🔞🌟✅️Jude Lennox, un talentoso pianista de treinta y cinco años atrapado en un invierno emocional tras la pérdida de su madre. Incapaz de tocar una sola nota, Jude camina sin rumbo bajo el monzón de Bristol hasta que encuentra refugio en una cálida cafetería-librería llamada Le June.
Allí conoce a Alistair, el dueño del local, un hombre robusto de treinta años con una mirada magnética y un hermoso tatuaje musical en su brazo. Entre ellos surge una atracción inmediata y madura. Aunque deciden comenzar a conocerse sin etiquetas, la pasión y la devoción protectora de Alistair se convierten en el cable a tierra que Jude tanto necesitaba.✅️🌟🔞
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Cordura
La llovizna de Bristol golpeaba el ventanal del café con un ritmo perezoso y constante. Jude permanecía sentado en el taburete alto, sintiendo el calor de Alistair todavía impregnado en su cuerpo tras el intenso encuentro hace horas. Aunque la tormenta en su cabeza no había desaparecido, la cercanía física del menor le otorgaba una paz inusual.
Alistair operaba la máquina de espresso, moviéndose con una seguridad imponente. Al notar la mirada fija del pianista, Alistair le dedicó una sonrisa cargada de absoluta confianza. Sabía que sus manos grandes y su firmeza estaban abriendo, poco a poco, las puertas del reservado corazón de Jude.
—¿Otra vez duele la cabeza? —preguntó Alistair, deslizando una taza de café americano caliente sobre la madera oscura hacia Jude.
Jude tomó la taza entre sus dedos largos. Miró el líquido oscuro y luego levantó los ojos grises hacia el dueño del local.
—No tanto —admitió Jude, modulando su voz con suavidad—. El sexo resultó ser un analgésico bastante efectivo. Pero sigo pensando en lo que pasó frente al piano. Siento que mi carrera se quedó congelada, y que este luto es una sombra de la que nunca podré escapar.
Alistair se apoyó en el mostrador, reduciendo la distancia entre ambos. Su mirada avellana era un cable a tierra perfecto.
—Te lo dije antes. No puedes pretender borrar años de silencio en una sola mañana. Tu mente se bloqueó porque tu cuerpo todavía tiene miedo de sentir. Pero estás aquí, hablando conmigo. Eso ya es un avance. Deja de medir tu vida por los escenarios que llenabas y empieza a medirla por los pasos que das hoy.
—Es fácil para ti decirlo —susurró Jude, desviando la mirada—. Eres joven, tienes un negocio propio que prospera y un futuro limpio. Yo siento que solo te arrastro a mi invierno. A veces la diferencia de edad me recuerda que tú deberías estar viviendo algo más ligero, sin fantasmas familiares de otra persona.
Alistair soltó una risa baja. Extendió su mano grande y atrapó la barbilla de Jude, obligándolo a mirarlo.
—Ya pasamos la página de las excusas sobre la edad. Me gustas exactamente como eres: con tus treinta y cinco años, tu elegancia y tus dudas. No quiero algo ligero. Quiero esto. Quiero descubrir qué hay detrás de ese muro tuyo.
Antes de que Jude pudiera responder, la campanilla de la puerta principal tintineó, rompiendo la intimidad del momento. Un joven de unos veinticuatro años, de cabello rubio perfectamente peinado y vistiendo una chaqueta de diseñador, entró al local. Caminó directo hacia la barra con una familiaridad que hizo que Jude arqueara una ceja de inmediato.
—¡Alistair! Qué bueno encontrarte —dijo el recién llegado con una voz melodiosa y juvenil—. Pasaba a dejarte los libros de arte que me pediste. Me costó muchísimo conseguirlos en Londres, pero para ti siempre tengo tiempo.
Alistair sonrió con amabilidad, recibiendo el paquete.
—Muchas gracias, Klaus. Te lo agradezco de verdad. Me hacían mucha falta para la sección de historia del local.
Klaus se apoyó en la barra, ignorando olímpicamente la presencia de Jude. Se inclinó hacia Alistair con una actitud abiertamente coqueta, dejando que sus ojos recorrieran los hombros anchos del dueño de la cafetería y el diseño de flores de su brazo tatuado.
—Sabes que no tienes que agradecerme. De hecho, estaba pensando que podríamos ir a cenar este fin de semana para celebrar que conseguí los ejemplares. Conozco un lugar nuevo en el centro que te encantaría.
Jude sintió una punzada fría e inmediata en el estómago. No era dolor; eran celos, puros y directos. Observó la juventud de Klaus, su frescura y la facilidad con la que intentaba ganarse la atención del menor. Por un instante, Jude se sintió viejo, fuera de lugar en esa barra, como si su presencia gris empañara la vitalidad de la escena. Intentó tomar su abrigo para retirarse, pero Alistair, sin apartar la mirada de Klaus, extendió su mano grande por debajo de la barra y apretó con fuerza el muslo de Jude, deteniéndolo en seco. El agarre del menor fue posesivo y firme, enviando una descarga de calor directo al vientre del pianista.
—Te lo agradezco, Klaus, pero me temo que mis fines de semana ya están completamente ocupados —respondió Alistair con una voz grave que no dejaba espacio a dudas—. Jude y yo tenemos planes muy importantes que atender en el campo y aquí en la ciudad.
Klaus parpadeó, sorprendido. Por primera vez miró a Jude, escaneando su postura recta, sus manos largas y su elegancia. Al notar la tensión silenciosa y la complicidad innegable entre ambos hombres, el joven rubio entendió que no tenía oportunidad alguna.
—Oh... entiendo. No sabía que estabas... acompañado —dijo Klaus, perdiendo un poco el brillo de su voz—. Bueno, disfruten los libros. Nos vemos luego, Alistair.
El joven tomó sus cosas y salió de la cafetería con el mismo apuro con el que había entrado.
El silencio volvió a instalarse en Le June. Jude miró de reojo a Alistair, intentando disimular el impacto del momento.
—Vaya... parece que tienes admiradores muy eficientes —provocó Jude, intentando mantener un tono desinteresado, aunque su respiración lo delataba.
Alistair soltó una carcajada. Le dio la vuelta al mostrador, quedando al lado de Jude.
—¿Eso que escucho son celos, pianista? —se burló el menor con una chispa de picardía en sus ojos avellana—. Te pusiste rígido en cuanto cruzó la puerta.
—Solo observé la situación —replicó Jude, cruzando los brazos—. Es un chico joven. Atractivo. Podría ofrecerte una relación normal.
Alistair dejó de reír. Su expresión se volvió seria, cargada de una madurez imponente que siempre lograba desarmar al mayor. Se acercó tanto que Jude pudo sentir el calor que emanaba de su pecho robusto.
—Escúchame bien —dijo Alistair con voz ronca—. Klaus es solo un cliente. No me interesa su juventud, ni sus viajes a Londres, ni sus cenas. Me interesas tú. Me vuelve loco ver cómo intentas protegerte con tu edad cuando en realidad lo único que quieres es que te sostenga con fuerza.
Alistair estiró las manos, atrapando las muñecas de Jude. El contacto físico fue inmediato, eléctrico. Las manos grandes del menor borraron el sutil temblor crónico de los dedos del pianista.
—Ayer me dijiste que necesitabas que te quitara el dolor de la cabeza —continuó Alistair, reduciendo la distancia entre sus rostros hasta que sus respiraciones se mezclaron—. Y hoy me demostraste que te importo más de lo que admites con palabras. No voy a dejar que un par de fantasmas o ese chico rubio te hagan dudar de lo que tenemos aquí adentro.
Jude miró los ojos de Alistair y sintió que el nudo en su garganta finalmente se soltaba. La seguridad absoluta del menor actuaba como un bálsamo infalible para su ansiedad. Se dio cuenta de que Alistair no solo era un refugio contra la lluvia de Bristol; era el hombre que estaba conquistando cada rincón de su alma, palmo a palmo, sin prisa pero sin pausa.
—Está bien —cedió Jude en un susurro, permitiendo que una sonrisa de conformidad apareciera en sus labios—. Tienes razón. Me molestó verlo tan cerca de ti.
Alistair sonrió de manera triunfal. Era la sonrisa de quien sabe que ha ganado la batalla más importante: la de derribar el orgullo del artista. Sabiendo que el local estaba completamente vacío debido a la llovizna exterior, Alistair tomó a Jude por la cintura con sus dos manos fuertes, levantándolo del taburete para sentarlo directamente sobre el mostrador de madera de la cafetería, justo al lado de las tazas y los libros de historia.
—Me encanta cuando eres honesto —dijo Alistair, colocándose entre las piernas largas del pianista—. Y ahora que admitiste tus celos, creo que te mereces una recompensa.
Jude enredó sus dedos en el cabello castaño del menor, atrayéndolo hacia sí.
—Pensé que debíamos mantener la cordura en el mostrador —bromeó Jude con la respiración acelerándose.
—La cordura está sobrevalorada cuando se trata de nosotros —respondió Alistair justo antes de sellar sus labios en un beso hambriento y lleno de una posesividad que dejó claro quién tenía el control de la situación.
Muchas felicidades por la culminación de esta gran obra ☺️ ✨
y si no es mucho pedir una segunda parte 🤭.
Me encanta la madurez y la pasión de su romance 🤭. El cómo avanzo su relación sin la necesidad de una etiqueta desde el principio. ojalá tener más de ellos 💙.
Muchas Gracias autor/a por tu gran dedicación ☺️. me encantan tus novelas. tienes un gran talento muchas gracias por compartirlo con nosotros. Felicidades por una gran obra finalizada. 💐✨
y ya llega alguien a aguar la fiesta 🤦♀️