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FUERA DE PROTOCOLO

FUERA DE PROTOCOLO

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Reencuentro / Romance
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Sin saber que él cayó primero en esa trampa de seda y misterio, Alicia guarda silencio. Ahora, el destino prepara su propia jugada: un encuentro casual en una cafetería a plena luz del día. ¿Bastará el eco de una voz o el calor de una mirada para reconocer al amor que juraron mantener en la oscuridad?

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capitulo 6

No sé cómo he llegado a mi cama. Solo recuerdo el sonido de mi propia respiración mezclándose con la suya en esa habitación de seda burdeos. Me despierto con el sol golpeando las persianas de mi apartamento, y por un segundo, el pánico me oprime la garganta. Reviso mis manos, mis hombros, buscando marcas que delaten que anoche dejé de ser la hija perfecta de los Vázquez. No hay nada físico. Solo un vacío punzante en el pecho y el aroma a sándalo que parece haberse quedado tatuado en mi memoria sensorial.

Me levanto y camino hacia el baño. Me miro al espejo. Soy Alicia otra vez. El cabello castaño, la mirada apagada, la mandíbula tensa. Pero cuando me mojo la cara, cierro los ojos y vuelvo a sentir sus dedos recorriendo mi cuello. El contraste me marea.

—Fue real —susurro.

El sábado transcurre como una película en blanco y negro. Mi madre llama tres veces para hablar del catering de la próxima gala. Mi padre me envía un correo electrónico con "correcciones sugeridas" para el alegato del lunes. Los leo, respondo, asiento por teléfono. Hago todo lo que se espera de mí, pero me siento como una actriz que ha olvidado su guion y está improvisando sobre una vida que ya no le pertenece.

Toda mi educación se basó en el control. "Alicia, una mujer que controla sus impulsos controla su destino", decía mi abuela mientras me enseñaba a sentarme con la espalda recta. Pero anoche, bajo esa máscara, descubrí que hay un destino mucho más interesante en el descontrol.

Él no sabe mi nombre. No sabe que paso diez horas al día rodeada de códigos penales y café amargo. No sabe que mis padres planean mi vida como si fuera una partida de ajedrez. Y ese desconocimiento es lo más excitante que he experimentado jamás. Para él, soy solo "la chica de rojo". Soy fuego, soy piel, soy deseo. No soy un apellido.

Paso el fin de semana contando las horas. Es ridículo. Soy una mujer racional, una abogada que desmenuza mentiras para ganarse la vida, y aquí estoy, suspirando por un hombre cuya cara no he visto. Intento concentrarme en un caso de fraude corporativo, pero las cifras en la pantalla se convierten en la silueta de sus hombros. La lógica me dice que esto es peligroso, que es una fantasía que podría arruinar mi reputación si alguien se enterara. Pero mi cuerpo... mi cuerpo tiene una lógica diferente.

El lunes por la mañana, en el bufete, Elena entra en mi oficina con un café cargado y una mirada de sabelotodo.

—Tienes ojeras —dice, sentándose frente a mí—. Y no son de las que salen por leer expedientes hasta las tres de la mañana. Son ojeras de las que valen la pena.

—No sé de qué hablas, Elena. Estoy terminando el informe de los activos de la familia García.

—Mientes fatal, Alicia. Se te nota en la forma en que te colocas el moño. Lo estás apretando más de lo normal, como si tuvieras miedo de que algo se escape.

Me detengo a mitad del gesto. Ella tiene razón. Mi moño es mi última línea de defensa. Si lo suelto, si dejo que mi pelo caiga, siento que todo el edificio de Vázquez & Asociados se vendría abajo conmigo.

—Él es... diferente —confieso en un susurro, asegurándome de que la puerta esté bien cerrada—. No hubo preguntas, Elena. No hubo juicios. Fue como si por fin alguien me tocara a mí, y no a la máscara que llevo de día.

—Eso es porque él también lleva una máscara, Ali. No te olvides de eso. Ambos están jugando a ser sombras. Disfrútalo, pero no dejes que la sombra se coma la luz.

Disfrutarlo. Qué palabra tan ajena a mi vocabulario habitual.

El resto de la semana es un suplicio de grisura. Cada vez que entro en una sala de juntas, imagino el tacto de la seda burdeos en las paredes de aquella habitación. Cada vez que estrecho la mano de un cliente, comparo su tacto con la firmeza de las manos de él. Nadie sospecha nada. Sigo siendo la "Roca de la firma". Sigo siendo la hija impecable.

Pero el viernes por la tarde, cuando el sol empieza a esconderse tras los rascacielos de cristal, algo en mi interior se enciende. No es solo deseo sexual; es una sed de verdad. Una verdad que solo encuentro cuando miento sobre quién soy.

Llego a mi apartamento y el ritual de transformación empieza. Esta vez no hay dudas. Me quito el traje sastre con una celeridad casi violenta. Me pongo la peluca roja y el encaje negro. Me miro al espejo y sonrío. Esta mujer me gusta mucho más que la abogada. Esta mujer tiene hambre.

Manejo hacia el club con el corazón martilleando contra mis costillas. El hombre de la máscara de plata me deja pasar con un ligero asentimiento de cabeza. Cruzo el umbral y el olor a sándalo me golpea como un abrazo bienvenido.

Lo busco. Mis ojos escanean la penumbra. Y ahí está. En el mismo lugar. Como si el mundo se hubiera detenido y él hubiera estado esperándome durante siete días seguidos sin moverse.

Camino hacia él, sintiendo el roce de la seda de mi vestido contra mis piernas. No hay preámbulos. No hay saludos corteses. Él da un paso adelante y me toma de la cintura, pegándome a su cuerpo. Siento su calor, su fuerza, y por fin puedo respirar.

—Has tardado una eternidad —susurra contra mi máscara.

—He estado contando los segundos —respondo, y por primera vez, no me importa sonar vulnerable.

Sus manos bajan por mi espalda, reclamando territorio, recordándome que aquí, en la oscuridad, las reglas las ponemos nosotros. El protocolo ha muerto. El viernes ha vuelto a empezar sin embargo quiero disfrutar cada roze cada beso cada caricia suya antes de tener que volver a la realidad me encanta como nuestros cuerpos se complementan de una manera maravillosa creo que esto es la gloria.

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