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Volver a Vos

Volver a Vos

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Aventura de una noche / Mujer poderosa / Madre soltera / Embarazo no planeado / Malentendidos
Popularitas:164.8k
Nilai: 5
nombre de autor: lulu

Cuatro años atrás, Lara Rivas lo perdió todo en una sola noche: su familia, su prometido, su nombre y casi la vida. Traicionada por su propia hermana, desapareció sin mirar atrás.

Ahora vuelve a Buenos Aires con otro rostro, otro nombre y dos hijos que son todo su mundo. Solo quiere recuperar lo que le arrebataron y hacer caer a quienes la destruyeron.

Pero Sebastián Ferrer aparece otra vez.

Frío, poderoso y acostumbrado a que nadie le diga que no, Sebastián no logra entender por qué esa mujer le resulta tan familiar. Tampoco por qué sus hijos se parecen tanto a él.

Entre secretos, heridas viejas y una atracción que ninguno de los dos pidió, Lara intenta mantenerse lejos.

El problema es que sus hijos ya eligieron bando.

Y esta vez, el pasado no piensa quedarse enterrado.

NovelToon tiene autorización de lulu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

La empleada se asustó.

—¡Señor!

—No pasa nada —dijo Nicolás, apurándose a buscar el antihistamínico—. No es culpa de ustedes.

Sebastián tomó la medicación.

Por suerte el contacto había sido mínimo. Media hora después, el sarpullido en los dedos empezó a bajar y la picazón dejó de ser insoportable.

Nicolás se pasó una mano por la frente.

—Entonces no es que no te dan alergia las nenas. Es Dulce.

—Sí.

—Pero no tiene sentido. ¿Será porque Dulce es más linda?

Sebastián no contestó.

Algo se le oscureció en la mirada.

—Nico.

—¿Sí?

—Firmá a Mora Suárez.

Nicolás parpadeó.

—¿Qué?

Sebastián lo miró.

Nicolás suspiró.

—Dale. Traduzco. Querés que la productora la fiche para tener un vínculo más firme con Lara y Dulce.

—No inventes.

—Claro. Seguro es por amor al arte.

Sebastián sostuvo su mirada.

—¿Tenés algún problema?

—Ninguno. Jamás. Amo firmar actrices.

Nicolás se fue murmurando.

Con Lara usaba frases completas.

Con él, palabras sueltas.

La vida era injusta.

Tres años atrás, después de que Candela llevó a Mateo a la familia Ferrer, Sebastián le preguntó qué quería.

Ella había pedido una familia completa para el nene.

Ser la señora Ferrer, dicho sin decirlo.

Sebastián la rechazó en el acto y le pidió algo más concreto. Candela entendió rápido que ese camino estaba cerrado y pidió entrar al ambiente artístico.

Sebastián hizo registrar Luz Films y la dejó firmada ahí. Nicolás incluso le armó un equipo caro, con gente de primera.

Pero una cosa era poner recursos y otra muy distinta era volver estrella a alguien.

Candela llevaba años con campañas, papeles y directores conocidos. Igual no terminaba de explotar.

El día anterior, Nicolás se había enterado de que Mora también actuaba.

Ahora entendía.

Sebastián quería que la ficharan.

Mora era la mejor amiga de Lara, la madrina de Dulce y una actriz con futuro. Si entraba a Luz Films, la distancia con Lara y Dulce quedaba mucho más corta.

Esa mañana ya no fueron al grupo. Trabajaron desde la residencia.

Cerca del mediodía, Nicolás pidió que prepararan comida. La idea era simple: si ver a Dulce comer funcionaba en video, en vivo tenía que funcionar todavía mejor.

Dulce se asomó a la cocina.

El olor era buenísimo.

Tan bueno que se le hizo agua la boca.

Se acordó del plan de Benja y cerró la boca con fuerza.

—Tío Nico.

Nicolás se agachó.

—¿Qué pasa, jefa?

—Me olvidé de decir algo.

—¿Qué?

—Yo soy muy delicada para comer.

Nicolás miró su cara redonda.

—¿Vos?

—Sí. Si no cocina mi mamá, no como rico.

—Pero nuestro chef cocina increíble.

Dulce miró hacia la mesada, tragó saliva y sufrió.

—Seguro. Pero yo solo como feliz si cocina mamá.

Nicolás entendió tarde.

Una Dulce no alcanzaba.

También necesitaban a Lara.

Fue al despacho con cara de problema.

—Hermano.

Sebastián levantó la vista de la notebook.

—¿Qué?

—La nena dice que no come si no cocina la madre.

Sebastián lo miró unos segundos.

Nicolás esperaba una negativa.

En cambio, Sebastián cerró la notebook, tomó el celular y llamó a Lara por WhatsApp.

Nicolás lo observó.

El movimiento había sido demasiado natural.

Como si hubiera estado esperando una excusa.

En Dawn, Lara atendió apenas vio el nombre.

Señor Hielo.

No lo había escrito así.

Todavía.

Pero ganas no le faltaban.

—¿Pasó algo con Dulce?

Sebastián explicó en pocas palabras.

La nena decía que solo comía si cocinaba su mamá.

Lara se quedó muda.

Dulce había comido de todo desde chiquita. Frío, caliente, ácido, dulce, sobras, comida nueva. Su estómago parecía hecho de acero.

Eso de delicada era un invento.

Pero Lara había pasado toda la mañana imaginando escenarios horribles. Que Sebastián fuera un degenerado. Que la familia Ferrer escondiera algo. Que Dulce estuviera incómoda y no se animara a decirlo.

—Tengo hora de almuerzo —dijo al fin—. Voy.

—Mando un auto.

—No hace falta.

—Ya está en camino.

Lara miró el teléfono.

—Qué costumbre la tuya de avisar después.

—Te espero.

Cortó.

Quince minutos después, cuando salió del ascensor, un chofer la esperaba junto a un auto negro.

—Señorita Rivas, el señor Ferrer me pidió que la lleve.

Lara subió.

Torres del Río quedaba cerca de Dawn; el viaje fue breve. Bajó apurada y entró casi corriendo.

Al pisar el living, el zapato resbaló.

—¡Ah!

No llegó al suelo.

Un brazo firme la sostuvo por la cintura.

Lara se agarró de él para no caer.

Cuando levantó la cabeza, vio a Sebastián.

Demasiado cerca.

Ella soltó el brazo como si quemara.

—Perdón.

Sebastián retiró la mano con calma.

—Cuidado. El piso está mojado.

Lara bajó la vista. La empleada acababa de pasar el trapo y la superficie todavía brillaba.

—Perdón, señorita —dijo la mujer—. No llegué a secar.

—No pasa nada. Yo venía rápido.

Le trajeron unas pantuflas antideslizantes.

Lara se las puso y miró de reojo a Sebastián.

Él tenía alergia al contacto femenino.

Ella lo había tocado.

Aunque fue sobre la camisa.

¿Eso contaba?

No parecía tener nada.

Sebastián la acompañó hasta la cocina.

—Gracias.

—No es molestia.

Sí era.

Porque él, parado ahí con esa presencia helada, la ponía nerviosa.

—¿Te quedás mirando cómo corto cebolla?

Sebastián entendió la indirecta.

—No.

Se fue.

Recién entonces Lara respiró.

—¡Mamá!

Dulce apareció y se le colgó del cuello.

Lara la abrazó, la revisó de arriba abajo y recién cuando la vio entera se permitió retarla.

—¿Así que ahora sos delicada para comer?

Dulce escondió la cara en su pecho.

—Te extrañaba.

Lara no pudo seguir enojada.

—¿Qué querés comer?

—Fideos fríos.

—Andá a preguntar si tienen alguna restricción o algo que no coman.

Dulce fue y volvió corriendo.

—Dicen que todo bien, que uses lo que quieras de la heladera.

El chef de la casa apareció con un delantal limpio.

—Señorita, ¿necesita ayuda?

Lara sintió vergüenza.

—Perdón. No vengo a meterme en su trabajo. Es solo que Dulce...

—Lo sé. Si el señor Sebastián come, todo vale.

Lo dijo sin resentimiento.

Lara se relajó apenas.

—¿Puede ayudarme con la masa?

—Por supuesto.

Abrió la heladera y se quedó quieta.

Había ingredientes carísimos por todas partes. Carnes, verduras, hongos, mariscos, cosas importadas que en otro contexto habrían dado para una cena de lujo.

Y el dueño de casa tenía anorexia.

Lara cerró la puerta con cuidado.

No iba a tocar nada exagerado.

Preparó comida simple: fideos fríos con salsa liviana, pollo picante bien condimentado, papas salteadas con vinagre y ají, y tiras de carne con morrón.

Comida de casa.

Mientras tanto, en el living, Nicolás agarró la mano de Sebastián y empezó a revisarla.

Sebastián lo apartó.

—¿Sos idiota?

—Estoy investigando. No te salió nada.

—No.

—Te caíste encima de Lara.

—Ella se resbaló.

—Porque el piso estaba mojado.

Sebastián no respondió.

Nicolás entrecerró los ojos.

—Pará. A la mañana ya habían limpiado. Después mandaste a pasar el trapo otra vez. Sin secador. Mandaste el auto por Lara y desde entonces mirabas la hora cada dos minutos. Cuando entró, estabas justo al lado de la puerta.

Sebastián lo miró.

—Nico.

—Lo hiciste a propósito. Querías probar si también te daba alergia con Lara.

Al principio, Sebastián mantuvo la cara intacta.

Después, la comisura de su boca se tensó apenas.

Nicolás, convencido de haber descubierto el siglo, siguió:

—Pero no te dio. Ni con ella ni con Dulce. ¿Qué tienen? ¿Un componente antialérgico en la sangre?

—No digas estupideces.

—Entonces llamo a Aguirre.

—No hace falta.

—¿Por?

Sebastián miró hacia la cocina.

—Sé la razón.

—¿Cuál?

Sebastián entró al despacho y cerró la puerta.

Nicolás quedó afuera.

—¡Eso no se hace! ¡No podés tirar media frase y encerrarte!

Adentro, Sebastián no trabajó.

Se sentó en la silla y miró su propio brazo.

Lara lo había sostenido ahí.

A través de la tela fina de la camisa, igual había sentido sus dedos.

Calor.

Una presión breve.

Nada de rechazo.

Nada de alergia.

Algo casi parecido a deseo.

Cuando la comida estuvo lista, Dulce se subió a la silla feliz.

Vio tres platos de fideos y levantó la cabeza.

—¿Mamá no come con nosotros?

Lara no quería sentarse frente a Sebastián.

No con esa cara.

No con lo que acababa de pasar.

—Como en casa. Benja también tiene que almorzar.

Nicolás se levantó.

—Pero cocinaste vos. Comé aunque sea un poco.

—No, gracias. Tengo que volver a Dawn.

Sebastián dejó los palillos sobre la mesa.

El sonido fue suave.

Pero todos lo escucharon.

Nicolás miró a su hermano.

Aunque Sebastián tenía la misma cara de siempre, él lo conocía.

Estaba molesto.

1
Anayansi Batista de Caballero
Que falta de ética y respeto con los lectores, a pesar de ser una buena novela, y estar etiquetada completa habla mal de tu responsabilidad como escritora.
Hiradia Cohen
La que lo salvo fue Lara ahora quien le mando la Pulsera a Candela será Tomas y será Tomas quien secuestro a Mateo y lo de en la Casa de los padres de Candela
Silvia Monsalvez
que falta de respeto para sus seguidores no terminar la novela
Hiradia Cohen
La madre que dicer ser muy estrictamente y preocupada realmente los lleva los deja por ahí si atenderlos al cuidado de quien sabe quien y ni se acuerda de hijos y Sebastian que se la da de super inteligente no ve ningún parecido entre Matero y la niña
Hiradia Cohen
Si hace prohíba de ADN como va demostrar que es su hijo si ellas dos debe tener el mismo tipo de sangre
Dunia Esther Pérez
llevas 2 meses sin actualizar, es una falta de respeto a tus lectores
Monica Liliana Broudiscou
que vergüenza y desilusión a la vez!!!! no es posible que no termines la novela, para eso no subas más, historias,.desastre total
Clemencia Delci Casillas Ayala
autora porfavor ,mas emoción ....se esta haciendo la trama monótona...🤭
Cliente anónimo
Que feo cuando no las terminan
Mirtha Van Meegroot
no pueden publicar una novela sin final!!!!! muy mal........esperando el final... por favor...☺️☺️☺️
Cliente anónimo
Ya quiero el final
mafe
chee, solo por que ella se lo pidio
mafe
me estoy miando de la risa con este episodio/Chuckle//Facepalm/
mafe
zorra
Mildred Maiz
esta historia no tiene pie ni a bezares, van a un set cln dos niños de 3 años cual sea su coeficiente k telextusl, todos hablan, comemos, se los llevan presos y donde estas esos niños, cln quien por dios y siempre lo mismo, ya no se cual tos capituloa siempre lo mismo
Clemencia Delci Casillas Ayala: empezó bien la historia ,exelente diría yo ,
mas ya esta pasando lo de muchas otras historias ,dan vuelta a la trama ,no resuelven nada y se deja una sensación de aburrimiento ...😭
total 2 replies
Jessy Grey
ella lo trata muy mal como que el fuera el culpable si en realidad fue ella la que entró en su cama
Belsi Ramirez
q falta de seriedad
Diana Carolina Perez Pulido
segunda vez que nos deja un mes sin actualizar la novela

si no la iba a terminar para que la publicó

es un irrespeto para las lectoras
Belsi Ramirez
que chimba
Miriam Lada
que raro esta novela decía COMPLETA, nunca comienzo una novela si no esta finalizada. y si este es el final.... puagggg es un horror
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