Lía Aristizábal, una fotógrafa colombiana que llegó a España con el sueño de construir una nueva vida, decide convertirse en madre soltera mediante inseminación artificial después de alcanzar la estabilidad que tanto buscó. Sin embargo, todo cambia cuando descubre que los bebés que espera pertenecen al hombre más egocéntrico e insoportable que ha conocido.
Harold Veneti, dueño del imperio constructor más grande del mundo, siempre soñó con ser padre, pero jamás encontró a la mujer indicada. Lo que nunca imaginó fue que, por un error de la clínica de fertilidad, su esperma terminaría siendo utilizado para inseminar a una latina decidida a criar sola a sus hijos.
Obligados por el destino a compartir mucho más que unos bebés, Lía y Harold deberán aprender a convivir entre discusiones, diferencias y una atracción imposible de ignorar.
¿Podrá el amor surgir entre dos personas tan distintas… o sus personalidades chocarán demasiado como para estar juntos?
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Parte 24
Harold
Sí, todo se vuelve un desastre.
Sacar a Lía del carro sería un desastre, lo sé apenas veo la expresión de horror en su rostro cuando todos los medios empiezan a acercarse de forma violenta. Las cámaras se levantan, los micrófonos golpean las ventanas y las voces se superponen unas sobre otras.
Aún peor cuando comienzan a hablar en italiano.
¿Habían llegado tan rápido?
Incluso cuando mi secretario sale para ayudarnos, los periodistas no nos dan paso. Se amontonan alrededor del vehículo como si estuvieran cazando algo. Golpean el vidrio, intentan mirar dentro, gritan preguntas.
No se mueven.
No lo hacen hasta que pasan treinta minutos y finalmente llega la policía para obligarlos a retroceder.
Gracias a Dios siempre he usado vidrios polarizados. No voy a permitir que le tomen una foto a Lía en este estado.
—¿Estás bien? —le pregunto antes de bajarnos en el parqueadero privado, uno que normalmente no utilizamos.
Ella me mira.
Su expresión está perdida, desconcentrada.
—Sí… solo fue algo que… no sé.
La observo con atención. Esa mujer fuerte que siempre ha sido ahora parece pequeña. Vulnerable.
La abrazo y ella no se resiste.
—¿Serán las hormonas que me quieren hacer llorar?
La abrazo más fuerte.
—No te preocupes. Para eso estoy yo —le digo con firmeza—. Si sientes algo hoy o notas algo sospechoso, necesito que me lo digas para arreglar todo lo más pronto posible.
Ella asiente mientras respira profundo.
En ese momento su celular comienza a sonar.
Veo el nombre en la pantalla.
Gabriela.
Lía responde de inmediato.
—Sí, ya voy. Solo estaba esperando que bajara un poco la gente.
Cuando termina la llamada la acerco a mí y la beso. Ella se aferra a mí unos segundos, como si necesitara ese contacto. Luego se separa y me sonríe.
Pero esa sonrisa no llega a sus ojos.
—Tu trabajo seguirá siendo el mismo —le digo con calma—. No voy a permitir que nadie interrumpa tu mundo. Haré todo lo necesario para protegerte.
Esta vez su sonrisa sí alcanza sus ojos.
Luego se va.
La observo alejarse antes de salir del parqueadero y dirigirme a la oficina.
Necesito el discurso que daré más tarde. Al parecer tendrá que ser hoy. Si pospongo más la situación, solo atraeré más problemas.
Respiro profundo mientras empiezo a revisar algunos contratos que podrían tratarse en el futuro.
Cuando llega la hora del descanso, pido que le envíen el almuerzo a Lía.
Después hago dos llamadas.
A mi madre.
Y a mi hermano Lucas.
La videollamada se conecta.
—¿Por qué mamá tiene que estar presente? —pregunto mientras Lucas pone los ojos en blanco.
—Porque es la única que te va a defender aunque te metas en la peor cosa del mundo —responde ella con tranquilidad.
Lucas suspira.
—Hermano, de verdad no sabía que ella haría ese tipo de cosas. Ya le dije que si sigue con ese comportamiento lo mejor será tomar caminos separados. Y cuando nazca el bebé… se peleará la custodia.
—Puede que eso sea exactamente lo que ella quiere —respondo con frialdad—. No hacerse cargo del niño, meterte un hijo que no es tuyo y luego aparecer años después para quitarlo todo.
Lucas se queda en silencio unos segundos.
—No te juntes más con la cuñada —dice mi madre—. Nunca habías pensado algo así.
—Es una probabilidad que nunca es baja —respondo—. Lucas debería hacer una prueba de paternidad. Tengo conocidos que pueden hacerla en un día.
Lucas baja la mirada.
—No sé si quiero saber la verdad de la mentira.
Lo dice con sinceridad.
Siempre ha sido el niño de la casa. El menor. El que tuvo más privilegios.
Pero ahora es diferente.
Nadie puede protegerlo de esto.
—Tienes que tomar las riendas de la situación —le digo con firmeza—. No tienes opciones. O haces la prueba o la haré yo mismo cuando la atrape.
—¿La atrapes? —pregunta mi madre.
—Sí. La demandé porque no debe estar hablando de la familia con los medios. Además, déjame recordarles algo: mi esposa está en el primer trimestre de embarazo. Así que queda estrictamente prohibido que pase por una situación que la estrese.
Lucas asiente lentamente.
—Hermano… yo trataré de hablar con ella.
Niego con la cabeza.
—Lucas, no quiero que trates. No estoy buscando ideas. Es un hecho. Es algo que se hará. Y yo no siento nada por ella. Tú tampoco. Solo tienes la idea de querer un hijo.
Me inclino hacia la cámara.
—¿Por qué no buscar algo mejor?
Lucas frunce el ceño.
—¿Quieres una esposa? Hay muchas mujeres en el mundo. Yo mismo puedo encargarme de encontrarte una mujer buena. No con la mejor posición socioeconómica, pero sí con un buen corazón.
El silencio se instala entre nosotros.
Lucas finalmente habla.
—Voy a solucionar esto. No te preocupes.
Asiento.
Esa misma tarde le envían ropa a Lía. En una hora será la rueda de prensa y necesito entregársela.
Termino todo el trabajo pendiente que puedo para salir a tiempo.
Cuando llego al estudio la encuentro trabajando.
Está con su cámara, dando indicaciones al modelo, completamente concentrada.
Se ve diferente.
El cabello recogido.
Los lentes bien puestos.
La cámara colgando de su cuello.
Su voz firme mientras dirige la sesión.
Los demás se giran a verme, pero ninguno presta demasiada atención. Lía me da una media sonrisa antes de continuar trabajando.
Su concentración es total.
Y verla así me hace sentir… orgulloso.
Cuando termina la sesión se acerca a mí.
Su ropa, que antes la hacía ver impecable, ahora está un poco desordenada por el trabajo.
—Me iré a arreglar. Ya vuelvo.
Asiento y le entrego la ropa.
Ella la observa con curiosidad.
—¿Cómo sabes mi talla?
Sonrío.
—Sé muchas cosas de ti. Más o menos calculé con mis manos.
Levanto las manos para mostrárselas.
Ella se sonroja inmediatamente y pone los ojos en blanco antes de irse.
No pasa mucho tiempo antes de que regrese.
Su cabello está más ordenado.
Lleva tacones.
Su postura es firme.
Se ve increíble.
No puedo evitar sonreír.
Salimos juntos del estudio. Ya está cerrado. Mañana volverá temprano para más sesiones.
Pero se ve feliz.
Uno de los asistentes se acerca.
—Señores Venetti, los medios ya han llegado. Le harán un breve maquillaje a la señora para cámara. Luego de eso ambos saldrán. Habrá muchos flashes, así que prepárense.
Todo va según lo planeado.
Subir a ese lugar siempre ha sido un momento solitario para mí. Recuerdo cuántas veces lo he hecho durante el año.
Pero ahora es diferente.
Ahora estoy con mi esposa.
Su cabello perfectamente arreglado.
Su postura elegante.
Su mano entrelazada con la mía.
Las cámaras comienzan a disparar de inmediato.
Flash tras flash.
El sonido constante de los obturadores.
Respiro profundo.
Luego hablo.
—Buenas tardes. Espero que se encuentren muy bien.
Las cámaras no dejan de disparar.
—Esta rueda de prensa es para confirmar que efectivamente estoy casado con una mujer maravillosa.
La miro de reojo y sonrío ligeramente.
El flash me ciega por un segundo.
—Quiero informar que mi esposa es extranjera. No se casó conmigo por papeles ni por ninguna de las historias que circulan en redes sociales. Es una mujer respetuosa, trabajadora y completamente dedicada a su profesión.
Las cámaras continúan.
—Espero que puedan darnos sus felicitaciones. Especialmente porque viene un bebé en camino.
Siento cómo Lía aprieta ligeramente mi mano.
—Es cierto que hubo algunas situaciones en la clínica de fertilidad —continúo—. Pero incluso si no hubiera existido química o un mínimo de cariño entre nosotros, nunca le habría propuesto matrimonio.
Todo aclarado con la rueda de prensa Harold lo dejo bien claro es su esposa y esta esperando un hijo.
Lía y Harold tan calienturentos los dos que tal hicieron el delicioso 😋😋😋🤤🤤🤤 y a Lía le dieron como timbre de ascensor en película de terror 🤣😂🤣😂🤣😂.
Pero Harold ama demasiado a Lía y le importara un carajo lo que diga su familia.
Harold y Lía van paso a paso descubriendose con mucha confianza y sinceridad así que se construye las bases de un buen matrimonio me encanta esa complicidad.