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BAJO LA LUNA DEL ALFA OSCURO

BAJO LA LUNA DEL ALFA OSCURO

Status: En proceso
Genre:Acción / Aventura Urbana / Batalla por el trono
Popularitas:815
Nilai: 5
nombre de autor: Yesid Cabas

Kael, el rey de los lobos, huye de un destino impuesto… pero no puede escapar de su propia oscuridad.
En el mundo humano conoce a Lía, la única capaz de activar un vínculo prohibido por la diosa de la luna.
Cuando la sombra del pasado, el consejo y una guerra ancestral los persiguen, el amor se vuelve una amenaza.

NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 16: EL HERMANO DEL REY

La lluvia golpeaba el muelle como si el cielo estuviera en guerra con la tierra. No era una tormenta cualquiera.

Era violenta.

Pesada.

Implacable.

El mar rugía debajo, chocando contra los pilotes de madera con una furia oscura, levantando espuma que se mezclaba con el agua que caía desde arriba. El viento arrastraba el olor salado, el metal oxidado y la tensión que impregnaba el aire.

Lía seguía arrodillada junto a su madre, pero su cuerpo entero se había quedado rígido. Inmóvil. Porque lo había sentido antes de verlo.

Esa presencia.

Pesada.

Dominante.

Aplastante.

Cuando la figura emergió de entre los contenedores, no fue solo una aparición. Fue como si el ambiente entero se comprimiera. Como si el aire se volviera más difícil de respirar.

Ragnar no caminaba.

Avanzaba.

Como si el mundo se apartara para dejarle paso.

Era más alto que Kael. Mucho más ancho. Cada paso hacía crujir la madera del muelle bajo su peso.

Su camisa oscura, empapada por la lluvia, se pegaba a su cuerpo, marcando una musculatura más agresiva, más brutal. No había elegancia en él.

Había fuerza.

Pura.

Salvaje.

Indomable.

La cicatriz que cruzaba su ceja izquierda le daba un aire aún más peligroso. Pero eran sus ojos lo que realmente helaban la sangre.

Rojos.

Brillantes.

Vivos.

No eran solo ojos de alfa.

Eran ojos de alguien que había cruzado una línea. Y nunca había regresado.

Kael se tensó de inmediato.

Todo en su cuerpo cambió.

La postura.

La respiración.

La energía.

—Ragnar.

Su voz no fue solo un nombre.

Fue una advertencia.

Ragnar sonrió.

Lento.

Frío.

Como si ese momento lo hubiera esperado durante años.

—Hace mucho no escuchaba mi nombre en tu voz, hermano.

La palabra quedó suspendida en el aire.

Hermano.

Lía sintió un nudo en el estómago.

Ahora lo veía.

El parecido.

En la estructura del rostro.

En la intensidad de la mirada.

En la forma en que ambos imponían presencia sin esfuerzo.

Pero donde Kael era control… Ragnar era caos.

Donde Kael protegía… Ragnar dominaba.

Selene avanzó unos pasos, cruzando los brazos, claramente satisfecha.

—Pensé que este sería el momento perfecto para una reunión familiar.

Kael no la miró.

Ni un segundo.

Toda su atención estaba clavada en Ragnar.

—No deberías estar aquí.

Ragnar soltó una risa baja.

Oscura.

—Yo podría decir lo mismo.

Sus ojos rojos se movieron lentamente hacia Lía.

Y cuando la miró…

Fue peor que cualquier ataque.

No había deseo.

No había duda.

Había cálculo.

Como si ya estuviera decidiendo qué hacer con ella.

—Así que tú eres la marcada.

El escalofrío que recorrió a Lía fue inmediato.

Instintivo.

Kael reaccionó en el mismo segundo.

Se movió.

Se colocó frente a ella.

Bloqueando su visión.

—No la mires.

Ragnar arqueó una ceja.

Interesado.

—Interesante.

Su sonrisa se ensanchó.

—De verdad te importa.

La lluvia golpeaba más fuerte. El mar rugía.

El viento silbaba entre los contenedores.

Todo parecía intensificarse.

Como si el mundo mismo reaccionara a lo que estaba ocurriendo.

Lía ayudó a su madre a ponerse de pie.

—Tenemos que irnos —susurró, con la voz quebrada pero firme.

Kael respondió sin apartar la mirada de Ragnar.

—Sí.

Pero Ragnar dio un paso más. Y ese simple movimiento lo cambió todo.

La madera crujió.

El aire se tensó.

—Nadie se va.

Su voz no fue alta.

Pero fue suficiente.

Autoritaria.

Absoluta.

Selene inclinó la cabeza.

—Ragnar tiene una propuesta.

Kael giró apenas el rostro.

—No me interesa.

Ragnar soltó una risa seca.

—Te va a interesar.

Miró a Lía.

Directamente.

Sin rodeos.

—Ella viene conmigo.

El corazón de Lía dio un salto violento.

Kael avanzó.

Oscuro.

Peligroso.

—Ni siquiera lo sueñes.

Ragnar inclinó la cabeza ligeramente.

—Sigues creyendo que puedes protegerla tú solo.

Sus ojos brillaron.

Más intensos.

Más rojos.

—Siempre fuiste arrogante.

Kael apretó los puños.

—Y tú siempre fuiste un traidor.

El silencio explotó.

No fue un silencio vacío.

Fue uno lleno de historia.

De heridas.

De decisiones que nunca se perdonaron.

Ragnar sonrió.

Pero no había humor.

—No fui yo quien huyó del trono.

Kael avanzó un paso más.

—Lo hice para evitar una guerra.

Ragnar soltó una carcajada.

—La guerra ya empezó.

Señaló a Lía.

—Por ella.

Lía sintió que el peso de esas palabras la aplastaba.

Selene observaba en silencio.

Disfrutando.

Midiendo.

Esperando.

Ragnar volvió a hablar.

—El consejo está dividido.

Su voz bajó.

Más seria.

—Algunos quieren a la reina viva.

Su mirada se endureció.

—Otros prefieren verla muerta antes de que ocupe el trono.

Lía tragó saliva.

Esto ya no era una amenaza.

Era una sentencia.

Ragnar dio otro paso.

—Yo puedo protegerla.

Kael lo miró con desprecio.

—¿Tú?

Ragnar sostuvo su mirada.

—Tengo una manada.

Miró alrededor.

El muelle.

El caos.

La soledad.

—Tú solo tienes huida y destrucción.

La frase golpeó.

Fuerte.

Lía lo sintió.

Kael también.

Por una fracción de segundo…

Dudó.

Y Ragnar lo vio.

Sonrió.

—Ven conmigo, Lía.

La miró. Directo.

—Y tu madre vivirá.

El mundo se detuvo.

La mano de su madre apretó la suya con fuerza.

Miedo puro.

Lía miró a Kael.

Luego a Ragnar.

Luego a su madre.

Y por primera vez…La duda apareció.

Kael lo vio.

Y eso fue lo más peligroso.

No el enemigo.

No la guerra.

Sino perderla.

—No lo escuches —dijo, con una voz más baja, más intensa.

Ragnar no se detuvo.

—Con Kael, tu familia siempre será un objetivo.

Lía sintió el peso de esa verdad.

Porque ya estaba pasando.

Kael dio un paso rápido.

Se colocó frente a ella.

Protector.

Desesperado.

—No te acerques a él.

Su voz cambió.

Más profunda.

Más personal.

—No importa lo que diga.

Ragnar sonrió.

Lentamente.

—Entonces veamos quién puede protegerla mejor.

Y sin previo aviso…

Se lanzó.

El choque fue brutal.

No fue una pelea.

Fue un impacto.

Dos fuerzas iguales colisionando. El sonido del golpe hizo vibrar el muelle.

Kael recibió el primer impacto en el rostro.

Su cabeza giró. Pero respondió al instante. Puño al abdomen.

Ragnar apenas retrocedió.

Sonrió. Y atacó de nuevo.

Los golpes comenzaron a caer.

Rápidos.

Violentos.

Despiadados.

Golpe.

Golpe.

Golpe.

La madera crujía bajo ellos.

Las tablas se quebraban.

El agua salpicaba desde abajo.

Lía retrocedió con su madre.

El corazón le latía con fuerza.

Demasiado rápido.

Selene no se movía.

Seguía observando.

Como si todo fuera exactamente lo que quería.

Kael logró derribar a Ragnar contra la baranda.

El impacto hizo que la madera se astillara.

Por un segundo…Parecía tener ventaja.

Pero Ragnar sonrió.

Y eso fue suficiente para saber que no había terminado.

En el siguiente instante…Empujó. Con una fuerza descomunal.

La baranda explotó.

Las tablas cedieron.

Kael perdió el equilibrio.

El tiempo se ralentizó.

Lía lo vio.

Todo.

El momento exacto.

El vacío detrás.

El mar oscuro esperando.

—¡KAEL!

Gritó.

Pero ya era tarde. Su cuerpo cayó. Hacia la oscuridad.

Hacia el mar.

El sonido del impacto contra el agua fue brutal.

Un golpe seco.

Y luego…

Nada.

Solo lluvia.

Solo mar.

Solo silencio.

Lía se quedó congelada.

El mundo dejó de moverse.

El aire dejó de entrar.

—No…

Su voz salió rota.

Vacía.

Ragnar se enderezó lentamente.

Miró hacia el agua.

Sin emoción.

Sin urgencia.

Luego giró hacia ella.

—Ahora sí podemos hablar.

Y en ese instante…

Lía sintió algo cambiar dentro de ella.

No fue miedo.

No fue tristeza.

Fue otra cosa.

Más profunda.

Más peligrosa.

La marca en su clavícula comenzó a arder.

La luz plateada volvió a despertar.

Pero esta vez…No era incontrolable.

Era consciente.

Dirigida.

Sus ojos se levantaron lentamente.

Y cuando miró a Ragnar…Ya no era la misma.

—Tú… —dijo, con la voz baja, temblando de algo que ya no era miedo— …vas a pagar por eso.

El viento se levantó.

El mar rugió más fuerte.

Y la lluvia cayó con más violencia.

Porque la reina…acababa de elegir pelear.

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me gusta las novelas estan súper bonitas
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me encanta leer
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