NovelToon NovelToon
CREI AMAR A MI ESPOSA

CREI AMAR A MI ESPOSA

Status: En proceso
Genre:Sustituto/a / Novia sustituta / Traiciones y engaños
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Mel G.

Gabriela y Gonzalo apenas llevan poco de casados, pero su matrimonio se verá amenizado cuando Gabriela decide la tontería de intercambiarse con su hermana gemela, quien no es precisamente buena y que, además, está en prisión. ¿Podrá su matrimonio sobrevivir? ¿Podrá Gonzalo darse cuenta de quién está frente a él?

NovelToon tiene autorización de Mel G. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

FUEGO

...GABRIELA:...

Sus brazos rodearon mi cuerpo.

Las llaves se me resbalaron de los dedos cuando, torpemente, empujé la puerta para cerrarla. En cuanto lo hice, mis brazos buscaron su cuello, aferrándome a él.

Su saco comenzó a estorbarnos, interponiéndose entre nosotros, entre el calor que crecía y la urgencia que ya no sabíamos disimular.

Sentí cómo se deshacía de él con rapidez y yo lo ayudé. En algún momento dejó de existir para mí; terminó en algún lugar que ignoraba por completo.

Sus manos bajaron lentamente por mi espalda, deliberadas, conscientes.

—Deberíamos parar —murmuró contra mi boca, sin alejarse, sin dejar de rozarme.

—Sí… es demasiado pronto —respondí, aunque mis labios seguían buscándolo, traicionando por completo mis palabras.

—Deberías detenerme —volvió a decir, esta vez con la voz más baja, más rota.

—Sí… tal vez lo haga —murmuré.

Pero eso no pasó.

Al contrario.

Me pegó a la puerta sin brusquedad, tomándome como prisionera… y yo como una vil voluntaria, sintiendo el peso de su cuerpo, la contención apenas sostenida.

Sus besos comenzaron a bajar por mi cuello, húmedos, y sus manos —por Dios, sus manos— comenzaron a subir por la piel desnuda de mis piernas, bajo la falda. El gemido se me escapó antes de poder detenerlo.

—No hagas eso, —susurró contra mi oído erizando mi piel —. Mejor dímelo… dime que pare.

—No creo que pueda —jadeé—. Deberías intentarlo tú.

—Ya lo hice —respondió—. No pude.

Su boca volvió a la mía.

Comenzamos a caminar sin dejar de besarnos. Incluso tropezamos un poco, pero eso no nos detuvo.

Le quité el suéter que llevaba y sentí la firmeza contenida de sus músculos a través de la camisa.

El calor crecía, lento y peligroso, en la parte baja de mi cuerpo.

Íbamos por el pasillo hacia la recámara.

Se detuvo justo en el marco de la puerta.

—¿Estás segura? —me miró serio, la respiración ya entrecortada.

—Sí. Te quiero ahora… así que bésame.

Pero no esperé su respuesta. Fui yo quien lo besó primero, con mis manos aún aferradas a su camisa, como si soltarlo implicara perder el valor.

Sentí cómo sus manos, que descansaban en el marco de la puerta, finalmente se rendían. Me tomaron de nuevo, esta vez con más decisión, como si de pronto hubiera dejado de intentar contenerse.

Y entonces todo cambió.

Comenzó a desvestirme con torpeza contenida, con urgencia. Sus manos cálidas y grandes se deslizaron por debajo de mi suéter, arrancándome un temblor inmediato. Mi piel reaccionó antes que yo.

Los besos, las respiraciones mezcladas, la cercanía… todo se volvió más intenso, más necesario.

Me cargó con facilidad y me colocó sobre el buró. El mundo se redujo a sus manos y a su boca.

Nos deshicimos de mi suéter y mi piel quedó expuesta al aire, a su mirada. Sentí el peso de esa mirada recorrerme con la misma lentitud con la que sus manos lo hacían.

Busqué su camisa, me deshice de los bótenles empujándola hacia atrás para dejar su torso descubierto, y no me sorprendió encontrar un cuerpo marcado, firme, exactamente como lo había imaginado… aunque eso no le quitó lo impresionante. Pasar mis manos sobre él me hizo perder el aliento.

Me deshice por fin de las botas, casi sin mirarlo, demasiado concentrada en no pensar.

Los besos seguían, insistentes, profundos, dejándome sin espacio para la razón.

Sus manos recorrieron nuevamente mi espalda hasta encontrar los seguros de mi sostén. Lo soltó con una facilidad que me hizo estremecer, y la prenda desapareció en segundos.

Cuando nuestras pieles se tocaron por primera vez, sentí un escalofrío recorrerme entera.

Le rodee la cintura con las piernas y lo atraje más a mi, pude sentir su hombría en medio de ellas.

Sus manos comenzaron a acariciar mis piernas aferradasadas a el, hasta los glúteos los cuales apretó pegándome más el,

siguieron explorando, hasta que una de ellas comenzó a guiarse a mi entrepierna.

Su boca no dejó de besarme cuando su mano llegó ahí y sus dedos comenzaron a moverse con una lentitud deliberada, haciéndome perder el aliento.

Mi cabeza se inclinó hacia atrás cuando un latigazo de placer me recorrió, y su rostro se refugio en mi cuello.

Estábamos perdidos.

Este era el punto de no retorno…

Fue entonces cuando un golpe fuerte sonó en la puerta.

—Alguien toca tu puerta —dijo , pero no se detuvo.

—Debe ser Zoe. Ignórala, entenderá que debe irse —respondi.

Aunque Zoe no habría tocado así… y tampoco interrumpiría si sabe que estoy con él.

—¡Señorita! —gritó una voz masculina desde el pasillo—. ¡Hay humo en el tercer piso!

Nos quedamos inmóviles.

—¿Escuchaste eso? —dijo él, todavía pegado a mí, sin soltarme.

Antes de que pudiera responder, otro vecino se unió:

—¡Hay un incendio! ¡Todavía no suena la alarma, pero ya llamaron a emergencias! ¡Salga ahora!

Su frente cayó un segundo sobre mi hombro.

Pude sentir cómo inhalaba profundo, cómo su cuerpo volvía a tensarse… pero esta vez para contenerse.

—Carajo… —susurró.

Yo asentí, todavía con el corazón desbocado, todavía con sus manos marcadas en mi piel.

—Tenemos que salir —dije, aunque mi voz sonó traicioneramente baja.

No se apartó de inmediato.

Me miró. De verdad me miró. Como si quisiera grabarme así.

—Esto no se queda aquí —dijo con firmeza—. Te lo prometo.

Dio beso en mi frente.

Entonces, por fin, se separó.

Buscó mi suéter, me lo pasó con cuidado, me ayudó a ponérmelo y alisó un poco mi cabello.

Yo seguía perdida, observando su cuerpo moverse por mi cuarto, buscando algo de su ropa.

—Creo que lo demás está en la sala —dije, sonrojada.

Claro…

Nos abrigamos rápido.

Justo cuando abrió la puerta…

La alarma estalló.

Hizo una mueca, como si la alarma estuviera de más.

—Vamos.

Luces rojas comenzaron a parpadear en el pasillo.

Y yo solo podía pensar que el fuego, pero él había dentro de mi departamento.

Abajo, fuera del edificio, Zoe ya estaba ahí.

—Ay, quise avisarte —se acercó rápido a mí—, pero el idiota de allá no me dejó.

Señaló al hombre que nos había alertado del incendio.

— Está bien.

Había bomberos, vecinos en pijama, gente envuelta en cobijas.

Un par de personas con el rostro ennegrecido por el humo.

Supuse que eran quienes habían provocado el incendio.

Zoe me miró un momento… y luego a Gonzalo.

Fue entonces cuando caí en cuenta de que estaba con ambos y los presenté.

—Zoe, él es Gonzalo. Gonzalo, ella es Zoe.

—Mucho gusto —dijo Gonzalo, extendiéndole la mano.

—Hola —respondió ella, sin exagerar su reacción como normalmente lo habría hecho.

Eso me llamó la atención.

Al parecer, el incendio no había sido grave, pero los bomberos necesitaban asegurarse de que todo fuera seguro antes de permitirnos regresar.

—Si quieres, puedes irte —le dije—. Parece que esto va a tardar.

—Me gustaría acompañarte —respondió sin dudar.

Y así fue.

Se quedó a mi lado todo el tiempo.

Cuando finalmente avisaron que ya era seguro volver, Gonzalo se despidió.

En cuanto cerré la puerta del departamento, Zoe dejó caer la calma que había estado fingiendo.

Me miró con una sonrisa peligrosa.

—Cuéntamelo todo…

...****************...

...GONZALO:...

El frío me golpeó en la cara apenas cruzamos la puerta del edificio.

Aun así, no fue eso lo que me hizo reaccionar.

Fue verla.

Envuelta en el abrigo, el cabello revuelto, los labios todavía rojos.

Todavía conmigo.

Tenía el cuerpo tenso, igual que yo. Como si ambos estuviéramos intentando fingir que no acabábamos de perder el control unos minutos antes.

El incendio.

El maldito incendio.

Si no hubiera pasado…

No.

No era momento para pensar en eso.

La vi hablar con su amiga, Zoe. Yo me mantuve a un lado, con las manos en los bolsillos, apretando los dedos para no volver a tocarla.

Porque sabía algo con absoluta certeza.

Si la tocaba otra vez, no iba a parar.

Nunca me había pasado así.

No tan rápido.

No tan fuerte.

Yo siempre era el que pensaba antes de actuar. El que medía las consecuencias. El que se detenía a tiempo.

Con ella no.

Desde el momento en que abrió la puerta de su departamento y me miró… ya estaba perdido.

El beso no fue un error.

Fue una decisión que tomé sabiendo que iba a costarme.

Por eso no había querido besarla antes, pero lo deseaba, todo el maldito día lo deseé.

La escuché reír con Zoe, como si nada. Como si no hubiera estado a segundos de que todo cambiara entre nosotros.

Y eso me golpeó más fuerte que el humo.

Porque no quería que fuera solo deseo.

No quería que fuera solo una noche.

Quería más.

Y eso era justo lo peligroso.

Cuando por fin dijeron que podíamos volver a entrar, la acompañé sin pensarlo.

No porque no pudiera irme.

Sino porque no quería hacerlo.

La dejé en su puerta después.

La miré una última vez antes de irme, grabándome esa imagen como si fuera a necesitarla para sobrevivir los próximos días.

Sabía que esto no había terminado.

Sabía que lo que habíamos frenado esa noche solo estaba esperando otra oportunidad.

Y yo… no iba a evitartarla.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play