trata sobre dos personajes los cuales están comprometidos y uno de ellos está enfermo acá lo vamos a llamar Dimitri dime triste enfermo y no estoy haciendo porque no quiere tomar la medicina y el otro signo que se lo tome personalizado en hacer sus pinches trabajos
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El peso del miedo
La reunión llevaba más de dos horas.
Dos horas de números, contratos, pérdidas millonarias y silencios tensos donde nadie parecía atreverse a respirar demasiado fuerte frente a Dimitri.
Lukas ya estaba agotado… y él ni siquiera era quien dirigía la junta.
El aire dentro de la enorme sala de conferencias se sentía pesado. Los ejecutivos evitaban cometer errores como si sus vidas dependieran de ello. Cada vez que Dimitri hablaba, todos se enderezaban automáticamente.
Y Dimitri…
Seguía igual de frío.
Sentado en la cabecera de la mesa con una postura impecable, revisando documentos mientras hacía preguntas precisas que nadie quería responder incorrectamente.
Pero Lukas ya estaba viendo más allá de esa imagen.
Notaba el cansancio oculto.
La manera en que Dimitri flexionaba discretamente una mano debajo de la mesa, probablemente intentando ignorar el dolor de cabeza.
Cómo apenas había probado el café.
Cómo seguía trabajando incluso después de haber estado enfermo.
Y aun así…
Nadie parecía notar eso.
Solo veían al hombre aterrador frente a ellos.
Nada más.
—Las cifras del último trimestre no coinciden con las proyecciones anteriores —dijo Dimitri finalmente, levantando la vista hacia el extremo derecho de la mesa.
Todos siguieron automáticamente su mirada.
Un hombre joven tragó saliva de inmediato.
Probablemente no tendría más de veintisiete años.
Lukas lo había visto antes entrar apresuradamente con varias carpetas en brazos. Se veía inteligente… pero demasiado nervioso para estar ahí.
Su gafete decía:
Daniel Ortega — Analista financiero junior.
Y honestamente, el pobre chico parecía al borde de un infarto desde que empezó la reunión.
—Explíquelo —ordenó Dimitri.
Daniel abrió la boca rápidamente.
—Sí… sí, señor Volkov.
Sus manos temblaban mientras acomodaba unos documentos.
—Las variaciones ocurrieron por… por la caída de inversiones externas en el segundo bloque de— de—
Se detuvo.
El silencio cayó de inmediato.
Daniel tragó saliva otra vez.
Sus manos empezaron a temblar más fuerte.
—Continúe —dijo Dimitri con calma.
Y ese fue el problema.
Porque Dimitri no estaba gritando.
No estaba insultándolo.
Solo estaba mirándolo.
Pero esa mirada bastó para destruir completamente al muchacho.
—Yo… lo siento… yo…
Daniel respiró demasiado rápido de repente.
Lukas lo notó enseguida.
Sus dedos estaban blancos de tanto apretar los papeles.
El color desaparecía de su rostro.
Y entonces dejó caer la carpeta al suelo.
Los documentos se dispersaron por toda la sala.
El sonido pareció enorme en medio del silencio.
Daniel se agachó inmediatamente.
—Perdón… perdón… lo siento mucho…
Su voz ya no sonaba normal.
Sonaba desesperada.
Nadie se movió.
Nadie.
Porque todos seguían esperando la reacción de Dimitri.
Y Dimitri…
Solo observaba.
Con el ceño apenas fruncido.
Daniel intentó recoger los papeles rápido, pero sus manos temblaban demasiado.
Respiraba peor.
Más rápido.
Más fuerte.
—No puedo— yo—
Lukas se levantó inmediatamente.
Porque reconoció lo que estaba pasando.
Ataque de ansiedad.
Y fuerte.
Pero antes de que pudiera acercarse, Daniel terminó retrocediendo un paso torpemente.
Luego otro.
Hasta chocar contra la pared.
—No puedo respirar…
Ahí sí varios ejecutivos empezaron a verse incómodos.
Algunos apartaron la mirada.
Otros fingieron revisar documentos.
Como si no supieran qué hacer.
Y honestamente…
Probablemente no sabían.
Porque nadie parecía acostumbrado a intervenir.
Todos estaban demasiado ocupados temiendo convertirse ellos en el siguiente error.
Lukas caminó directamente hacia Daniel.
—Hey. Mírame.
El joven apenas podía respirar.
—Lo siento… señor Volkov… yo no quería—
—No mires a Dimitri —dijo Lukas con firmeza pero suavidad—. Mírame a mí.
Daniel levantó apenas la vista.
Estaba claramente al borde del colapso.
Lukas se agachó frente a él, ignorando completamente el silencio incómodo de toda la sala.
—Respira despacio, ¿sí?
—No puedo…
—Sí puedes. Escúchame.
Daniel seguía temblando.
Lukas bajó un poco la voz.
—Inhala conmigo.
Lo hizo lentamente para que pudiera seguirlo.
Una vez.
Dos veces.
Tres.
Poco a poco la respiración del chico empezó a estabilizarse apenas.
Muy poco.
Pero suficiente.
Lukas escuchó una silla moverse detrás de él.
Giró apenas la cabeza.
Dimitri seguía sentado.
Observando.
Su expresión había cambiado ligeramente.
Ya no parecía frío.
Parecía… incómodo.
Como si no supiera exactamente qué hacer con esa situación.
Y de repente Lukas entendió algo importante.
Dimitri probablemente jamás había aprendido a reaccionar ante algo así.
Porque en su mundo, mostrar debilidad solo empeoraba las cosas.
Lukas volvió a concentrarse en Daniel.
—Eso es. Más despacio.
El joven cerró los ojos con fuerza intentando calmarse.
Finalmente, después de unos segundos más, logró respirar sin ahogarse.
Toda la sala seguía en silencio absoluto.
Daniel parecía darse cuenta apenas de que literalmente había tenido un colapso frente a todos.
Y el horror en su cara empeoró inmediatamente.
—Yo… lo siento mucho…
Lukas negó suavemente con la cabeza.
—No tienes que disculparte.
Pero Daniel ya estaba mirando aterrorizado hacia Dimitri.
Como si esperara ser despedido ahí mismo.
Lukas también lo miró.
Y por un instante ambos se quedaron en silencio.
Entonces Dimitri habló finalmente.
—Salga a tomar aire.
Toda la sala pareció congelarse esperando algo peor.
Pero Dimitri continuó:
—Y vuelva cuando pueda hablar con calma.
Daniel parpadeó sorprendido.
Claramente esperaba gritos.
O humillación.
O algo mucho peor.
—Yo… sí, señor Volkov…
Se levantó rápidamente, todavía avergonzado, y salió casi huyendo de la sala.
La puerta se cerró.
Silencio.
Nadie habló.
Nadie parecía saber cómo reaccionar.
Hasta que Dimitri dejó lentamente el bolígrafo sobre la mesa.
—Quince minutos de descanso.
Los ejecutivos prácticamente se levantaron de inmediato.
Como si acabaran de recibir permiso para volver a respirar.
En menos de un minuto la sala empezó a vaciarse.
Y entonces quedaron solo Lukas y Dimitri.
Silencio otra vez.
Lukas lo observó unos segundos.
Dimitri seguía sentado en la cabecera de la mesa, mirando los documentos frente a él.
Pero ya no parecía concentrado.
Parecía pensativo.
—No ibas a despedirlo, ¿verdad? —preguntó Lukas finalmente.
Dimitri tardó un poco en responder.
—No.
—Pero él pensó que sí.
El empresario permaneció callado.
Lukas caminó lentamente hacia él.
—Dimitri… todos aquí viven aterrados de decepcionarte.
Dimitri levantó la mirada lentamente.
Y por primera vez desde que llegaron a la empresa…
Parecía genuinamente cansado.
—El miedo mantiene funcionando este lugar.
—También destruye a la gente.
Silencio.
Dimitri apoyó una mano sobre su frente apenas unos segundos.
Pequeño gesto.
Dolor de cabeza otra vez.
Lukas lo notó inmediatamente.
—Te sientes mal.
—Estoy bien.
—Mentiroso.
Eso hizo que Dimitri soltara un pequeño suspiro.
—No sabía que iba a reaccionar así.
Lukas entendió enseguida que hablaba de Daniel.
—Porque tú estás acostumbrado a soportarlo todo.
Dimitri apartó la mirada.
Y eso fue suficiente confirmación.
Lukas se acercó más.
—Dimitri… no todos crecieron sobreviviendo como tú.
El empresario permaneció completamente quieto.
Luego soltó una pequeña risa amarga.
—Ni siquiera yo debería haber tenido que crecer así.
La frase salió tan baja que casi parecía accidental.
Pero Lukas la escuchó.
Y también escuchó el silencio que vino después.
Pesado.
Doloroso.
Porque Dimitri probablemente jamás decía cosas así en voz alta.
Lukas apoyó suavemente una mano sobre su hombro.
—No tienes que seguir haciéndolo solo.
Dimitri cerró los ojos apenas un segundo.
Como si esas palabras le pesaran más de lo que deberían.
Luego levantó la mirada hacia él otra vez.
Y esta vez…
Ya no parecía el hombre aterrador que todos temían.
Solo parecía cansado.
Muy cansado.
—No sé hacer esto de otra manera, Lukas.
Lukas sintió un nudo en el pecho.
Porque por primera vez…
Dimitri sonó perdido.
Y quizá eso era mucho más triste que verlo enojado.