —De todo corazón lo espero.
Estoy más que segura de que mi Ian está allá afuera, que todavía me ama como yo lo amo a él. Más aún, sé que volveremos a ser una familia completa, los cinco como siempre debió ser, nosotros dos, y los tres bebés que crecían en mi interior con la fuerza de nuestro amor.
Esa noche, luego de acomodar la última manta en el cuarto de los niños, me acosté exhausta. De repente, un dolor fuerte me atravesó el vientre, tan intenso que tuve que agarrarme de las sábanas hasta quedarme sin aire. Al prender la luz, mi sangre se heló, la cama estaba completamente mojada.
Con las piernas temblando, agarré el teléfono y llamé a la ambulancia, mi voz saliendo entre jadeos. Jamás había sentido tanto miedo en mi vida, un terror que me paralizaba, que apenas me permitía mantenerme despierta mientras el dolor se volvía más fuerte cada minuto.
En la sala de partos, completamente sola y aterrada, escuchaba los gritos de las otras mujeres, los ruidos de los aparatos… pero yo no sentía nada más que el fuego en mi cuerpo y la desesperación de querer ver a mis hijos. Entre lágrimas que quemaban mis mejillas, heridas que se abrían en mi alma y una fuerza desmedida que no sabía de dónde venía, sentí el milagro de mis hijos nacer.
- Felicidades, señora —el doctor se inclinó sobre mí, con una sonrisa tierna que contrastaba con mi agonía. —Son dos varones y una niña.
Apenas los logré distinguir entre las mantas blancas antes de que se los llevaran a la incubadora. Eran tan pequeños, tan frágiles… yo misma tenía que recuperarme de la cesárea, así que me vi obligada a esperar para poder abrazarlos.
Paty no llegó hasta al día siguiente, acompañada de unos amigos cercanos que habían venido a conocerlos. Todos se quedaron fascinados, susurrando maravillas mientras miraban a los pequeños dentro de sus cajitas de cristal.
- ¿Cómo te sientes, hermana? —Paty se sentó a mi lado en la cama del hospital, tocándome la mano con preocupación al verme tan pálida y quieta.
- Adolorida… me duele todo el cuerpo —susurré, pero al mirar hacia la incubadora, sentí cómo un rayo de sol entraba en mi corazón. —Pero el doctor dice que es normal.
- Te felicito, Carla —sus ojos brillaban de felicidad, tanto que yo también logré sonreír a pesar del dolor. —Son tan hermosos los tres… ¿Has pensado en sus nombres?
- Me gusta Leticia para la niña —dije sin dudar.
- ¿Leticia? —Paty frunció el ceño con una sonrisa juguetona. —Estás segura? Ese nombre como que no le va mucho a tan pequeña princesa.
- Ja, ja… ¿Y qué nombre le va según tú?
- No sé… ¿Qué te parece Tesa? Es corto, dulce… le queda bien.
- Yo quería algo más tradicional, pero Tesa no suena mal —asintí, pensando en cómo diría ese nombre con cariño. —De todas formas, sin dudas uno se llamará Ian, como su padre… y el otro Gabriel.
- Entonces ya está decidido, Tesa, Ian y Gabriel —Paty sonrió, abrazándome con cuidado para no hacerme doler.
Así es… Ojalá tuviera un apellido que darles, pero bueno, eso se puede arreglar más adelante. Todo en la vida tiene solución… menos la muerte. Y yo sé que Ian no está muerto.
Semanas después, de regreso en casa, tomé a mi pequeño Ian, el más demandante de los tres, que lloraba cada vez que se separaba de mi, y salí a la terraza, con una angustia tan grande que me apretaba el pecho hasta no poder respirar.
Pregunté al cielo, con las lágrimas cayendo silenciosamente por mis mejillas: ¿Dónde estás, mi amor? ¿Por qué nadie me habla de ti? ¿Por qué me haces sufrir tanto? ¿Por qué no estás aquí para ver cómo crecen tus hijos? ¿Por qué me duele tanto vivir sin ti?
Lo sostuve con todo mi amor, pegándolo a mi pecho mientras las preguntas seguían lloviendo en mi mente confundida… ¿Quién tendrá tu piel cálida, tu mirada tan fiel, tu cariño incondicional, tu amor tan especial? Me haces falta más que al aire para respirar… te esperaré, siempre te esperaré junto a tus hijos, mi amado Ian.
Alcé a mi bebé hacia arriba, con valor y fe, y sin querer me encontré sonriendo hacia el cielo azul.
- Mira, mi amor —susurré, como si él pudiera entenderme. —Tu papá está en algún lugar allá afuera, desconociendo tu existencia… pero sé que estaría más feliz que yo con esta noticia.
Pobre de mi Ian… allá afuera quizás solo, o tal vez acompañado, pero sin sentir este calor de familia, este aroma a bebé que llena cada rincón de la casa, este sentimiento tan hermoso que me hace vivir a pesar del dolor.
Espérame un poco más, mi amor. Te prometí ir por ti y traerte de regreso a nuestro hogar… y esta vez no te voy a fallar.
TRES AÑOS DESPUÉS:
- Mis niños, por favor, busquen sus abrigos que la tía ya llegó —grité desde la cocina, recogiendo los juguetes tirados por el suelo mientras el café se enfriaba en la mesa.
No pasó ni un minuto cuando vi a mi batallón llegar corriendo, con sus chaquetas puestas al revés y las botas sin cerrar, dispuestos a lanzarse a los brazos de Paty.
- Mis amores están hermosos —Paty los abrazó a todos, besándoles las mejillas rosadas.
- ¡Tía! —gritaron al mismo tiempo, con la alegría que solo los niños saben tener.
- Nos vamos, así disfrutamos del hermoso día que nos espera en el parque —anunció Paty, poniéndoles las gorras.
- ¡SÍ, VAMOS! —Tesa se tomó de la mano a Gabriel, mientras Ian corría hacia la puerta sin mirar atrás.
Después de darme besos rápidos que me dejaron besitos de chocolate en las mejillas, se fueron, riendo y gritando.
- Gracias, Paty… de verdad te lo agradezco muchísimo —dije agotada, apoyándome en el marco de la puerta mientras me acomodaba los lentes que se me habían bajado. —Tengo tanto trabajo acumulado que no sé cómo voy a terminarlo todo.
- Tranquila, hermana —me aseguró Paty antes de cerrar la puerta. —Si se hace muy tarde, me los quedo en mi casa para que termines. Nos vemos más tarde!
Dejé escapar un largo suspiro y me dirigí al escritorio, donde un montón de documentos esperaba por mí. Este mes me había atrasado demasiado con los informes de la revista. Revisé rápidamente las carpetas para encontrar el tema más importante que tenía que redactar… cuando de entre las hojas cayó un papel brillante que tenía como titulo "PRIORIDAD".
Lo recogí con las manos temblorosas, era un comunicado de prensa, con una foto grande en la portada.
“La boda de Salvador Toluchi y Gimena Solano sorprende a toda la ciudad H. Los herederos de las familias más adineradas del lugar y sus alrededores prometen que será la boda del año”
Mi corazón se detuvo en seco. La sangre me abandonó las manos, el papel casi se me cayó al suelo. El hombre que sonreía en la foto, con el pelo oscuro y la mirada intensa que conocía como la palma de mi mano… ese hombre no era Salvador Toluchi.
¡Ese era mi Ian!