Antes de que todo ardiera…
hubo un amor que nunca debió existir.
Un ser dividido entre la luz y la oscuridad.
Un alma incapaz de elegir entre lo que era… y lo que sentía.
Y en medio de todo… Nyra.
Ella no pertenecía a ese mundo.
Pero fue el error que lo cambió todo.
Lo que comenzó como una conexión imposible…
se convirtió en obsesión.
En traición.
En una herida que nunca dejó de sangrar.
Porque cuando llegó el momento de elegir…
alguien lo perdió todo.
Y años después…
el pasado no volvió para sanar.
Volvió para destruir.
Esta no es una historia de amor.
Es el origen de una guerra.
Del enemigo que nació del dolor…
y de la única persona capaz de detenerlo.
O de terminar de romperlo todo.
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Capítulo 17
Después de la verdad…
nada vuelve a ser igual.
Nyra no se fue.
Esa fue la primera diferencia.
Se quedó.
No hizo preguntas inmediatas.
No huyó.
No dudó.
Solo…
se quedó.
Y eso…
lo complicaba todo.
—Deberías descansar.
Dije.
Ella negó suavemente.
—No quiero irme así.
—¿Así cómo?
—Con más preguntas que respuestas.
Silencio.
—Te dije la verdad.
—Una parte.
Eso…
era cierto.
—No todo se puede decir de golpe.
—¿Por qué?
—Porque no es fácil de aceptar.
—Lo estoy aceptando.
—Ahora.
Pausa.
—Pero no sabes lo que significa.
Nyra me sostuvo la mirada.
—Entonces explícamelo.
Silencio.
—Ser mitad ángel y mitad demonio…
Respiré hondo.
—significa que siempre estoy en conflicto.
—¿Contigo mismo?
—Sí.
—¿Y eso qué cambia?
—Todo.
Pausa.
—Porque no siempre gano.
Eso…
la hizo tensarse.
—¿Y cuando no ganas?
Silencio.
—Pierdo el control.
El aire se volvió más pesado.
—¿Y yo?
—Tú…
Pausa.
—podrías salir lastimada.
Silencio.
Pero no retrocedió.
—No me voy a ir.
—No es una decisión inteligente.
—No estoy intentando ser inteligente.
—Entonces ¿qué?
—Estoy siendo honesta.
Eso…
la hacía más peligrosa que cualquier enemigo.
—Nyra —
—Si quisiera irme…
Pausa.
—ya lo habría hecho.
Silencio.
Eso…
me dejó sin argumentos.
—Entonces escúchame.
Su voz cambió.
Más firme.
—No soy débil.
—Nunca dije eso.
—Pero lo estás pensando.
No respondí.
Porque sí lo estaba pensando.
—No tengo poderes.
—Lo sé.
—No puedo pelear como tú.
—No quiero que lo hagas.
—Pero puedo decidir.
Silencio.
Eso…
era verdad.
—Y estoy decidiendo quedarme.
El aire se volvió más denso.
—Entonces no te voy a tratar como alguien que necesita protección todo el tiempo.
Eso…
no lo esperaba.
—¿Qué?
—Si voy a estar en esto…
Pausa.
—voy a estar de verdad.
Silencio.
—No a medias.
Eso…
lo cambiaba todo.
—Eso es peligroso.
—Lo sé.
—Y aún así—
—Sí.
Silencio.
—Está bien.
Sus ojos se abrieron un poco.
—¿En serio?
—Pero con una condición.
—¿Cuál?
—Si algo se sale de control…
Pausa.
—te alejas.
—No.
—Nyra —
—No.
Silencio.
—No voy a abandonarte.
Eso…
dolió.
Y al mismo tiempo…
se sintió demasiado bien.
—No es abandonarme.
—Se siente como eso.
Silencio.
—Confía en mí.
—Confío.
—Entonces no me pidas que me vaya.
El mundo…
se quedó sin respuestas.
Porque no había forma de ganar esa discusión.
—Está bien.
Pero algo dentro de mí…
sabía la verdad.
Eso iba a romperse.
Tarde o temprano.
Y entonces…
lo sentí.
Otra vez.
Pero no era Federico.
Era algo más.
Más sutil.
Más silencioso.
—¿Lo sientes?
Preguntó Nyra .
La miré.
—¿Tú también?
Asintió.
—No sé qué es…
Silencio.
—Pero no me gusta.
El aire cambió.
No como amenaza directa.
Sino como advertencia.
—No está atacando.
Dije.
—Entonces ¿qué hace?
Silencio.
—Observa.
Eso…
nunca era bueno.
—¿Federico?
—No.
—¿Entonces?
Pausa.
—Algo más.
Nyra tensó la mirada.
—¿Peor?
No respondí.
Porque ya lo sabía.
Sí.
No todos los ataques…
se sienten en el cuerpo.
Algunos…
empiezan en la mente.
El aire seguía igual.
Pesado.
Silencioso.
Pero algo…
no encajaba.
—Esto no es normal.
Murmuró Nyra .
—Lo sé.
—No es como antes.
—No.
Silencio.
—Es más… tranquilo.
Eso…
era lo preocupante.
—Demasiado.
Nyra frunció el ceño.
—¿Eso es malo?
—Sí.
—¿Por qué?
Silencio.
—Porque cuando no atacan…
Pausa.
—están preparando algo peor.
El mundo…
se volvió más frío.
—¿Federico?
—No.
—Entonces—
—Esto no es su estilo.
Y eso…
significaba otra cosa.
—Entonces ¿quién?
Silencio.
—No lo sé.
Pero algo dentro de mí…
sí lo sospechaba.
Y eso…
no me gustaba.
—Gabriel…
—¿Sí?
—¿Qué pasa si no es alguien externo?
Fruncí el ceño.
—¿A qué te refieres?
—¿Y si esto…
Pausa.
—viene de ti?
El mundo…
se detuvo.
—No.
—No lo digo por acusarte.
—Entonces no lo digas.
—Solo intento entender.
Silencio.
Eso…
me molestó más de lo que debería.
—No es eso.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—Porque lo que pasó hace rato—
—Fue diferente.
Silencio.
—Pero pasó.
Eso…
me golpeó directo.
—No fue lo mismo.
—Pero fue real.
El aire…
se tensó.
—¿Crees que voy a perder el control?
—No dije eso.
—Pero lo estás pensando.
Silencio.
Eso…
fue suficiente.
—Tal vez deberías irte.
Las palabras salieron solas.
—¿Qué?
—Solo por hoy.
—No.
—Nyra —
—No.
—Esto no es seguro.
—Nunca lo es contigo.
Eso…
dolió.
Más de lo esperado.
—No es justo.
—Tampoco lo es que me alejes.
Silencio.
—No te estoy alejando.
—Sí lo estás haciendo.
—Estoy intentando protegerte.
—No te lo pedí.
El mundo…
se tensó más.
—Entonces ¿qué quieres?
Silencio.
—Quiero que confíes en mí.
—Confío.
—No lo parece.
Eso…
fue el punto de quiebre.
—¿Sabes qué?
Mi voz cambió.
Más fría.
Más dura.
—Tal vez esto fue un error.
Silencio.
Nyra se quedó completamente quieta.
—¿Qué?
—Decirte la verdad.
Eso…
no debía decirlo.
Pero salió.
—¿En serio?
—Sí.
—Entonces ¿preferías mentirme?
—Prefería que estuvieras a salvo.
—Eso no es estar a salvo.
Silencio.
—Es estar lejos.
—Exacto.
—De ti.
El aire…
se rompió.
Eso…
no era lo que quería.
Pero ya estaba pasando.
—¿Eso quieres?
Silencio.
No respondí.
Porque una parte de mí…
sí lo quería.
Para protegerla.
Y otra…
no.
—Respóndeme.
—No lo sé.
Eso…
fue peor que cualquier respuesta.
Nyra bajó la mirada un segundo.
Y cuando la levantó…
ya no era igual.
—Entonces lo sé yo.
El mundo…
se detuvo.
—¿Qué?
—No quieres que esté aquí.
—No es eso.
—Sí lo es.
—No entiendes—
—Sí entiendo.
Silencio.
—Tienes miedo.
Eso…
me golpeó directo.
—Sí.
—Pero no de mí.
Silencio.
—De ti mismo.
El aire…
se volvió más pesado.
—Y estás intentando alejarme…
Pausa.
—antes de que te pierdas.
No respondí.
Porque era verdad.
—Pero yo no me voy a ir.
Eso…
lo cambió todo.
—Nyra —
—No.
Dio un paso atrás.
—No porque tú lo decidas.
Silencio.
—Si me voy…
Pausa.
—va a ser porque yo lo decida.
El mundo…
se quebró en silencio.
Porque eso…
ya no era solo discusión.
Era distancia.
Y justo en ese momento…
la presencia volvió.
Más fuerte.
Más clara.
Más… satisfecha.
Como si hubiera esperado esto.
—Perfecto…
Mi cuerpo se tensó.
—¿Escuchaste eso?
Nyra asintió.
—Sí…
Silencio.
—Nos está viendo.
Y no solo viendo.
Provocando.
La presencia…
ya no intentaba ocultarse.
El aire…
pesaba distinto.
Más frío.
Más inteligente.
Más… personal.
Nyra dio un paso hacia mí.
No atrás.
Hacia mí.
—Lo estás sintiendo…
Asentí.
—Sí.
Silencio.
—¿Es él?
Negué.
—No.
Pausa.
—Y eso me preocupa más.
El mundo…
se volvió inmóvil.
Porque si no era Federico…
entonces alguien más…
ya sabía.
—Gabriel…
Su voz fue más suave.
—Mírame.
Lo hice.
Y por un segundo…
todo lo demás desapareció.
—No dejes que esto nos rompa.
Eso…
me alcanzó.
Más profundo que cualquier ataque.
—Nyra…
—No.
Tomó mi mano.
Firme.
Real.
—No vuelvas a decidir por mí.
Silencio.
—No vuelvas a alejarme…
Pausa.
—por miedo.
Eso…
dolió.
Porque era verdad.
—Lo siento.
El aire…
se quedó quieto.
Y entonces—
la risa.
Baja.
Lejana.
Pero imposible de confundir.
—Aprenden rápido…
Mi cuerpo se tensó.
—…
No.
No podía ser.
El espacio frente a nosotros…
se dobló.
Oscuridad.
Luz.
Vacío.
Y después…
él.
Federico.
Sonriendo.
Pero esta vez…
no me estaba mirando a mí.
La miraba a ella.
—Interesante…
Nyra sostuvo su mirada.
Sin retroceder.
—¿Viniste a hablar…
o a esconderte detrás de juegos?
Silencio.
Y por primera vez…
él dejó de sonreír.
—Ahora entiendo.
Pausa.
—No eres poderosa.
Miró nuestras manos.
—Eres peor.
El aire…
se congeló.
—¿Qué significa eso?
Preguntó Nyra.
Pero él me miró a mí.
Y respondió:
—Que si ella se queda…
tú vas a perderlo todo.
La energía dentro de mí…
reaccionó.
Violenta.
Oscura.
—Cállate.
Federico sonrió otra vez.
—No.
Pausa.
—Primero…
quiero ver cuál de los dos…
se rompe primero.
Y desapareció.
Silencio.
Pesado.
Irrompible.
Nyra no soltó mi mano.
Y eso…
fue lo más peligroso de todo.
Porque ahora…
ya no éramos un secreto.
Ahora…
éramos un objetivo.