El mundo terminó en menos de un mes.
Primero fueron los rumores: personas enfermas, ataques violentos, ciudades enteras aisladas.
Después llegó el silencio.
Las calles se llenaron de cadáveres caminando bajo la lluvia, las comunicaciones desaparecieron, y sobrevivir un día más se volvió un milagro.
Charlie nunca creyó necesitar a nadie. Fría, impulsiva y acostumbrada a huir de todo, aprendió rápido que el nuevo mundo solo recompensa a quienes son capaces de abandonar sentimientos.
Hasta que conoce a Tamara.
Tamara es completamente diferente: amable, inteligente, demasiado humana para un mundo muerto.
Y aun así… sobrevive.
Juntas atraviesan ciudades destruidas, hospitales infestados, carreteras cubiertas de sangre y grupos humanos mucho más peligrosos que los zombis.
Pero mientras el horror crece, también crece algo peor:
el amor.
Porque enamorarse en el fin del mundo significa descubrir un miedo nuevo.
No perder la vida.
Perder a la única persona que hace que todavía valga la pena vivi
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Hasta el Último Latido
Capítulo 16: El piso catorce
El grito volvió a escucharse.
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Agudo.
Desgarrador.
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Y definitivamente no humano.
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Charlie reaccionó inmediatamente.
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—Muévete.
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Tomó la mano de Tamara y ambas salieron rápido de la sala de reuniones.
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Los sonidos del piso inferior empeoraban.
Disparos. Gritos. Gruñidos.
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Algo estaba matando a esos hombres.
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Y rápido.
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Tamara respiraba agitada mientras corrían por el pasillo oscuro.
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—¿Son infectados?
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Charlie negó apenas.
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—No suena así.
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Eso era lo aterrador.
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Porque empezaba a reconocer la diferencia.
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Los infectados normales gritaban.
Corrían.
Atacaban en grupo.
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Pero eso…
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Eso cazaba.
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Otro disparo resonó abajo.
Luego silencio.
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Completo.
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Tamara sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
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Charlie abrió una puerta de emergencia al final del pasillo.
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Escaleras.
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Subieron rápidamente hacia pisos superiores mientras la tormenta sacudía el edificio entero.
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Charlie respiraba cada vez peor.
La herida estaba drenando sus fuerzas lentamente.
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Tamara lo notó enseguida.
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—Charlie, tenemos que parar.
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—No todavía.
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La voz le salió tensa.
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Pero incluso así…
Tamara podía escuchar el cansancio.
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Llegaron al piso catorce.
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La puerta de emergencia estaba parcialmente abierta.
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Charlie empujó lentamente.
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Oscuridad.
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El piso parecía abandonado desde antes del brote.
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Había escritorios cubiertos por sábanas viejas. Plantas muertas. Paredes agrietadas.
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Y algo más.
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Silencio absoluto.
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Demasiado absoluto.
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Charlie avanzó lentamente con el bate preparado.
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Tamara caminaba detrás intentando no hacer ruido.
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Entonces vio algo en la pared.
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Marcas.
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Rasguños profundos atravesando el metal.
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Como si alguien hubiera intentado escapar desesperadamente.
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Tamara tragó saliva.
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—Charlie…
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Ella también los vio.
Y no le gustó nada.
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Entonces un sonido húmedo resonó cerca.
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Las dos se congelaron.
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Algo estaba comiendo.
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Charlie apagó rápidamente la linterna.
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Oscuridad total.
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El sonido continuó.
Carne desgarrándose lentamente.
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Tamara podía escuchar su propio corazón.
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Charlie avanzó apenas hacia una esquina del pasillo.
Y miró.
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Mierda.
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Uno de los hombres armados del edificio estaba tirado en el suelo.
Abierto por la mitad.
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Y encima de él…
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La criatura del metro.
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La misma.
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O quizá otra igual.
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Su cuerpo deformado se movía lentamente mientras arrancaba pedazos de carne con las manos.
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Tamara sintió náuseas inmediatas.
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La criatura levantó la cabeza de golpe.
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Olfateando.
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Charlie agarró rápidamente a Tamara y ambas se ocultaron detrás de unos escritorios.
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El monstruo comenzó a moverse lentamente por el pasillo.
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No corría.
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Buscaba.
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Eso daba todavía más miedo.
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Tamara respiraba tan rápido que Charlie temió que la criatura pudiera escucharla.
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Así que hizo algo sin pensar demasiado.
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Le cubrió suavemente la boca con la mano.
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Y de inmediato…
ambas se quedaron quietas.
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Demasiado cerca.
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Tamara levantó lentamente la mirada hacia ella.
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Charlie podía sentir su respiración cálida contra la palma de su mano.
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El corazón comenzó a latirle fuerte otra vez.
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Mala idea.
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Muy mala idea.
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La criatura seguía moviéndose cerca.
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Sus pasos húmedos resonaban lentamente entre la oscuridad.
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Tamara apoyó instintivamente una mano sobre la muñeca de Charlie.
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Y eso empeoró todo.
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Porque Charlie sintió electricidad recorriéndole el cuerpo entero.
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Mierda.
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La criatura se detuvo de repente.
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Silencio.
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Charlie dejó de respirar.
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El monstruo estaba justo frente a los escritorios.
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Olfateando el aire lentamente.
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Tamara podía ver parcialmente su mandíbula deformada entre las sombras.
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Demasiado cerca.
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Entonces—
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el piso crujió debajo de Charlie.
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Muy suave.
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Pero suficiente.
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La criatura giró la cabeza violentamente hacia ellas.
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Y sonrió.
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Tamara sintió el terror congelarle la sangre.
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Charlie reaccionó inmediatamente.
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—¡CORRE!
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La criatura se lanzó sobre ellas a una velocidad monstruosa.