hace 500 años "Kathall" sufrió tras la última guerra santa donde muchos murieron. En especial, Re'Xhuz el titan de la muerte quien fue derrotado por la primobestia "Fenixsera" pero algo de su esencia quedo vagando en el mundo. Esencia que se introduce en el cuerpo de una humana, siendo esta su cuna mientras se prepara para volver y así iniciar otra guerra santa.
NovelToon tiene autorización de Deivis Blanco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 7: El Velo Rasgado y el Giro hacia Alejandría
El aire en las faldas de las Cumbres de Arkon era tan afilado como una hoja de afeitar. Liria y Clio permanecían agazapados entre los arbustos de bayas negras, cuyas hojas crujían bajo el viento eléctrico. El Zorro de siete colas se había adentrado en la oscuridad de la grieta, buscando un refugio seguro, dejando a los amantes en un silencio tenso que pronto se rompió de la forma más violenta.
La Emboscada de las Sombras
Sin previo aviso, el silbido de la madera cortando el viento precedió al impacto. Flechas de punta de cristal —características de los exploradores elfos de Nerwel— llovieron desde los riscos superiores, clavándose en la tierra y los troncos con una precisión letal.
—¡Al suelo! —gritó Clio, empujando a Liria hacia la maleza.
Ambos se hundieron en el barro frío, pero no fueron lo suficientemente rápidos. Un proyectil, imbuido con una leve luminiscencia esmeralda, atravesó el hombro izquierdo de Clio. El elfo soltó un rugido de dolor, apretando los dientes mientras la sangre comenzaba a manchar su túnica de viaje. Liria ahogó un grito, viendo cómo el rostro de Clio se tornaba ceniciento.
—¿Clio? ¡No, por favor! —Liria intentó alcanzarlo, pero una segunda descarga de flechas los obligó a permanecer inmóviles.
Fue entonces cuando el Cuervo, que observaba desde una rama alta, descendió en picado. A mitad de su caída, su cuerpo no tocó el suelo; en su lugar, estalló en una densa columna de humo negro y viscoso que absorbió la luz de los relámpagos. Del humo emergió una figura alta, envuelta en ropajes de seda oscura que parecían fundirse con las sombras.
Era Senylda, la Sombría. Su rostro era pálido y sus ojos, negros como el abismo, brillaban con un poder antiguo. Con un gesto de sus manos enguantadas, las flechas que aún volaban hacia ellos se detuvieron en el aire, suspendidas por hilos de oscuridad, antes de caer al suelo como madera inerte.
Liria y Clio la miraron con absoluto asombro. La leyenda que creían muerta estaba frente a ellos, protegiéndolos con una magia que hacía que la propia montaña temblara de respeto.
La Visión de la Profetisa
A kilómetros de distancia, la columna del Imperio Negro avanzaba bajo el mando de hierro de Kain. Calanthe, cuyas cadenas resonaban contra los flancos de su montura, cerró sus ojos de plata repentinamente. Su cuerpo se tensó y su cabeza se echó hacia atrás, dejando escapar un jadeo que detuvo a los guardias.
En su mente, la visión fue clara: no vio a los amantes en las cuevas, sino el futuro que se desplegaba más allá de las montañas. Vio el destello de las armaduras de un reino que no era Belandria, y un trono que aún no había sido reclamado por el caos.
—¡Alto! —ordenó Kain, alzando su mano enguantada en metal al ver la reacción de la bruja.
Calanthe recuperó el aliento, con un rastro de sangre bajando por su nariz debido al esfuerzo astral. Miró a Kain con una sonrisa críptica.
—No están donde buscas, joven príncipe —siseó ella—. Las Cumbres de Arkon son solo un señuelo. Si quieres el fruto de Re'Xhuz, debes mirar hacia donde sale el sol. Las sombras se mueven hacia el este.
Kain frunció el ceño, consultando el mapa mental de la región.
—Al este... El Reino de Alejandría.
—Alejandría —confirmó Calanthe—. El reino de la sabiduría y el comercio. Allí es donde el destino busca refugio, pensando que sus bibliotecas y sus murallas podrán detener lo que viene.
Kain no dudó. Con un grito de mando, ordenó a sus cazadores de almas virar sus bestias de guerra hacia el este. El Imperio Negro ya no escalaría las cumbres; rodearían la base de la montaña para interceptar a los fugitivos antes de que cruzaran las fronteras de Alejandría.
El Nuevo Rumbo
En el desfiladero de las Cumbres, Senylda se volvió hacia los amantes. Su presencia era gélida, similar al frío que Liria sentía en su vientre, pero había una extraña seguridad en su mirada.
—Vuestra huida por las cuevas ha terminado —dijo Senylda, su voz resonando como un eco en una catedral vacía—. El Imperio Negro sabe que estáis aquí. Debemos descender hacia el valle del este. Vuestra única esperanza es alcanzar Alejandría antes de que el primogénito de Thaneus cierre las puertas.
Liria ayudó a Clio a levantarse, notando que el elfo miraba a la mujer de la leyenda con una mezcla de miedo y esperanza. El Zorro de siete colas emergió de la grieta, bufando impaciente. El camino hacia la salvación ahora pasaba por un reino humano que, hasta ese momento, se había mantenido al margen de la catástrofe.
CONTINUARÁ...