Jessica trabaja como secretaria en una empresa de comida enlatada. Su vida es rutinaria, predecible… segura.
Aquella mañana, como cualquier otra, estaba en el comedor desayunando junto a sus compañeros, ajena a lo que estaba a punto de ocurrir.
Entonces, un escándalo estalló en la recepción.
Gritos. Golpes. Algo no estaba bien.
Movida por la curiosidad, Jessica se acercó con los demás, sin imaginar que ese sería el último momento de normalidad en sus vidas.
Porque lo que vieron… no era humano.
Ese día, el mundo cambió.
Y nadie estaba preparado para sobrevivir.
NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 12
Cada paso hacia abajo se sentía más pesado que el anterior.
—¿Será suficiente con nosotros seis…? —pregunté, sin poder evitarlo.
Mi voz salió más baja de lo que esperaba.
Omar respondió sin dudar.
—En mi opinión… con Dos es más que suficiente.
Giré la mirada hacia él.
Hacia Dos.
Entre los movimientos, los ataques, la forma en que eliminaba a cada uno…
no parecía estar en peligro.
Parecía…
en control.
—¿Te gusta? —preguntó Omar de pronto.
Parpadeé, sorprendida.
—¿Qué?
—Dos —aclaró, mirándome con atención.
Sentí el calor subir a mi rostro.
—No —respondí de inmediato, molesta—. Es un loco. No me gusta.
Omar bajó ligeramente la mirada.
Y, por alguna razón…
pareció satisfecho con mi respuesta.
—Un maniático no es el tipo de hombre de Jessica —intervino Enrique, con tono firme.
Omar frunció el ceño.
—Debes entender algo, Enrique —respondió—. Son la misma persona. Dos no existiría si Jackson no lo necesitara.
Sus palabras hicieron eco en mi mente.
—No está bien intentar separarlos.
Enrique lo miró con dureza.
—¿Y tú qué sabes de lo que está bien y de lo que no?
El ambiente volvió a tensarse.
No era el momento.
No ahí.
No con los sonidos de los muertos aún resonando a nuestro alrededor.
—Basta —interrumpí, con más firmeza de la que esperaba—. No es momento de discutir por eso.
Mi voz los obligó a callar.
Por un instante, nadie dijo nada.
Solo se escuchaban los ecos de la lucha más abajo.
......................
Seguimos descendiendo.
Un escalón tras otro.
El aire se volvía más pesado con cada nivel… más denso… más difícil de respirar.
El olor.
Ese olor a carne en descomposición mezclado con sangre fresca.
Me revolvía el estómago.
Intentaba mantenerme cerca de Enrique… tal como le había prometido.
Pero entonces—
un golpe seco resonó más abajo.
Un cuerpo cayó contra la pared.
Un grito.
Y todo se desordenó.
Uno de los hombres que venía con nosotros tropezó al intentar esquivar a un muerto que salió de entre las sombras. Omar reaccionó de inmediato, pero en ese instante otro se lanzó desde el costado.
—¡Cuidado! —grité sin pensar.
Retrocedí.
Instintivamente.
Demasiado.
Mi pie falló en el siguiente escalón.
Perdí el equilibrio.
Y antes de darme cuenta—
ya me estaba cayendo.
Rodé un par de escalones, golpeándome el brazo y la espalda, el aire escapando de mis pulmones en un jadeo ahogado.
—¡Jessica! —escuché a lo lejos.
Pero ya era tarde.
Cuando logré detenerme, levanté la mirada con dificultad.
El silencio me golpeó.
No estaban.
Ni Enrique.
Ni Omar.
Nadie.
Solo yo.
Y el eco lejano de la pelea arriba.
Mi corazón empezó a latir con fuerza.
Demasiado fuerte.
—¿Hola…? —mi voz salió débil.
Nadie respondió.
Tragué saliva.
Intenté levantarme, ignorando el dolor en mi cuerpo.
No entres en pánico… no entres en pánico…
Pero entonces—
escuché pasos.
Detrás de mí.
Lentos.
Firmes.
Mi cuerpo se tensó por completo.
Giré lentamente.
Y ahí estaba.
Dos.
Apoyado contra la barandilla, observándome.
Como si hubiera estado ahí todo el tiempo.
Como si me hubiera estado esperando.
—Vaya… —murmuró, con una leve sonrisa—. Al final no pudiste mantener el ritmo.
Fruncí el ceño, aún intentando recuperar el aliento.
—No fue mi culpa…
Mi voz sonó más débil de lo que quería.
Él se separó de la barandilla y comenzó a acercarse.
Paso a paso.
Sin prisa.
Sin dejar de mirarme.
Sentí cómo mi pulso se aceleraba otra vez.
No por la caída.
No por los muertos.
Por él.
—¿Te duele? —preguntó, inclinando ligeramente la cabeza.
No había burla en su voz esta vez.
Eso… me desconcertó más que cualquier otra cosa.
—Estoy bien —respondí, aunque no lo estaba del todo.
Se detuvo frente a mí.
Demasiado cerca.
Podía sentir su presencia.
Esa sensación extraña…
peligrosa…
pero imposible de ignorar.
Sus ojos recorrieron rápidamente mi cuerpo, evaluando.
Como si buscara heridas.
Como si realmente le importara.
—Mientes —dijo en voz baja.
Antes de que pudiera reaccionar, su mano se acercó a mi brazo.
Instintivamente me tensé.
Pero no me aparté.
Sus dedos rozaron la zona donde me había golpeado.
Un leve dolor punzante me hizo inhalar bruscamente.
—Hm… —murmuró—. Nada roto.
Su cercanía hizo que mi corazón se acelerara aún más.
—No necesitas tocarme —dije, intentando sonar firme.
Pero no me moví.
Él levantó la mirada hacia la mía.
Y sonrió.
Esa sonrisa suya…
mitad peligrosa, mitad divertida.
—Y aun así no te apartas.
Mi respiración se desordenó.
—Eso es porque…
No terminé la frase.
Ni siquiera sabía qué iba a decir.
El silencio entre nosotros se volvió extraño.
Pesado.
Diferente.
Más íntimo de lo que debería ser.
Y entonces—
un gruñido rompió el momento.
Giré la cabeza de inmediato.
Un muerto apareció unos escalones más abajo, arrastrándose hacia nosotros.
El miedo regresó de golpe.
Pero antes de que pudiera decir algo más, él ya se había movido.
Rápido.
Preciso.
El cuchillo brilló apenas un instante antes de hundirse directamente en el ojo del muerto.
El cuerpo se desplomó sin resistencia.
Silencio.
Dos retiró el cuchillo con calma.
Luego volvió a mirarme.
Como si nada hubiera pasado.
—No te separes —dijo, esta vez sin burla—. No eres útil si mueres.
Parpadeé, sorprendida.
—Eso no sonó como un cumplido…
—No lo era.
Pero su mirada…
decía otra cosa.
De repente en ese momento…
ya no estábamos solos.
—¡Jessica!
La voz de Enrique rompió el aire como un golpe.
Giré de inmediato.
Lo vi bajar los escalones con rapidez, su respiración agitada, los ojos clavados en mí… y luego, inevitablemente, en Dos.
Su expresión cambió.
Alivio primero.
Después—
algo más.
Algo más oscuro.
—¿Estás bien? —preguntó al llegar frente a mí, sujetándome por los hombros con firmeza, como si necesitara comprobar que seguía intacta.
—S-sí… estoy bien —respondí, aún sintiendo el eco de todo lo que acababa de pasar.
Su mirada recorrió mi rostro, mis brazos, como buscando alguna herida oculta.
Pero entonces—
sus ojos se desviaron.
Hacia la mano de Dos, aún cerca de mi brazo.
El ambiente se tensó.
—¿Qué pasó aquí? —preguntó, pero ya no me estaba mirando solo a mí.
Dos soltó una pequeña risa por lo bajo.
—Se cayó —respondió con naturalidad sabiendo que eso no era lo que había preguntado realmente Enrique—. No pudo seguir el ritmo.
Fruncí el ceño.
—No fue así—
—Pero aquí sigue —añadió Dos, interrumpiéndome, con esa calma suya que parecía hecha para provocar—. Entera.
El énfasis en esa palabra no pasó desapercibido.
absurdo pelearle a la mujer que básicamente se salvó sola de morir en último minuto.
😒😒
en fin, se creen que la mujer es de hierro.
que goze hasta que se transforme otra vez
es que tonsentia que iba a estar con Jackson alias dos
bello
autora aaaaa necesitamos más capitulos, en qué altar te ponemos ? 🤣🤣🤣
cómo me dejas con semejante evento 🤩🤩🤩🤩🤩
necesito más capitulos esto está intensoooo