Grace, estancada en el desempleo y la monotonía, decide arriesgarlo todo por una conexión virtual de años. Junto a su mejor amiga, cruza la frontera para conocer a Noah, un dedicado estudiante de medicina que vive consumido por la exigencia de sus guardias hospitalarias. Aunque Noah queda cautivado al ver que ella es más hermosa en persona de lo que imaginó, no está dispuesto a comprometerse: su carrera es su única prioridad. Sin embargo, la química física y emocional pronto desbarata sus planes. ¿Podrán construir un futuro real o simplemente el trabajo consumirá a un lado?
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Parte 8
Noah
Mierda... estaba en el cielo. Sentirla así era una maldita locura. No sé si en ese momento le estaba dando la mejor experiencia de su vida, pero después iba a compensarlo; por ahora, solo quería tenerla, sentir cada parte de ella como si el mundo fuera a acabarse en segundos.
No sé cuánto tardamos, no sé en qué momento decidí que era suficiente... si es que lo fue. Cuando por fin paramos, noté que la ropa ya estaba casi seca, quizá por el calor del sol o tal vez por el tiempo que había pasado.
—¿Estás bien? —pregunté, viéndola medio dormida. Asintió apenas, con esa pereza dulce de quien se siente agotada pero satisfecha.
Íbamos en el caballo, ya de regreso a la finca. Pude ver a lo lejos a Emma junto a mi madre, esperándonos. Mientras tanto, acaricié el cabello de Grace, sintiendo su respiración tranquila contra mi pecho. Había quedado exhausta, y con justa razón... su espalda tenía pequeñas heridas por el roce con la corteza del árbol. Tenía que pedirle a mamá alguna crema para eso.
Me sentí como un maldito animal. Tenía que tener más cuidado con ella. Aun así, mi mente me traicionó: imaginé su expresión cuando llegó al orgasmo... la manera en que su cuerpo tembló bajo el mío. Relamí mis labios sin querer, sintiendo cómo algo en mí despertaba otra vez, y tuve que controlarme para que no se notara demasiado.
—¿Qué pasó? —preguntó mi hermana, apenas nos alcanzó.
—Está cansada —respondí. Ella me miró con esa ceja alzada que usaba cuando quería juzgarme sin palabras.
Desperté a Grace con cuidado, pidiéndole que se sostuviera mientras bajaba del caballo para luego ayudarla a bajar también. Seguía medio dormida, así que tuve que agarrarla bien para que no perdiera el equilibrio. Al final, la tomé en brazos, estilo princesa. Su ropa aún estaba húmeda, y no podía dejar que durmiera así.
—Bebé... tienes que quitarte la ropa para dormir —le susurré al oído. Ella suspiró y asintió, dejando que la llevara a mi habitación.
Mi madre y Emma no dijeron nada, solo nos miraron de reojo mientras yo la dejaba sobre mi cama. Ella se sentó, somnolienta, y comenzó a quitarse la camisa. Yo la miraba con una ternura que me sorprendía incluso a mí. Le ayudé a quitarse lo demás y le pasé más de mi ropa, para que durmiera cómoda.
Salí de la habitación para dejarla descansar.
—Su ropa estaba mojada, ¿le ayudo a cambiarse? —preguntó mamá.
—No, ma... yo la ayudé —respondí rápido. No podía dejar que viera las marcas que le había dejado. Primero tenía que revisar bien las heridas del árbol.
—¿Tienes alguna crema para heridas? —pregunté.
—¿Se lastimó? ¿Dónde? —su tono cambió a preocupación inmediata, y se dispuso a entrar en mi habitación, pero me interpuse en la puerta.
—Solo fueron unas ramas... en la espalda —aclaré.
Emma me miró con una mezcla de burla y sospecha, pero no dijo nada. Mamá se rió bajito y fue a buscar algo.
—Esta le va a servir... con cuidado —dijo, entregándome un frasco de crema antes de volver a sus cosas.
Regresé a mi habitación. Ella se había movido, y ahora estaba de espaldas. Coloqué la crema sobre la mesa de noche y me senté a su lado. Pasé mis dedos por su cabello, disfrutando de la suavidad, y no pude evitar fijarme en lo hermosa que se veía así, con las mejillas encendidas incluso mientras dormía.
Siempre había sabido que me gustaba... pero nunca imaginé que llegaría a gustarme a este nivel.
Esa misma tarde, mis primas llegaron acompañadas de más familiares. A mi madre se le había ocurrido, como si nada, organizar una reunión familiar. Grace había dormido lo suficiente después de lo de la mañana y, para la hora del almuerzo, ya estaba de pie ayudando en todo. Se movía entre la cocina y el patio con esa sonrisa suya que iluminaba cualquier rincón, con una energía que parecía inagotable.
—¡Primo! —Una de mis primas más cercanas me abrazó con entusiasmo, sonriendo de oreja a oreja—. Yo pensé que estarías con Caro... ella estaba súper feliz de que vinieras al pueblo.
Cerré los ojos un instante. El nombre de Carolina me trajo recuerdos. Ella era una mujer linda, más joven que Grace y que yo. Nos habíamos conocido hace un par de años, cuando vine al pueblo y fui a recoger a mi prima; Carolina estaba allí, nos presentamos y hubo química de inmediato. Incluso le pedí su número sin pensarlo demasiado.
Pero la verdad es que nunca fue el momento. Yo tenía demasiadas cosas en la cabeza y ella tampoco era mi prioridad. Ambos lo entendimos y decidimos que, si acaso, nos veríamos cuando yo regresara al pueblo. Eso sí... había pasado casi un año desde la última vez que puse un pie aquí.
Ahora, mientras mi prima hablaba, lo único que me preocupaba era la cara de Grace.
Giré a buscarla con la mirada. Estaba riéndose junto a mi madre y algunos de mis primos, cómplices de quién sabe qué conversación. Creo que sintió mi mirada porque, en cuanto me vio, nuestros ojos se encontraron. Fueron apenas unos segundos, pero ninguno apartó la vista del otro. Entonces, ella sonrió... una sonrisa pequeña, sin mostrar los dientes. Y ese gesto, tan sutil, me provocó un escalofrío que me recorrió entero.
Antes de poder acercarme, alguien saltó sobre mi brazo.
—¡Noah! —La voz me hizo girar, y ahí estaba Carolina, en persona. Se veía un poco mayor, quizá más madura, pero no podía decir que se viera mal. Sin embargo, tampoco podía decir que estuviera bonita. Y no porque no lo fuera... sino porque esa palabra, "bonita", ahora solo podía significar una cosa en mi cabeza: Grace... debajo de mí, mirándome de esa forma que me volvía loco.
Y es que eso era... estaba loco. Loco por esa mujer tan increíble, hermosa e inteligente. Pero, al mismo tiempo, no estaba seguro de si quería seguir por ese camino... ni si era lo más sabio.
Emma me observó fijamente desde la mesa. Frunció un poco el ceño y entrecerró los ojos, como si quisiera descifrarme.
Grace no volvió a mirarme en toda la noche.