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Mi Mundo Arde Por Ti (Vindicta Dinasty II)

Mi Mundo Arde Por Ti (Vindicta Dinasty II)

Status: Terminada
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Amor en la guerra / Completas
Popularitas:751
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Romero

Tras la muerte de Salvatore Vindicta, el imperio criminal queda en el aire. Contra todo pronóstico, Chiara debe asumir el control del negocio familiar. Muchos capos no aceptan que una mujer lidere la organización, y las traiciones comienzan a surgir desde dentro.

Mientras intenta mantener unido el imperio de su padre, la guerra con las familias rivales se intensifica. Markus Becker permanece a su lado, pero su relación también se ve puesta a prueba por el poder, los secretos y las decisiones que Chiara debe tomar para sobrevivir.

En este libro, Chiara pasa de ser la hija del capo a convertirse en una líder temida, mientras su mundo literalmente arde entre violencia, alianzas rotas y sacrificios que podrán en juego su nuevo imperio.

NovelToon tiene autorización de Paula Romero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitolo 15

...⚔️...

El Eduardo que chiara recordaba, aquel hombre quebrado sin uso de razón, débil y loco que había visto en ese manicomio. Parecía ahora una sombra lejana de lo que tenía frente a ella.

Este Eduardo era distinto. Más sereno, más frio, más peligroso. Notaba que había algo en su mirada que no solo observaba…analizaba. Como si cada gesto, cada respiración de chiara, fuera una pieza más de un rompecabezas que él ya había resuelto.

Los espresso llegaron. Al notar que el aroma fuerte del café lleno el aire entre ellos, se mezclaba con un silencio que no era incómodo... pero hacia el ambiente pesado.

Chiara tomó la taza con cuidado y dio un sorbo. Saboreaba ese sabor amargo, intenso, real. Eduardo no bebió de inmediato. Solo la observo detenidamente.

—Aún sigues reaccionando igual—dijo finalmente.

Chiara levantó su mirada.

—¿A qué te refieres, Nonno?

—Al espresso sin azúcar. No lo disfrutas… lo soportas.

Chiara dejó la taza en el plato con suavidad.

—No sabía que llegabas al punto de analizar eso.

—Analizo todo —respondió él sin inmutarse—Es lo que mantiene a esta familia en pie.

Silencio.

Chiara desvió la mirada un instante, pero Eduardo no dejó de observarla.

—Te voy a confesar algo nieta, es sobre tu nuevo socio leonid, ese chico no me agrada—añadió él de pronto.

Chiara no reaccionó de inmediato.

—No te pregunté de cómo te parecían mis socios, nonno—respondió ella con calma.

—Eso no es todo—continuó—Tampoco me agrada Markus.

Esa vez, Chiara sí reaccionó.

Fue casi imperceptible.

Pero Eduardo lo notó.

Siempre lo notaba.

—Con tu expresión me dejo claro algo, aún sientes algo por Markus—continuó Eduardo, apoyando suavemente la taza sobre la mesa.

Chiara tenso su mandíbula y apretó sus uñas enterrándolas en sus manos.

—Eso no cambia nada.

—Lo cambia todo —corrigió él—El corazón siempre es la grieta más fácil de explotar.

Chiara lo miró directamente.

—Si estas insinuando que esta situación me hace débil déjame decirte algo nonno, yo no soy débil.

Eduardo esbozó una leve sonrisa.

—Yo nunca dije que lo fueras. Solo me tome el tiempo para que pensaras que, por encima de ser mafiosa, eres humana.

El silencio volvió, más denso esta vez.

Chiara tomó otro sorbo de café, como si necesitara anclarse a algo tangible.

—Tu abuela —dijo Eduardo de repente—Tampoco lo era.

Chiara frunció levemente el ceño.

—Tanto la familia como tú no habla mucho de ella.

—Porque la mayoría no entendería.

Se inclinó ligeramente hacia adelante.

—Pero tú sí debes hacerlo.

Chiara no respondió, pero no apartó la mirada.

Eduardo continuó:

—Tu abuela también creció en este mundo, pero fue educada de forma en que no creía en el amor. Pensaba que eso era una distracción, una debilidad disfrazada de virtud por eso creía más en el poder que en eso.

Chiara sintió algo incómodo en el pecho.

—¿Y tú?

Eduardo sostuvo su mirada.

—Aprendí de ella.

Pausa.

—En este mundo, el poder lo es todo. Sin poder… no eres nada. No decides. No sobrevives.

Chiara tragó saliva lentamente.

—¿Y qué pasa cuando el poder no es suficiente?

Eduardo ladeó ligeramente la cabeza.

—Entonces pierdes.

La respuesta fue fría. Directa. Final.

—Tu abuela perdió una vez —añadió él.

Eso captó completamente la atención de Chiara.

—¿Cómo?

—Ella se confió

La palabra cayó como un golpe seco.

—Confió en alguien que decía amarla.

Silencio.

—Y ese fue su error.

Chiara bajó la mirada por un segundo.

El eco de esas palabras retumbó dentro de ella.

Leonardo.

Markus.

Leonid.

Su padre.

Todo parecía entrelazarse.

—Por eso—continuó Eduardo—debes entender algo, Chiara.

Ella levantó la mirada lentamente.

—Aquí no se trata de lo que sientes.

Pausa.

Se trata de lo que estás dispuesta a sacrificar.

Antes de que pudiera responder, uno de los hombres de seguridad se acercó rápidamente.

—Signore… signorina vindicta—dijo con respeto—Ya han llegado los nuevos numerales que los Signores esperaban, están aquí para ser trasladados a la organización.

El ambiente cambió de inmediato.

Eduardo se puso de pie con calma.

—Vamos —dijo.

Chiara lo siguió sin decir nada.

El área de inspección estaba iluminada con luces frías, casi clínicas.

Ocho personas estaban alineadas.

Siete hombres.

Y una mujer.

Chiara los observó con atención, pero su mirada se detuvo en ella.

Había algo en su postura.

Demasiado firme.

Demasiado controlada.

No parecía nerviosa.

Y eso, en ese lugar… era extraño.

—¿Quién los recomendó?

—El Capo regime Giordano de la división platino—informó uno de los hombres.

Eduardo cruzó las manos detrás de la espalda.

—Interesante.

Chiara dio un paso al frente, dirigiéndose específicamente a la mujer.

—Nombre.

—Grace D’Angelo.

Su voz era estable.

Segura.

—Edad.

—Veintisiete.

—Experiencia.

—Operaciones tácticas, infiltración y manejo de información.

Chiara la observó con más detenimiento.

—¿Lealtad?

Grace no dudó.

—A quien me dé una razón para tenerla.

Silencio.

Esa respuesta no era la correcta.

Pero tampoco era débil.

Eduardo sonrió apenas.

—Honesta.

Chiara no parecía convencida.

—Aquí ya no buscamos personas que sean honestas porque sabemos que no se puede confiar en nadie porque con dinero se venden fácil—dijo—aquí buscamos otra cosa.

Grace sostuvo su mirada.

El aire se tensó.

Los demás presentes evitaron moverse.

Eduardo miró de reojo a Chiara.

—¿Qué opinas?

Chiara no respondió de inmediato.

Se acercó un poco más a Grace.

La rodeó lentamente.

Observándola como si intentara desarmarla pieza por pieza.

—No me convences.

Grace no reaccionó.

—Eso no significa que esté equivocada —respondió con calma.

Chiara se detuvo frente a ella.

—Significa que no confío en ti.

Pausa.

—Aún.

Grace inclinó apenas la cabeza.

—¿Quién te recomendó? —preguntó Chiara.

—Un contacto de la división platino.

—Nombre.

Grace dudó un segundo.

Y ese segundo fue suficiente.

Chiara lo noto

—ya veo, por tu nombre no eres de aquí verdad?

El ambiente se volvió más pesado.

Eduardo intervino finalmente.

—Todos tienen secretos, Chiara.

—Sí —respondió ella sin apartar la mirada de Grace—pero le hice una pregunta ¿de dónde eres?

—Mi madre es de estados unidos y mi padre italiano, nací en estados unidos, pero tengo la nacionalidad italiana.

Silencio.

Chiara dio un paso atrás.

—Déjenla pasar por ahora —ordenó—Pero quiero vigilancia constante.

—Entendido.

Grace fue retirada junto con los otros.

El lugar quedó en silencio nuevamente.

Eduardo se acercó a Chiara.

—Tienes buen instinto, eso lo sacaste de tu madre.

—No es instinto —respondió ella—Es desconfianza y más con los extranjeros sabiendo que son los primeros en traicionar.

Eduardo sonrió levemente.

—Es lo mismo en este mundo.

Chiara exhaló lentamente.

—No me gusta.

—Eso tampoco importa.

Ella lo miró.

—Lo sé.

Pausa.

—Pero algo no está bien con ella.

Eduardo la observó con atención.

—Entonces descúbrelo.

Chiara asintió apenas.

Pero en su interior… algo se movía.

Algo oscuro.

Algo familiar.

Porque por primera vez en mucho tiempo…

No era el pasado lo que la inquietaba.

Era el futuro.

...CONTINUARÁ ...

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