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SU MAJESTAD, ESTE NO ES SU SIGLO, PERO TIENE MI CORAZÓN

SU MAJESTAD, ESTE NO ES SU SIGLO, PERO TIENE MI CORAZÓN

Status: Terminada
Genre:Viaje En El Tiempo / Magia / Completas
Popularitas:5.7k
Nilai: 5
nombre de autor: RENE TELLO

Hace tres siglos, la joven reina Isolda fue traicionada la noche antes de firmar un tratado que habría salvado su reino.
En su última hora, una mujer misteriosa le prometió: “Tendrás otra oportunidad, pero no en este tiempo.”
En el 2025, Tomás Vidal, es un arquitecto urbano y orgulloso escéptico de todo lo sobrenatural, encuentra en la restauración de un antiguo palacio europeo a una mujer desorientada, vestida como si acabara de salir de una pintura. Dice ser reina. No recuerda cómo llegó allí.
Entre intentos por adaptarse a un mundo sin carruajes, sin criadas y con “pantallas mágicas”, Isolda se convierte en un fenómeno viral.
Tomás intenta protegerla de la prensa y de sí misma, pero acaba descubriendo que lo imposible tiene su propia lógica y que está empezando a enamorarse de alguien que, literalmente, no pertenece a su tiempo.
Mientras tanto, los fragmentos de la traición que la condenó comienzan a resurgir.
¿Sobrevivirán al pasado o al presente?

HISTORIA DE 25 CAPÍTULOS. GRACIA

NovelToon tiene autorización de RENE TELLO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 9

A la mañana siguiente, Tomás abrió el correo y casi se atragantó con el café.

En la pantalla, una portada digital mostraba el rostro de Isolda bajo un título enorme: “La modelo del tiempo detenido”.

—No puede ser… —murmuró.

Detrás de él, Isolda apareció envuelta en su bata, con la diadema que había comprado la noche anterior “para adaptarse mejor a las costumbres locales”.

—¿Qué ocurre?

—Nada grave —dijo él, pasándose una mano por el cabello—. Salvo que te volviste famosa.

—¿Otra vez? —preguntó, confundida.

—No, esta vez de verdad. Estás en internet, en revistas, en todos lados.

Isolda se inclinó sobre la pantalla, examinando su propia imagen.

—Qué retratistas tan veloces —comentó con orgullo—. ¿Cuándo pintaron eso?

—No lo pintaron, lo subieron.

—¿Subieron? ¿A dónde?

Tomás suspiró.

—A un lugar sin geografía, pero con millones de personas opinando sobre tu peinado.

Ella parpadeó.

—Qué pueblo tan participativo.

El teléfono comenzó a sonar sin parar. Era la fotógrafa de la primera sesión.

—¡Isla Doren se ha vuelto tendencia! —decía, eufórica—. Una marca de joyas quiere que sea imagen de su nueva campaña. Pagan bien, muy bien.

—¿Joyas? —repitió Isolda, iluminándose—. ¡Por fin algo que tiene sentido!

Tomás trató de ocultar una sonrisa.

Ella estaba encantada con todo: las luces, los peinados imposibles, las palabras extrañas del equipo técnico. Y lo más sorprendente era que lo hacía con una naturalidad que conmovía a todos.

Nadie posaba como Isolda: no actuaba, reinaba.

La segunda sesión fue un espectáculo.

El set estaba lleno de luces doradas, espejos y joyas auténticas. Cuando Isolda entró, con aquel porte de reina sin trono, el silencio se hizo solo para verla caminar.

—Más que una modelo, parece una aparición —murmuró el director de arte.

—Una aparición que pide coronas, no flores —replicó Tomás, intentando disimular su sonrisa desde un rincón.

Isolda cumplió cada indicación, aunque algunos términos aún la confundían.

—¿Más actitud? —preguntó, alzando una ceja—. ¿Y cuál es la medida exacta de la actitud?

El fotógrafo rió. —Solo… piensa que gobiernas el mundo.

—Oh, eso es fácil. —Y lo hizo con tal convicción que todos quedaron sin aliento.

Las fotos circularon esa misma noche.

En redes, los comentarios estallaron: “No parece de este siglo.” “¿Quién es Isla Doren?” “Tiene la mirada de alguien que ya lo vio todo.”

La marca duplicó su campaña, y el estudio envió un nuevo sobre con dinero, junto a una carta de agradecimiento y una invitación para entrevistas.

Tomás, que revisaba planos en el sofá, vio a Isolda abrir el sobre con la misma cautela con que un general revisa los términos de una tregua.

—¿Otra compensación? —preguntó ella.

—Pago —corrigió él, sin alzar la vista.

—Por posar con collares. Qué época tan espléndida.

Se quedó mirando los billetes.

—Tomás, ¿cuánto equivale esto?

Él hizo una rápida cuenta mental y respondió:

—Como un mes de sueldo promedio.

Isolda se quedó en silencio un momento, luego sonrió con dulzura.

—Entonces, creo que puedo contribuir con tu castillo.

—¿Qué? No, Isolda, eso es tuyo, te lo ganaste.

—¿Y qué haría yo con tanto? —replicó, seria—. No necesito castillos, ya tengo un sofá que no se quema con antorchas y un baño que canta.

Él soltó una carcajada.

—El baño no canta, hace ruido.

—Llámalo como quieras —respondió, encogiéndose de hombros—, pero no pienso quedarme quieta mientras tú trabajas día y noche para levantar tu proyecto.

Lo miró de frente, con esa mezcla de ternura y autoridad que desarmaba a cualquiera.

—El castillo debe renacer. Como yo.

Tomás no encontró palabras. Solo sonrió, vencido.

Unos días después, mientras él preparaba una presentación para un potencial patrocinador, sonó el teléfono del estudio.

—Dice que representa a un fondo de restauración europeo —le explicó Tomás a Isolda, sorprendido—. Están interesados en financiar proyectos históricos.

—¿Y cómo supieron de ti? —preguntó ella.

Él levantó una ceja. —Dicen que vieron tus fotos.

—Ah —dijo Isolda, cruzándose de brazos con orgullo—. Entonces puedo decir que he traído prosperidad al reino del futuro.

Tomás rió. —Algo así.

—¿Y ese fondo tiene nombre?

—Sí, curioso en realidad —dijo él, revisando el correo—. Fundación Lady Idolen.

Isolda parpadeó.

—¿Idolen? —repitió lentamente.

—Sí, parece una organización privada. Dicen que apoyan causas culturales, especialmente restauraciones de castillos… y, cito, “reliquias del pasado que merecen una segunda oportunidad”.

Ella bajó la mirada, como si una corriente invisible la hubiese recorrido.

—Qué nombre tan familiar —susurró.

Tomás no notó el temblor en su voz; estaba demasiado concentrado en los documentos del patrocinio.

Pero Isolda sí lo sintió: una vibración antigua, como un eco que la llamaba desde más allá del tiempo.

Esa noche, mientras él dormía, ella se acercó a la ventana.

La ciudad seguía viva, llena de luces que no parpadeaban nunca.

—He cambiado de trono, pero no de propósito —murmuró—. Si el destino quiso traerme aquí, quizá fue para reconstruir algo más que piedra.

Y no se sintió una visitante del futuro, sino una parte de él.

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Lupita Espinoza Castro
Rara historia, interesante, gracias escritora
RENE: Gracias ☺️
total 1 replies
Thibizay Garcia
Excelente
RENE: Gracias ☺️
total 1 replies
Thibizay Garcia
Me ha encantado leerte y mucho /Proud//Proud//Proud/
Ana Elena Jiménez
felicitaciones @RENE muy linda la historia 👏👏👏
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja
Ana Elena Jiménez
super fascinante 🫶
Ana Elena Jiménez
muy linda la historia,
Ana Elena Jiménez
cuanto misterio 🫢
MANATE
😘💯
RENE: Gracias ☺️
total 1 replies
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja con isolda es para morirse de la risa definitivamente 🫢
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja isolda totalmente atropellada por la tecnología
Ana Elena Jiménez
eso sí es cierto
Ana Elena Jiménez
amo esta historia,es espectacular 🫶
Ana Elena Jiménez
está historia es espectacular muchas gracias René Tello por continuarla 🫶🫶🫶
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
este par son todos un personaje 🫶🫶🫶
Ana Elena Jiménez
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja ya no puedo más con isolda
Ana Elena Jiménez
me encanta este amor 😍😍
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