En la prestigiosa Academia de Artes Arcanas, el poder es la única moneda de cambio y el linaje lo es todo. Selene, una joven con un pasado fragmentado y un poder latente que no logra comprender, intenta pasar desapercibida entre lobos sedientos de sangre y vampiros de hielo. Sin embargo, su destino cambia para siempre cuando el Vínculo de Plata, una marca ancestral y prohibida, comienza a arder en su piel.
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Lazos fuertes
Selene se quedó paralizada, la risa que había brotado de sus labios se detuvo en seco. La transformación de Leo era abrupta y aterradora. Sus ojos, que antes reflejaban calidez y confianza, ahora parecían destellar con un brillo inquietante. Los colmillos, afilados y prominentes, hacían que su corazón se acelerara aún más.
-Leo...- susurró, su voz apenas un hilo de aire. No sabía si debía retroceder o permanecer en su lugar. La confusión la invadía, pero también una extraña fascinación por la dualidad de la persona que tenía frente a ella.
Leo, aún sobre ella, pareció darse cuenta del cambio en su expresión. Su mirada se tornó en una mezcla de angustia y arrepentimiento. -Selene, yo...- comenzó a decir, pero las palabras se le atascaban en la garganta. Sabía que su apariencia era aterradora, que había cruzado una línea que no debería haber cruzado.
-¿Eres un vampiro?- preguntó Selene, su mente tratando de procesar la revelación. Había oído historias, leyendas que hablaban de criaturas como él, pero nunca imaginó que alguien tan cercano pudiera ser uno.
Leo se apartó lentamente, levantándose de encima de ella -No quise asustarte- dijo con voz temblorosa -Esto... esto no es lo que parece. No soy peligroso para ti-
Selene se sentó en la cama, sus ojos fijos en él. La mezcla de miedo y curiosidad la mantenía cautiva -¿Cómo es posible? ¿Por qué no me lo dijiste antes?-
-Porque no quería que me miraras así- respondió Leo, su voz llena de frustración -He estado luchando con esto durante años. Solo quería ser normal... quería ser solo Leo para los demás...para tí-
Selene sintió un torbellino de emociones. Por un lado, el miedo la instaba a alejarse; por otro, había una conexión profunda con él que no podía ignorar -¿Y qué significa esto? ¿Eres peligroso? ¿Debo tener miedo de ti?-
Leo bajó la mirada, su expresión llena de dolor -No soy un monstruo, Selene. No quiero hacerte daño. He controlado mis instintos todo este tiempo. Pero... hay cosas que no puedo evitar. Hay momentos en los que pierdo el control...yo, al caer sobre tí..tu dulce aroma me despertó...-
Selene sintió un escalofrío recorrer su espalda al pensar en las implicaciones de sus palabras. Sin embargo, había algo en su tono que la hacía dudar. La vulnerabilidad en su voz resonaba dentro de ella.
-No tengo miedo de ti, Leo- dijo Selene con una voz ligeramente tranquilizante -Si me prometes y cumples con no hacerme daño-
Leo levantó la vista, sus ojos brillantes reflejando una mezcla de esperanza y tristeza -Te lo prometo. Haré lo que sea necesario para protegerte-
Selene inhaló profundamente y se acercó un poco más a él -Entonces, ¿por qué no me cuentas más sobre esto? Sobre ti... sobre lo que eres-
Leo asintió lentamente, su forma humana regresando a medida que se calmaba. Los colmillos desaparecieron y su mirada se suavizó -Está bien. Pero debes entender que esto es complicado. No es solo una cuestión de ser un vampiro; hay cosas que están fuera de mi control...-
Selene lo escuchó atentamente mientras él comenzaba a relatarle su historia: cómo había sido mordido en su adolescencia, la lucha constante por mantener su humanidad y cómo había encontrado consuelo en la amistad con los demás.
Mientras hablaba, Selene se dio cuenta de que había más en Leo de lo que había imaginado. No era solo un vampiro; era alguien que había enfrentado sus propios demonios y había elegido luchar contra ellos.
-Gracias por confiar en mí- dijo Selene al final de su relato, sintiéndose más cerca de él que nunca -Prometo no juzgarte por lo que eres-
Leo sonrió débilmente, agradecido por su comprensión -Eso significa mucho para mí, Selene-
El ambiente entre ellos se volvió más ligero, aunque la tensión inicial aún flotaba en el aire. Selene se sintió aliviada al ver que Leo volvía a ser el chico amable y protector que conocía.
-¿Te gustaría quedarte un rato más?- preguntó Selene con una sonrisa tímida -Tal vez podamos ver una película o algo-
Leo asintió, su rostro iluminándose con una chispa de alegría -Me encantaría, pero mejor descansas..los vampiros podemos aguantar el sueño..además, prometí cuidarte- Selene asiente -Está bien, pero quiero que también duermas conmigo- dijo con voz tímida y algo sonrojada -Está bien- respondió Leo.
Mientras ambos se acomodaban en la cama con una manta sobre ellos, Selene sintió que la conexión entre ellos había cambiado para siempre. A pesar del secreto oscuro que Leo llevaba consigo, ella estaba dispuesta a enfrentarlo junto a él. En ese momento, supo que su amistad era más fuerte que cualquier sombra del pasado.
Selene se acurrucó bajo la manta, sintiendo el calor del cuerpo de Leo a su lado. La habitación estaba sumida en un suave silencio, interrumpido solo por el sonido de su respiración. Era un momento extraño y hermoso a la vez; la presencia de Leo le brindaba una sensación de seguridad que nunca había experimentado antes.
-¿Te sientes bien?- preguntó Leo, su voz suave y reconfortante. Selene podía ver cómo su expresión se había relajado, como si la tensión del momento anterior se hubiera desvanecido.
-Sí, solo... es un poco raro, ¿no?- respondió Selene, sintiendo cómo sus mejillas se sonrojaban nuevamente. La intimidad de la situación era intensa, pero no le importaba. Había algo en Leo que la hacía sentir viva.
-Lo es- admitió él, sonriendo -Pero creo que es un buen tipo de raro. Nunca pensé que compartiría esto con alguien-
Selene lo miró a los ojos, buscando esa conexión que habían compartido antes. -Yo tampoco. Pero me alegra que seas tú. Quiero decir, no me gustaría estar aquí con nadie más-
Leo sonrió, y por un momento, la habitación pareció iluminarse con una luz cálida. -Eres increíble, Selene. No sé qué haría sin ti-
Ella sintió que su corazón latía más rápido ante sus palabras. -No tienes que preocuparte por eso. Estoy aquí para ti, siempre-
Mientras los minutos pasaban, Selene luchaba contra el sueño que comenzaba a invadirla. La calidez de Leo a su lado la hacía sentir cómoda y segura. Sin embargo, había una parte de ella que seguía inquieta, preguntándose cómo sería el futuro de su relación ahora que conocía su secreto.
-¿Qué pasará ahora?- preguntó Selene en un susurro, su voz casi apagada por el cansancio.
Leo se giró hacia ella, su mirada seria pero comprensiva. -No lo sé con certeza. Pero prometo que haré todo lo posible para protegerte y mantenerte a salvo. No quiero que te sientas amenazada por lo que soy.
Selene asintió, sintiéndose aliviada por su promesa. -Confío en ti, Leo. Solo... no quiero perderte-
-Nunca me perderás- respondió él con firmeza -Siempre estaré aquí para ti, Selene-
Con esas palabras resonando en su mente, Selene cerró los ojos y permitió que el sueño la envolviera. La última imagen que tuvo antes de caer en un profundo descanso fue la de Leo mirándola con una mezcla de ternura y determinación.
Mientras ella dormía, Leo permaneció despierto un poco más, observando su rostro sereno. Se sentía agradecido por tener a alguien como Selene en su vida, alguien que no solo aceptaba su oscuridad, sino que estaba dispuesta a enfrentarla junto a él. En ese momento, comprendió que no estaba solo en su lucha; había encontrado una compañera en el camino.
La noche avanzó silenciosa, y el vínculo entre ellos se fortalecía con cada latido del corazón de Selene, mientras Leo vigilaba su sueño con una devoción renovada. Era un nuevo comienzo para ambos, lleno de posibilidades y desafíos por venir, pero juntos estaban listos para enfrentarlos.
Pero, había un costo...
Quien descubre la verdadera forma de un vampiro, sus recuerdos sobre este serán eliminados para siempre, será un total desconocido para el humano, y nunca recordará haber vivido esos recuerdos. Y eso, es a lo que Leo más temía, que Selene se olvidase de él por completo, pero era por su propio bien.