Valeria sobrevive a un matrimonio gélido refugiándose en un cuarto secreto, donde plasma en lienzos los sueños húmedos que tiene con un hombre desconocido que la adora. Tras descubrir la cínica traición de su esposo, el dolor se transforma en una sed de venganza diseñada con la precisión de una obra de arte. En esta batalla por su amor propio, la línea entre la fantasía y la realidad se rompe cuando el hombre de sus pinturas aparece frente a ella, desatando un deseo prohibido que podría ser su salvación o su ruina.
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el hielo de la venganza
Capítulo 12:
Bajo el cielo plomizo de Nueva York, el regreso a casa fue amargo. Valeria atravesó el umbral del lujoso ático en la Quinta Avenida sintiendo el peso del juramento que acababa de hacer en la soledad de la noche. El viento helado de Manhattan todavía parecía susurrar en sus oídos, pero su corazón estaba blindado. Sin decir una palabra a nadie, evitó la habitación principal; ese santuario que su esposo, Julián, había profanado con su presencia y sus mentiras. Se encerró en el cuarto de invitados, buscando refugio entre sábanas limpias de su traición. En la oscuridad, observó las luces de la ciudad, recordando cómo Julián había intentado demoler su edificio de arte, su único refugio personal. Con esa furia contenida, se entregó a un sueño profundo, protegida por la frialdad de su nueva resolución.
Horas más tarde, el sonido de la puerta principal anunció la llegada de Julián. Él entró con la arrogancia de quien se cree vencedor, tarareando una melodía tras una noche de excesos que Valeria ya no se molestaba en rastrear. Al entrar a la alcoba matrimonial y encontrar el lado de Valeria vacío y frío, una punzada de duda lo recorrió. Caminó por el pasillo y descubrió que ella se había recluido en la habitación de invitados. Intentó girar la perilla, pero estaba bajo llave. No hubo gritos, solo un silencio denso que presagiaba la tormenta que estallaría con el primer rayo de sol.
Al amanecer, la atmósfera en el comedor era eléctrica. Valeria estaba de pie frente al gran ventanal, impecable en un traje sastre oscuro, esperando a que Julián apareciera. Cuando él entró, intentando lucir despreocupado mientras se ajustaba la corbata frente al espejo del comedor, ella ni siquiera parpadeó. Julián intentó acercarse con una falsa sonrisa de esposo ejemplar, pero Valeria lo detuvo con una mirada que cortaba como el hielo.
—Quiero el divorcio, Julián —soltó ella sin preámbulos. Su voz no tembló, sonaba como una sentencia dictada desde lo más alto de un tribunal.
Julián se quedó congelado por un segundo, pero luego soltó una carcajada seca, llena de desprecio. —¿Divorcio? ¿De qué hablas ahora, Valeria? ¿Otra rabieta porque no te gustó el color de las flores? Tienes demasiada imaginación con tus dramas.
Valeria dio un paso hacia él, invadiendo su espacio personal con una seguridad que lo hizo retroceder.
—No es una rabieta, Julián. Es una decisión tomada sobre las cenizas de lo que intentaste destruir. Te metiste con lo más sagrado que tengo: mi pasión por el arte, mis pinturas, ese mundo que me pertenece solo a mí y que tú despreciaste como si fuera basura. Intentaste demoler mi edificio de arte para construir tus complejos de lujo. Ese es el único límite que no debiste cruzar jamás. Te metiste con mi alma y con lo que me hace sentir viva, y por eso, ya no te necesito para sostener este teatro de matrimonio, ni como administrador ni como esposo.
Julián, incapaz de entender el valor de la pasión que había atacado, simplemente recogió su maletín de cuero italiano, restándole importancia al asunto con un gesto de la mano.
—Estás delirando. Ese edificio es un estorbo para el progreso de la constructora. No tengo tiempo para tus berrinches matutinos sobre lienzos y colores. Tengo hoteles que supervisar y una empresa que manejar. Quédate aquí con tus fantasías si quieres, pero no me vengas con amenazas legales que no tienes el valor de cumplir —dijo mientras salía del ático, cerrando la puerta con un estruendo que hizo vibrar las paredes.
Sin embargo, en cuanto entró al ascensor, el rostro de Julián cambió. La seguridad desapareció para dar paso a una mueca de ansiedad. Sacó el teléfono y marcó el número de Beatriz con dedos temblorosos.
—Tenemos que vernos ya en la suite del hotel —le dijo a Beatriz en cuanto ella contestó—. Valeria se volvió loca. Acaba de pedirme el divorcio porque dice que me metí con su "sagrada pasión". Cree que puede echarme de la casa y de la empresa ahora que salvó su edificio de arte.
Minutos después, Julián entraba a la suite ejecutiva donde Beatriz lo esperaba. Él se dejó caer en el sofá, desatándose la corbata con violencia.
—¡Me pidió el divorcio! —exclamó Julián, mirando a Beatriz—. Dice que por haber intentado tocar sus obras y su edificio ya no tiene razón para seguir conmigo. Está decidida, Beatriz. La mirada que tenía... nunca la había visto así.
Beatriz, lejos de asustarse, se sentó cerca de él, acariciándole el rostro con una malicia que le iluminaba los ojos.
—Cálmate, mi amor. Esto es lo mejor que nos pudo pasar. Si ella quiere el divorcio por sus "pinturitas", se lo daremos, pero bajo nuestras condiciones. Si ella insiste en sacarte, vamos a acelerar el plan de los hoteles. Vamos a vaciar las cuentas y a falsificar los registros de tal manera que cuando el juez vea los papeles, ella parezca la culpable de todo el desfalco. Deja que se quede con su museo vacío y sus lienzos, nosotros nos quedaremos con el dinero. Si su pasión es el arte, que se hunda con él mientras nosotros disfrutamos su fortuna.
Se besaron con una urgencia eléctrica, celebrando la supuesta caída de Valeria mientras conspiraban para dejarla en la calle. Para ellos, Valeria era solo una soñadora vulnerable, sin saber que el dragón ya había despertado.
Mientras ellos celebraban su traición en el hotel, Valeria no perdió un segundo en el ático. Con el corazón blindado por su pasión herida, marcó el número directo del Dr. Mendoza.
—Mendoza, es el momento. Julián acaba de salir de casa pensando que mis palabras son humo. Quiero que inicies todos los trámites del divorcio de inmediato. Usa las pruebas de malversación que hemos recolectado y activa la protección de mis bienes personales. Julián cree que su posición como esposo lo protege, pero quiero que sienta cómo su mundo se desmorona. Si él quiso destruir mi pasión, yo voy a destruir su ambición.
Valeria colgó y caminó hacia su estudio. Tomó un pincel y, con una mezcla de óleo rojo intenso, trazó una línea firme sobre un lienzo en blanco. La guerra había comenzado, y esta vez, la artista iba a pintar el final de sus enemigos con justicia. El divorcio era solo el primer trazo de su obra maestra de venganza
para mí será negativo 🤭