Antes de que todo ardiera…
hubo un amor que nunca debió existir.
Un ser dividido entre la luz y la oscuridad.
Un alma incapaz de elegir entre lo que era… y lo que sentía.
Y en medio de todo… Nyra.
Ella no pertenecía a ese mundo.
Pero fue el error que lo cambió todo.
Lo que comenzó como una conexión imposible…
se convirtió en obsesión.
En traición.
En una herida que nunca dejó de sangrar.
Porque cuando llegó el momento de elegir…
alguien lo perdió todo.
Y años después…
el pasado no volvió para sanar.
Volvió para destruir.
Esta no es una historia de amor.
Es el origen de una guerra.
Del enemigo que nació del dolor…
y de la única persona capaz de detenerlo.
O de terminar de romperlo todo.
NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 12
No todos los peligros avisan.
Algunos…
simplemente llegan.
El viento cambió primero.
No fue una brisa.
Fue un corte.
Frío.
Pesado.
Antinatural.
Como si algo hubiera desplazado al aire…
para ocupar su lugar.
Y luego—
el silencio.
Total.
No ausencia de sonido.
Sino algo peor.
Como si el mundo mismo…
hubiera decidido dejar de respirar.
—Gabriel…
—Lo sé.
No necesité verla para saber que estaba tensa.
Yo ya lo estaba.
Cada músculo listo.
Cada sentido abierto.
Pero había algo diferente.
Esto no era como antes.
Esto…
ya venía preparado.
—No entres a la casa.
—¿Qué?
—Quédate aquí.
—¿Estás loco?
—Confía en mí.
—No cuando dices eso.
Silencio.
Giré apenas.
—Nyra—
—No.
—Esto es diferente.
—Siempre lo dices.
—Porque siempre lo es.
Y entonces…
dejaron de esconderse.
Primero sombras.
Después forma.
Y finalmente…
presencia.
No una.
No dos.
Cinco.
De pie entre los árboles, como si siempre hubieran estado ahí…
esperando el momento exacto.
—Llegamos tarde.
Una voz.
Desconocida.
Calmada.
—Pero justo a tiempo.
Otra.
—Así que ella es…
La mirada cayó directamente sobre Nyra.
No curiosa.
No casual.
Evaluando.
—Interesante.
El aire se volvió más pesado.
Más denso.
Más peligroso.
Mi cuerpo reaccionó sin pensar.
Un paso.
Luego otro.
Me coloqué frente a ella.
Cubriéndola.
Instinto puro.
—No den un paso más.
Una risa baja.
—¿O qué?
—No lo intentes.
—¿Nos vas a detener tú solo?
Silencio.
No dudé.
—Sí.
Eso no los impresionó.
Ni un poco.
—Valiente.
—Estúpido.
—Predecible.
—Aléjate de él.
La voz de Nyra.
Firme.
Justo detrás de mí.
—Nyra—
—No.
—Esto no es—
—Ya lo sé.
Pausa.
—Pero no me voy a esconder.
Cerré los ojos un segundo.
Eso…
no ayudaba.
Nada.
—No es momento para esto.
—Nunca lo es.
—Quédate atrás.
—No.
—Nyra—
—No.
Silencio.
Y entonces…
uno de ellos avanzó.
Solo uno.
Pero eso bastó.
—No se acerquen.
—¿O qué?
—Última advertencia.
—No aceptamos advertencias.
Entonces dejé de contenerme.
La energía salió.
Directa.
Violenta.
Sin filtro.
El suelo vibró.
El aire se comprimió como una explosión contenida.
Y los obligó a retroceder.
Pero apenas.
Lo suficiente para medir.
No para temer.
—Interesante…
—Más de lo que esperaba.
—Pero no suficiente.
Eso…
no era buena señal.
—Gabriel…
—Quédate atrás.
—No—
—¡AHORA!
Esta vez retrocedió.
Un paso.
Pero no más.
Nunca se iba del todo.
Nunca.
Y eso…
me daba fuerza.
Y me rompía al mismo tiempo.
—Cinco contra uno…
—No es justo.
—Nunca lo fue.
—Entonces empecemos.
Se movieron.
Rápido.
Demasiado.
No atacaron.
Se organizaron.
Uno por la derecha.
Otro por la izquierda.
Dos al frente.
Y uno—
directo hacia Nyra.
—¡NYRA!
Corrí.
Sin pensar.
Sin medir.
Pero no fui lo suficientemente rápido.
Porque antes de que pudiera alcanzarlo…
algo cambió.
El aire—
se detuvo.
Por completo.
Como si alguien hubiera presionado pausa sobre la realidad.
Y luego…
rechazó.
Una fuerza invisible explotó desde ella.
El atacante fue lanzado hacia atrás.
Violentamente.
Demasiado.
—¿Qué…?
Silencio.
Todos se detuvieron.
Yo también.
—¿Qué fue eso?
—No fui yo…
La voz de Nyra salió entrecortada.
Confundida.
—Entonces—
Todos la miraron.
Esta vez no como objetivo.
Como problema.
—Yo no hice nada…
Pero sí lo hizo.
Aunque no lo entendiera.
Aunque no lo controlara.
Y eso…
era mucho peor.
—Interesante…
Ahora su tono cambió.
Más serio.
Más enfocado.
—Más de lo que creíamos.
—No es solo el centro…
—Es defensa.
—Es rechazo.
—Es equilibrio.
Silencio.
Eso…
los emocionaba.
Y eso era lo peligroso.
Porque ya no estaban aquí solo por mí.
—No la toquen.
—¿Por qué?
—Porque no pueden.
—Entonces lo intentaremos de otra forma.
El aire se tensó otra vez.
—No se acerquen.
—No lo haremos.
Pausa.
—A ella no.
El mundo se congeló.
—¿Qué?
La respuesta fue inmediata.
Fría.
—A ti sí.
Y en ese instante…
todo se rompió.
Se movieron al mismo tiempo.
Sin señal.
Sin duda.
Ataque directo.
Coordinado.
Violento.
La energía salió de mí como un golpe.
Fuerte.
Rápido.
Preciso.
Impacté al primero antes de que llegara.
Lo lancé hacia atrás.
Pero los otros no se detuvieron.
Nunca lo harían.
Uno por la derecha.
Bloqueé.
Impacto seco.
Otro por la izquierda.
Demasiado rápido.
Giré, apenas a tiempo.
El aire se comprimió entre nosotros como una barrera inestable.
Pero no era suficiente.
Eran cinco.
Cinco contra uno.
Y no estaban improvisando.
—¡No puedes con todos! —gritó uno.
—¡No necesito hacerlo!
Mentira.
Sí lo necesitaba.
Y lo sabía.
El siguiente golpe llegó directo.
No lo vi venir.
Impacto en el costado.
Dolor.
Real.
Retrocedí.
Pero no caí.
No todavía.
—¡Gabriel!
—¡No te acerques!
—¡No!
—¡MÍRAME!
Su voz.
Otra vez.
Nyra.
Por un segundo…
lo hice.
Error.
Grave error.
Porque eso…
me sacó del ritmo.
Y uno de ellos lo aprovechó.
Golpe directo.
Más fuerte.
Más limpio.
El mundo giró.
Impacté contra el suelo.
El aire salió de mis pulmones de golpe.
Silencio.
—Se acabó.
Una voz.
Muy cerca.
Demasiado.
Intenté moverme.
Pero mi cuerpo no respondió de inmediato.
—No…
La palabra salió rota.
Tarde.
Demasiado tarde.
—¡GABRIEL!
El grito de Nyra no fue miedo.
Fue algo más.
Algo que empujó.
Algo que cambió el aire.
El atacante dio un paso más.
Listo para terminarlo.
Y entonces—
todo se detuvo.
No como antes.
No fue presión.
Fue ausencia.
Como si algo hubiera borrado el movimiento del mundo.
—No lo toques.
La voz no fue un grito.
No fue amenaza.
Fue certeza.
Fría.
Clara.
Innegable.
El atacante se congeló.
Literalmente.
Su expresión cambió en un segundo.
De control…
a duda.
—¿Quién…?
No terminó.
No pudo.
Porque la presencia ya estaba ahí.
El aire cambió.
Pero no como antes.
No pesado.
No oscuro.
Era lo opuesto.
Limpio.
Puro.
Dominante.
Como si todo lo demás…
tuviera que apartarse para dejarle espacio.
Incluso mi energía.
Incluso el caos.
—No deberían estar aquí.
La figura emergió entre los árboles.
Luz tenue rodeándolo.
No brillante.
No cegadora.
Pero imposible de ignorar.
No imponía fuerza.
Imponía orden.
Y eso…
era peor.
—Esto no es asunto tuyo —dijo uno de los atacantes, tenso.
—Lo es.
Silencio.
—Siempre lo fue.
Intenté incorporarme.
Dolor.
Pero lo logré.
A medias.
Suficiente para verlo.
—¿Quién eres…?
No respondió.
Su mirada se movió.
Primero hacia Nyra.
Luego hacia mí.
Evaluando.
Midiendo.
Como si ya supiera lo que estaba viendo.
—Demasiado pronto.
Fruncí el ceño.
—¿Qué significa eso?
Nada.
Silencio.
—¿Quién eres?
Esta vez…
respondió.
Pero no como esperaba.
—Alguien que viene a corregir errores.
El aire se tensó otra vez.
—¿Errores?
—Sí.
Pausa.
—Como ustedes.
Los cinco reaccionaron.
No con miedo.
Con molestia.
—No vinimos a pelear contigo.
—Entonces eligieron mal lugar.
—Esto no te concierne.
La respuesta fue inmediata.
—Todo lo que la rodea…
me concierne.
Silencio.
Esa frase…
cambió todo.
Porque no hablaba de mí.
Hablaba de ella.
Nyra.
—¿Eres uno de ellos? —pregunté.
—No.
—Entonces—
—Soy algo que ustedes no pueden tocar.
Pausa.
—Ni entender.
Eso…
no les gustó.
Para nada.
—Entonces inténtalo.
Error.
Grave error.
Uno de ellos atacó.
Directo.
Rápido.
Letal.
Pero no llegó.
Ni cerca.
El aire se solidificó frente a él.
Como un muro invisible.
Impactó.
Y fue lanzado hacia atrás.
Más fuerte que cualquier golpe mío.
—¡¿Qué demonios…?!
Silencio.
La figura no se movió.
Ni un centímetro.
—Última advertencia.
—No aceptamos—
—No es una advertencia.
Pausa.
—Es una decisión.
El mundo…
se tensó.
Y por primera vez desde que empezó todo…
no sentí caos.
Sentí control absoluto.
Y no era mío.
El aire no volvió a moverse.
Se sometió.
Como si algo…
hubiera tomado control absoluto del espacio.
Y entonces—
todo terminó.
Movimiento.
Pero no como el nuestro.
No rápido.
Inevitable.
El primero cayó sin entender cómo.
No hubo impacto visible.
Solo… colapsó.
El segundo intentó reaccionar.
Tarde.
Demasiado tarde.
Una presión invisible lo atravesó y lo lanzó contra los árboles.
El tercero ni siquiera alcanzó a moverse.
Se detuvo.
Su cuerpo rígido.
Como si algo lo hubiera sujetado desde dentro.
Y luego—
al suelo.
Sin lucha.
Sin resistencia.
Sin oportunidad.
Silencio.
Los dos restantes retrocedieron.
Ahora sí.
Por primera vez…
había miedo.
—Esto no termina aquí —dijo uno, con la voz menos firme.
—Para ustedes, sí.
No fue amenaza.
Fue una conclusión.
—Volveremos.
—No lo harán.
La respuesta fue inmediata.
Irrefutable.
—¿Quién eres?
Silencio.
La figura los observó un segundo.
Y luego—
—El que los va a detener.
Y eso fue todo.
No hubo más movimiento.
No hubo más pelea.
El espacio mismo reaccionó.
Como si rechazara su presencia.
Y los expulsó.
No huyeron.
Desaparecieron.
Forzados.
El silencio regresó.
Pero no era el mismo.
Ahora estaba lleno.
De poder.
De control.
De algo que no pertenecía a este lugar.
—Gabriel…
La voz de Nyra me alcanzó antes que su mano.
Se arrodilló a mi lado.
—Estoy bien…
Mentira.
Pero suficiente.
—No lo estás.
—He estado peor.
—Eso no ayuda.
Una exhalación temblorosa.
—Pero me alegra escucharlo.
Intenté incorporarme mejor.
El dolor seguía ahí.
Pero ya no importaba.
Porque podía sentirlo.
Observándonos.
Levanté la vista.
Y ahí estaba.
Sin moverse.
Sin esfuerzo.
Como si todo esto…
nunca hubiera sido un reto.
—Tú…
—Sí.
—¿Quién eres?
Silencio.
—No es momento.
—Claro que lo es.
—No.
Pausa.
—Porque si lo entiendes ahora…
todo cambia demasiado rápido.
Fruncí el ceño.
—Ya cambió.
—Aún no lo suficiente.
Nyra dio un paso al frente.
Esta vez no dudó.
—Nos salvaste.
—No.
—Sí.
—Solo evité un error.
—Eso sigue siendo ayudarnos.
Silencio.
Por un segundo…
pareció considerarlo.
—Tal vez.
—¿Por qué?
—¿Por qué qué?
—¿Por qué ayudarnos?
La mirada volvió a ella.
Fija.
Precisa.
—Porque ella no puede caer.
El mundo…
se detuvo.
Otra vez.
—¿Qué?
—No ahora.
—¿Entonces cuándo?
—Cuando sea inevitable.
El aire se tensó.
—¿Eres aliado?
—Por ahora.
—Eso no me gusta.
—No necesitas que te guste.
—Necesito saber en quién confiar.
La respuesta fue directa.
Fría.
—Entonces aprende rápido.
Pausa.
—Porque no tendrás tiempo.
Nyra no retrocedió.
Ni un centímetro.
—¿Vas a volver?
Silencio.
—Sí.
—¿Cuándo?
—Cuando sea necesario.
—Eso no ayuda.
—No está diseñado para hacerlo.
Pausa.
—Esto apenas empieza.
Su mirada pasó de Nyra…
a mí.
Y esta vez…
pesó más.
—Y tú…
—¿Qué?
—No puedes fallar.
Silencio.
Esa frase…
no fue presión.
Fue sentencia.
—Lo sé.
Negó apenas.
—No.
Pausa.
—Aún no lo entiendes.
El aire cambió.
Su presencia comenzó a desvanecerse.
—Espera.
—No.
—Necesitamos respuestas.
—Necesitan sobrevivir.
—Eso no es suficiente.
—Es lo único que importa ahora.
Su forma empezó a diluirse entre la luz tenue.
Pero antes de desaparecer por completo—
habló una última vez.
—La próxima vez…
Pausa.
El aire se tensó.
—…no llegaré primero.
Silencio.
Y entonces—
ya no estaba.
El mundo volvió.
El sonido.
El viento.
El movimiento.
Pero nada…
era igual.
—Gabriel…
La voz de Nyra era más suave ahora.
Más cercana.
Más real.
—¿Estás bien?
—Sí…
Mentira.
Pero suficiente.
—No lo estás.
—He estado peor.
—Eso no ayuda.
Una pequeña exhalación.
—Pero me alegra escucharlo.
Intenté incorporarme mejor.
El dolor seguía ahí.
Presente.
Constante.
Pero lo ignoré.
Porque otra cosa pesaba más.
—¿Qué fue eso…? —preguntó Nyra.
La miré.
Y por primera vez…
no tuve una respuesta que darle.
—No lo sé…
Y eso…
era el verdadero problema.
Porque ya no se trataba de algo que pudiera entender.
Se trataba de algo mucho más grande.
—Tenemos que entrar.
La voz de mi padre cortó el momento.
Firme.
Sin espacio para discusión.
Asentí.
Nyra no se separó de mí.
Ni un segundo.
Y esta vez…
no intenté detenerla.
Entramos a la casa.
Pero el ambiente…
no era el mismo de antes.
Ya no era refugio.
Era preparación.
—¿Estás herido?
Mi madre apareció de inmediato.
Su mirada recorriéndome con precisión.
Evaluando.
Midiendo.
Sintiendo más de lo que decía.
—Estoy bien.
—Eso no es una respuesta.
—Estoy vivo.
—Eso es lo mínimo.
Silencio.
—Ven.
No fue sugerencia.
Fue orden.
—Yo también voy.
La voz de Nyra.
Firme.
—No —respondió mi madre—. Necesito revisarlo.
—No me voy a ir.
Silencio.
Tenso.
Directo.
Y esta vez…
nadie discutió.
—Está bien.
Pausa.
—Quédate.
Eso…
no era normal.
Pero nada lo era ya.
Mientras mi madre revisaba las heridas…
sentí la mirada de mi padre.
No sobre mí.
Sobre Nyra.
Fija.
Analítica.
Como si estuviera viendo algo más allá de lo evidente.
—¿Qué viste? —preguntó.
—¿Qué?
—Durante el ataque.
Silencio.
—Nada…
—No mientas.
—No lo hago.
—Entonces dime.
Nyra respiró hondo.
—Sentí…
Pausa.
—Como si algo me protegiera.
Mi padre negó lentamente.
—No “algo”.
—¿Entonces?
—Tú misma.
Silencio.
Eso…
no encajaba.
—No hice nada.
—No conscientemente.
—Eso no me tranquiliza.
—No debería.
El aire se volvió más pesado.
—Lo que pasó allá afuera… —continuó él—
no fue un ataque cualquiera.
—Eso ya lo sabemos.
—No.
Pausa.
—Fue una prueba.
El silencio cayó con más peso que cualquier golpe.
—¿Una prueba?
—Sí.
—¿De qué?
Su mirada no se movió de Nyra.
—De ella.
Silencio.
Eso…
cambiaba todo.
—¿Y el que apareció? —pregunté.
—Eso…
Pausa.
—no estaba en la prueba.
—Entonces—
—Eso cambia todo.
Nyra frunció ligeramente el ceño.
—¿Es aliado?
—Por ahora.
—Eso dijo.
—Y eso es exactamente lo que me preocupa.
—¿Por qué?
—Porque los “por ahora”…
no duran.
Silencio.
Nadie discutió eso.
Porque todos sabíamos que era verdad.
Nyra dio un pequeño paso hacia mí.
Más cerca.
—¿Entonces qué hacemos?
—Prepararnos.
—¿Más?
—Mucho más.
—¿Para qué exactamente?
Pausa.
Y entonces…
la verdad.
—Para cuando no lleguen cinco.
Silencio.
—Sino cincuenta.
El aire se sintió más frío.
Más real.
—No van a parar —murmuró Nyra.
—No.
—¿Por mí?
—Sí.
Silencio.
Pero no retrocedió.
No dudó.
—Entonces…
Pausa.
—Que vengan.
Eso hizo que mi padre la mirara diferente.
No como alguien que debía proteger.
Sino como algo que debía comprender.
—Eres más fuerte de lo que pareces.
—No se trata de fuerza.
—Entonces ¿de qué?
—De no rendirse.
Silencio.
Eso…
era más peligroso que cualquier poder.
—Gabriel.
Levanté la mirada.
—¿Sí?
—Esto ya no es entrenamiento.
—Lo sé.
—Es supervivencia.
—Lo sé.
—Entonces deja de contenerte.
Silencio.
Eso…
no era tan simple.
—No puedo hacerlo así.
—Tendrás que aprender.
—Sin perderme.
—Exacto.
Pausa.
—Ese es el verdadero reto.
Nyra me miró.
Firme.
Presente.
—No estás solo.
—Lo sé.
—Y no te vas a perder.
—Eso espero.
Negó suavemente.
—No.
Pausa.
—Eso no es una opción.
Silencio.
Esa seguridad…
era lo único que me mantenía en pie.
—Hay algo más —dijo mi madre.
Su tono cambió.
Más serio.
—¿Qué?
—Lo que dijo…
Pausa.
—“La próxima vez no llegaré primero”.
El aire se volvió más frío.
—Eso significa…
—Que alguien más vendrá antes.
—Sí.
—¿Y no sabemos quién?
—No.
—¿Ni cuándo?
—Tampoco.
Silencio.
Eso…
era lo peor.
—Entonces no podemos esperar.
—No.
—Ni reaccionar.
—No.
—Tenemos que adelantarnos.
Mi padre asintió levemente.
—Por fin.
—Entonces dinos cómo.
Pausa.
—Buscando la raíz.
—¿De qué?
—De todo esto.
Silencio.
Nyra frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Mi padre la miró directamente.
—La profecía.
Silencio.
—¿Profecía?
—Sí.
—¿Y nadie pensó en decirme eso antes?
—No estabas lista.
Pausa.
—Y ahora sí.
Silencio.
—Ahora ya estás dentro.
Eso…
no tenía vuelta atrás.
Nyra no apartó la mirada.
No retrocedió.
No dudó.
—Entonces empezamos.
—Sí.
—¿Cuándo?
—Ahora.
El mundo no iba a esperar.
El peligro no iba a detenerse.
Y nosotros…
ya no podíamos ignorarlo.
Esa noche…
no terminó con descanso.
Terminó con una decisión.
Porque ya no se trataba de sobrevivir.
Se trataba de entender.
Antes de que todo se rompiera.
Antes de que fuera demasiado tarde.