Yasmin Safi (19) no nació para ser invisible.
En Kabul no hay hielo, solo polvo. Pero ella creció obsesionada con ser campeona de patinaje sobre hielo. Cuando consigue una beca para irse a Toronto, Canadá, deja todo atrás.
Bonita, muy sensual, inteligente, astuta y peligrosa, Yasmin sabe que nadie le va a regalar nada. Si tiene que seducir, mentir o destruir para llegar al oro, lo hará.
En el Toronto Ice Club, entre princesas millonarias que la odian, dos hombres caerán por ella:
Daniel Leblanc (22), el príncipe bueno que puede darle un futuro.
Alexei Volkov (31), el coreógrafo ruso que le enseñará a usar su cuerpo y su maldad como arma en el hielo.
Ella no quiere ser querida. Quiere ser reina. Aunque tenga que patinar sobre hielo negro.
#patinaje #afgana #villana
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Capítulo 7 - Quinta
Volvimos a Toronto a las dos de la mañana.
Maya se bajó primero. Yo me quedé dormida en el bus y el chofer me tuvo que despertar. Caminé hasta la casa con mi bolsa de basura negra y la rodilla todavía con sangre seca.
Al otro día no fui a las cinco. Me dolía todo. Me dolía la rodilla, la espalda, los pies. Me quedé en el colchón mirando el techo que tenía una mancha de humedad con forma de mapa.
Maya me trajo té.
"Quedaste quinta, Yasmin. Quinta de doce. Con vestido de Value Village y cordones de dieciocho dólares. ¿Sabes lo que es eso?"
"¿Qué?"
"Que ahora te odian más."
Tenía razón.
Cuando llegué al club el lunes, nadie me saludó. Las chicas del grupo de las siete se cambiaron de banco cuando me senté. En el grupo de WhatsApp del club, que Maya me mostró, alguien había puesto una foto mía cayéndome en Ottawa con el texto "quinta por lástima".
Fue Chloe. No puso su nombre, pero era su foto de perfil.
Thompson me llamó a su oficina. Pensé que me iba a felicitar.
"No quiero drama en mi club", me dijo. "Patinas bien para llevar seis meses. Pero si vas a provocar a Chloe, te vas."
"Yo no provoqué a nadie. Me caí."
"Ya sabes a lo que me refiero."
Salí de ahí con ganas de golpear algo.
Alexei me estaba esperando en la pista. Me había dejado un café en la baranda. Frío, otra vez.
"Hoy no patinas", me dijo. "Hoy corres."
"¿Correr dónde?"
"Afuera. Veinte vueltas a la pista de atletismo que está detrás."
Hacía menos diez grados. Yo llevaba mallas finas.
"¿Por qué?"
"Porque estás pensando mucho en Daniel y en Chloe. Y cuando piensas mucho, patinas feo."
No le pregunté cómo sabía lo de Daniel. Me puse las zapatillas viejas y salí.
Corrí. Veinte vueltas. Me dolía la rodilla. A la vuelta catorce quería parar. Alexei estaba en la puerta mirando sin decir nada. Seguí.
Cuando terminé, me temblaban las piernas. Me senté en la nieve.
Él se sentó a mi lado.
"¿Te gusta Daniel?", me preguntó de la nada.
"¿Por qué me preguntas eso?"
"Porque si te gusta, lo usas. No dejas que él te use a ti."
Me quedé callada. Tenía nieve en las pestañas.
"Daniel es buen chico. Buen chico no gana. Buen chico se casa con Chloe y entrena niñas ricas. Tú no necesitas buen chico. Necesitas que te dejen patinar."
"¿Y tú qué necesitas?", le pregunté.
Me miró. Tenía los ojos claros, casi grises.
"Que ganes. Porque si ganas, yo gano."
Esa tarde Daniel me esperó afuera del club. Traía su auto encendido para que no me diera frío.
"¿Te llevo a tu casa?", me dijo.
"Vivo a diez minutos caminando."
"Te llevo igual."
Me subí. Olía a su perfume y a cuero del auto. Puso calefacción.
No habló hasta que llegamos a mi calle.
"Lo que pasó en Ottawa... en el pasillo. No quise incomodarte."
"No me incomodaste."
Se quedó mirándome. Tenía las manos en el volante apretadas.
"Yasmin, Chloe y yo terminamos hace tres meses. Ella no lo acepta, pero terminamos."
"¿Y por qué me lo dices a mí?"
"Porque no quiero que pienses que soy de esos que..."
No terminó la frase. Yo me acerqué. Esta vez no a medias. Me acerqué completa y lo besé.
Fue un beso corto, con frío en los labios. Él no se lo esperaba. Se quedó quieto un segundo y luego me besó de vuelta. Me puso la mano en la nuca. Tenía la mano caliente.
Nos separamos porque pasó Maya con las bolsas del supermercado y nos vio. Puso cara de "ya valieron".
Me bajé del auto rápido.
"Después", le dije otra vez, como en Ottawa.
Entré a la casa. Maya me siguió.
"¿Lo besaste?", me preguntó.
"Sí."
"¿En su auto? ¿Con Chloe en el club todavía?"
"Sí."
Maya tiró las bolsas al piso.
"Bien. Ahora sí eres la villana. Ahora te van a querer sacar de verdad."
Me miré en el espejo del baño. Tenía los labios rojos por el beso y la rodilla todavía morada.
No sentía culpa. Sentía que por fin había hecho algo que yo quería, no lo que me tocaba hacer.
Me puse hielo en la rodilla y me dormí pensando en el beso y en lo que me había dicho Alexei.
Que si ganaba, él ganaba.
Yo también quería ganar.