se trata sobre una joven que es aceptada en una prestigiosa academia Pero lo que le parece extraño es que ella no envío ninguna solicitud y el nombre de la academia era muy raro y lo que era más extraño todavía era la reacción de su madre al escuchar el nombre de aquella academia si quieres saber de qué se trataba esa solicitud te invito a leer esta nueva y hermosa historia
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capítulo 8 La verdad de una madre
Beatrix guardó silencio durante un largo rato, asimilando la enormidad de su linaje y el peso de los cuatro nombres que ahora marcaban su destino. Sin embargo, su mente no estaba en los tronos ni en las almas inmortales; seguía atrapada en el mundo de los vivos, en la calidez de su hogar y en la gente que había dejado atrás de golpe.
Con la voz un poco más suave, casi con temor a la respuesta, miró al Director.
—Si este lugar está conectado con la superficie... ¿hay alguna manera de ver lo que pasa allá arriba? Sin tener que ir, solo... ver.
El Director Valerius la observó con una mirada comprensiva y asintió solemnemente. Se levantó de su asiento y caminó hacia el fondo del despacho, donde una pesada cortina de terciopelo negro cubría algo en la pared. Al descorrerla, reveló un espejo de cuerpo entero con un marco de plata antigua, labrado con formas de raíces y lunas crecientes. La superficie del cristal no reflejaba la habitación, sino una bruma gris y cambiante.
—Existe, señorita Blackwood —confesó el Director, colocándose a un lado del artefacto—. Y debe saber algo: durante todo su crecimiento en la superficie, su padre, el Rey del Inframundo, la estuvo cuidando y la estuvo observando por este mismo espejo.
Cada logro suyo, cada momento de tristeza, él lo vio desde aquí. No estuvo tan ausente como usted cree.
Beatrix se acercó lentamente, sintiendo una extraña atracción hacia el cristal frío.
—Solo debe concentrarse —continuó Valerius—. Dígame, ¿a quién quiere ver o qué quiere observar? El espejo se lo mostrará.
—A mi madre —susurró Beatrix de inmediato, dando un paso al frente.
La bruma gris dentro del espejo comenzó a agitarse con rapidez hasta que se aclaró, mostrando la pequeña cocina de su casa en la superficie. Su madre estaba sentada a la mesa, con el rostro desencajado por el llanto y una taza de café intacta frente a ella. Sostenía una vieja fotografía de Beatrix entre sus manos temblorosas.
De pronto, como si sintiera la mirada de su hija a través de las dimensiones, la mujer levantó la vista hacia la nada y empezó a hablar en voz alta, comunicándose con ella con la esperanza de que la escuchara en el más allá.
—Perdóname, Bea... —sollozó su madre en el reflejo, con la voz quebrada—. Perdóname por haberte mentido toda la vida. Tu padre... tu padre no era un empresario. Es el gobernante de ese lugar oscuro. Lo conocí cuando yo era joven y cometí el error de adentrarme donde no debía. Él me amó, y te amó a ti más que a nada, pero la corte del Inframundo es despiadada. Para salvarte de los demonios que querían usar tu sangre, tuvimos que esconderte en la superficie y sellar tus poderes hasta que fueras mayor. Tuve que dejarlo... tuve que criarte sola para mantenerte a salvo. Pero el pacto terminó. Siento tanto haberte ocultado la verdad, mi niña...
Beatrix llevó una mano a su boca, con las lágrimas rodando de nuevo por sus mejillas al escuchar la confesión de su madre. La rabia que sentía hacia ella se disolvió, convertida en una profunda y dolorosa comprensión.
Con el corazón latiendo a mil por hora, Beatrix quiso buscar consuelo en el resto de su mundo. Quería ver la lealtad que creía haber dejado atrás.
—¿Puedo... puedo ver a mi novio y a mis amigos? —preguntó con voz trémula.
El Director Valerius hizo un leve gesto con la cabeza, permitiendo que la magia del espejo respondiera a su deseo. La imagen de su madre se desvaneció, tragada por la niebla plateada.
Cuando el espejo volvió a aclararse, Beatrix esperaba ver a su novio devastado, llorando por su desaparición junto a su mejor amiga en el patio de la escuela o en su habitación. Pero el espejo le mostró la cruda realidad.
La escena se situaba en la habitación de él, apenas unas horas después de su partida. En el reflejo, Beatrix vio a su novio, el chico por el que había estado llorando toda la noche, pero no estaba solo. Su mejor amiga, la persona en la que más confiaba en la superficie, estaba allí con él.
No había lágrimas, ni angustia, ni preocupación. En su lugar, vio cómo se reían en voz baja. Vio a su novio abrazar a su mejor amiga por la cintura, besarla con una familiaridad que demostraba que aquello no era nuevo, y escuchar cómo él decía: "Por fin se ha ido, ya no tenemos que seguir ocultándonos".
La traición se desplegó ante sus ojos con una nitidez desgarradora. Aquella "pareja perfecta" y aquella "amistad incondicional" no eran más que una farsa que se caía a pedazos en su ausencia.
Beatrix se quedó petrificada. El dolor del engaño la golpeó con tanta fuerza que sus sollozos se detuvieron en seco. Sus ojos, fijos en el espejo, comenzaron a perder el brillo de la debilidad humana, reemplazado por un frío glacial y oscuro. El mundo de los vivos, el lugar por el que tanto había rogado regresar hace solo unos minutos, acababa de perder todo su sentido.