Morí siendo una escritora de novelas mediocres…
solo para despertar dentro de la peor de mis historias.
Ahora soy Ciel Rousla, la “princesa tonta”: hermosa, ingenua… y destinada a ser traicionada y devorada por bestias.
En la historia original, confiaba ciegamente en su “amable” hermana, la hija ilegítima que todos adoraban, mientras tres poderosos prometidos la controlaban bajo la excusa de protegerla… hasta abandonarla en su peor momento.
Pero esta vez es diferente.
Yo conozco el final.
Sé quién me manipula.
Sé quién me traicionará.
Y sé que cada sonrisa a mi alrededor… es una mentira.
Ya no seré la princesa ingenua.
Aunque tenga que enfrentar a la “santa”, romper mis propios lazos y cambiar todo lo que escribí…
Voy a sobrevivir en este mundo bestia
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Capítulo 20: Entre guerra y latidos
Después del ataque… el castillo no volvió a ser el mismo.
Durante los días siguientes, nada explotó abiertamente, pero todo se movía por debajo. Los ministros susurraban, los duques observaban, y los aliados… empezaban a inclinarse.
Ciel no reaccionó de inmediato.
Esperó.
Una semana.
Luego otra.
Tiempo suficiente para que la herida en su costado cerrara… pero no del todo. Aún dolía al moverse demasiado, un recordatorio constante de que ya no podía permitirse errores.
Pero no todo era guerra.
Había momentos… pequeños, inesperados.
—
El primero fue sin intención.
—
Ciel estaba en uno de los jardines internos, revisando unos informes cuando sintió una presencia conocida.
No levantó la mirada de inmediato.
—Te mueves demasiado para alguien que debería estar recuperándose.
La voz la hizo sonreír apenas.
—Y tú observas demasiado para alguien que dice no involucrarse.
Draven no respondió de inmediato. Se acercó lo suficiente para quedar a su lado, mirando los papeles sin realmente interesarse en ellos.
—No confío en la quietud —dijo al final.
—Yo tampoco.
Silencio.
Pero no incómodo.
—
—¿Te duele? —preguntó él de pronto.
—
Ciel levantó la mirada.
—
—¿Eso es preocupación?
—
Draven sostuvo su mirada.
—
—Es observación.
—
Ella dejó escapar una leve risa.
—
—Sí… duele.
—
No fue una queja.
Fue una verdad.
—
Por un segundo, ninguno habló.
—
Pero el ambiente cambió.
—
Más cercano.
—
Más… suave.
—
—
Los días siguieron.
—
Y esos encuentros también.
—
No planeados.
—
Pero constantes.
—
A veces en los pasillos.
A veces en el jardín.
A veces solo miradas que duraban más de lo necesario.
—
—
Kael lo notó primero.
—
—Se acerca demasiado.
—
Ciel no respondió.
—
—Y tú lo permites.
—
—No me estorba.
—
Kael frunció el ceño.
—
—No es eso.
—
Ciel lo miró de reojo.
—
—Lo sé.
—
—
Kaian también lo notó.
—
Pero no dijo nada.
—
Solo observó.
—
Y entendió algo que no le gustó del todo.
—
—
Una tarde, el encuentro cambió.
—
Ciel estaba de pie en el balcón, viendo la ciudad, cuando sintió que alguien se detenía detrás de ella.
No necesitó girarse.
—Empiezas a hacerlo costumbre.
—Tú también.
—
Esta vez, Draven no se quedó a distancia.
—
Se acercó más.
—
Demasiado.
—
—
—Estás jugando un juego peligroso —dijo él.
—
—Siempre lo hago.
—
—No hablo de la guerra.
—
Pausa.
—
—Hablo de esto.
—
—
Ciel giró lentamente.
—
Ahora estaban frente a frente.
—
Muy cerca.
—
—
—¿Esto? —preguntó ella.
—
Draven no respondió de inmediato.
—
Su mirada bajó apenas… luego volvió a sus ojos.
—
—Sí.
—
—
El aire cambió.
—
Más denso.
—
Más lento.
—
—
—Entonces no juegues —dijo Ciel en voz baja.
—
—
Eso fue todo.
—
—
El espacio entre ellos se redujo apenas.
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No fue un beso.
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Pero estuvo cerca.
—
Demasiado cerca.
—
—
Y fue suficiente.
—
—
Draven se apartó primero.
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Pero no del todo.
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—No soy alguien que juega a medias.
—
—
Ciel sostuvo su mirada.
—
—Entonces no lo hagas.
—
—
Silencio.
—
—
Pero esta vez…
—
no era tensión de guerra.
—
—
Era otra cosa.
—
—
—
Esa noche, Ciel no pudo concentrarse del todo en los informes.
—
No era normal.
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Y eso la irritaba un poco.
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—
“Esto no debería importar…”
—
—
Pero sí lo hacía.
—
—
Mientras tanto…
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Erina observaba desde lejos.
—
No directamente.
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Pero lo suficiente.
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—
—Interesante… —murmuró.
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Pausa.
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—Un punto débil.
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Sonrió.
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—
—O una oportunidad.
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—
—
La guerra seguía.
—
Pero ahora…
—
había algo más en juego.
—
—
Algo que no se podía controlar tan fácilmente.