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La Sustituta Del Don Viudo

La Sustituta Del Don Viudo

Status: Terminada
Genre:Mafia / Tú no me amas / Romance oscuro / Completas
Popularitas:19.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Edna Garcia

Órfana desde pequeña, Ayslan fue criada solo por su abuela. Cuando su salud empeora y los gastos médicos se vuelven urgentes, Ayslan acepta trabajar como camarera en un club de lujo… sin imaginar que ese paso cambiaría su vida para siempre.

Álvaro, un poderoso jefe de la mafia, vive consumido por la culpa después de perder a su esposa embarazada en una traición sangrienta. Al ver en Ayslan una perturbadora similitud con la mujer que perdió, toma una decisión extrema: obligarla a un matrimonio donde nada es elección, solo condición.

Atrapados en una relación marcada por el control, el silencio y el dolor, Ayslan lucha por no desaparecer en un papel que nunca quiso, mientras Álvaro confunde luto con posesión y obsesión con amor.

Cuando huir se convierte en la única forma de sobrevivir, ambos se ven obligados a enfrentar las consecuencias de lo que fue impuesto. Entre culpa, arrepentimiento y sentimientos que resisten al final, nace una historia sobre la pérdida y la oportunidad de empezar de nuevo, incluso cuando todo comenzó mal.

NovelToon tiene autorización de Edna Garcia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Poco después, uno de los hombres de confianza de Álvaro la esperaba cerca del coche. Alto, discreto, mirada atenta. No parecía hostil, solo profesional.

— Señora Mendes. — saludó, abriendo la puerta. — ¿Podemos irnos?

Ayslan entró en el coche en silencio.

Durante el trayecto hasta el hospital, observaba la ciudad por la ventana. Personas comunes caminaban por las calles, viviendo vidas que parecían tan distantes de la suya ahora.

En el hospital, el olor característico la alcanzó de inmediato. Antiséptico, limpieza, silencio respetuoso. El hombre permaneció unos pasos atrás mientras Ayslan caminaba por el pasillo hasta la habitación indicada.

Cuando abrió la puerta, el corazón casi se detuvo.

Daniela estaba sentada en la cama, con mejor aspecto de lo que Ayslan recordaba. El rostro aún delgado, pero los ojos más vivos. Al verla, una sonrisa surgió inmediatamente.

— Ayslan… — murmuró. — Mi niña.

Ayslan caminó hacia ella rápidamente y tomó sus manos.

— Abuela… ¿cómo está?

— Mejor. — respondió Daniela, sincera. — Los médicos son geniales. Conseguiste un empleo muy bueno, ¿no es así?

Ayslan sintió que la garganta se apretaba.

— Conseguí… — respondió, intentando sonreír.

Daniela tocó el rostro de su nieta con cariño.

— Pareces cansada.

Ayslan desvió la mirada por un instante.

— Es solo adaptación.

Daniela la atrajo hacia un abrazo débil, pero lleno de amor.

— Estoy tan orgullosa de ti…

Ayslan cerró los ojos, respirando hondo para no llorar.

Ayslan permaneció sentada al lado de la cama de su abuela durante algunos minutos, solo tomando sus manos. La sensación era extraña, casi irreal. Por primera vez en mucho tiempo, Daniela no parecía luchar contra su propio cuerpo.

Parecía… ligera.

— No te imaginas, mi hija… — dijo Daniela, con una sonrisa tranquila. — Desde que llegué aquí, no sentí más esos dolores terribles. Puedo dormir toda la noche.

El corazón de Ayslan dio un salto.

— ¿Dormir… toda la noche? — repitió, incrédula.

Daniela asintió.

— Sin despertarme gimiendo. Sin esa presión en el pecho. — Respiró hondo, como si quisiera probar sus propias palabras. — Es como si alguien hubiera apagado el dolor.

Ayslan se llevó la mano a la boca, emocionada.

— Gracias a Dios… — murmuró.

Daniela apretó levemente sus dedos.

— Y hay más. — dijo, con un brillo nuevo en la mirada. — La enfermera me lleva a pasear por el jardín todas las tardes. Necesitabas ver… es tan bonito. Lleno de flores.

Ayslan sonrió entre lágrimas.

— ¿Usted… caminando?

— Despacio, claro. — Daniela rió bajito. — Pero caminando. Con ayuda, pero caminando. Hacía tanto tiempo que no podía poner los pies en el suelo sin sentir ese dolor insoportable…

Ayslan cerró los ojos por un instante.

Recordó las noches en que su abuela lloraba bajito para no despertarla. Los días en que Daniela apenas podía sentarse. Las veces en que pidió disculpas por “dar trabajo”.

Y ahora… ahora estaba allí, hablando de flores.

— Incluso me hice amiga de otra señora de la habitación de al lado. — Daniela continuó, animada. — Conversamos en el jardín, reímos… hacía tanto tiempo que no reía así.

Ayslan sintió algo cálido extenderse por el pecho.

No era alegría completa.

Era alivio.

Un alivio profundo, casi doloroso.

— Todo esto… — Daniela continuó, mirando a su nieta con cariño. — Es por tu causa, ¿no es así?

Ayslan tragó saliva.

— Sí… — respondió bajo. — Un poco.

Daniela tocó su rostro con delicadeza.

— Sea lo que sea que estés haciendo, debes saber que estás salvando mi vida.

Ayslan sonrió, pero por dentro algo se partió y se recompuso al mismo tiempo.

Se levantó y caminó hasta la ventana de la habitación. Afuera, el jardín se extendía en tonos de verde y luz. Vio a la enfermera ayudando a una paciente a caminar despacio entre los canteros.

Por un instante, imaginó a Daniela allí.

Feliz, sin dolor, viva.

Valió la pena, pensó.

Sabía que estaba pagando un precio alto. Sabía que cada día al lado de Álvaro arrancaba un pedazo de sí misma. Sabía que su dignidad era puesta a prueba constantemente.

Pero, al mirar a su abuela sonriendo, respirando sin dolor, caminando nuevamente… nada de eso parecía importar.

— No importa lo que tenga que soportar… — pensó, en silencio. — Si es para verte así, lo aguanto.

Volvió a la cama y besó la frente de Daniela.

— Te amo, abuela.

— Yo también te amo, mi niña.

Cuando el horario de la visita llegó a su fin, Ayslan se despidió con el corazón oprimido, pero diferente. Ya no había solo miedo y dolor.

Había certeza.

En el pasillo, el hombre de Álvaro la esperaba. Al verla salir con los ojos llorosos, pero el semblante sereno, solo asintió, respetuoso.

Mientras tanto, en la mansión, Álvaro permanecía en su oficina. Intentaba trabajar, pero su mente insistía en volver a aquella escena que no veía — solo imaginaba.

Ayslan con su abuela.

Algo en su pecho se contrajo, incómodo.

Apretó la mandíbula, irritado consigo mismo.

— Esto no cambia nada… — murmuró.

Pero, por primera vez, se dio cuenta de que tal vez estaba equivocado.

En el camino de regreso, Ayslan observaba la ciudad con otra mirada. Por primera vez desde que aceptó aquel matrimonio, sintió algo parecido a la paz.

En la mansión, al entrar, encontró a Álvaro en la sala.

Él la observó en silencio.

— ¿Cómo está ella? — preguntó, directo.

— Bien. — respondió Ayslan, sin dudar. — Muy bien. Sin dolores. Durmiendo tranquila. Caminando.

Álvaro asintió levemente.

— Óptimo.

Ella lo miró fijamente durante algunos segundos y, por primera vez, habló con convicción:

— Sea cual sea el precio… valió la pena.

Álvaro no respondió.

Pero, cuando ella pasó por él y subió las escaleras, algo en su mirada se tornó diferente.

No era arrepentimiento.

Pero era el inicio de una pregunta que él nunca se había permitido hacer:

¿Hasta cuándo alguien puede pagar un precio tan alto… sin perderse para siempre?

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Leticia V
felicidades
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Que bonito Capitulo.🥰👏👏👏👏
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Muy buena tu Novela 👏👏👏👏🥰🥰🥰💕💕
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Muy bueno.
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Qué hombre más extraño, parece la momia, pobre chica.
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Salcorriendo de esa casa Bruna.
Lineth
interesante
yansa munoz
/Smile/
Carolina Parra
Noooo puede ser
Carolina Parra
Aurora me encanta tod a historia verdaderamente bella
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