Renace en un mundo mágico, en un matrimonio sin amor, pero decidida a cambiar su destino.
* Esta novela es parte de un mundo mágico *
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Abby Norhaven 1
A la mañana siguiente, la luz suave entraba por los ventanales de la mansión Norhaven, iluminando la gran mesa del despacho donde Helen y Agnes estaban inclinadas sobre varios bocetos extendidos.
—Si afinamos un poco más esta curvatura —decía Agnes, señalando con un lápiz—, el riel quedará más discreto y elegante.
Helen asintió, entusiasmada.
—Y si aquí añadimos un pequeño reborde decorativo, podría ocultar completamente el mecanismo… Sería perfecto para salones nobles.
—Exactamente lo que estaba pensando.. Tenemos que probar esto en un prototipo.
Ambas estaban tan concentradas que apenas notaron el paso del tiempo, riendo de vez en cuando cuando alguna idea se les ocurría al mismo tiempo.
Mientras tanto, en el jardín trasero, Dylan había decidido aprovechar la mañana para revisar unos inventarios y tomar aire fresco. Caminaba entre rosales y arboles bien cuidados con un cuaderno bajo el brazo, cuando escuchó el suave crujir de grava detrás de él.
—Vaya… así que tú debes ser Dylan Yard.
Dylan se giró.
Ante él estaba una mujer joven, de cabello oscuro brillante que caía en ondas sobre sus hombros y ojos del mismo tono profundo, intensos, observándolo con descaro. Llevaba un vestido de escote pronunciado, de tela ligera, que dejaba muy poco a la imaginación y contrastaba bastante con la sobriedad habitual de la casa Norhaven.
Ella sonrió lenta, evaluándolo de arriba abajo.
—Soy Abby Norhaven… prima de Agnes.
Mientras se sentaba a su lado…
Dylan parpadeó un segundo, sorprendido por la entrada tan directa.
—Un gusto, Lady Norhaven —respondió con cortesía, inclinando apenas la cabeza.
—Oh, por favor… nada de lady.. Abby está bien.
Dylan mantuvo una distancia respetuosa y una sonrisa educada.
—De acuerdo, Abby.
Ella cruzó las piernas despacio, muy consciente del efecto que causaba el movimiento, y apoyó un codo en el respaldo del banco.
—Así que tú eres el famoso administrador milagroso… El que rescató a Lady Lewis de su horrible matrimonio.. y él que ha ayudado a varias condesas y duquesas a progresar..
Dylan carraspeó, incómodo.
—Solo hice mi trabajo.
—Modesto… interesante… Y dime, ¿siempre trabajas tan concentrado o solo cuando hay damas hermosas cerca?
Dylan sintió el coqueteo como un golpe frontal. Enderezó la espalda.
—Procuro mantenerme profesional en todo momento.
Abby soltó una risa baja.
—Qué serio eres… eso lo hace aún más divertido.
Ella alargó la mano y tomó distraídamente una hoja del cuaderno de Dylan.
—¿Y en qué trabajas ahora?
Dylan recuperó el cuaderno con suavidad.
—Revisando cuentas y suministros.
—Qué aburrido… Deberías tomarte un descanso conmigo.
Dylan sonrió con educación, pero dio un pequeño paso hacia atrás.
—Agradezco la invitación, pero tengo mucho que hacer.
Abby lo miró con interés renovado, claramente no acostumbrada a que la rechazaran tan fácil.
—Vaya… Definitivamente eres distinto a los hombres que conozco.
—Intento serlo —respondió Dylan con calma.
Desde una ventana del despacho, Helen, que justo se había levantado a estirar las piernas, miró hacia el jardín… y vio a Abby sentada peligrosamente cerca de Dylan, gesticulando y sonriendo demasiado.
Helen frunció un poco el ceño.
—¿Esa es…? —murmuró.
Agnes se acercó a la ventana y soltó un suspiro cansado.
—Oh no… Esa es Abby.
Helen ladeó la cabeza.
—¿Es problema?
—Mucho… Le encanta coquetear con absolutamente todo lo que respira.
Helen cruzó los brazos, sin darse cuenta de la ligera incomodidad que le apretaba el pecho.
—Pues parece muy interesada en Dylan.
Agnes sonrió torcida.
—Eso ya me lo temía.
En el jardín, Abby se inclinó aún más hacia Dylan.
—Dime, Dylan… ¿Tienes esposa?
—No
—¿Prometida?
—No.
Los ojos de Abby brillaron.
—Entonces… estás completamente disponible.
Dylan negó despacio.
—No exactamente.
Abby alzó una ceja, intrigada.
—¿Ah, no?
—Estoy concentrado en mi trabajo y en mis responsabilidades actuales… No busco distracciones.
Ella lo miró unos segundos, como midiendo ese límite invisible… y luego sonrió lenta, divertida.
—Qué pena… Justo me gustan los desafíos.
Dylan respiró hondo, manteniendo la compostura.
—Espero que podamos llevarnos bien… Pero volveré a verte, Dylan Yard.
Y se alejó balanceando las caderas con total intención.
Dylan la siguió con la mirada unos segundos… y luego exhaló, pasándose una mano por el rostro.
[¿Qué fue eso…?]
Desde la ventana, Helen apretó un poco los labios.
—No me gusta nada esa mujer..
Agnes la miró de reojo, sonriendo con picardía.
—Interesante… Muy interesante.
Helen carraspeó.
—¿Qué?
—Nada… Absolutamente nada.
Al dia siguiente, la mesa principal del comedor Norhaven estaba servida con una elegancia sobria.. porcelana blanca, cubiertos de plata, pan recién horneado y una selección de platos ligeros. El ambiente debería haber sido tranquilo… pero no lo fue.
Helen entró junto a Agnes, todavía comentando detalles de los bocetos.
—Si ajustamos la tensión aquí, el mecanismo no se va a trabar..
—Exacto.. Después del almuerzo lo probamos con uno de mis prototipos.
Dylan ya estaba sentado a un costado de la mesa, revisando mentalmente algunas cuentas, cuando Abby apareció como una sombra perfectamente calculada… y se sentó justo a su lado.
Demasiado cerca.
—Dylan… ¿Puedo sentarme aquí?
Él levantó la vista, sorprendido.
—Claro… adelante.
Helen se detuvo un microsegundo al ver la escena.
[¿Por qué tan cerca? Es un comedor enorme…]
Sonrió forzado y tomó asiento frente a Dylan, intentando convencerse de que no le importaba.
Abby se inclinó hacia Dylan apenas empezó el servicio.
—¿Dormiste bien anoche?
—Sí, gracias
—Yo no… Pensé mucho en nuestra conversación.
Helen apretó un poco los dedos alrededor de su servilleta.
[¿Nuestra conversación…? ¿Qué tanto hablaron ayer?]
Agnes miró la escena de reojo, divertida, y tomó un sorbo de vino como quien ve una obra de teatro.
Abby tomó una aceituna del plato de Dylan sin pedir permiso.
—Deberías comer más.. Un hombre fuerte necesita energía.
—Estoy bien, Abby..
Ella rió suave y apoyó una mano en su antebrazo.
—Eres tan serio… Eso te hace irresistible.
Helen sintió un pinchazo directo en el pecho.
[¿Irresistible…? ¿Esta mujer no conoce la vergüenza?]
Forzó una sonrisa y se metió un bocado de pan en la boca que no necesitaba.
—¿Todo bien, Helen? —preguntó Agnes en voz baja, notando su rigidez.
—Perfecto.. Solo… tengo hambre.
Abby siguió sin rendirse.
—Dylan, ¿ya viste el lago detrás de la mansión? Podríamos dar un paseo esta tarde.
—No creo que tenga tiempo… Debo revisar unos documentos con Lady Lewis.
Helen levantó la vista de golpe.
—¿Conmigo? —preguntó, un poco más fuerte de lo necesario.
Dylan la miró, sorprendido… y luego sonrió leve.
—Sí… Quedamos en revisar lo de Kensington después del almuerzo, ¿recuerdas?
—Ah… sí… Claro.
Abby frunció un poco los labios.
—Qué lástima… Pensé que podríamos pasar tiempo juntos.
—Otro día, tal vez..
Helen sintió una oleada absurda de alivio… seguida de una punzada de culpa por sentirla.
[¿Por qué me importa tanto…? No es mío… Es mi administrador, nada más.]
Pero Abby no se dio por vencida.
—Entonces cenamos juntos… Solo tú y yo.
Dylan negó con suavidad.
—Cenaré con Lady Lewis y Lady Agnes… Tenemos trabajo pendiente.
Helen casi se atraganta con el vino.
—¿Cenar… conmigo?
—Sí.. Si no te molesta.
—No… no, claro que no…
Abby entrecerró los ojos un segundo.
—Vaya… Qué hombre tan solicitado.
Y luego sonrió falsa.
—Supongo que tendré que compartirte.
Helen apretó la mandíbula.
[¿Compartirte…? ¿Quién te crees?]
El resto del almuerzo siguió en ese tono incómodo..
Abby rozando accidentalmente la mano de Dylan al pasarle un plato.
Abby elogiando sus hombros, su voz, su seriedad.
Abby riendo demasiado fuerte a cualquier cosa que él decía.
Y Dylan, cada vez más tenso, educado, visiblemente atrapado.
Helen intentaba concentrarse en su comida… pero cada gesto la irritaba.
[Que deje de tocarlo. Que deje de mirarlo así. Que deje de existir.]
Cuando por fin se levantaron de la mesa, Helen respiró hondo.
—¿Vamos, Dylan? Tenemos trabajo.
—Claro —respondió él de inmediato.
Abby los miró alejarse, con una sonrisa lenta y calculadora.
—Hasta luego, Dylan.
Él solo inclinó la cabeza, aliviado.
En el pasillo, Helen caminaba más rápido de lo normal.
—¿Estás bien? —preguntó Dylan
—Perfectamente —dijo ella, sin mirarlo.
[Por supuesto que estoy furiosa. Pero no tengo ningún derecho a estarlo. Y eso es lo peor de todo.]